¿El futuro de la sociedad y la sociedad del futuro?

Por: Hernando Bernal
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La utopía de la sostenibilidad (2 de 3) *

Para pensar en la utopía del siglo XXI, que remplace el deterioro de las utopías que configuraron la modernidad, y teniendo en cuenta la ocurrencia de los fenómenos globales creados por las pandemias y el debilitamiento del diálogo entre las naciones, hay que partir de la profunda duda que se ha generalizado sobre la permanencia del hombre en el planeta Tierra y sobre el futuro mismo de la humanidad. 

La pregunta que surge se refiere a definir si dadas las condiciones actuales es previsible la permanencia de la sociedad actual y qué sería preciso hacer para sortear la tendencia hacia su posible desaparición. 

Dar una respuesta es lo que se intenta, con el énfasis en el concepto de sostenibilidad como aseguramiento del futuro y como logro de los esfuerzos que es preciso orientar y realizar para obtenerlo: la sostenibilidad como utopía.

Para comprender esta nueva utopía social del siglo XXI, formulada como sostenibilidad, es preciso profundizar y analizar las siguientes dimensiones: la relación entre el mundo y la vida de la sociedad, los efectos del desarrollo económico, los avances de la ciencia y el manejo de la tecnología, y la nueva concepción del humanismo y la naturaleza humana. 

Analizar estas dimensiones implica tener en cuenta las teorías sobre aspectos como la complejidad, el caos, la incertidumbre, la gobernanza mundial, la globalización de la economía y la aculturación, la sociedad del riesgo, las redes sociales y el mundo digital y conectado, la posverdad, el predominio de lo virtual y de la inteligencia artificial en la interacción humana, entre muchas otras aproximaciones teóricas que configuran el instrumental epistémico con el cual es preciso analizar y afrontar las características de la realidad actual.

1. Relación mundo / sociedad humana

El análisis parte de reconocer que la presencia del hombre sobre la Tierra ha producido un deterioro planetario. 

El planeta Tierra, como hábitat humano, ha influido en la creación y características culturales de las sociedades. A su vez, las sociedades humanas han transformado el mundo en que vivimos. La presencia del hombre como hecho histórico ha influido en los cambios geológicos, climáticos y culturales en el mundo y sigue influyendo en su transformación posible y adecuada como hábitat y como naturaleza. Esta es la posición de los antropólogos que al analizar las eras geológicas han formulado la teoría del antropoceno. A este respecto se afirma que el mundo, entendido como el planeta Tierra, ha existido sin el hombre y va a seguir existiendo, así el hombre, o la sociedad humana, desaparezcan: 

El mundo existe sin el hombre y acabará sin él” (Claude Lévi-Strauss). 

Como corolario, es posible preguntarse: si la sociedad humana no es eterna, sino susceptible de desaparecer, ¿cuál es el sentido de la sostenibilidad y del desarrollo sostenible?

El desarrollo sostenible es una fórmula alterna del desarrollo económico que, como tal, se basa en la reproducción del capital, que enfatiza el crecimiento de las economías nacionales, entendidas como incremento del producto interno bruto, pero con “cuidado de no agotar los recursos que pertenecen a las generaciones siguientes” (Brundtland, 1985).

Por su parte, la concepción simple de sostenibilidad se centra en el cuestionamiento sobre si con las pautas actuales de consumo y deterioro del planeta, el mundo actual y la sociedad pueden seguir existiendo. Se enfatiza en factores acelerantes y amenazantes ante los cuales es necesario idear respuestas como el control del cambio climático, la utilización de nuevas fuentes de energía, los nuevos ordenamientos necesarios para la transformación de la economía mundial a través de la economía circular ‒para señalar solo algunos asuntos complejos de difícil realización‒. Es decir, se parte de reconocer que la presencia del hombre sobre la Tierra puede no ser permanente y que de no corregirse ciertas tendencias es posible que el factor humano desaparezca como agente natural en la subsistencia del planeta. 

2. Desarrollo económico vs. sostenibilidad

Profundizando en el tema de la sostenibilidad surge el cuestionamiento sobre el modelo económico predominante en las sociedades, que puede formulase así:

Para la permanencia del hombre en el planeta Tierra hay que definir si es posible elaborar y poner en práctica un concepto de desarrollo económico que no solo contemple el crecimiento del producto bruto interno de los países, sino que tenga en cuenta la circularidad del uso de los recursos naturales y ambientales para el logro de un bienestar estable y permanente.

Se entiende el desarrollo económico como el crecimiento del producto interno bruto para ser utilizado “y distribuido” entre el número total de miembros de una sociedad, es decir, para ser aprovechado por toda ella. La realidad ha demostrado que el crecimiento económico, si bien ha traído beneficios a cada sociedad en particular, también ha operado como factor de diferenciación socioeconómica: “hace más ricos a los ricos y, en muchos lugares, especialmente del Tercer Mundo, hace más pobres a los pobres”. Es decir, paradójicamente la producción de una mayor riqueza a nivel mundial ha significado también indicadores de miseria e incremento progresivo de las diferencias entre países y regiones.

Sin embargo, es preciso reconocer también que en muchos lugares el crecimiento económico ha producido un incremento de las posibilidades de bienestar para vastos sectores de la población, que en esa forma se han beneficiado de un desarrollo con equidad, que es el término que se utiliza para calificar el ingreso de las poblaciones desfavorecidas a los niveles de vida propios de las clases medias. Por lo tanto, las políticas públicas que pretenden aplicarse a nivel global y, principalmente, en los países más pobres, se orientan en términos de equidad, que es el propósito fundamental para promover un cambio social. 

No obstante, la pregunta central subsiste. Conviene pensar que el crecimiento económico tal y como lo señalan los teóricos de la economía no es un fin en sí mismo, sino un propósito para obtener adecuados niveles de vida para todos los ciudadanos y que, además, el ritmo de crecimiento no es la medida adecuada para evaluarlo, si no se tiene en cuenta la relación entre disponibilidad de recursos, posibilidades de uso y requerimientos demográficos. En esta óptica el que un país se desborde en su crecimiento económico debería considerarse no como una señal de buen augurio, sino como una llamada de atención sobre los profundos desafueros que conlleva el incremento de los factores disruptivos. 

Es decir, en el contexto global se considerará nocivo medir el desarrollo económico solo en términos cuantitativos. Será necesario, además, replantear los conceptos aceptados por la globalización y exigir el pago de los costos de las externalidades en la industrialización. Esto se refiere especialmente a asignar recursos para la solución de asuntos tales como polución ambiental, incremento de la toxicidad, efecto invernadero, recuperación por agotamiento y uso indebido de recursos, deterioro y desaparición de especies biológicas, afectaciones en las costas oceánicas, costo injusto de acceso a materias primas y demás problemas que ha causado la sola economía de mercado.

La sostenibilidad global se logrará cuando se cambien los parámetros de la relación existente entre crecimiento económico y equidad social. De no lograrse estos cambios la humanidad queda signada con el riesgo de su desaparición. 

3. Los límites de la ciencia y el control del desarrollo tecnológico

Un tercer nivel en el análisis de la sostenibilidad se relaciona con el uso de las tecnologías e innovaciones producto de los avances científicos. Esto significa dar respuesta a las siguientes preguntas: 

¿Es posible y conveniente detener los avances del conocimiento científico? 

El avance de la tecnología, ¿puede tener efectos nocivos y negativos para la deshumanización de la sociedad? 

¿Qué efectos positivos tienen las innovaciones tecnológicas en el cambio y la innovación social?

Para responder esos interrogantes hay que partir de esta premisa: el conocimiento es una característica esencial del hombre y de la humanidad y no es ni conveniente, ni posible detener su progreso y crecimiento. El asunto tiene profundos matices filosóficos que se relacionan con la concepción sobre la naturaleza racional del hombre, con propuestas psicológicas ‒como cuando se afirma que la individualidad es fruto del conocimiento de sí mismo‒, y con características trascendentales en cuanto ‒como lo señalaba Teilhard de Chardin‒ el desarrollo de la mente humana hacia lo infinito es la esencia de la evolución y de la relación de Dios con el hombre y del hombre con su Creador. 

Sociológicamente, se señala que el progreso del conocimiento debería beneficiar a toda la humanidad y no servir como aliciente para ahondar las diferencias entre personas, regiones y países. El progreso de los conocimientos es, por lo tanto, un asunto complejo en sí mismo, en el cual podría llegarse a formular políticas públicas para generalizar sus beneficios, podrían plantearse propuestas éticas para orientar sus procesos, se encontrarían límites epistémicos en razón del alcance y uso de los instrumentos que se utilizan y podrían elaborarse orientaciones pragmáticas para controlar y supervisar el uso que se haga de ellos. 

En el fondo, subsiste la necesidad de orientar el desarrollo de la ciencia y la tecnología en forma tal que profundice y no anule, mediante su desbordamiento, el sentido de lo humano. Hacer conciencia de esta necesidad y de esta posibilidad es imperativo para resolver el dilema propuesto sobre la desaparición del hombre sobre la Tierra. O, para expresarlo en forma positiva, para dar un nuevo sentido a este concepto de sostenibilidad que permea la utopía contemporánea en el siglo XXI. 

4. La nueva concepción de humanismo

Lo humano, además de la capacidad de tomar decisiones racionales y asumir sus consecuencias, implica aceptación de principios, reconocimiento de valores compartidos, defensa de la imaginación y los sentimientos humanos, cultivo de la estética, compartir ideas y razones, sana competencia, trabajo en equipo y vida en comunidad. 

La historia del hombre sobre la Tierra puede definirse como un largo proceso mediante el cual la humanidad no solo ha fortalecido la capacidad para resolver los problemas que afectan la cotidianidad de la vida, tales como salud, vivienda, alimentación, abrigo, defensa y bienestar general, sino principalmente como un desarrollo de la conciencia, entendida como ese conocerse el hombre a sí mismo y afirmar su identidad y su diferenciación de los demás seres en el mundo. Es un proceso que ha significado liberación de las limitaciones que afectan la vida de los grupos humanos. Con esta consideración se amplía el análisis ya formulado en la primera pregunta sobre la interacción entre hábitat y sociedad humana. 

La profundización de los procesos de transformación del mundo por la acción humana ‒ocurrida principalmente con el inicio de las revoluciones industriales a partir del siglo XVIII y su aceleración en la tercera y cuarta revoluciones industriales en los siglos XX y XXI‒ ha conducido al reconocimiento de efectos tales como el agotamiento de recursos naturales, la desaparición de especies biológicas, el cambio climático ‒como resultado de la huella de carbono en la atmósfera‒, los efectos de la sobrepoblación, el deterioro de bosques y praderas, la deforestación de las grandes extensiones que suministran la renovación del oxígeno en el aire, el deshielo en los polos y en las cumbres de las cordilleras, las modificaciones en los océanos y la destrucción de corales por la mala administración de los desechos industriales y por la proliferación de los plásticos, junto con muchos otros factores ambientales y sociales producto de la concentración urbana. 

Al mismo tiempo se han dado situaciones propiamente sociales, como la concentración de la riqueza, el incremento de las condiciones de pobreza, la proliferación de la indigencia, el hambre generalizada en poblaciones vulnerables, la inconformidad y la indignación de la juventud, la organización cada vez más sofisticada de la rebeldía y la inconformidad y demás procesos sociales potenciados por la explosión de los medios masivos de comunicación y acentuado por la redes sociales producto de la conectividad y la interacción global. 

Todos estos hechos y muchos más que podrían enunciarse han creado la sensación del fin más o menos próximo del hombre en el mundo. La respuesta ante tantas calamidades ha acentuado la necesidad de la sostenibilidad como utopía propia de la sociedad actual.

Es preciso reconocer que en este marco un tanto apocalíptico hay elementos que lo matizan y sirven como contraparte y razón para la esperanza, cuando se reconocen los efectos logrados en lo relacionado con el bienestar en los temas que más impactan la vida del hombre, como el incremento de los índices de esperanza de vida, los grandes desarrollos de la medicina y la salud preventiva, la provisión e incremento de las condiciones de vivienda mediante programas cada vez más sofisticados de construcción y urbanismo, con provisión de servicios públicos, la producción de alimentos con estándares de mayor calidad y amplios mecanismos de distribución y acceso, el aceleramiento de los sistemas de comunicación física y geográfica que promueven la interacción entre naciones y pueblos, el incremento de la calidad de los procesos educativos y la apertura para el acceso a los diferentes grupos y estratos sociales, la conectividad global y el desarrollo de los medios de comunicación y su potenciación como mecanismos de información, capacitación y entretenimiento, la proliferación de las artes y los espacios culturales que favorecen la expresión, la creatividad y el desarrollo de las potencias de creación e imaginación, el uso productivo y recreativo del tiempo libre y del ocio, la institucionalización de los sistemas de gobierno y manejo de las sociedades y la posibilidad de generalizar los servicios del Estado en todos los territorios y con influencia en todos los ciudadanos de los países, el fortalecimiento de los sistemas estatales que apoyan la creación de leyes, la equidad, el ejercicio de la justicia y el fortalecimiento de la equidad, a la par con el establecimiento de mecanismos para la solución constructiva de los conflictos sociales. 

Todos estos avances, resultados, capacidades, cualidades, procesos y estructuras, fruto de la gestión humana forman parte, junto con muchos otros no mencionados, de la utopía de la sostenibilidad humana propia del siglo XXI, pues son los que se deben conservar, mantener, perfeccionar y cualificar como elementos de humanidad y como proyección de la presencia cada vez más perfeccionada de la presencia del hombre en el mundo. 

Así pues, la proyección del humanismo en la utopía de la sostenibilidad debe tener en cuenta tanto los aspectos negativos para corregirlos, como los enormes avances logrados por la humanidad, para preservarlos y superarlos. 

El dilema de la concepción moderna de sostenibilidad, como utopía actual de la humanidad en el siglo XXI, consiste en tener en cuenta los diagnósticos negativos y conjuntamente el reconocimiento de los grandes avances logrados por la presencia del hombre en la construcción de su sociedad. 

La solución al dilema de la sostenibilidad debe ser fruto de decisiones y conciencia individual para resolverlo y de políticas públicas y decisiones de largo alcance global, para lo cual es necesario trabajar mancomunadamente y con intensidad en el ámbito de una gobernanza mundial. 

En este análisis, que busca enriquecer la reflexión sobre el concepto de sostenibilidad, es preciso ampliar el enorme papel que ha tenido el desarrollo de la ciencia y la tecnología en el rompimiento de los equilibrios entre mundo y sociedad, desarrollo económico y uso racional de los recursos, y prever lo que el desbordamiento del progreso científico y la tecnificación pueden producir en el mantenimiento o destrucción de lo humano. 

Este texto forma parte de los documentos que se prepararon para la participación de la Asociación Colombiana de Universidades ASCUN para su intervención en la III Conferencia Mundial de Educación Superior de la Unesco. Esta conferencia, reunida en Barcelona en mayo de 2022, tuvo por objeto reformular las ideas y prácticas de la educación superior para garantizar el desarrollo sostenible del planeta y la humanidad.

Hernando Bernal Alarcón

Junio, 2022

4 Comentarios

vicente alcala 22 junio, 2022 - 7:57 am

Hernando, tu artículo, además de ser un excelente análisis del desarrollo de la humanidad, ofrece un claro programa para extender la “esperanza de vida” de la especie y del planeta.

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Hernando Bernal 22 junio, 2022 - 10:32 am

Vicente: con motivo de la celebración de la Tercera Conferencia Mundial de Educación Superior que tuvo lugar en Barcelona el pasado 16 a 18 de Mayo, la UNESCO ha expresado la gran preocupación de las agencias de las Naciones Unidas sobre la supervivencia de la humanidad, en razón de los problemas de las pandemias, el cambio climático y el mal uso de los recursos naturales, y los problemas geopolíticos creados por la invasión a UCRANIA, con peligro de una escalada atómica. Estos artículos (3 en el blog) fueron preparados como aporte de Ascún en la reflexión sobre este tema. Gracias por tus comentarios. Saludos. Hernando

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Reynaldo Pareja 23 junio, 2022 - 9:02 am

Hernando, Felictaciones. Sesudo analisis el que nos has compartido donde has presentado la problemaática de la sostenibilidad desde las multiples areas del quehacer humano que estan involucradas en hacerla efectiva. Ninguna realidad humana de esta envergadura se agota en un analisis unilateral y mucho menos ofrece las multiples, posibles y necesarias soluciones que proponses. Solo falta que quienes tengan el poder de hacer la diferencia pongan en practica las medidas concretas que aporten a la solucion integral de todos los problemas que nas enumerado. Que tu reflexion les llegue a lo profundo del alma y les de la energia y resolución de hacerlas efectivas.

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Hernando Bernal 23 junio, 2022 - 9:50 am

Reynaldo: como tu lo señalas es muy complejo poner en funcionamiento las múltiples sugerencias para enfrentar el problema de la sostenibilidad ambiental, social y económica. Corresponde hacerlo a los Estados. Lo importante es que en el diálogo entre Estado y Universidad que es uno de los escenarios propiciados por las Conferencias Mundiales de Educación Superior, se puedan crear coyunturas para aclarar y afianzar las tareas que nos corresponden. Este es el sentido de estos artículos. Gracias por tus comentarios.

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