Desaceleración económica y tasas de interés

Por: Mauricio Cabrera Galvis
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La economía colombiana enfrenta un claro proceso de desaceleración y estancamiento. Después de alcanzar un crecimiento anual del PIB de 10 % en el primer semestre de este año, el Banco del República pronostica que el crecimiento del año entrante será de solo 0.7 %, un nivel tan bajo que sería el tercer peor año de la historia desde que se llevan estadísticas, tan solo superado (hacia abajo) en la recesión de 1999 y en el año de la pandemia.

Para entender la aguda desaceleración de la economía hay que tener en cuenta dos hechos: el primero, que no es un fenómeno que se vaya a dar el año entrante, sino que empezó a gestarse desde inicios de este año y, el segundo, el papel que tienen las decisiones del mismo Banco de la República en su pronóstico. 

Una desaceleración anunciada

En un caso típico de estadísticas engañosas, la forma como se han presentado los datos de crecimiento del primer semestre de este año llega a la conclusión de que estamos en una bonanza económica sin antecedentes en la historia del país. En efecto, en el segundo trimestre del año se registró un crecimiento del PIB de 12.6 % comparado con el mismo período del año anterior, cifra superior al crecimiento de China en sus mejores épocas.

¿Cómo explicar esos sorprendentes resultados en un contexto mundial afectado por la guerra de Ucrania, la subida de los precios de las materias primas, la inflación y los rezagos de los problemas logísticos de la pandemia? 

En primer lugar, porque es una ilusión estadística generada por la base de comparación, puesto que en el segundo trimestre de 2021 el crecimiento fue negativo por el manejo de la protesta social. Segundo, porque al hacer la comparación anual se incluyen los buenos resultados del segundo semestre del año pasado y se disimula el freno al crecimiento que se empezó a dar este año.

Una forma de apreciar esta ilusión estadística es con el Indicador de Seguimiento de la Economía (ISE) que reporta el DANE, que si bien es solo un dato aproximado del crecimiento de los distintos sectores productivos, sí tiene la ventaja de ser mensual y permite ver la tendencia de corto plazo del crecimiento. La línea naranja del gráfico siguiente presenta los cambios mensuales del ISE desde el año pasado.

Lo primero que se observa es la caída drástica en abril y mayo de 2021, los meses del paro nacional, que a pesar de la recuperación del mes de junio, implican un trimestre sin crecimiento económico, que al ser la base de comparación con el mismo período de 2022 arroja el ya mencionado excelente resultado de este trimestre.

También se aprecia en la gráfica que el segundo semestre del año pasado continuó con una tendencia positiva, con una tasa de crecimiento de 6.8 % respecto del nivel alcanzado en junio. Sin embargo, esta tendencia cambia desde el inicio de este año, cuando ya se empieza a frenar la economía, toda vez que en tres meses (enero, mayo y julio) se registran crecimientos negativos, y el ISE del mes de julio muestra un crecimiento de solo 1.5 % respecto del valor de diciembre. 

Lo más preocupante de la cifra negativa del mes de julio (-0.3 %) es que es el resultado de una caída de la producción en todos los sectores de la economía, con la excepción de las de información y telecomunicaciones, que crecen 1.1 %, y las de inmobiliarias, que pasan raspando con 0.2 %. La caída es más aguda en el sector financiero y de seguros (-3,2 %) y en los servicios administrativos y de apoyo (-2.7 %).

La profecía autocumplida del Banco de la República

La segunda razón de un pronóstico de crecimiento del PIB de solo 0.7 % para el año entrante depende de los mismos que lo hicieron, es decir, del Banco de la República, que con sus decisiones de política monetaria está induciendo de manera explícita una desaceleración de la economía.

En el gráfico anterior la línea azul muestra la evolución de la tasa de interés de intervención del banco central, que en solo un año ha subido de 1.75 % a 10 %. La razón aducida por la Junta Directiva del Banco para este acelerado incremento es la necesidad de reducir el alza de los precios, que ya ha superado el 10 % anual y, sobre todo, la de controlar las expectativas de inflación, para mantener su credibilidad ante el mercado.

Es claro que la inflación actual se debe principalmente a factores de oferta, como la reducción de las cosechas de alimentos, y al incremento de costos como los de las materias primas importadas. Y es claro también que la subida de las tasas de interés no va a aumentar la cosecha de papa ni a bajar el precio del trigo de Ucrania, pero eso no significa que no sirva para controlar la inflación, solo que lo hace por una vía que frena el crecimiento económico.

El mecanismo es conocido: al subir las tasas de interés se hace más costoso el crédito y se desestimulan tanto la inversión como el consumo. La gente deja de hacer compras con tarjeta de crédito financiada al módico 36 %. Así se disminuye la demanda y bajan los precios, pero también el crecimiento económico.

Ese efecto no es inmediato, sino que actúa con un rezago que se ha calculado entre 9 y 12 meses. Por eso, es posible que la desaceleración de julio ya refleje las alzas de intereses del año pasado, pero sí es seguro que el año entrante se sentirá el efecto total, de manera que el pronóstico del Banco de la República es más bien una profecía de desaceleración que se cumple por sus decisiones de elevar las tasas de interés.

Mauricio Cabrera Galvis

Octubre, 2022

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