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Dario Gamboa – Temores y Esperanzas 2026

Por Dario Gamboa
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En la última tertulia de 2025, nuestro grupo decidió compartir Temores y Esperanzas de cada uno a nivel Global, Regional, local o personal. Compartimos con nuestros lectores algunas de las presentaciones escritas y/o en video de lo que fue una nueva sesión de apertura, sinceridad y fraternidad de los miembros de nuestra tertulia.

Exjesuitas en tertulia- 18 de Diciembre, 2025

Para disfrutar de este video, debes hacer click en el enlace siguiente: https://youtu.be/Nnx-N7Qo-I0

Temores y esperanzas para el 2026

Al querer escribir este pequeño aporte sobre los temores y las esperanzas que son titulares en mi mente, quisiera referirme sólo al tema geopolítico de los poderes y la situación mundial que nos cobija a todos y del cual somos en cierta parte reflejo a nivel internacional, nacional y local. Todo esto, analizando diversas lecturas que hago diariamente y leyendo análisis de varias personas que considero muy equilibradas y objetivas a nivel internacional…

Tengo que dejar clara mi posición de partida a la cual he llegado en el transcurso de los años, bajo el prisma de la cual quisiera hacer este análisis de la manera más sincera y objetiva en mi opinión: He llegado a percibir y sentir con cada vez mayor intensidad que la política es un NEGOCIO, del cual se benefician quienes estén en el poder político-económico de turno y al cual anhelan quienes no lo estén, convirtiéndose esa lucha en la llamada “oposición” para el gran público que participa de cualquiera de las formas de acercarse a esa gran “mafia” de los políticos. 

Llegar a ser parte de los “puestos públicos”, teóricamente para servir a los demás con los dineros recaudados de quienes pagamos impuestos, se convierte -en la gran mayoría de los casos- como una oportunidad de “enriquecerse” o favorecer amigos, familiares y negocios de interés común. Pocas veces se encuentra un gobierno o gobernantes que escapen al final de sus mandatos populares de la famosa frase de “corruptos” que caracteriza a unos y a otros.

He llegado al sentimiento -corroborado por los hechos de muchísimos años- que el arte de los políticos es mantener encendida esa llama de la discordia entre unos y otros partidarios de dos grandes ideas, unidas en sus vertientes modernas: la izquierda y la derecha. Y que las víctimas de todo este show que utiliza los medios de comunicación y las redes sociales hoy para diseminar sus ideas y crear la adversidad, somos todos los que no participamos activamente de sus negocios muchas veces no tan éticos, de los cuales sólo se beneficia esa “clase política”. Es decir, quienes depositamos los votos, somos sus “idiotas útiles” para obtener sus objetivos “de negocio”, siempre amparados y resguardados con las “pieles de ovejas” del “servicio a la comunidad”, la “entrega por su pueblo”, la “lucha por los intereses de todos”. Y lo más interesante de esta reflexión, es que encuentro que esto sucede en todas las regiones del mundo, en América Latina o en Europa, sin atreverme a opinar si así también lo es en Asia, África o en el Medio Oriente.

Una izquierda liberal que, heredera de grandes ideologías del pasado, reencauchadas según la conveniencia del momento en cada país, de tener un gobierno “del pueblo, de las masas, de los proletarios, de los pobres y olvidados, de las minorías, que lucha por la justicia social y trata de integrar a los menos favorecidos, acoger a los inmigrantes de todas partes” para desde el gobierno, conseguir que “las élites, los ricos, los poderosos, las empresas, los favorecidos, los dueños de la tierra” paguen por programas sociales de educación, vivienda, trabajo, asistencia social, salud para todos , desde un gobierno fuerte central que busque el bienestar de todos y no solo de quienes tienen el poder y el dinero.

Y una derecha heredera de un conservadurismo que busca mantener las formas tradicionales del pasado ante los cambios culturales, fiel a la familia, las religiones y las formas feudales del pasado, donde lo importante es crear riqueza para el desarrollo, a través de las empresas y las familias, ofrecer empleo al máximo para que quienes no gozan de los mismos beneficios y puedan acceder a los estándares de vida de los poderosos, a través de una economía de libre de mercado, de la meritocracia, de los beneficios educativos y de salud de los poderosos y los bien conectados. Con menos impuestos para estimular las ganancias de las empresas y un gobierno reducido de ley y orden, con tendencias nacionalistas y excluyentes de quienes vengan a beneficiarse de sus logros a través de la inmigración incontrolada, entre otros factores. 

Mis temores para 2026 -para algunos serán esperanzas-, comienzan con una continuación, para cualquiera observable, del giro inatajable de los gobiernos de “izquierda” en todas partes del mundo, hacia gobiernos de derecha y ultraderecha. 

Baste ver en Europa el avance increíble de estos últimos en países hasta ahora bastiones de un socialismo estatal progresista y que han creado sociedades de “bienestar” en Europa: Alemania, Francia, España, Inglaterra e Italia, sin mencionar Escandinavia, ahora con un fuerte crecimiento de esa misma derecha en Holanda, Austria, Portugal y los ya existentes en Polonia, Eslovaquia, Estonia y Bulgaria, así como los Balcanes casi en su totalidad.  Este declive relativo de los partidos centristas, de izquierda y verdes en el Parlamento Europeo ha conseguido que la derecha radical represente actualmente casi el 30% de los escaños, un aumento notable con respecto a los ciclos anteriores. 

Los temas de migración y seguridad fronteriza, de insatisfacción con el crecimiento económico, de desconfianza con los partidos tradicionales y especialmente de la polarización generacional, se demuestra también con el apoyo creciente entre jóvenes a esas ideas en algunos países. En las elecciones al parlamento europeo de 2024 -el apoyo a las fuerzas de la derecha radical aumentó en 22 de los 27 países-, demostrando que no se trata de casos aislados, sino de una tendencia continental. 

Al mirar con ese mismo lente a América Latina, sin dejar de lado el tsunami incontrolable que ha sido el salto en esa dirección de los Estados Unidos, caso ya de sobra mencionado, nos encontramos con Argentina, con un gobierno ultraliberal en lo económico, antiestado, antiperonista y con una retórica confrontacional con las “castas” que han gobernado, rompiendo consensos democráticos y sociales históricos y que constituye el caso más claro de derecha radical gobernando en la región.

La muy reciente victoria presidencial de un ultraderechista, ultracatólico y ultraconservador en Chile -José Antonio Katz- hace prever un gobierno conservador fuerte, donde los temas de seguridad nacional, la migración y el rechazo a las agendas de género, condicionarán fuertemente su agenda de gobierno. 

Ecuador también ha dado hace poco un giro hacia un gobierno con discurso de mano dura frente al crimen, en un estado de excepción y militarización que se ha alineado claramente con un autoritarismo de seguridad claramente derechista. 

En El Salvador, el gobierno de Nayib Bukele, con sus rasgos de altísima popularidad, suspensión de garantías y permanencia en el poder acomodando la constitución, no se podría catalogar como una extrema derecha clásica, pero sí como un régimen personalista autoritario.

Otras derechas que yo llamaría conservadoras/de “seguridad” serían gobiernos como el de Perú, sostenido por un congreso conservador y basado en una derecha fragmentada de autoritarismo institucional y criminalización de la protesta ciudadana, carente de una visión nacional.

Otros gobiernos como el de Paraguay, con una derecha tradicional conservadora y pro-empresarial con cierta estabilidad institucional, o el de Uruguay con un gobierno de coalición de centro-derecha sólido, con liberalismo económico y estado social moderado; o el de Costa Rica con otro gobierno de centro-derecha y una democracia estable sin rasgos autoritarios fuertes o el de Guatemala con sectores conservadores muy influyentes y con fuerte peso empresarial y religioso, completan un cuadro regional muy claro de una tendencia clara del péndulo político hacia la derecha en América Latina también. 

No me atrevo a hablar de lo que significaría para el resto de los países una transición rápida en Venezuela de una izquierda autoritaria a una derecha claramente apoyada por el gobierno de Estados Unidos, el mayor ejemplo de derecha radical del mundo actual.

Los casos de Colombia, con gobierno de izquierda y con una derecha relevante pero no gobernante y de México, con un gobierno de izquierda y con una derecha debilitada, son atípicos en la región. Brasil, el gigante del sur, también con un gobierno de izquierda, pero con una derecha radical fuerte en la oposición, es otra excepción regional a esta ola derechista mundial. 

Para finalizar, mis temores van acompañados de las amenazas o riesgos que pueden surgir por este giro hacia la derecha política. Las podría sintetizar así:

  1. El riesgo principal en Europa es la erosión gradual del liberalismo democrático desde dentro. Los partidos de derecha radical llegan al poder por elecciones limpias. Una vez dentro, debilitan tribunales constitucionales, presionan medios públicos y reforman leyes electorales, todo sin golpes de estado. 
  2. Se normaliza el discurso excluyente hacia los migrantes, las minorías, el feminismo, el medio ambiente, convirtiéndolos en “enemigos”. 
  3. Se mantiene la democracia formal, pero se reduce la igualdad ante la ley y se debilita la protección de derechos ciudadanos de primera y de segunda clase.
  4. Se debilita el consenso democrático con ataques a la prensa, a la academia, a las ONG’s y a la independencia de la justicia. Se siembra desconfianza contra cualquier árbitro local, con el riesgo de generar una polarización crónica, sin ruptura institucional visible.
  5. El más impactante riesgo para mí es el uso estratégico de la migración como una amenaza, convirtiéndolo en un tema “nacionalista”, instrumento electoral permanente, vaciando el derecho de asilo, sin abolirlo formalmente. 

En resumen, en Europa las democracias siguen funcionando, las elecciones siguen existiendo, pero se produce una degradación lenta, acumulativa y legal que amenazaría a largo plazo los sucesos de la Comunidad Europea.

En América Latina el riesgo principal estaría en la ruptura o vaciamiento rápido del orden democrático por:

  1. Los personalismos extremos: El poder concentrado en una figura, como “salvadora” que tiene una relación directa con “su” pueblo, dejando a los partidos, el Congreso y a la justicia como obstáculos, como en El Salvador y Venezuela…
  2. Una militarización de la política: el uso de las fuerzas armadas para garantizar la seguridad interna, el control de protestas y la gestión del orden público, diluyendo la frontera del control civil democrático. 
  3. Estados de excepción permanentes, suspensiones de garantías judiciales y derechos de defensa y medidas “temporales” que se vuelven estructurales.
  4. Los partidos tradicionales entran en fase de colapso, desprestigio e irrelevancia, creando el riesgo de elecciones sin alternativas institucionales reales.
  5. El crimen organizado reemplaza al estado en territorios y la ciudadanía acepta recortes democráticos a cambio de seguridad.

En resumen, en América Latina, como resultado de estos giros, las democracias serán más frágiles, los cambios más rápidos o abruptos y habrá un riesgo de autoritarismo abierto, con menos estado de derecho, menos controles y menos previsibilidad. 

Como decía al inicio, dos principios permanecen inalterables en esta vuelta del péndulo político hacia la Derecha en el mundo entero:

Uno, son los mismos jugadores políticos en cada país quienes se benefician de este juego de radicalizar unos contra los otros, para entrar a gozar de su parte de la riqueza de los gobiernos, mientras consiguen hacernos pelear entre nosotros por sus intereses y, 

Dos, todo giro hacia la derecha o la izquierda siempre vendrá acompañado más tarde o más temprano de su correspondiente giro hacia el extremo contrario, con mayor o menor intensidad… Difícilmente entre humanos conseguiremos trabajar en común por el servicio auténtico hacia la comunidad, guiados por políticos cuya vocación esencial es hacernos pelear entre nosotros, mientras ellos “sirven” a la ciudadanía o mejor “se sirven de los platos” de la ciudadanía para su propio provecho.

Esperaré con tranquilidad la ley del péndulo a la que obedece la política mundial, con la esperanza de aprender algo bueno de este devenir de los humanos en una dialéctica casi hegeliana de tesis, antítesis y síntesis.

Dario Gamboa

Diciembre 2025

Con el apoyo investigativo de ChatGPT

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2 Comentarios

William Mejia 31 diciembre, 2025 - 6:34 am

En línea con tu interpretación de la política como un negocio, Darío, el actual presidente de Colombia acaba de decidir hacer un negocio preelectoral con el incremento elevado del salario mínimo. Un aumento de 23.7 %, que excede la sumatoria de lo que proponían los representantes de los trabajadores (16 %) y los empresarios (7.2 %), es claramente un salario que aceita la campaña electoral, detrás de cuyos resultados habrá muchos negocios.

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Eduardo Jimenez 31 diciembre, 2025 - 10:28 am

Que el ser político es un gran negocio, como dice Darío, no es nada nuevo. Solo veamos como entre todos tuvimos que pagar la multitud de viajes y la estadía de la “primera ama” en Estocolmo, o el contrato que acabamos de darle, con nuestro dinero, adjudicado a dedo, a un amigo del presidente y de la primera dama, por $630 mil millones, para “impulsar el desarrollo de la inteligencia artificial”, es algo que solo puede hacer quien no le responda a nadie por lo que hace. Hemos tenido que pagar esto y más con nuestros impuestos pero no ha sido mucho lo que pudimos hacer.
Quienes hemos tenido la fortuna de trabajar por muchos años en empresas organizadas sabemos que las cosas que hacen a diario los políticos no se podrían hacer, por lo general, en empresas decentes y organizadas, que tienen sus directivos y accionistas que velan por la forma como se gasta su dinero.
Pero como, en este caso, quienes están a cargo, en primer lugar no han trabajado un solo día en su vida, al menos en empresas organizadas, y en segundo lugar no tienen ningún interés ni obligación en hacer las cosas como se hacen en una empresa decente, pues tenemos lo que tenemos. Saludos y feliz 2026, y Dios nos agarre confesados si seguimos en esta.

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