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Sombras y luz

Por Vicente Alcala
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Llamemos sombras a las guerras, a las torturas, a la destrucción, al hambre, a los homicidios, a la sed, a los acosos, a los secuestros, a las violaciones, al reclutamiento de menores, a las minas antipersonas, a las amputaciones, al narcotráfico, a las masacres, a las injusticias, a los fraudes, a los robos, a los abandonos, a las infidelidades, a las indiferencias, al ruido, al desorden, a la corrupción, a las basuras, a las mentiras, a los engaños, a las exclusiones, a las discriminaciones, a los desprecios… a la maldad humana, a la tristeza de la muerte sin fe.

Llamemos luz al amor, a la ayuda, a los cuidados, a la música, a los salvamentos, a los abrazos, a la limpieza, al trabajo, a la creatividad, al ingenio humano, al progreso, a la solidaridad, a la verdad, a la justicia, a la productividad, al arte, a la poesía, a la entrega  materna, a la unidad familiar, a la lealtad, a la reconciliación, al perdón, al cariño, al afecto, al compañerismo, a la aceptación, a la escucha, a la reparación, a las liberaciones, a la convivencia pacífica, a la colaboración comunitaria… a la bondad humana, a la muerte con esperanza de la resurrección.

Los anteriores podrían parecer, simplemente, dos catálogos de palabras; pero si nos detenemos a ver lo que significa cada una, si le ponemos rostros, sentimientos, imágenes, experiencias, situaciones vividas u observadas, acompañamiento a personas sufrientes… no podemos quedarnos indiferentes o insensibles. 

¿Cómo se explica todo lo anterior? ¿qué pesa más, lo primero o lo segundo? 

No se trata de pesar ni medir, se trata de sentir, de comprender y de actuar.

Hay que sentir el contraste, hay que sentir la tristeza que producen “las sombras” y hay que sentir la alegría que produce la luz. 

Para comprender, no podemos pensar que es “el destino” la casualidad o las circunstancias lo que produce lo uno o lo otro. Puede haber condiciones externas o impulsos interiores que inclinan a lo primero, pero no estamos determinados a actuar como marionetas humanas, sino que depende de nuestras decisiones y nuestras acciones las consecuencias que resulten.

En la vida social, comenzando por la propia, no todo es luz brillante ni sombras tenebrosas; se pueden mezclar, pero está en nuestras manos que prevalezca lo uno o lo otro, y no pensemos que es insignificante cualquier actuación por pequeña que sea: todo pensamiento, deseo, palabra o acción contribuye al bien general o, por el contrario, lo impide o dificulta. 

Yo soy la luz del mundo -dijo Jesús- el que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida; yo, la luz, vine al mundo para que quien creyere en mí no camine en las tinieblas… la luz brilla en las tinieblas, pero los hombres prefieren las tinieblas a la luz cuando sus obras son malas.

Y en otra ocasión, nos dijo: ustedes son la luz del mundo, no se prende una luz para esconderla sino para que alumbre a todos los que la necesitan; así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos. 

Recurrí a las palabras de Jesús, porque nadie mejor que él, en su sencillez, puede explicar el misterio de obrar en uno u otro sentido: o con las obras que dañan a los demás o con las obras que benefician a todos. 

No nos basta desear la luz antes que las sombras; necesitamos realizar obras de luz que glorifiquen al Padre y rechazar las malas obras que aumentan las tinieblas.

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2026

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JUAN L GOMEZ C 29 julio, 2026 - 11:55 am

Vicente, gracias por aportar un rayo de luz a este dilema de luz y sombras

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