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Los desafíos de la ministra de Educación

Por Francisco Cajiao
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El escrutinio a la ministra debe recaer en sus decisiones y en su capacidad para manejar la política educativa, no sobre las creencias que son parte de su esfera íntima.

Sorprende el debate que ha suscitado la designación de Viviane Morales como ministra de Educación, porque se ha centrado en sus convicciones religiosas y no en lo que ha dicho sobre las prioridades y los desafíos que considera urgentes. Menos se entiende que las críticas provengan de sectores que dicen ser progresistas, democráticos y defensores de los derechos fundamentales, que incluyen la libertad de conciencia. Sería cuestionar a un ministro por declararse ateo, agnóstico o de cualquier religión.

Viviane Morales tiene una destacada trayectoria que incluye una extensa experiencia como abogada, fiscal general de la Nación, embajadora y congresista. Ha ocupado cargos que exigen conocimiento jurídico, capacidad administrativa y manejo de instituciones complejas. No cabe duda sobre su preparación, que es lo que requiere el cargo. Como cualquier figura pública, sus actuaciones pueden ser objeto de análisis, crítica y controversia, pero el escrutinio debe recaer sobre sus decisiones, sus resultados y su capacidad para conducir la política educativa, no sobre las creencias que forman parte de su esfera íntima.

Lo que corresponde exigir es que actúe dentro del marco constitucional, tome decisiones sustentadas en el interés general y en la evidencia disponible. Las primeras declaraciones de la ministra apuntan en esa dirección. Ha insistido en que buscará construir consensos alrededor de los grandes desafíos del sistema educativo. También ha señalado que la prioridad será garantizar el derecho a la educación con criterios de calidad, equidad y diálogo con los diferentes actores del sector y se ha comprometido a respetar la autonomía de las universidades públicas, lo que no ha ocurrido recientemente. Son afirmaciones que habrá que contrastar con los hechos, pero constituyen un valioso punto de partida.

Lo cierto es que los desafíos no son menores. Es urgente hacer grandes esfuerzos por atender adecuadamente las necesidades de la primera infancia, donde se inician las brechas sociales que tienden a perdurar a lo largo de la vida, como se ha demostrado en múltiples estudios. 

Es indispensable también convocar a toda la sociedad, y no solamente a los maestros, para mejorar los desempeños en comprensión lectora, matemáticas y ciencias, evidenciados tanto en las pruebas nacionales como en las internacionales. Es este el factor que mayor desigualdad genera, pues de la forma como se curse la educación básica y media depende el acceso a las mejores oportunidades de educación superior que abren las puertas a la movilidad social. 

Esto requiere una visión más flexible del currículo, estímulo a los maestros e instituciones con mejores desempeños y reconocimiento y divulgación de innovación pedagógica que ayude a dar nuevo aire a un sistema con graves problemas de repetición, ausentismo y deserción.

Seguramente habrá que hacer grandes esfuerzos para recomponer la sana estructura mixta que ha tenido la educación superior, pues los jóvenes que terminan hoy su bachillerato no pueden esperar diez o quince años hasta que haya cupos suficientes en las universidades públicas, mientras hay una capacidad instalada subutilizada. Esto, desde luego, deberá ir apareado con un gran esfuerzo para recuperar el Icetex, prácticamente desmantelado en la época del cambio.

Le corresponderá a la ministra liderar una reflexión sobre la inteligencia artificial, la transformación del mundo del trabajo, la ciudadanía democrática y la formación ética. No basta con ampliar la cobertura; es indispensable preparar a las nuevas generaciones para un país y un mundo profundamente distintos de los que conocieron sus padres.

La verdadera discusión será sobre estos temas. No es la fe de la ministra la que está en juego, sino la capacidad del país para recuperar una educación que forme ciudadanos libres, críticos, competentes y capaces de construir un futuro común.

Publicado en el diario EL TIEMPO, Colombia

2 Comentarios
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2 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 21 julio, 2026 - 4:07 am

Pacho: Muy acertado el análisis sobre el papel de la Ministra y las funciones del MEN. Complejo de entender en este mundo polarizado que nos deja el gobierno saliente. Saludos. Hernando

Respuesta
Mauricio Cifuentes 21 julio, 2026 - 9:55 pm

Muchas gracias por el articulo. Aunque comparto las ideas fundamentales expresadas por el autor, desde mi perspectiva, indicar que la prevencion hacia la Ministra abedece a sus convicciones religiosas, es errada. La preocupacion se basa en los antecedentes de la Ministra pues en varias ocasiones ha intentado convertir en “regla general” sus convicciones personales/religiosas. Estas convicciones personales pueden contravenir el bien comun y principios constitucionales fundamentales. Por lo tanto, y esto si lo menciona el autor, la Ministra debera actuar dentro del marco constitucional y a muchos nos preocupa inmensamente que no lo haga.
Perdon por la falta de tildes.
Saludos,
Mauricio

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