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Transicion energetica

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Cuando Colombia debate la transición energética ante la crisis ambiental global, nuestro compañero Carlos Torres expuso la complejidad de las interrelaciones que se dan en la Tierra y sus consecuencias, incluso en el microcosmos. La tensión entre ambientalistas y desarrollistas  frente a la energía y sus fuentes, y la transición energética necesaria y gradual, fueron la clave de su análisis, al igual que las diversas tecnologías para afrontar esta comleja situacion, los pros y contras de cada fuente y lo que denominó el “falso dilema entre agua o gasolina”. 

Exjesuitas en tertulia- 24 de Noviembre, 2022
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No sirve de nada que un productor pequeño, como Colombia, renuncie a los ingresos petroleros que necesita para financiar la transición energética.

La transición energética en Colombia significa disminuir la demanda de petróleo. Sin embargo, para poder hacerlo necesitamos aumentar la producción de petróleo. Esta aparente paradoja tiene dos explicaciones: una, que la demanda de petróleo en el mundo y en Colombia no depende de la producción de petróleo en nuestro país y dos, que la transición energética es muy costosa y los ingresos del petróleo ayudan a financiarla.

Una de las políticas claves del gobierno Petro es la transición energética justa, entendida como la sustitución de combustibles fósiles por nuevas fuentes de energía renovables y menos contaminantes. Es una política no solo acertada, sino necesaria y urgente, e inaplazable porque el calentamiento global es la amenaza más grande que enfrenta la humanidad.

En los países desarrollados la transición energética implica disminuir el consumo de energía; en Colombia es diferente, porque acá tenemos que aumentar la oferta de energía para garantizar a toda la población el acceso a la energía que hoy no tiene y que esta provenga de fuentes no contaminantes.

Otra diferencia importante es que nuestra huella de carbono es muchísimo menor. Por lo tanto, la gran responsabilidad de la descarbonización de la economía es de ellos. En efecto, mientras que la emisión de CO₂ per cápita en Colombia es de solo 1,75 ton, en China es 7,4 ton. y en Estados Unidos es 14,3 ton.

Sin embargo, no son buenas las perspectivas de reducción del uso de la energía o del petróleo en el mundo. Las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía (IEA) muestran que con las políticas actuales mientras la demanda de energía aumentaría 24 % hasta el año 2050, la de petróleo lo haría en 8 %.

El panorama es un poco mejor si los países cumplen los compromisos que han anunciado en foros como el COP 26. En este caso, la demanda de energía bajaría un poco (1,5 %) para el 2050 y el uso del petróleo disminuiría una tercera parte. El problema es que para alcanzar estos objetivos es necesario invertir entre 6 y 10 billones de dólares anuales, es decir, entre el 6 % y el 10 % del PIB mundial, y una proporción similar en Colombia.

Colombia debe disminuir el consumo de combustibles fósiles y reemplazarlos por fuentes de energía renovables, pero la producción misma del petróleo cada vez genera menos gases contaminantes por el esfuerzo tecnológico que está haciendo Ecopetrol para reducir el 50 % de sus emisiones antes de terminar esta década.

Lo mismo sucede en el resto del mundo. Como en el caso del narcotráfico, reducir los cultivos de coca no resuelve el problema mientras exista una fuerte demanda por alucinógenos. Así, la emisión de CO₂  no se va reducir porque se produzca menos petróleo, sino solo cuando disminuya su demanda. 

Mientras tanto no sirve de nada que un productor pequeño como Colombia renuncie a los ingresos petroleros que necesita para financiar la transición energética.

Mauricio Cabrera Galvis 

Noviembre, 2022

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Calentamiento global y narcotráfico son dos de los mayores problemas que enfrentamos en Colombia, aunque de manera muy diferente. El primero, producido por los gases de efecto invernadero, es un peligro mundial que amenaza el futuro de la humanidad; el segundo, es un cáncer que ha corrompido todos los estamentos de la sociedad y alimentado a todos los actores del conflicto.

A pesar de las grandes diferencias en el origen y naturaleza del calentamiento global y el narcotráfico, llama la atención que entre las estrategias para combatirlos se plantee una muy similar y totalmente equivocada: disminuir en Colombia la oferta de petróleo y de hoja de coca, cuando está demostrado que el problema es la demanda mundial de combustibles y de cocaína.

Fuera de Trump y sus fanáticos conservadores, hoy nadie discute que el mundo debe reducir la utilización de combustibles fósiles y que debemos hacerlo rápido. Sin embargo, pretender ganar la batalla contra el calentamiento global disminuyendo la oferta de pequeños productores, como Colombia, es tan equivocado e inútil como querer ganar la guerra contra las drogas fumigando con glifosato las plantaciones de hoja de coca. Como en el caso de las drogas ilícitas, el determinante del uso del petróleo es la demanda y no la oferta.

El futuro de la demanda por petróleo

El mundo no puede vivir sin energía y tampoco sin petróleo. Mientras haya millones de vehículos que emplean gasolina o diésel, mientras las fábricas necesiten energía para mover sus máquinas, mientras miles de plantas de generación de energía funcionen con hidrocarburos, mientras los consumidores sigan utilizando productos de plástico en toda su vida cotidiana seguirá existiendo una enorme demanda por petróleo y sus derivados. Por eso, todas las proyecciones muestran que el consumo de energía continuará creciendo por lo menos durante 20 o 30 años, dependiendo de las políticas adoptadas.

Ante la imposibilidad de reducir el consumo de energía, el esfuerzo de los gobiernos se ha enfocado en cambiar las fuentes que la producen, tratando de sustituir hidrocarburos contaminantes (petróleo y gas) y carbón por fuentes renovables como la energía solar o eólica. También ha vuelto a plantearse el mayor uso de energía nuclear, a pesar de todos los riesgos que conlleva.

Hasta ahora solo se ha tenido un éxito relativo reemplazando en las plantas de generación de energía un poco de carbón por gas natural, que es menos contaminante, pero el consumo de petróleo ha seguido aumentando y continuará haciéndolo.  

La Agencia Internacional de Energía (IEA, por su nombre en inglés), que es la fuente más reconocida en materia de información sobre asuntos de energía, tiene dos escenarios de proyecciones: uno optimista, que denomina “Compromisos anunciados”, requiere que todos los países cumplan todos los compromisos anunciados en la última cumbre sobre calentamiento global; el otro, llamado “Políticas Actuales”, supone que los gobiernos solo continúan los esfuerzos que están realizando hasta ahora contra la emisión de gases de calentamiento.

En el escenario optimista la demanda de energía crecería 15 % hasta el año 2050, para alcanzar 16.000 millones de toneladas de petróleo equivalente, pero sí habría un cambio significativo en la canasta de fuentes de energía, pues las renovables triplicarían su producción y aumentarían su participación de 16 % a 39 %. Aun con este esfuerzo la demanda de petróleo seguiría aumentando hasta 2030, de 4093 a 4420 millones de toneladas, y solo entonces empezaría a descender lentamente (ver gráfico). Su participación en la oferta de energía bajaría un poco, de 29 % a 24 % en 2040, y a 22 % diez años más tarde.

Menos pronunciado sería el descenso del consumo de gas natural (bajaría de 24 % a 20 % en ese período), pues se utilizaría más para reemplazar al carbón en las termoeléctricas. Por lo tanto, sí habría una reducción significativa en la demanda de carbón, con lo que su consumo bajaría a la mitad y su participación en la energía producida bajaría de 26% a 12 %.

El escenario de las políticas actuales puede tener una mayor probabilidad de ocurrencia por las dificultades de los gobiernos de cumplir sus compromisos, lo que llevaría a un mayor aumento de la demanda de energía ‒26 % en los próximos 20 años‒ y a un menor crecimiento de las energías solar y eólica, que solo alcanzarían un poco menos de 5000 Mtoe y una participación de 28 % en la canasta mundial de energía.

Por su parte, el consumo de petróleo seguiría aumentando hasta 2040 y se mantendría constante por otros diez años, alrededor de unos 4700 millones de toneladas. El consumo de gas natural crecería lo mismo que la demanda total de energía, de manera que mantendría su participación constante en 24 %, mientras que la disminución del carbón sería menor y solo se reduciría su participación hasta 16 %. 

En conclusión, en una proyección intermedia entre los dos escenarios tenemos demanda de petróleo y gas para rato, pues su consumo seguirá creciendo por lo menos durante 20 años.

Colombia en la lucha contra el calentamiento global

La guerra contra las drogas ha fracasado porque se ha concentrado más en reprimir la oferta que en campañas de prevención y educación para disminuir la demanda. No se puede cometer el mismo error en la batalla contra el calentamiento global, pues mientras haya demanda por petróleo habrá incentivos económicos para que compañías y países lo produzcan.

Por eso, están equivocados quienes piensan que reducir la producción de petróleo en Colombia ayudaría en la lucha contra el calentamiento global. En el caso de la coca, Colombia es el primer productor del mundo y, aunque es inútil, tiene alguna lógica que se busque reducir la oferta. Por el contrario, en el caso del petróleo, Colombia produce solo 750.000 b/d que son 0.75 % de la producción mundial, de manera que si dejara de hacerlo sería sustituido al otro día por cualquier país de la OPEP, que tienen capacidad de aumentar su producción en más de 10 mm b/d.

¿Qué gana el planeta si Colombia disminuye su producción de petróleo? ¡Absolutamente nada! ¿Qué gana Colombia si deja de producir petróleo? Nada, pero sí puede perder mucho por el gran peso que tienen los hidrocarburos en las finanzas públicas y en el comercio exterior. No hay en el corto y mediano plazo ninguna fuente que permita sustituir la magnitud de los recursos que aporta este sector. 

Hay que desarrollar todo un modelo de economía no dependiente de los hidrocarburos, pero para hacerlo se necesitan los recursos del petróleo. En otras palabras, para dejar de depender del petróleo en el futuro, hay que sembrar el petróleo de hoy y de los próximos años para tener recursos para la transición energética y transformar la economía.

Mauricio Cabrera

Publicado en la revista Cambio

Abril, 2022

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