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Carlos Torres

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Las discusiones entre ambientalistas y desarrollistas que han caracterizado el inicio del siglo XXI y que han sido tomadas como bandera política han llevado a olvidar los aspectos científicos y técnicos del tema, creyendo que es simplemente un aspecto de política pública o de preferencia personal de los líderes. 

En las cuatro entregas anteriores he presentado las características de la energía como motor de la existencia de la humanidad en el pasado, en el presente y necesariamente en el futuro.

Las conclusiones a las que llegado en este debate son las siguientes:

  1. Toda actividad, trabajo, progreso que ha tenido y vaya a tener el hombre en el planeta o el universo requiere energía.
  2. Según la física, la energía no se crea ni se destruye, se transforma.
  3. Las fuentes de la energía son muchas y todas están en la naturaleza.
  4. Las fuentes de energía no están en la forma, cantidad y presencia como y donde la humanidad las necesita.
  5. Una de las tareas del hombre, en su historia, ha sido buscar las fuentes de energía para entender, transformar y vivir en el planeta.
  6. Una vez identificada una fuente de energía el ser humano, con su inteligenci,a ha tenido que “dominarla”.
  7. “Dominar” una fuente de energía significa identificar el sitio o los sitios donde se encuentra, cuantificarla, conocer sus propiedades, relacionarlas con el uso posible y efectuar las transformaciones necesarias para hacerla útil a todos los habitantes del planeta.
  8. Una fuente de energía adicional a su productividad energética produce por sí misma efectos colaterales positivos y negativos y en el proceso de “dominarla” el hombre induce diversos efectos colaterales.
  9. El uso de las fuentes de energía, además de las características físico-químicas de la fuente, tiene connotaciones sociales, políticas, tecnológicas y económicas de gran impacto.
  10. El uso de las fuentes de energía está presente a lo largo de todo el proceso de búsqueda, hallazgo, producción, transformación, transporte, distribución y consumo de la energía.
  11. Desde tiempos inmemoriales la humanidad ha descubierto, desarrollado, transformado y masificado el uso de diferentes fuentes de energía, desde el alimento obtenido de la naturaleza circundante, pasando por la madera, el carbón, el petróleo, el gas natural, la energía hidráulica, atómica, solar, eólica, de las mareas, etc.
  12. Para cada fuente de energía ha sido necesario desarrollar nuevas ciencias, nuevas tecnologías de producción, transformación y transporte, nuevas herramientas y máquinas, nuevos usos y formas de presentación para el usuario final.
  13. Al tiempo que se desarrollaba las tecnologías de dominio de las fuentes de energía se multiplicaba la demanda para esas nuevas presentaciones o formas de uso que trasformaron la vida de todos los individuos de la especie humana y sus entornos familiares, laborales y sociales.
  14. Este proceso de transformación de la vida ha llegado a que diariamente se produzcan de las diferentes fuentes millones de megavatios de energía en forma de combustibles líquidos para movilidad o de energía eléctrica para la vida de los 8000 millones de seres humanos que viven, estudian, trabajan y desarrollan su vida en el planeta Tierra, rodeados de máquinas que funcionan a base de energía, principalmente en forma eléctrica.
  15. Algunos consideran que la principal fuente debería ser la energía eléctrica para mover vehículos, máquinas, equipos, industrias, etc., pero hay que advertir que la energía eléctrica no aparece silvestre en el planeta, sino que para su real uso es necesario transformarla de otras fuentes como el carbón, el petróleo, el gas, la energía potencial hidráulica, etc., y del centro de producción masiva, transportarla y transformarla hasta que llegue usable al consumidor final.
  16. Hasta el siglo pasado se creía que para efectos prácticos el planeta podía proveer ilimitadamente la energía necesaria para la vida y la actividad humana. Pero la realidad es que ya el planeta está afectado por estos procesos de manejo y dominio de la energía y algunas fuentes podrían agotarse.
  17. Por otra parte, los efectos colaterales negativos hicieron que se restringieran algunos usos o se controlaran los procesos.
  18. Los expertos consideran que la solución para atender la demanda de energía y buscar minimizar los efectos colaterales negativos es el diseño de una “canasta energética” que de manera científica combine los múltiples criterios técnicos, económicos, sociales y geográficos.
  19. Es necesario tener en cuenta que hay restricciones técnicas, económicas y naturales que limitan la posibilidad de reemplazar en pocas décadas las principales fuentes usadas en el presente por otras cuya disponibilidad, tecnología y costo hacen teórico o “populista” afirmar que el mundo ‒y menos en solo un país de mediano desarrollo‒, la canasta energética actual pueda cambiarse simplemente por una voluntad política.
  20. De todas formas, hay que encontrar un sustituto del petróleo por su carácter finito y para evitar las consecuencias de efectos contaminantes en su extracción, producción y uso.
  21. Contar con la cantidad mínima de energía disponible para una vida digna es ya considerado un derecho natural de todo ser humano. El hombre no puede sobrevivir sin agua, pero tampoco puede hacerlo sin energía.
  22. En conclusión, es muy simplista pensar que se trata de escoger entre agua o petróleo. 
  23. El diseño, operación y desarrollo de una canasta energética óptima requiere acuerdos políticos muy difíciles de lograr por la cantidad de temas e intereses envueltos en ello, pero es lo que se necesita a nivel local, nacional y mundial.
  24. El hombre es ahora el motor del desarrollo del planeta. Le corresponde encontrar soluciones reales al uso de las fuentes de energía.
  25. ¿Es viable pensar en una autoridad mundial de control y manejo de la energía?

Carlos Torres H.

Enero, 2023

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En los tres artículos anteriores expuse cómo el hombre, para su trabajo en el mundo, ha buscado y encontrado en la naturaleza diferentes fuentes de energía a través de un proceso que inició con el descubrimiento de las potencialidades de cada fuente, sus posibilidades de transformación y de uso; el desarrollo de tecnologías de exploración, transformación y transporte; la incorporación para satisfacer las necesidades de la humanidad y de la naturaleza misma y la creación de herramientas para este propósito.

En el proceso de hallar y utilizar formas de energía, la humanidad ha descubierto que hay efectos colaterales, positivos y negativos, en las diferentes fuentes de energía hasta ahora descubiertas y utilizadas. 

Las calorías que el ser humano obtiene de su alimentación o de los animales que consume pueden ser excesivas o desbalanceadas y llevar a extremos de obesidad. La obtención de proteína animal supuso el manejo de grandes rebaños, cuyos procesos digestivos y excrementos desbalancearon los gases del planeta y contribuyen al calentamiento global con sus consecuencias aún no bien conocidas. 

La madera obtenida de los bosques es factor fundamental del equilibrio de la naturaleza en muchos aspectos y fuente de producción del agua necesaria para la vida. Su sobreutilización convirtió bosques en desiertos y ha dejado sin agua a grandes concentraciones de personas y animales, además de afectar globalmente el manejo del CO₂. 

El carbón, a la par de ser importante fuente de energía y posibilidades de desarrollo de la carboquímica, es un factor altamente contaminante en diversos procesos. Los residuos del humo resultante de la combustión han llevado a ciudades enteras a sufrir la contaminación de las fábricas y las industrias de la era industrial y lanzando a la atmosfera toneladas de CO₂ y partículas que afectan la salud de humanos y animales, además de estimular el efecto invernadero.

De manera similar el petróleo, en sus procesos de uso para la movilidad extraordinaria de la cual goza la humanidad gracias a los combustibles de origen fósil, genera los efectos contaminantes de los gases de efecto invernadero y una alta contaminación que sufren las concentraciones urbanas. Algunos de los derivados del petróleo conllevan sustancias como el plástico, cuya degradación puede demorar decenas de años y sus desechos atacan los procesos biológicos en los mares.  

El gas natural es menos contaminante, pero no inocuo, y su extracción, producción y uso requiere inversiones y tecnologías de alto costo.

En general, las fuentes de energía de origen fósil se consideran no renovables y por lo tanto tienen una vida útil finita, a pesar de un continuo esfuerzo de búsqueda por todo el planeta.

Tanto la OPEP como la Comisión Mundial de Energía calculan que la producción y demanda actual de petróleo llega a 98 millones de barriles diarios, producidos en 130 países, que se transforman en diferentes formas de energía que el hombre usa en sus actividades. Reemplazar esta fuente de energía requerirá investigación, tecnologías y decisiones sociopolíticas complejas.

La energía hidráulica ofrece producción masiva de energía no contaminante, alta eficiencia y bajo costo unitario de producción, pero para llegar al consumidor final requiere alta inversión inicial, extensa inundación de tierras, costoso transporte desde las zonas de producción a las áreas de consumo y es totalmente dependiente de la hidrología y el clima. No está disponible para todos los países por sus requerimientos hidrológicos.

La energía atómica es muy eficiente, pero requiere tecnologías no disponibles en todos los países, infraestructura compleja y costosa, y tiene el riesgo de generar desastres catastróficos, como se ha visto en Rusia y Japón (Chernobyl y Fukushima), lo cual ha llevado a que países con capacidad e infraestructura actual de esta fuente (Unión Europea) hayan decidido abandonar su uso. 

La energía solar tiene bajo índice de contaminación, pero requiere grandes extensiones en regiones con características especiales de radiación solar y sus costos iniciales son todavía demasiado altos. A los costos actuales no compite con otras fuentes, tanto en valor como en capacidad de producción masiva, que realmente permita pensar en reemplazar fuentes más desarrolladas. Los expertos hablan de fechas alrededor de a 20 años vista para pensar en que se constituya en un real reemplazo de las fuentes comunes actuales.

Similar comentario merece la energía eólica, ya en uso en algunas regiones de características geográficas atractivas para generación de esta fuente. Otras fuentes como las mareas o el hidrógeno están todavía en fase de investigación o tienen uso restringido por motivos de tecnología, seguridad, económicos o políticos.

En este panorama de pros y contras la humanidad busca una solución racional para preservar no solo el desarrollo sino la existencia misma de la vida en un planeta que requiere energía en cantidades irrenunciables. La posibilidad de detener la demanda de energía no es una alternativa real.

Carlos Torres H.

Enero, 2023

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En los dos artículos anteriores enumeré las múltiples fuentes de energía que el hombre ha descubierto y desarrollado para ejecutar todo el trabajo que significa habitar y desarrollar las potencialidades del planeta, desde proveer el alimento para la vida hasta impulsar naves espaciales o suministrar energía eléctrica al mundo digital que en esta época utiliza toda la humanidad.

El problema con la energía es que su fuente no necesariamente está en la forma como el hombre la necesita en un punto y momento determinados. Además de las fuentes de energía, son necesarias las tecnologías de transformación para encauzarla y poder realizar el trabajo específico que se desea. La oscuridad de la noche pudo ser derrotada por energía lumínica. La fuente era cercana y la tecnología sencilla: transformar la madera como combustible, lo que requería derribar los árboles circundantes y hacerlos manejables. De esa fuente también podía obtenerse la energía calórica necesaria para la cocción de los alimentos. Las herramientas llegaron cuando se pudo manejar los metales. 

Para los mismos propósitos se descubrió otra fuente de características interesantes: el carbón. Para usarlo se necesitaron nuevas tecnologías de minería, transporte y almacenamiento. Su eficiencia energética resultó extraordinaria y ayudado por los avances en la química y muchas otras disciplinas el ser humano pudo crear la máquina de vapor, con la cual transformó la capacidad del ser humano para movilizarse y producir múltiples aplicaciones que requerían energía. 

La tecnología de manejo del carbón llegó a tal nivel que la humanidad calificó su uso como una revolución: la revolución industrial. Para ello, hubo que desarrollar nuevas tecnologías y herramientas al tiempo que se buscaban aplicaciones de uso de la energía. Se llegó entonces a la carboquímica, que abrió horizontes insospechados años atrás. Se transformó toda la actividad sobre la Tierra, desde la agricultura hasta la industria pesada, los ferrocarriles, el automóvil y la aviación. La humanidad se lanzó a buscar carbón en toda la superficie terrestre y lo encontró en muchos países, lo que impactó a toda la sociedad e incidió en sus relaciones.

Y siguieron encontrándose más fuentes de energía: el petróleo. Una vez más, la fuente de energía estaba allí en el subsuelo, pero había que desarrollar tecnologías para extraerlo, destilarlo y procesarlo. Se desarrollaron tecnologías y herramientas para ese propósito. El transporte de las partes que componen un taladro petrolero requiere más de 30 tractomulas; perforar un pozo puede abarcar de 15 días hasta 6 meses, según las circunstancias técnicas y geológicas. Los costos pueden llegar a decenas de millones de dólares. Y si sale productivo, un pozo de cada cinco se considera un éxito. 

El petróleo puede salir mezclado con agua o con gases, por lo que las plantas de separación son necesarias. Luego viene la tecnología de destilación en las refinerías, cuyos costos son multimillonarios. Su productividad y la trasformación que se logró con su desarrollo transformaron la vida sobre la Tierra. Un nuevo horizonte se abrió con la petroquímica y los múltiples derivados del petróleo.  

Otra fuente de energía apareció en el siglo XIX: la energía eléctrica. Su uso transformó los hogares, las ciudades, las máquinas, las industrias, la educación, la economía, la medicina y muchos ámbitos más. 

Sin embargo, la electricidad no se encuentra silvestre en la naturaleza. Es necesario transformar otro tipo de energía para convertirla en energía eléctrica utilizable. Incluso hay que transformarla de corriente continua a corriente alterna. Para ello, se requirió el desarrollo de una nueva ciencia, nuevas tecnologías, nuevas herramientas y el uso de muchas otras ramas del conocimiento. Para obtener energía eléctrica se usó primero el carbón como recurso primario y se desarrollaron las termoeléctricas a carbón, que consumían la energía potencial de este y a través de máquinas la convertían en energía eléctrica que se transportaba hasta los sitios de consumo con nuevas tecnologías de transporte de electricidad. El petróleo sirvió también como fuente primaria y finalmente el gas, que es otro hidrocarburo.

Para satisfacer la creciente demanda de la humanidad se desarrolló otra tecnología de producción de electricidad en cantidades mayúsculas y a un costo competitivo con las térmicas: la energía hidráulica. Las montañas y sus ríos son fuente de energía potencial que a través de tecnologías desarrolladas en los últimos 150 años la convierten en energía eléctrica. Como las condiciones adecuadas para la construcción de una hidroeléctrica no se ubican cerca de las ciudades y los centros de consumo, fue necesario desarrollar tecnologías, herramientas e instrumentos para su transporte a grandes distancias en altísimos voltajes y luego rebajarlas para distribuirlas a los hogares, fábricas, comercio, etc. La construcción y la puesta en operación de una hidroeléctrica toma entre cinco y siete años, si no hay inconvenientes importantes ‒que usualmente los hay‒.

Un resultado del desarrollo de las diferentes fuentes de electricidad ha permitido que cuando aparecen debilidades de uno de los sistemas ‒como las sequías en las hídricas‒, se suplen con las térmicas, que solo dependen de la disponibilidad de la materia prima. En épocas normales o de alta hidrología, los costos operacionales son menores porque se consume más la energía hidráulica. La planeación y operación de un sistema con diferentes fuentes es una tecnología altamente desarrollada.

Después de la segunda guerra mundial los científicos buscaron lo que se llamó “átomos para la paz”, que en la práctica significa usar los conocimientos adquiridos en el estudio del átomo como una fuente de energía, con el fin de transformar la energía potencial del átomo en energía eléctrica. Obviamente, esto requirió toda la ciencia, la tecnología, las máquinas, los computadores, las herramientas y diseños para lograr esa transformación. Los costos de construcción y protección son muy altos; la fuente son átomos y la productividad es alta. Los países desarrollados llegaron a incorporar una importante cantidad de megavatios producidos en las plantas atómicas a la red que lleva electricidad a los sitios de consumo.

Con estas tecnologías se cableó y electrificó todo el planeta, hasta el punto que estar conectado a la electricidad se ha convertido en un derecho mínimo del ser humano. Los países ricos demandan cada vez más electricidad para sus múltiples aparatos de la vida diaria en los hogares, en las empresas, en las sociedades. Los países pobres también demandan esa energía al irse incorporando a las formas de vida que en grado importante dependen de la electricidad para su funcionamiento. Se necesita energía en forma de combustible o en forma de energía eléctrica para hacer funcionar y progresar la raza humana, el planeta y el universo en que vivimos.

Para atender la creciente demanda y resolver problemas de diversa naturaleza, en los últimos 50 años la humanidad ha buscado otras fuentes de energía, como la luz solar, las mareas, los vientos y el hidrógeno. Están identificadas, pero las tecnologías y los instrumentos de transformación no han sido suficientemente desarrollados para proveer en sumas millonarias de megavatios lo que hoy producen las tecnologías del carbón, el petróleo, el agua, el gas, el átomo y todavía en algunos sitios, la madera. Mientras una planta hidráulica fácilmente supera los 500 megavatios de producción, una planta solar de 10 MW es ya un proyecto grande en esa tecnología.

Otra tendencia es tratar de que todo se electrifique, pero por una parte requiere tecnologías de acumulación de energía en baterías, cuya capacidad hasta ahora es muy limitada. Por otra parte, la electricidad que se consuma debe provenir de alguna fuente que está utilizando alguna o algunas de las fuentes ya desarrolladas.

En el siguiente artículo, analizaré los resultados colaterales que conllevan las fuentes y tecnologías hasta ahora diseñadas para usar energía.

Carlos Torres H.

Enero, 2023

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Fuentes de energía

La física nos enseña que no puede realizarse ningún trabajo sin un consumo de energía. Trabajo y energía son dos magnitudes físicas estrechamente relacionadas y la vida requiere energía. 

En la evolución humana sobre el planeta encontramos la forma como el ser humano ha obtenido la energía para su existencia. Su primera fuente es el alimento que se procesa y permite el consumo de energía que requiere la vida diaria, por simple que sea. Cualquier movimiento de una masa (trabajo) requiere energía. Si el hombre no quiere ser la fuente de energía con su esfuerzo, la busca en los animales (caballos, bueyes…), los cuales a su vez la obtienen de su alimento. 

En las ciudades, hasta hace unos cuantos años, uno de los sistemas de transporte de los objetos era la tracción animal. Ante esta situación, los grupos defensores de los animales protestaron y lograron su prohibición. La energía animal fue reemplazada por la humana y ahora se ven los recicladores cargando enormes carretas y bicitaxis movidos por la energía de los más jóvenes o necesitados.

Sabemos que la energía no se crea ni se destruye, se transforma. Los seres humanos han buscado fuentes de energía su alrededor, al tiempo que progresaban en el conocimiento de los elementos, las propiedades y las consecuencias de los procesos de manejo y uso de las diferentes fuentes de energía útil para realizar trabajos en el sentido de la magnitud física.

En su historia, e hombre necesitó alimentarse y calentarse en los inviernos; para ello tuvo que indagar en los alrededores que lo circundaban y buscar fuentes de energía. Las encontró en los bosques, en las plantas comestibles y en los animales. Luego, su avance en los conocimientos de la naturaleza le permitió desarrollar la agricultura, para lo cual diseñó y elaboró herramientas. Clasificó, entendió y con su propia energía y la del medio ambiente dominó y explotó la “tierra”. Todo ello supuso consumo de energía de una forma u otra. En ese proceso modificó su hábitat y mejoró su calidad de vida. 

Ha sido un largo proceso de milenios de diálogo entre el hombre y la naturaleza, el cual le permitió entender mejor el mundo circundante y a su vez le proveyó de recursos de todo tipo para acelerar y generar nuevas realidades.

El hombre encontró los metales y los usó para su vida en múltiples formas creativas. Después halló sustancias con gran poder energético al ser combustibles y liberar su energía potencial. Descubrió que el agua, fundamental para la vida, era también una fuente de energía y ejecutó obras maravillosas, usando la energía potencial que resulta simplemente de aprovechar las diferentes altitudes en las cuales se encuentra el agua y la diferencia con el punto en el cual va a usarse. Transportó el agua utilizando la gravedad. Navegó usando el viento y diseñando sistemas para dirigir esa energía y pudo realizar trabajos superiores a su misma capacidad “natural”.

Usó el agua y el fuego para cocinar sus alimentos. Para conseguir fuego permanente, encontró la madera de los árboles circundantes. Así descubrió que había elementos de mayor y mejor capacidad de combustión. Entre los materiales combustibles halló el carbón, uno de los más poderosos para producir energía calórica para cocinar y para generar luz.

Combinando carbón y agua pudo dominar el vapor como fuente de energía para mover grandes masas por tierra y mar. Encontró así la gran capacidad de la energía cinética, la energía de los cuerpos en movimiento. De allí obtuvo como fuente principal la energía hidráulica. Logró transformar la energía potencial del carbón en energía eléctrica. 

Con las diferentes formas de energía logró desarrollar máquinas, herramientas y tecnologías que le permitieron descubrir nuevas fuentes. En el último siglo encontró que en lo profundo del planeta se había concentrado una gran energía, producto de presiones y temperaturas acumuladas por millones de años, y logró extraer combustibles fósiles en forma líquida, como petróleo, o gaseosa, como gas combustible. Usó esta energía para combustión que moviera máquinas en tierra, mar y aire. De esta manera, transformó energía potencial en energía cinética. También empleó esa energía proveniente de los combustibles fósiles para generar energía eléctrica.

Como todo en la evolución del ser humano, en las últimas décadas se ha acelerado la búsqueda y se han encontrado y analizado otras fuentes de energía para satisfacer la creciente e insaciable demanda de energía para la vida del hombre sobre la Tierra. Así se encontró la energía atómica, que mantiene unidos los átomos del universo, y que puede ser utilizada para transformar la energía potencial atómica en energía calórica o eléctrica, e incluso en energía destructiva.

En toda esta larga historia del hombre buscando, transformando y usando energía de sus diferentes fuentes, recientemente miró que a su alrededor la más fuerte, abundante y perceptible forma de energía: la energía solar, que es la fuente principal de la actividad, el trabajo y la vida en nuestro mundo planetario. De igual forma, ha visto otras fuentes aprovechables sin mayor esfuerzo, como son el viento y las mareas. 

La química le permitió desarrollar otras fuentes de energía y sistemas de guardar energía acumulada en baterías, con diferentes elementos de la tabla periódica. Ha buscado transformarla en energía eléctrica que impulse sus vehículos en la Tierra e incluso hasta para viajes espaciales.

El ser humano no solo ha encontrado fuentes múltiples de energía, sino su uso y capacidad de transformación. Su utilización varía en la forma, el precio y la cantidad equivalente de unas y otras. Cómo transformar esas fuentes en formas de energía utilizables es el esfuerzo realizado en las últimas décadas con relativo éxito.

A continuación, mostraré los requisitos y los efectos indeseados del uso de las diferentes fuentes de energía. Una de las formas más útiles y usadas es la energía en forma de energía eléctrica, cuya transformación requiere un costoso y difícil proceso a partir de otras fuentes.

Carlos Torres H.

Diciembre, 2022

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La tensión es cada vez más notoria. Los legisladores aprueban más y más leyes de protección del medio ambiente. En los diferentes estamentos de la sociedad se expande el discurso de “Salvar el planeta”. Apenas hace unos días, el Congreso aprobó el acuerdo de Escazú, primer tratado ambiental de América Latina y el Caribe.

A los niños se les inculca el valor de un árbol o de una planta e incluso los llevan a defender como humanos los derechos del ambiente. Los medios ya no disimulan u ocultan de qué lado están; quienes desarrollan actividades de todo tipo se encuentran muy rápidamente con la oposición de la “comunidad”, que desea preservar el ambiente ‒lo cual, en la práctica, se entiende como no tocar nada que parezca verde‒. Los funcionarios encargados de estudiar proyectos están presionados por los defensores de lo ecológico para negarlos por el solo hecho de desarrollar terrenos; ya cualquier pasto es el “pulmón” de una ciudad y cualquier charco es un “humedal”.

Los hechos dan bases abundantes para respaldar los movimientos ambientalistas: los cambios climáticos extremos, el esmog (esa niebla mezclada con humo y partículas en suspensión), la capa de ozono y la extinción de especies demuestran que hay una realidad en el abuso que el hombre ha hecho a través de siglos sobre la tierra habitada.  

Durante siglos ignoramos lo complejo que son las interrelaciones que conforman y se dan en la Tierra. Es más: todavía ignoramos muchas de las interrelaciones y consecuencias de nuestros actos sobre nuestro planeta, el sistema solar, el cosmos y, en otra dirección, sobre el microcosmos. 

Paradójicamente, los grandes desarrollos que ha logrado el hombre en la Tierra y en el espacio le permiten entender mejor su responsabilidad y le dan herramientas para lo que se ha llamado un “desarrollo sostenible”, para buscar la calidad de vida que desea y que ha logrado la humanidad para extenderla a todos los habitantes del planeta.

En los países democráticos, los diferentes grupos tienen el derecho de expresar no solo su opinión, sino incluso oponerse de hecho a las actividades o programas que consideren perjudiciales para el ambiente. Se observan todos los extremos: los que de manera simple consiguen adeptos para luchar contra la minería o los desarrollos viales, con el argumento de que “prefieren el agua al oro”, y los que de manera científica buscan medir los impactos de la actividad humana sobre la Tierra y proponen avances para un desarrollo sostenible para todos los seres humanos. 

Por otra parte, los hay que consideran que el hombre tiene el derecho de usar los recursos naturales y también de manera simple defienden proyectos con el solo argumento de que son beneficiosos para el hombre en el inmediato futuro.

En esta serie de cinco artículos trataré de aportar algunas ideas que nos permitan entender nuestro papel en el universo y las realidades que ofrece ese universo a los seres humanos. Para ello, quiero concentrarme en uno de los frentes más frecuentes de confrontación entre ambientalistas y desarrollistas: la energía y sus fuentes. ¿Podemos vivir sin fuentes abundantes de energía? ¿Podemos cambiar las fuentes que nos han soportado energía hasta ahora? ¿Podemos abandonar lo que ahora llaman el modelo extractivo? 

En los siguientes artículos iniciaré el análisis, que espero que ayude a comprender esta problemática.

Carlos Torres Hurtado

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Cuando Colombia debate la transición energética ante la crisis ambiental global, nuestro compañero Carlos Torres expuso la complejidad de las interrelaciones que se dan en la Tierra y sus consecuencias, incluso en el microcosmos. La tensión entre ambientalistas y desarrollistas  frente a la energía y sus fuentes, y la transición energética necesaria y gradual, fueron la clave de su análisis, al igual que las diversas tecnologías para afrontar esta comleja situacion, los pros y contras de cada fuente y lo que denominó el “falso dilema entre agua o gasolina”. 

Exjesuitas en tertulia- 24 de Noviembre, 2022
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Estamos apenas entendiendo racional y emocionalmente que, en efecto, hemos vivido una página de nuestra historia. Es claro que la profundidad e importancia de los hechos dependerán de la capacidad e inteligencia como continuemos escribiendo las siguientes páginas.

Algunos amigos desean saber si en mi opinión aprendimos algo en estos tensionantes momentos que calificamos como definitivos para el futuro de nuestra nación.

Lo primero es ratificar que cada uno aprende, reacciona y califica según como siente y juzga el impacto sobre sí mismo, sobre su entorno y sobre los suyos. Me atrevo a clasificar la población en cuatro grupos, cuya respuesta estará inclinada por su reacción.

El muerto

Este grupo reacciona con intenso dolor. Considera que todo está perdido; transmite duelo, sensación derrotista. Ha sucedido una tragedia.

El luchador

Solo se ha perdido una batalla, pero no la guerra. Su llamado es a la reconstrucción. Minusvalora el triunfo del contrario. Justifica lo acontecido como resultado de manejos antiéticos y deshonestos del contrario. Llama a dimensionar los daños y a preparar el contrataque.

La diáspora 

Los líderes se dispersan sin ningún objetivo definido. Tratan de no aparecer como los líderes naturales que eran antes de la derrota. Los militantes se dispersan y solo algún tiempo después buscan refugio en los grupos de recuerdos que se van formando y se reagrupan. Tratan de mantenerse vigentes, incorporándose a grupos de vencedores. Piensan que ya habrá otra oportunidad.

¿Quién tuvo la culpa?

Este grupo busca la razón de la derrota. Planteará órganos de ejecución y propondrá hipótesis. Hará cambios, hará convenios y firmará acuerdos 

También interesan las reacciones de quienes triunfaron, según sus formas de responder a la situación. Dado el reciente triunfo es lógico que los más optimistas hablarán de triunfadores, héroes, de la generación dorada e irán formando leyendas de lo que pasó esa semana.

Con los años, las leyendas se irán fortaleciendo y se harán análisis utilizando la información que se produzca de lado y lado. Los historiadores y escritores efectuarán los análisis, buscando respuesta a la pregunta “¿quién tuvo la culpa?”. Claro que todo dependerá de las batallas que libren los intelectuales en los años subsiguientes, porque en estos temas y situaciones los muertos resucitan y los guerreros no siempre ganan o pierden. A veces, la victoria se distribuye. La victoria tiene un precio sobre las emociones, como alegría, felicidad, angustia y depresión.

El dulce sabor de la victoria efectivamente paga un precio en su contraparte: el amargo sabor de la derrota. Los combatientes están acostumbrados en otros campos a ese tipo de sensaciones, en terrenos como el amor, el deporte, el éxito profesional y laboral, pero es intensa la sensación de sus reacciones en el tema político. Por lo tanto, el amargo sabor de la derrota es más agudo, se extiende a lo largo de todas las reacciones, tanto en los que luchan y triunfan como en los que igualmente luchan, pero son derrotados. El sabor amargo ¡sí que duele!

Saber reaccionar en los momentos más críticos de la incertidumbre, mostrando generosidad y magnanimidad con los contrarios vencidos es una de las actitudes más difíciles en el momento de la victoria, como también mantener la dignidad y el respeto es parte de la grandeza del vencido.

Una de las experiencias que ansiábamos que apareciera en estas horas definitivas para el futuro del país todavía estamos esperándola. Me refiero al cambio ofrecido desde hace muchos años, pero seguimos con la forma tradicional de la política colombiana, de que no importa quién gane o pierda. En Colombia, tradicionalmente, todos ganan y muy pocos pierden. Me refiero a que tenemos la práctica de que, aunque se pierda, podemos gritar: ¡victoria!

Unos pocos ejemplos: el SÍ y el NO han logrado sus objetivos; los candidatos en gobernaciones y alcaldías, aunque tengan menos votos, muchos consideran que su participación ha sido un triunfo. Petro ha venido ganando a pesar de que lograba menos votos que sus contrincantes; lo que suaviza a sus contrincantes derrotados es que están siendo invitados a un “pacto nacional”, es decir, nadie quiere ser oposición y todos sienten que ganaron.

Carlos Torres H.

Agosto, 2022

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Estamos apenas entendiendo racional y emocionalmente que efectivamente hemos vivido una página de nuestra historia. Es claro que la profundidad e importancia de los hechos dependerán de la capacidad e inteligencia como continuemos escribiendo las siguientes páginas.

Algunos amigos desean saber si en mi opinión aprendimos algo en estos tensionantes momentos que calificamos como definitivos para el futuro de nuestra Nación.

Lo primero es ratificar que cada uno aprende, reacciona y califica según como siente y juzga el impacto sobre sí mismo, sobre su entorno y sobre los suyos. Me atrevo a clasificar la población en cuatro grupos, cuya respuesta estará inclinada por su reacción.

El muerto

Este grupo reacciona con intenso dolor. Considera que todo está perdido; trasmite duelo, sensación derrotista. Ha sucedido una tragedia.

El luchador

Solo se ha perdido una batalla, no la guerra. Su llamado es a la reconstrucción. Minusvalora el triunfo del contrario. Justifica lo acontecido como resultado de manejos antiéticos y deshonestos del contrario. Llama  a dimensionar los daños y a preparar el contrataque.

La diáspora 

Los líderes se dispersan sin ningún objetivo definido. Tratan de no aparecer como los líderes naturales que eran antes de la derrota. Los militantes se dispersan y solo algún tiempo después buscan refugio en los grupos de recuerdos que se van formando y se reagrupan. Tratan de mantenerse vigente, incorporándose a grupos de vencedores. Piensa que ya habrá otra oportunidad.

¿Quien tuvo la culpa?

Este grupo busca la razón de la derrota. Planteará órganos de ejecución y pondrá hipótesis. Hará cambios, hará convenios y firmará acuerdos 

También interesan las reacciones de quienes triunfaron, según sus formas de responder a la situación. Dado el reciente triunfo es lógico que los más optimistas hablarán de triunfadores, héroes, de la generación dorada y irán formando leyendas de lo que pasó esa semana.

Con los año, las leyendas se irán fortaleciendo y se harán análisis utilizando la información que se produzca de lado y lado. Los historiadores y escritores efectuarán los análisis buscando respuesta a la pregunta “quién tuvo la culpa”. Claro que todo dependerá de las batallas que libren los intelectuales en los años subsiguientes, porque en estos temas y situaciones los muertos resucitan y los guerreros no siempre ganan o pierden. A veces, la victoria se distribuye. 

La victoria tiene un precio sobre las emociones, como alegría, felicidad, angustia y depresión.

El dulce sabor de la victoria efectivamente paga un precio en su contraparte: el amargo sabor de la derrota. Los combatientes están acostumbrados en otros campos a ese tipo de sensaciones, en terrenos como el amor, el deporte, el éxito profesional y laboral, pero es intensa a sensación de sus reacciones en el tema político. Por lo tanto, el amargo sabor de la derrota es más agudo, se extiende a lo largo de todas las reacciones, tanto en los que luchan y triunfan como en los que igualmente luchan, pero son derrotados. El sabor amargo ¡sí que duele!

Saber reaccionar en los momentos más críticos de la incertidumbre, mostrando generosidad y magnanimidad con los contrarios vencidos, es una de las actitudes más difíciles en el momento de la victoria, como también mantener la dignidad y el respeto es parte de la grandeza del vencido.

Una de las experiencias que esperábamos apareciera en estas horas definitivas para el futuro del país todavía la estamos esperando. Me refiero al cambio ofrecido desde hace muchos años, pero seguimos con la forma tradicional de la política colombiana, de que no importa quién gane o pierda. En Colombia, tradicionalmente, todos ganan y muy pocos pierden. Me refiero a que tenemos la práctica de que aunque se pierda podemos gritar: ¡victoria!

Unos pocos ejemplos: el SÍ y el NO han logrado sus objetivos; los candidatos en gobernaciones y alcaldías, aunque tengan menos votos, muchos consideran que su participación ha sido un triunfo. Petro ha venido ganando a pesar de que lograba menos votos que sus contrincantes; lo que suaviza a sus contrincantes derrotados es que están siendo invitados a un “Pacto Nacional”, es decir. nadie quiere ser oposición y todos sienten que ganaron.

Carlos Torres H.

Julio, 2022

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Prospectiva 2022

Por Carlos Torres
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A finales de 2019, y dentro de mi ejercicio de prospectiva anual, me atreví a nombrar el inmediato futuro como un año de consolidación, pero llegó el 14 de marzo de 2020. En Colombia ese fue el día en que empezó la peste. No lo olvidaré porque mis nietos cumplen años el 13 y el 14 de ese mes. Uno alcanzó a recibir a sus amiguitos; la otra, no. 

He hecho mi prospección, fiel a mi concepto de prospectiva como “el conjunto de tendencias que predominan en los países y que permiten que los analistas las identifiquen y se incorporen a participar positiva o negativamente, según se sientan cómodos o no, con su desarrollo”.

Mi pronóstico es que 2022 será el año de la recuperación. Nadie duda de ello. Todos lo pronostican. Incluso mis hijos.

Nadie pudo pensar como posible que algo o alguien paralizara el planeta Tierra en menos de un mes. Uso “paralizar” aquí en sentido literal, físico, síquico y sociológico; Tierra se refiere a la totalidad de países y terrenos habitados por los seres humanos. No son metáforas, ni ciencia ficción. En los meses de marzo y abril de 2020, pasó todo eso. Hasta los líderes de algunos países se dieron algún recreo…

Veo a Biden y a Xi consolidando sus batallas comerciales y geopolíticas gracias a su poder y a sus indudables resultados internos y externos. Hasta el hambre de nuestros vecinos se   estabilizará a costa del apoyo militar, político y comercial del bloque respaldado por la izquierda mundial. El Brexit entrará en clara recuperación; los gobiernos de Europa ‒España, Francia, Alemania, Italia‒ buscarán su cohabitación con los contrarios y las divisiones en Latinoamérica también mostrarán el mismo discurso con los mismos títulos, llamando izquierda o derecha al populismo de unos u otros. Finalmente, Colombia consolidará la paz parcial que se firmó en la víspera de las elecciones 2018-2022, lo cual mantendría la polarización, pero con múltiples jefes de escaso valor y poco liderazgo. 

2022 será un año tranquilo, de recuperación personal y colectiva. Los investigadores de todas las ciencias físicas y sociales nos sorprenderán con sus descubrimientos y la impresionante cantidad de novedades. Esperamos un rebote en la economía: es fácil observar que para reconstruir la actividad económica ya contamos con la infraestructura; perdimos capital humano, pero podemos recuperarlo. Además, una vez superemos el pánico, podremos dedicarnos a identificar aspectos que ganamos en medio de la pandemia. Dimos saltos gigantescos en formas de vivir, de estudiar, de trabajar, en solidaridad, en disciplina social, en desarrollo tecnológico. El mundo digital será una realidad que cubrirá todas las actividades humanas.

Como mi interés es hacer prospectiva para el año 2022, dejaré a los historiadores de profesión, a los periodistas, a los sicólogos, sociólogos, médicos, huérfanos, gerentes, investigadores, ingenieros, enfermeras, a esos millones de héroes, dejaré ‒digo‒ la narración de la tristeza, el dolor, la tragedia, la presentación de la señora muerte y su convivencia con nosotros durante los pasados meses iniciales, los doce posteriores y los que todavía falten, mientras atrevidamente escribo estas ideas basado en nada diferente a la esperanza de que el fin de la peste esté cerca y se devuelva a sus sombrías moradas una vez más Jesús, nuestro Dios, nos libere de sus garras. 

Vuelvo, pues, a temas más amables, como afirmo, siendo rabiosamente positivo (una prueba más de la teoría de la relatividad).

Hay solución

Los líderes tradicionales desaparecieron. Religiosos, militares, políticos, científicos, nadie señalaba el camino, nadie nos servía de guía. Nadie tenía experiencia. Todos, estupefactos, se encerraron en sus hogares. La fe, que según la literatura había dado esperanza en fenómenos similares del pasado, había sido abandonada.

Meses después la peste mantenía vigente la orden de quedarse en casa, impartida por las autoridades del planeta ante una segunda ola que creíamos sin fundamento, diferente a la esperanza de que fuera la última, y que el nuevo año trajera la disminución espontánea de contagiados, afectados y muertos. Los científicos nos ilusionaron con el acelerado proceso de encontrar vacunas que pudieran arrebatarle a la muerte aquellos que caían por montones en los primeros días del comienzo de la vacunación y el ahora poderoso concepto de inmunidad de rebaño. Cada político escogió su camino para vender su ramillete de ilusiones. A su vez, cada científico escogió su político. Pocos se atrevieron a pronosticar algo, con excepción de los que vieron una oportunidad política, pero el conteo de cadáveres ha continuado su ralentización…

El ser humano ‒mujeres y hombres‒ continuará su proceso evolutivo. Recibirá un gran impulso tanto en el conocimiento de sí mismo como en el de conocimiento del entorno.  Volverá a triunfar y su evolución recibirá un gran impulso en el conocimiento del mundo y de sí mismo. Podemos estar tranquilos: no volveremos a vivir en cavernas y respetaremos mucho más la naturaleza y el medio ambiente.

Habrá nuevas oportunidades para materiales, para procesos, para grupos de investigación. Los chinos serán acusados de haber introducido el virus; por ello, les impondrán límites a sus investigaciones y ellos lo aceptarán, lo que abrirá nuevas oportunidades a los laboratorios de Europa occidental. A ese grupo se unirán los centros de investigación de Estados Unidos, país que sufrirá la vergüenza del caso Trump. Los países de nivel medio de desarrollo (India, México, Brasil, Colombia…). serán invitados a participar. 

Finalmente, a más tardar a comienzos de 2022, la humanidad encontrará una respuesta a la “peste blanca”. Los que se sientan con mayor libertad de plantear hipótesis, soluciones y reunir mentes brillantes serán los del viejo grupo de la Unión Europea.

La investigación será el nuevo aglutinante. Y en la otra cara, el emprendimiento será el nuevo elemento administrativo al servicio de la gerencia de las organizaciones. 

Habrá una búsqueda de respuestas entre iguales, para encontrar así las respuestas entre iguales. Deben encontrarlas: ¡de lo contrario, la humanidad se autodestruiría! Y eso nunca ha pasado. La vieja Europa volverá a guiar el desarrollo de todos los continentes. Estados Unidos tendrá por lo menos un año de vergüenza. De los grandes pequeños países deberá surgir un liderazgo tipo Merkel, Mitterrand, Thatcher o Macron…, o un joven político de gran capacidad de liderazgo. El Reino Unido estará ocupado, estableciendo las reglas de juego con sus vecinos. 

Las economías mejor manejadas en la gran Crisis de la Peste Blanca fueron las de la Unión Europea, cuyas instituciones se manejaron y sobrevivieron con un modelo comunitario. Tan pronto vieron una luz por donde podrían tomar camino, lo emprendieron y lo ofrecieron a los países más pequeños.

Nótese que la situación de más orden, mejor manejo, mayor disciplina, más respeto a las reglas, etc., mostró sus bondades no solo para manejar la crisis, sino para encontrar soluciones en otros lugares, como hicieron Singapur, China, Taiwan, el Grupo del Pacífico ‒Chile, Perú, Colombia, México‒…

Colombia, mientras tanto, seguirá buscando al que diga Uribe… para las elecciones de 2022.

Prospectiva 2021

Hubo solución…

Con fe en la humanidad, en la evolución que nos había traído hasta aquí en el espacio y en el tiempo, pronostiqué el año pasado que encontraríamos una solución. Con rabia y angustia en medio de la oscuridad de millones de afectados, con los amigos, conocidos, parientes enterrados solos, sin ceremonias para no contagiarnos, los científicos desarrollaron en menos de un año la vacuna, lo que habían presupuestado llenos de dudas que podría hacerse en dos años. No fueron los chinos, a quienes efectivamente marginaron los científicos y políticos y culparon del virus asesino; fueron los norteamericanos y los centros de investigación de Europa occidental, una vez lograron despertar del golpe mortal que significó la parálisis y la falta de liderazgo de todo tipo en todos los continentes. 

Hubo dos tipos de estrategia: la liderada por Trump y Bolsonaro (Estados Unidos y Brasil). Algunos países aceptaron la supremacía del virus y, por lo tanto, siguieron la vida económica que pudieron salvar. Otros países orientaron su esfuerzo en desarrollar la vacuna y para evitar muchas más muertes, casi todos pararon las actividades económicas y cerraron sus fronteras.  

Las dos preguntas que debemos responder son: ¿ya pasó la pandemia o el ataque del covid es un conjunto de oleadas? En Colombia llevamos cuatro (en España, por ejemplo, van en la sexta ola). ¿Cuántas faltan?

Carlos Torres Hurtado

Enero, 2022

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A los lectores del blog queremos contarles que desde hace 14 meses venimos reuniéndonos, semana a semana, en tertulias amigables, para conversar sobre muy diversos temas. Esas tertulias alimentan el blog y este aprovecha lo compartido allí. 

Ante la dolorosa situación que atravesamos en Colombia decidimos manifestarnos. Por eso, les propusimos a quienes desearan hacerlo, que escribieran un texto breve al respecto.

Este artículo hace parte de la cosecha que obtuvimos.

A la pregunta sobre qué está pasando en Colombia, la respuesta es: que los poderes nacionales y mundiales, incluido el narcotráfico, han escogido a nuestro país como su campo de batalla. Un ejemplo de ello es el caso Santrich

En este sainete participaron la JEP, la CIDH, la ONU, la OEA, las Altas Cortes, el sistema carcelario, los jueces, la Ministra de Justicia, el Fiscal, la Vicefiscal, el Procurador, la Embajada de Estados Unidos, la Unión Europea, la policía, el CTI, los medios, los del Sí, los del No, congresistas, carteles del narcotráfico.

Este es solo un ejemplo de las batallas que se están librando en Colombia. Sin duda, hay una batalla jurídica de fondo porque está en juego la interpretación de la Constitución, sus instituciones y sus modificaciones, para dar cabida a los exguerrilleros.

Pero la batalla jurídica no se reduce al análisis de lo pactado. Se enmarca en la lucha geopolítica por el poder, por apoderarse de la bandera de la paz, que puede significar el triunfo en las siguientes elecciones.

En el trasfondo hay una clara batalla ideológica entre dos modelos de sociedad, que con diferentes grados se concretan en las llamadas izquierdas y derechas del espectro político, con sus ejércitos de incendiarios y vándalos. Es el manejo de la imagen, no para resaltar la propia, sino para denigrar la del contrario. 

Es la batalla por construir la historia.

Los más agudos, los mejores caricaturistas y opinadores lanzan sus dardos en una batalla llena de formas bajas de referirse a los personajes y a los hechos. Los insultos y epítetos desobligantes abundan. Es la guerra del odio.

En forma muy eficiente y con gran acierto, los gestores del acuerdo con las Farc obtuvieron   el apoyo de la comunidad internacional, la cual también llegó a nuestro país para ayudar a “librar la batalla”. También hay izquierdas y derechas que interpretan los hechos y “colaboran en” transmitir al mundo su verdad. 

A nuestras puertas están las grandes potencias del mundo y del narcotráfico, listas a participar en nuestro suelo. Solo que nosotros pondremos los muertos y la destrucción de nuestra patria colombiana.

Como consecuencia de todo lo anterior ha terminado librándose la más grande de las batallas: la batalla por la verdad.

Para nadie es un secreto que una verdad raquítica permite a la larga justificar muchos, si no todos, los crímenes cometidos por los violentos y justificar las decisiones de la JEP.

Así terminaremos moralmente condenados y físicamente libres, aplicando la estrategia ya exitosa en el pasado: como todos somos culpables, nadie es culpable.

Como hay tantas batallas librándose en tantos niveles, por tantos intereses, por tantos líderes, cada persona y cada grupo toma partido en su ámbito más natural. No es fácil encontrar voces de sensatez que, con liderazgo real y eficaz, inteligencia, magnanimidad, patriotismo y generosidad inviten a avanzar, a aceptar lo construido, a ceder lo no esencial; que renuncien a ganar las batallas que estén librando, orienten a los compatriotas, den ejemplo y guíen para conseguir la victoria real: paz para todos y verdad que nos libere de odios y deseos de venganza.

Así Colombia podrá ser no un campo de múltiples batallas, sino una patria en paz donde quepamos y nos respetemos todos, aceptando nuestras diferencias.

Carlos Torres Hurtado

Julio, 2021

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En las entregas anteriores expuse que la igualdad es una utopía imposible e incluso contraproducente para el desarrollo integral humano y para la equidad. El índice de Gini, aunque es un buen esfuerzo de medición, muestra que la igualdad es imposible y no es la mejor herramienta para resolver el problema práctico que enfrenta la humanidad: la miseria y la pobreza de masas de seres humanos. Hay que pensar, entonces, en la dignidad.

En el artículo anterior planteé que no es lo mismo igualdad que equidad. Mientras la igualdad es utópica, la equidad es posible y conveniente. La equidad es darle a cada uno lo que le corresponde, aunque en muchos aspectos este hecho se convierta en fuente de desigualdad. Definir lo que le corresponde a cada uno y cómo entregárselo es un problema aún no resuelto. En la presente entrega espero aproximarme a fórmulas reales.

He planteado que la “pobreza” es un término relativo, no absoluto. Como la riqueza no está cuantificada ni limitada, pues los seres humanos la hacemos crecer continuamente, llega a las personas de manera desigual. Esto genera tener que redefinir continuamente los valores para medir la pobreza.

El concepto que considero que puede darle luz al tema y ser la fuente de aplicación práctica es el siguiente: la dignidad humana es universal. Ontológicamente, todo ser humano es digno de respeto, de una vida coherente con su grandeza como ser vivo, con un origen y un destino superior al de los demás seres que habitan y constituyen el planeta.

Independientemente de las corrientes filosóficas y/o religiosas que los inspiren, la evolución ha llevado a que los seres humanos tengan intrínsecamente una dignidad que debe reflejarse en su vida desde su nacimiento hasta su muerte. Una concepción digna, una vida digna y una muerte digna son derechos inalienables de todo ser humano. A esta conclusión ha llegado la humanidad luego de múltiples momentos históricos en los cuales se creyó que había diferencias de dignidad por razas, géneros, naciones, conquistas, ideologías o religiones.

La comprensión y aceptación universal de la dignidad de todo ser humano ha sido un largo camino de miles de años, pues sojuzgar un grupo por otro mediante guerras, esclavitudes, conquistas, adoctrinamientos forzados, intolerancia o explotación económica fue una característica universalmente aceptada hasta hace pocas décadas y aún prevalece en algunas regiones y sociedades. Sin embargo, es indudable que en los últimos 200 años ha emergido en la mente de los líderes y en las organizaciones sociales la claridad de la dignidad humana como valor supremo de toda persona.

La forma concreta como esta dignidad se ha buscado y aceptado aparece en tres momentos históricos en los siglos recientes: la promulgación de los Derechos del Hombre, la Declaración de los Derechos Humanos y los Objetivos del Milenio. Los primeros, en la Revolución Francesa, exigían que todo ser humano ‒por el hecho de serlo‒ tenía derechos en la sociedad. Proclamados políticamente con el grito de “libertad, igualdad, fraternidad”, los asambleístas los resumieron en derechos a la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión, muy de acuerdo con la situación de la época.

Así como el concepto de dignidad tomó miles de años en explicitarse y concretarse, su aplicación aún dista mucho de ser universal en sus elementos básicos. La libertad física de todo ser humano apenas fue un primer paso que lentamente ha ido cubriendo la Tierra, pero muchas libertades básicas todavía son discutidas o negadas. 

Luego de colonialismos extremos, guerras y millones de muertos, la humanidad concretó en 1948 la Declaración de los Derechos Humanos. Las Naciones Unidas, como ente que pretende representar a toda la humanidad, buscó hacer realidad en la vida de todos los ciudadanos de cualquier nación sus derechos a la libertad, a la vida, a la educación, a la libre expresión, a la libre asociación, a la movilidad, al trabajo, a la propiedad, a la libertad de pensamiento y conciencia, a la práctica de la religión, a la salud, al bienestar, a la vivienda digna y a la alimentación.

Finalmente, en el año 2000, también las Naciones Unidas promovieron y lograron la firma por parte de 189 naciones de los ocho objetivos del milenio: 

1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre.

2. Lograr la enseñanza primaria universal.

3. Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer.

4. Reducir la mortalidad infantil.

5. Mejorar la salud materna.

6. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades.

7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.

8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Este compromiso se acerca más, prácticamente, a concretar aspectos mínimos que la dignidad humana exige en temas de alimentación, salud, educación y, sobre todo, dignidad.

Cada vez entendemos mejor la dignidad humana y vemos la posibilidad real de cómo puede expresarse esa dignidad. El concepto y sus componentes es dinámico, en la medida en que el hombre progresa en la comprensión de sí mismo y en las herramientas para transformar el mundo y generar riqueza. Hace 300 años no era posible combatir universalmente la peste bubónica; igual puede decirse de la educación secundaria universal: hoy es posible y exigible como parte de la dignidad básica.

La dignidad humana exige derechos y deberes. Hoy no puede aceptarse que haya niños muriendo de hambre, desnutrición o por enfermedades como el sida, personas sin educación, discriminación por género, familias enteras sumidas en la pobreza. Entonces, ¿quién debe hacerse cargo del respeto de la dignidad humana concretada en los derechos del hombre, los derechos humanos o el combate contra la pobreza, entendida con las posibilidades actuales?

La dignidad humana exige que el primer responsable de lograr esos mínimos sea el ser humano individual. Como dijo recientemente el papa Francisco, “la mayor dignidad es ser capaz de producir para sí mismo y para su familia”.

No es digno que familias enteras vivan de la asistencia social indefinidamente. Como seres sociables nuestra vida y nuestra actividad se realizan en comunidades. Nadie es individualmente autosuficiente ni puede generar riqueza solo. Todos usamos de una manera u otra los bienes comunes que a lo largo de la historia se han ido conformando. Por ello, la equidad y la dignidad exigen que retribuyamos a la sociedad parte de lo que logramos, como aporte al funcionamiento de la sociedad que nos da la oportunidad de generar riqueza. En términos económicos podemos afirmar que la sociedad es un factor esencial de producción.

Como individuos, hay múltiples formas de retribuir a la sociedad en que vivimos: impuestos, creación de empleo, avance de los conocimientos, generación de riqueza y su distribución, fortalecimiento de las instituciones sociales, cooperación y solidaridad con los que tienen menos, responsabilidad social empresarial, filantropía, desarrollo de las artes y ciencias, búsqueda de solución a los problemas de salud, educación y desarrollo, respeto a los límites del planeta. La equidad y la dignidad propia exigen que aportemos a la sociedad. Lo contrario es injusticia y un egoísmo indigno.

La equidad exige que el patrimonio común que se forma con el aporte de todos se redistribuya de manera equitativa. En este caso puede afirmarse que consiste en hacerlo de acuerdo con las necesidades de cada integrante de la sociedad. Como el objetivo digno es que cada uno se provea al menos lo básico, aquellas personas, grupos, regiones o países que no lo han logrado tienen esa como su principal necesidad. No se trata de una asistencia perpetua, que es indigna, sino de generar elementos catalizadores que coadyuven a la autosuficiencia, como la educación y la salud. Quienes han logrado superar las etapas básicas tienen otras necesidades y potencialidades que la sociedad les debe permitir y proteger en un proceso dinámico, donde la dignidad humana se respete y aflore universalmente; por ejemplo, un marco de libertad y competitividad.

Las instituciones que a lo largo de la historia se han creado y constituyen la sociedad y la vida en común, son a su vez responsables del respeto y desarrollo de la dignidad de todos sus miembros: el Estado en todas sus ramas, las organizaciones privadas, las agencias y organismos multilaterales, los países, independientemente de su nivel de desarrollo y riqueza. Buscar en comunidad la solución a los problemas de la sociedad no es un acto de generosidad; es un derecho y un deber de nuestra esencia como seres humanos.

Los aportes a la dignidad de los habitantes del planeta son responsabilidad de todos los que lo habitamos. Por lo tanto, es indigno que existan mil millones de seres humanos viviendo por debajo de la línea que hoy puede definirse como pobreza, con sus consecuencias de hambre, mortalidad infantil, ignorancia, discriminación e incapacidad para que cada uno sea capaz de llevar lo necesario para sí y para su familia.

A título de ejemplo para llevar a la práctica estas ideas, propongo la creación de tres fondos:

1. El Fondo Mundial para la Innovación y el emprendimiento, bajo el impulso, supervisión, y la operación de los bancos multilaterales. Su objetivo será operar el Fondo, recibir los aportes, estudiar los proyectos, analizar los casos y proyectos y conceptuar su viabilidad con préstamos y aportes de capital no reembolsables, según convenga. Todos los socios de este Fondo podrán presentar proyectos en un proceso vigilado que culmina con la obtención de la patente o la aprobación de viabilidades técnicas y financieras. Una vez aprobada la viabilidad, los promotores del proyecto entregarán al Fondo un porcentaje del capital inicial

2. Fondo Mundial de regalías, con un sistema similar al usado actualmente para recibir la retribución a los países que explotan activos de los Estados. Con el fin de reconocer la acumulación de los esfuerzos del pasado de toda la humanidad, las empresas y/o personas naturales deberán entregar al Fondo un porcentaje de la producción de la empresa o proyecto con destino a este Fondo, el cual sol será utilizado para superar la pobreza que los administradores del Fondo definan periódicamente.

3. Fondo de liquidez solidaria, cuyos administradores identificarán periódicamente los grupos de población que requieran un apoyo o ingreso mínimo para respetar la inequidad de su situación y suplirla. Se alimentará con un porcentaje del PIB mundial (0.5 %).

Concluyendo, la forma práctica cómo podemos ejercer los derechos y deberes del ser humano ha mostrado ser compleja y difícil. Hace parte de nuestra continua comprensión del mundo y de nosotros mismos. No parece adecuado el camino de una búsqueda utópica de igualdad que incluso perjudica y maltrata inútilmente la equidad y el desarrollo de personas y grupos sociales. Parece más adecuado el camino de la equidad que nos demanda entregar, de lo que logramos, la parte que retribuye a la sociedad que nos da la oportunidad de generar riqueza, sin temor alguno de, por otra parte, disfrutar nuestros logros.

Finalmente, la dignidad humana nos obliga a ser capaces de desarrollar nuestras potencialidades para generar riqueza material, intelectual y espiritual y a hacernos responsables de que no haya ningún habitante del planeta cuya dignidad sea conculcada.  Para ello se requiere perfeccionar nuestras instituciones y crear otras para beneficio de toda la especie humana y del planeta que habitamos. 

Nuestra obligación no es solo crear riqueza; lo es también conservarla y distribuirla.

Carlos Torres H.

Junio, 2021

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El uso de las expresiones igualdad y equidad ha llevado a confundir los dos términos, lo que es incorrecto. Equidad alude al concepto de justicia, que han definido de muchas formas, pero la de los antiguos griegos ha permanecido hasta nuestros días: es dar a cada quien lo que le corresponda. Igualdad, por otro lado, supone dar a todos lo mismo.

Hay dos formas de ver el fenómeno de la igualdad: la negativa, que resaltó e incentivó la desigualdad, y la positiva, pues el mundo superó fronteras y tuvo la capacidad de resolver problemas insolubles para los equilibrios sociales anteriores, cuando todos morían de peste en forma igualitaria. Ahora se contaba con medicamentos y avances que obviamente favorecían, en primer lugar, a los más ricos, pero poco a poco se extendían a toda la población. 

La pobreza comenzó a ser un concepto relativo. Se era pobre en relación con los que tenían más, a pesar de que intrínsecamente para cada individuo ahora su situación fuera mejor. Europa fue analfabeta durante gran parte de la historia moderna*. Cuando se lograba superar el analfabetismo, este logro se ocultaba por la desigualdad notoria que había en muchos otros aspectos de la vida social. Un pobre del siglo XXI goza de muchos bienes sociales que no soñaron los ricos de siglos anteriores. A pesar de ello, un desarrollo acompañado de desigualdad es considerado injusto.

Para los amigos de la igualdad, los análisis se basan no tanto en las carencias como en las desigualdades. Prefieren un mundo de muchas carencias, donde a todos les falte lo mismo, que un mundo de riquezas no uniformemente distribuidas. Les ofende que pocos tengan mucho y muchos tengan poco. Para ellos, la distancia entre el que más tiene y el que menos posee es lo que hay que combatir. Eso lo mide el Índice de Gini. La desigualdad aparece así como resultado de la inequidad. Lo equitativo, según ellos, es que cada uno reciba la misma porción de los bienes sociales que son de todos. 

El uso de las expresiones igualdad y equidad ha llevado a confundir los dos términos, lo que es incorrecto. Equidad alude al concepto de justicia. Allí encontramos que la justicia la han definido de muchas formas, pero la de los antiguos griegos ha permanecido hasta nuestros días: es dar a cada quien lo que le corresponda. Igualdad, por otro lado, supone dar a todos lo mismo. Igualdad y equidad serán equivalentes solo si todos se merecen y reciben lo mismo; sin embargo, esa no es la realidad.

¿Cuál es el criterio para juzgar lo que cada uno se merece en el mundo? La dificultad para responder justamente aumenta si vemos que hay muchos planos en los cuales puede buscarse una respuesta. Está el plano de la esencia misma de los seres humanos y su relación con el planeta. Según los ecologistas extremos, somos una especie depredadora, que toma de la naturaleza más de lo que le corresponde y por ello destruye el planeta y está llevando a cabo una nueva ola de extinción de especies. Para este enfoque, lo que merecemos es una parte cuyo cálculo aún no tenemos claro cómo hacerla. En este caso, el criterio de distribución de la parte correspondiente a la especie humana sería adjudicar más a quienes lo cuiden mejor; pero ello se convertiría en fuente de desigualdad.

En el otro extremo somos considerados la especie reina de la creación. Por lo tanto, cada uno merece una porción del planeta como herencia básica por el solo hecho de existir. Hasta la época de la revolución industrial, el bien más preciado era la tierra: para poseerla, disfrutarla y trabajarla. Era claro que todos merecían un pedazo de la tierra. Esta visión de mundo agrario fue una de las fuentes de la idea de la igualdad como objetivo justo. La tierra es un don finito, dado por un tercero (Dios, la vida, el destino…) y lo equitativo es darle lo mismo a cada uno. Este sería el momento cero de la historia, pero como algunos resultaron más trabajadores que otros, la equidad exigiría que tuvieran más tierra los que mejor la trabajaran. No sería justo (equitativo) darle por igual al excelente trabajador y al zángano. 

La humanidad complicó todo más aún con las pasiones humanas de ansias de poder, ambición y fortaleza física, que llevaron a que el más fuerte quisiera tomar una porción mayor ‒y de hecho la tomó‒. Vamos a desechar este factor por injusto, a pesar de que en la práctica ha sido una de las grandes fuentes reales de desigualdad. Para combatirlo, la humanidad en su evolución sociofilosófica y jurídica se organizó para impedir el abuso del más fuerte. La realidad parece no haber sido exitosa en este aspecto.

Los tiempos posteriores a la revolución industrial mostraron que el mundo no es un recurso limitado, destinado a ser distribuido entre sus habitantes, ni un ponqué para que todos reciban su porción.

El concepto de la tierra como bien finito se transformó en un concepto de evolución y desarrollo. El mundo ofrece al hombre un campo ilimitado de potencialidades. Incluso, la misma tierra ha mostrado la capacidad de producir de manera diferente según los avances que el hombre ha ido logrando. La tierra como bien básico por distribuir ya no es un objetivo, aunque todavía se libren guerras por ella. La capacidad de producir más y mejor a través no solo de la agricultura, sino de la industria y la tecnología, creó bienes que son parte de la riqueza disponible. Más del 75 % de los habitantes del planeta viven en ciudades sin interés real en la tierra como recurso productivo.  ¡La riqueza se crea!

¿Cuál debe ser el criterio equitativo para distribuir la nueva riqueza? Nuevas teorías político- filosóficas aparecieron: la plusvalía no podía llevársela uno solo de los factores de producción. La equidad exige que haya una distribución justa de la riqueza generada. Sin embargo, la dinámica de los fenómenos generadores de riqueza, en su complejidad, se convirtió en nuevo motivo de desigualdad.

La sociedad de la información que surgió a finales del siglo XX resultó una nueva fuente de generación de riqueza, en la cual el talento humano es definitivamente el recurso fundamental. Por ello, las teorías distributivas de capital y trabajo de las sociedades agrarias e industriales quedaron obsoletas. Los últimos 100 años han contemplado una generación acelerada de riqueza en muchos sectores no tradicionales, con consecuencias incluso negativas para el medio ambiente, pero que han mejorado sustancialmente las potencialidades de una calidad de vida insospechada. Cualquier distribución de igualdad que se hiciera a cada habitante del planeta se deformaría en pocos años por las nuevas realidades. La complejidad de todas las ciencias y su impacto en la economía globalizada hace cada más difícil adoptar criterios de distribución equitativa de la riqueza. Cada nuevo avance de la tecnología, la ciencia y la sociedad se convierte en fuente de desigualdad entre los que lo logran y los que lo utilizan. 

El ser humano en su sicología y sus grupos sociales ambiciona de diferentes formas el progreso y el bienestar. Algunos incluso prefieren conservar sus tradiciones ancestrales, aunque les signifique alejarse del nivel de vida hoy posible.

Las personas esperan que haya equidad en recibir los resultados de su esfuerzo e incluso las sociedades que han sido exitosas en disminuir los extremos tienen dificultades para mantener la iniciativa y la creatividad que requiere el mundo actual. Hay un mundo de alta competencia y culturas donde aún predomina la colaboración y compiten con otras culturas. La problemática de las migraciones y la receptividad que tienen los pueblos más opulentos con los migrantes de países más pobres demuestra que el concepto de equidad lucha, en la práctica, con la idea de igualdad.

La equidad es un principio fundamental de las sociedades por tener como base la justicia y, por tanto, en la realidad se convierte en una fuente permanente de desigualdad. 

No obstante, los problemas de la miseria, la pobreza y el horror de seres humanos que carecen del mínimo vital y no tienen futuro siguen vivos y son inaceptables para cualquier persona. Si la igualdad no es la solución, por utópica e inequitativa, ¿cuál es la alternativa para superar esa situación inhumana? 

En la próxima entrega trataremos de abrir horizontes que permitan visualizar soluciones reales.

* Roberts, J. M. (2011). Historia del mundo, de la prehistoria a nuestros días. Madrid: Random House.

Carlos Torres H.

Junio, 2021

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Continuando la discusión sobre la igualdad, el autor plantea que la desigualdad es en sí una fuente positiva de oportunidades y al mismo tiempo una fuente de limitaciones que cada individuo y cada sociedad debe conocer y manejar para el bienestar de sus miembros y, en el caso de los individuos, para su propio desarrollo y perfeccionamiento personal.  

La diversidad cultural proviene de muchos aspectos, fuerzas e interrelaciones sociales ampliamente estudiadas por sociólogos y antropólogos. Una de ellas es la raza, centro de tantas malas interpretaciones, conceptos, crímenes y estereotipos a lo largo de la historia. Superada históricamente la duda de si los aborígenes americanos y africanos eran seres humanos, la actual organización social mundial respeta las características propias de cada raza, aceptando sus diferencias y respetando sus derechos. En un esfuerzo de compensación por las injusticias del pasado, se resalta el valor y la grandeza de todas las razas, especialmente las minusvaloradas por los europeos en el pasado, y se les conceden derechos especiales, diferentes a los del común de los ciudadanos. Se utilizan políticas de trato positivo desigual para compensar pasados tratos negativos desiguales. Las razas, miembros todos dignos de la especie humana, son diferentes, no iguales, origen de culturas y civilizaciones diversas y valiosas.

Otra fuerza que colabora en la cultura es la lengua. La idea del esperanto como una lengua universal es solo una anécdota. Cada país cuida su lengua y aquellos que comparten una misma lengua se cuidan de hacer respetar sus orígenes, estructuras y expresión literaria. La riqueza mundial se considera en el cuidado de las diversas lenguas e incluso se hacen grandes esfuerzos por conservar aquellas de pequeños grupos cuya lengua ancestral puede estar en vía de extinción. En este tema lo menos que se busca es la igualdad.

Los seres humanos a lo largo de su existencia sobre el planeta en los últimos 10.000 años ‒que califico de civilización‒, se han organizado en grupos originarios de ciudades, regiones, razas, religiones, que han dado nacimiento a civilizaciones tan importantes y tan desiguales como la sumeria, la egipcia, la griega, la romana, la hindú, la china, la europea o la cristiana. Quienes defienden la igualdad, ¿desearían que tal diversidad de historias y realidades no hubiera existido y que en el futuro hubiera solo una civilización? En ese caso, ¿cuál debería ser la civilización igual a la que todos perteneceríamos: la norteamericana, la china, la musulmana, la eslava…?

En forma similar, las naciones y los Estados (cerca de 200 en la actualidad) responden por definición a características diferentes de historia, lengua, raza, geografía, recursos, etc. Su tamaño, su nivel de desarrollo, su influencia en el mundo, sus problemas y éxitos los diferencian a unos de otros, además de muchas otras variables económicas, sociales y políticas. Según las teorías económicas y administrativas, la competitividad de las naciones y su riqueza se origina en fuerzas internas y externas que no son iguales para todos y que permiten la realidad actual y futura, tanto de un mundo globalizado como internamente de las naciones. 

En un momento dado, al final del siglo XX, se pensó que la llamada “globalización” iba a uniformizar y despersonalizar las naciones, las culturas, las personas. Se creyó que los medios de comunicación se volverían universales, iguales para todos. Esta posible igualdad asustó a muchos. Por fortuna, las fuerzas sociales fueron más interesantes y resultó una globalización de la tecnología para apoyar una gran diversidad y oferta de contenidos adecuados a cada cultura o interés, incluso personal.  

Médicos, ingenieros, abogados, políticos, sicólogos, antropólogos se necesitan para la vida humana actual en el planeta. Las universidades ofrecen formación para más de 100 profesiones diferentes. Se requieren, existen y ofrecen programas de preparación técnico-profesional como mecánicos, electricistas, conductores de maquinaria pesada, laboratoristas, etc. Las profesiones son una fuente de desigualdad por las características de las tecnologías, especializaciones, dificultad, oferta o demanda de las mismas.

En el mundo del gobierno de las naciones aparecen múltiples funciones, desde el presidente o cabeza del gobierno, pasando por ministros, directivos de empresas sociales, maestros, jueces ‒con sus jerarquías‒, funcionarios técnicos, personal que atiende al público, recaudadores de impuestos, militares ‒con su gradación‒, policía, etc., etc., y en las organizaciones productivas aparecen gerentes, investigadores, directores de plantas, empleados de cuello blanco, trabajadores, secretarias, mensajeros, etc., etc. 

En el mundo económico se han ensayado diversos modelos de asignación de los frutos del esfuerzo productivo. Quienes han considerado que el resultado lo recibe solo el Estado para luego darles a los ciudadanos una parte igual a todos, han fracasado en la práctica y no tienen una posibilidad real de defenderse con un sistema justo que promueva la innovación, la creatividad y el progreso individual y colectivo. Igual crítica se hace del otro extremo, en el cual solo se benefician con la creación de riqueza los dueños de los medios de producción.

Las capacidades necesarias, los estudios, la preparación, la experiencia para las diferentes funciones y roles entre los miembros de la sociedad no son iguales. La organización social, cualquiera que sea el sistema político adoptado, es fuente de desigualdad. Además, la oportunidad de crecer y diferenciarse de sus congéneres parece ser un impulso natural de la especie humana. 

Si todos los hechos anteriores no fueren suficientes para entender que la búsqueda de igualdad es contraria a la realidad, queda por estudiar al individuo como persona. Filosóficamente, la conclusión más digna del ser humano es que cada uno es único e irrepetible. El ser es uno, bueno y verdadero ‒enseña la ontología‒ y la antropología filosófica, concretada en la sicología, concluye que cada ser humano es una persona diferente a cualquier otra persona de su especie. Es la base de nuestra dignidad y de los derechos de todos los seres humanos, sin distinción de raza, credo, origen, nacionalidad, lengua, religión o situación. Por ello, cada ser humano es diferente a todos los demás. Nos aterra la posibilidad de un mundo uniforme con todos iguales como robots. Las obras de Huxley y Orwell no son el modelo que deseamos para el futuro.

La desigualdad es, entonces, una realidad intrínseca a la sociedad humana. Es más, es una riqueza de la especie, así como la diversidad lo es de otras especies y del mundo físico.

Ante ello, quienes pregonan la igualdad buscan aclarar su posición con argumentos tales como que lo que se busca es la igualdad de oportunidades, la igualdad ante el Estado y similares. Ni siquiera en este contexto la fenomenología y la lógica permiten concluir que el enfoque sea correcto.

Por todas las fuentes intrínsecas individuales y sociales ya explicadas, es imposible que todos los seres humanos tengamos las mismas oportunidades.

Dada la existencia, de naciones, civilizaciones, razas, lenguas, niveles de desarrollo, niveles de ingreso, ideologías y religiones presentes en el mundo real es imposible pensar que un hijo de un socialista francés tenga las mismas oportunidades que el hijo de los príncipes herederos de Inglaterra, hablando de sociedades de un nivel similar de desarrollo. Tampoco lo son las oportunidades educativas de los niños de Silicon Valley y las de los niños de un pequeño poblado suramericano. Las oportunidades de democracia no son iguales para un norteamericano en Estados Unidos que para un árabe en Irán.

Las oportunidades y limitaciones son diferentes para cada uno, sin que ello necesariamente sea negativo. Si lo fuere o pareciere indeseable, nadie puede hacer nada, fuera de esfuerzos simbólicos por disimular dichas desigualdades y limitaciones. 

Lo que afirmo es que la desigualdad es en sí una fuente positiva de oportunidades y al mismo tiempo una fuente de limitaciones que cada individuo y cada sociedad debe conocer y manejar para el bienestar de sus miembros y, en el caso de los individuos, para su propio desarrollo y perfeccionamiento personal.  

Similar análisis puede hacerse del concepto de la igualdad ante el Estado, ante la justicia, etc. Los derechos y deberes de los ciudadanos se concretan en la práctica de manera individual y con las características propias de cada grupo e individuo. Por ello, las sociedades con razón identifican grupos vulnerables (los pobres) o especiales (indígenas, mujeres o niños), por lo cual las relaciones con el Estado o la justicia son diferentes. Similar actitud adoptan las organizaciones mundiales con los países que tienen diverso grado de desarrollo y las naciones entre sí, para complementarse en sus relaciones políticas, económicas y sociales.

Así, la desigualdad no es solo una utopía, sino que además no es deseable. 

Pero entonces, ¿debemos aceptar la miseria, la pobreza, el subdesarrollo, las desigualdades extremas, la discriminación y la injusticia dentro de la sociedad y entre las naciones, y no hacer nada para eliminarlas del mundo?

Creo que la búsqueda de la igualdad es una solución falsa para problemas reales, cuyo desenlace hay que buscarlo con otro enfoque más realista, más posible y, sobre todo, más profundo para el ser humano. Es a lo que invito a quienes se interesan en el desarrollo del ser humano.

Carlos Torres H.

Mayo, 2021

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Es un hecho que la igualdad es inalcanzable. En la historia, ninguna sociedad lo ha logrado, lo que plantea la pregunta de cuál es el ideal. La mera organización social es fuente de desigualdad.

Partimos de la observación fáctica que la igualdad es imposible de alcanzar. A pesar del esfuerzo de los pensadores en los campos filosófico, político, religiosos y económico, no se ha podido llegar en ninguna sociedad a la igualdad entre todos los miembros de la comunidad. Los índices de Gini de las naciones de la Tierra oscilan entre un valor mínimo cercano a 0.3 a un máximo cercano a 0.6. Es decir, se puede lograr mayor o menor nivel de desigualdad, pero no eliminarla. ¿Cuál es entonces el ideal? ¿El menor índice posible? ¿Un índice x, considerado adecuado?

La sociología nos enseña que las dinámicas de los grupos terminan por distribuir roles, funciones, autoridades, liderazgos entre los miembros. La organización social es, por tanto, una fuente de desigualdad.

Desde Platón el concepto ideal de sociedad suponía la existencia de grupos con características diversas e incluso necesarias para la adecuada vida de la comunidad. Unos serían maestros, otros gobernantes, otros trabajadores. Puesto que no han faltado quienes de forma convencida consideren la igualdad como el ideal de la sociedad, se han derivado movimientos de ideas, enfoques políticos y líderes que han pregonado y buscado las sociedades igualitarias. 

La historia ha mostrado el fracaso de los más grandes esfuerzos en este sentido. El más reciente, el del mundo comunista, liderado por la Unión Soviética y China, llegó a cobijar la mitad de la humanidad y tuvo no solo el poder político, sino incluso el económico y militar suficiente para imponer y disponer del tiempo y los recursos suficientes para hacer realidad una sociedad en donde predominara la igualdad. Sin embargo, se juzga que fracasó y solo algunos pocos países de escasa significación en el concierto internacional aún creen en ese modelo. Los grandes líderes comunistas los han alejado totalmente del modelo igualitario, aunque han logrado, entre otras cosas, generar amplia riqueza para sus habitantes, incluyendo el fenómeno de sacar a millones de sus ciudadanos de la pobreza. Paradójicamente, al tiempo que obtienen victorias contra esta, crece la desigualdad medida con el índice de Gini. Aquí de nuevo nos preguntamos si el tema es el indicador o el fenómeno social.

La conclusión del análisis fáctico sería que la igualdad no solo es una utopía y, por tanto, imposible, sino que podría llegar a ser inconveniente. 

Podría plantearse, por el contrario, el siguiente principio: no somos iguales ni queremos serlo.

A pesar de lo políticamente incorrecto que en los tiempos actuales dicho principio pueda parecer, a continuación ofrezco la argumentación que me ha llevado a dicha conclusión. Creo que las injusticias y problemas del mundo que hacen sufrir a millones de sus habitantes no se corrigen con una carrera por la igualdad que está condenada al fracaso. 

En todas las demás especies vivas e incluso en el mundo de los no vivos, la riqueza se genera por la desigualdad que es tratada como diversidad en el mundo vegetal y animal y como diferencia de potencial en el mundo físico-químico. Las leyes de la termodinámica nos llevan a entender el mundo como el trabajo resultante del uso de la energía que se deriva de la diferencia de potencial. Sin diversidad y diferencia, el mundo estaría muerto e inerte.

Biológicamente, existen hombres y mujeres que no son, ni pueden nunca llegar a ser iguales. Son complementarios, no solo en su fisiología, sino en su sicología, riqueza espiritual y aporte a la familia, a la sociedad, independientemente de los ajustes, avances y logros en la comprensión de sus derechos y deberes que en este aspecto ofrece el mundo actual y en los cambios de las relaciones sociales entre los géneros que han aparecido en las últimas décadas. Ello, sin entrar en consideraciones de los recientes movimientos LGBTI, que piden respetar aún más la desigualdad de género. 

La pirámide de edades desde la infancia a la ancianidad ofrece un nuevo factor de desigualdad con impacto sobre las actividades, las capacidades, los aportes, los derechos, las potencialidades y las posibilidades de cada grupo etario. Para la humanidad es importante que unos eduquen a los niños y otros reciban la educación de sus maestros. Unos aportan el vigor de la juventud y otros la experiencia de los mayores. A medida que avanza el mundo en sus oportunidades y comprensión de nosotros mismos, la desigualdad es la característica que permite un desarrollo personal adecuado a la edad que van logrando las personas con el tiempo. La sociedad se organiza en gran parte basado en esas diferencias de edad, generando para cada edad diferentes derechos y deberes en la comunidad en aspectos educativos, políticos, económicos y sociales. 

La diversidad cultural es un valor que defienden con ardor aquellos mismos que hacen discursos convencidos de la igualdad. Se busca el respeto y la conservación de los valores, prácticas, principios, costumbres de las naciones, regiones, grupos y subgrupos de la sociedad. Se combate una globalización que dé como resultado una estandarización de la sociedad y una pérdida de las culturas autóctonas ancestrales de cada región, que por definición son diferentes. Se declaran patrimonio universal inmaterial de la humanidad expresiones culturales que se busca conservar y de ninguna manera uniformar para todos los seres humanos. Se respeta la diferencia. Es interesante notar la contradicción que supone que los entes multilaterales al mismo tiempo que impulsan la igualdad, impulsan la diversidad. Lo que pasa es que lo hacen en diferentes momentos y eventos y sin notar la contradicción que aquí resalto. 

Carlos Torres H.

Marzo, 2021

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En los últimos 50 años ha penetrado en el mundo el concepto de la desigualdad como uno de los elementos negativos de nuestra sociedad y, por tanto, desde todos los ángulos ideológicos, religiosos, políticos, económicos, etc., se han establecido políticas y metas, y formulado planteamientos a favor de la igualdad. 

En los últimos 50 años ha penetrado en el mundo el concepto de la desigualdad como uno de los elementos negativos de nuestra sociedad y, por tanto, desde todos los ángulos ideológicos, religiosos, políticos, económicos, etc., se establecen políticas y metas, y se formulan planteamientos a favor de la igualdad. 

Las agencias internacionales, con sus modernos elementos de medición, han creado un indicador para que las naciones, los pueblos, las ciudades y en general los grupos humanos se midan a sí mismos: el índice de Gini. Este índice mide qué tanto de los ingresos de una población (ciudad, país, región) reciben los diferentes grupos en que pueden agruparse sus habitantes, desde los más pobres a los más ricos. Si todos los grupos recibieran exactamente lo mismo, el índice sería cero y la igualdad, total; si, por el contrario, solo el grupo de los ricos recibiera todo, el índice sería uno y la desigualdad, máxima.

Con vergüenza los países de mayor índice tratan de justificar su estado actual de desigualdad y hacen promesas de corregirla, mientras se publican y divulgan las tablas de ordenamiento de las naciones en relación con dicho índice. La ONU, la CEPAL, el Banco Mundial, el BID y, en general, todos los entes multilaterales buscan establecer metas y generar mecanismos de medición, impulso y apoyo para combatir la desigualdad. Los políticos hacen eco del tema y sus campañas tienen necesariamente la lucha de la desigualdad como una de sus banderas.

En el fondo de todo este esfuerzo hay una idea clara: hay que eliminar la desigualdad. En el trasfondo hay conceptos relacionados: la pobreza, el hambre, el subdesarrollo. No es aceptable que unos pocos reciban una cantidad importante de los beneficios de la sociedad, mientras otros pasan hambre a niveles desgarradores. Esas realidades son insultantes contra la dignidad humana y, por tanto, para los pueblos no basta con crecer y desarrollarse: al mismo tiempo se requiere suprimir la desigualdad.

Algunas pocas voces se han atrevido a dudar del planteamiento anterior. En un trabajo que está en preparación daremos cuenta de este grupo de insurrectos. Por ahora basta mencionar que existen actualmente y han existido a lo largo de la historia. Aunque es políticamente incorrecto dudarlo, intelectualmente se puede preguntar si la correlación igualdad, equidad, dignidad es total como el planteamiento lo supone. Algunos países como Colombia han logrado desarrollar de manera amplia sus clases medias y disminuir sustancialmente la pobreza extrema y la pobreza en general. Sin embargo, según la medida del índice de Gini, sigue mostrando una alta desigualdad. ¿Será un problema del índice como indicador o del tema en su esencia?

 El concepto de pobreza se ha enriquecido con nuevas realidades y se diferencia la pobreza por ingresos de la pobreza multidimensional, es decir, una familia puede tener escasos ingresos, pero recibir una calidad de vida mejor por los servicios que la sociedad ha diseñado y de los cuales se beneficia, como educación gratis, salud, servicios públicos, recreación, etc. ¿Cómo se incorporan estas realidades en la temática dicha? 

En próximas entregas presentaré algunas ideas que buscan aclarar los conceptos y dejar las bases para una visión práctica de la lucha por la dignidad humana. Analizaré si realmente acabar la desigualdad es un objetivo deseable o es un desenfoque que crea confusión para objetivos más dignos y profundos, como la equidad y la dignidad humana. 

¿El desarrollo del ser humano debe ir hacia la igualdad entre todos? ¿Esta dignidad se logra si todos somos iguales? ¿Es equitativo que todos reciban lo mismo?

Carlos Torres H.

Marzo, 2021

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