Sentémonos a la mesa

Por: Santiago Londono Uribe
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Suele pasar inadvertido bajo el peso de los errores y atropellos de su política exterior, se desfigura con el racismo estructural y languidece detrás de la fauna variopinta de su bipartidismo, pero no puede negarse lo fascinante del experimento democrático de Estados Unidos, desde su fundación hace 226 años.

Suele pasar inadvertido bajo el peso de los errores y atropellos de su política exterior, se desfigura con el racismo estructural y languidece detrás de la fauna variopinta de su bipartidismo, pero no puede negarse lo fascinante del experimento democrático de Estados Unidos, desde su fundación hace 226 años. Con todos sus defectos, el sistema nacido de la declaración de Filadelfia de 1776 sigue siendo la democracia más antigua y una de las más estables del mundo. Y una de las razones para esta longevidad y estabilidad es una robusta tradición de libertad de prensa y de proyectos periodísticos serios y estructurados.

Las ciudades costeras, incluso siendo colonias británicas, construyeron un tejido de publicaciones en las que se discutían eventos y temas diversos y se expresaban opiniones que, con ciertas estrategias, llegaban incluso a ser críticas de decisiones de la Corona. Al grito de independencia se calcula que circulaban 50 periódicos y más de 400 panfletos. Entre los Padres Fundadores hubo editores y periodistas como Benjamín Franklin y plumas tan poderosas como la de Thomas Jefferson quien escribió: “si tuviera que decidir si debemos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en preferir lo segundo”. La revolución tuvo tanta tinta como plomo.

La prensa jugó un papel central en otros dos momentos cruciales de la historia temprana de EE.UU. Cientos de publicaciones como El Federalista se echaron al hombro la defensa del proceso constitucional de 1789. Sesenta años después en la discusión sobre la esclavitud que llevó a la guerra civil de 1861, periódicos, panfletos y revistas alimentaron (no siempre respetando la ética periodística) el debate y la confrontación armada. En esta etapa nace en Boston la revista The Atlantic (1857). Su lema “Cuestionando supuestos y buscando la verdad”. Entre sus fundadores: Ralph Waldo Emerson, Nathaniel Hawthorne, Herman Melville, Harriet Beecher Stowe y Henry W. Longfellow. Era antiesclavista, pero en su misión dejó claro que no sería vehículo de ningún partido o secta y que “siempre tendría en mente ese elemento moral que trasciende a los partidos y a los individuos.” Ciento sesenta años después de su primer número la revista hizo un listado de sus “compromisos guías”:

– Buscar la verdad por encima de las historias: más que una narrativa interesante, hay que hacer reportería honesta.

– Un artículo y un argumento son el principio de una conversación no una manera de llevarse el punto.

– Ir más allá de lo que pasa para llegar a lo que importa: el objetivo es entender qué significan las noticias ahora y en el futuro.

– Diversidad: las ideas, las claridades y las buenas preguntas pueden venir de cualquier parte del espectro político. Hay que estar dispuesto a tenerlas en cuenta.

– A pesar de la hiperconectividad y la avalancha de información hay que seguir conectado con el mundo. Alejarse no es una opción. 

Concuerdo.

Los 15 años de Un Pasquín*, en medio de una crisis profunda de la democracia en EE.UU., de una pandemia mundial y de nuestros propios retos institucionales y humanitarios, son un buen momento para reivindicar la libertad de prensa como valor democrático-liberal y el buen periodismo como antídoto contra la posverdad y el populismo. En los últimos años el mundo ha visto como sus grandes medios de comunicación pasan a ser controlados por grupos económicos con cuantiosas inversiones en los asuntos públicos (contratos, elecciones, etc.) generando conflictos de interés y cuestionamientos profundos. A la vez, y sobre todo en formato digital, han surgido múltiples medios independientes que investigan y preguntan y, como en el caso de Un Pasquín, logran reunir miradas plurales de la realidad bajo estándares éticos con el objetivo, similar a la revista bostoniana, de iniciar o fortalecer conversaciones y diálogos.

Este movimiento centrífugo hacia nuevos espacios para comunicar y opinar lejos de los grandes poderes requiere de un cambio de mentalidad de los lectores en cuanto a reconocer el valor y el costo del buen periodismo y de los foros de debate y opinión. En términos populares “hay que meterse la mano al dril” para apoyar estos medios ya que la información no se organiza, analiza ni difunde sola.

Cullen Murphy, editor de The Atlantic de 1985 a 2006, dijo que su revista intentaba ser algo así como la mesa de comedor de la nación. Un espacio en donde se pudieran sentar escritores, empresarios, políticos, militares, religiosos, ateos, conservadores, liberales, científicos, gentes de diferentes razas a conversar. Yo quiero agradecerle a Vladdo por construir y mantener, casi solo, esta mesa de encuentro y por permitirme compartir y aprender. Que sean muchos años más.

Santiago Londoño Uribe

Febrero, 2021

https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/vladdo-cuenta-como-se-creo-un-pasquin-hace-15-anos-563814

3 Comentarios

Hernando Bernal A. 12 febrero, 2021 - 12:35 pm

Santiago: muy completo el relato sobre la relación libertad de prensa y fortalecimiento democrático. Gracias.

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John Arbelaez 12 febrero, 2021 - 1:42 pm

Santiago, excelente tu puesta en escena para sentarnos a la mesa.
Nos puedes enviar el link de El Pasquín por favor? Mil gracias

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Jorge Luis Puerta 12 febrero, 2021 - 2:55 pm

¡¡Qué satisfacción darnos cuenta que los “compromisos-guía” de The Atlantic, se asemejen tanto a los de nuestro blog!!!

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