Elogio al calzador

Por: Jorge Luis Puerta
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Siempre me ha atraído la potencia del diseño como manifestación de la adaptación del ser humano al mundo que habita. Ese esfuerzo por crear objetos, utensilios, instrumentos, aparatos, artefactos, que alguien ‒ anónimo,la mayoría de las veces‒ nos regala en silencio para facilitarnos la vida. Todos esos creadores merecen nuestro homenaje.

Corrían los tiempos estruendosos de la era victoriana en Europa. El imperio británico se imponía en el mundo, sus colonias se ampliaban, sus usos y costumbres también, como siempre ha sido en la historia. 

La moralidad puritana y una moda llena de preceptos (¡cuándo no la moda como retrato certero de cualquier sociedad!), consagraban una figura estilizada y menuda de la mujer (cintura mínima, contrastada con el volumen de los miriñaques) y menudos también los pies.

Hubo entonces, la necesidad de calzar cómodamente los estrechos zapatos. Así llegó el reino de los calzadores que, según los hados de la historia, ya habían sido inventados desde el siglo XV, obviamente… por alguien anónimo.

Y se fabricaron de todo tipo: de cacho de toro, de madera, de marfil, de todo tipo de metales, simples, con adornos, con inscripciones personalizadas… Hoy la mayoría son de plástico. Aquí una muestra de una pequeña galería, donde el arte, primo hermano del diseño, se manifiesta a sus anchas:

  1. Calzador en acero alemán, con empuñadura grabada.
  2. Calzador en plata esterlina, con grabado en la empuñadura.
  3. Calzador de bambú, con empuñadura grabada en cuerno de toro.
  4. Calzador en cuerno de toro con mango decorado.

El holandés* Martien Tuithof ha entendido la importancia de ese humilde “invento”. Tiene una colección de 1594 calzadores, acumulados desde 1977, que están en el museo Zijper, en Schagerbrug. Martien. Ya es una celebridad local, gracias al… calzador.

En mi caso, cuando el calzador me permite deslizar mi pie con toda delicadeza y acomodarlo en el zapato, siento un placer equivalente al de Amélie, la de la película, en el mercado, cuando introduce su mano en un costal de lentejas: ese placer de sentir la frescura de la naturaleza en su más sencillo esplendor.

Además, tengo también un cierto orgullo secreto cuando veo que ese par de botas tan caro que me compré alguna vez en Alemania está casi intacto, después de muchos años, porque el calzador le ha permitido conservarse sin ninguna deformación.

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* https://www.guinnessworldrecords.com/world-records/largest-collection-of-shoe-horns

Jorge Luis Puerta

Mayo, 2022

1 Comentario

Reynaldo Pareja 21 mayo, 2022 - 9:33 am

Jorge Luis, nada como resaltar las cualidades de cualquier humilde artefacto que marco y definio una faceta de la historia , aunque fuese a nivel de los pies. Mira que hasta te exigió dedicarle tiempo e investigación para sacar a flote sus escondidas cualidades y atributos historicos. Bravo por la paciencia que hace resaltar el valor del humide calzador.

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