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El anuncio de la retirada de Washington de la OMS

Por German Velasquez
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En julio de 2020, el presidente Donald Trump hizo uno de los anuncios más polémicos de su primera presidencia: Estados Unidos se retiraría de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta decisión se produjo en medio de la pandemia de la Covid-19, una crisis sanitaria mundial que puso de relieve la necesidad de la cooperación internacional. 

Al señalar su intención de abandonar la OMS, Trump no solo distanció a Estados Unidos de una institución crucial, sino que también socavó los esfuerzos mundiales para combatir las pandemias, proteger la salud pública y salvaguardar la salud de las poblaciones más vulnerables de todo el planeta.

Afortunadamente, lo anunciado en el 2020 no llegó a cumplirse porque el proceso administrativo no se pudo completar antes del final de su mandato. A la llegada del demócrata Joseph Biden a la presidencia, este revirtió la decisión. Ahora, al inicio de su segunda administración, Trump ha anunciado de nuevo que Estados Unidos abandonará formalmente la OMS en 2025. La salida de Washington es un golpe financiero para la organización, como muchos lo han señalado, pero es mucho más que eso.

Los estadounidenses en la OMS

Washington es, desde hace treinta años, el principal contribuyente financiero de la OMS y su aportación representa actualmente alrededor del 15 % del presupuesto total de la Organización (6520 millones de euros para 2024-2025). A finales de la década de 1990, una resolución de la Asamblea Mundial de la Salud, liderada por Estados Unidos, aprobó la congelación del presupuesto de la Organización con la política de “crecimiento real cero” que se mantuvo durante treinta años.

La regla original para el presupuesto de la OMS era que cada país aportaba una contribución financiera de acuerdo con ciertos parámetros como el PIB, el número de habitantes y que cada Estado participaba de manera igualitaria en las decisiones. Es la política general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU): “un país, un voto”.

La decisión de congelar el presupuesto de la OMS hace más de tres décadas dio origen a que algunos países industrializados aumentaran sus aportaciones con lo que se ha llamado “contribuciones voluntarias”, destinadas en general para costear programas específicos seleccionados por esos países. Las contribuciones voluntarias de un pequeño grupo de países industrializados y del sector privado hoy representan el 84 % del presupuesto total de la OMS. En el caso de Estados Unidos, la contribución global de este país para el periodo 2024-2025 ha sido de 958 millones de dólares, de los cuales cerca de 260 millones corresponden a la contribución regular obligatoria del presupuesto regular.

El peso financiero exagerado de las contribuciones voluntarias de Estados Unidos, como también de otros países industrializados, complica el funcionamiento democrático de la organización, en la medida en que los principales países donantes (de contribuciones voluntarias) tienen así un fuerte control sobre los programas y prioridades del organismo internacional y que la política de Naciones Unidas —“un país, un voto”— resulta casi imposible de aplicar. Hay muchas cuestiones de salud pública mundial en las que Washington amenaza permanentemente de poner su veto. Así, su presencia se traduce en muchos casos en un exceso de control, dentro de una organización que cuenta con 194 miembros.

El multilateralismo es un principio fundamental de la cooperación internacional y la agencia especializada de Naciones Unidas para la salud, que es la OMS, ha sido testigo de cómo actúa el gobierno de Estados Unidos en los últimos años. Lejos de jugar el rol del multilateralismo, ejerce permanentemente presiones bilaterales en el seno de este organismo multilateral.

El sistema multilateral de cooperación busca resolver los problemas globales mediante el consenso entre los Estados miembros, evitando la hegemonía de los actores dominantes y promoviendo una mayor equidad en la toma de decisiones. Se supone que el foro multilateral que ofrece la OMS debe dar a los países, independientemente de su tamaño o poder, la oportunidad de influir en la agenda global y participar en la creación de normas internacionales que protejan a todos. Esto desafortunadamente no ha sido el caso. Un ejemplo reciente son las negociaciones de los últimos tres años sobre un tratado internacional vinculante para la prevención de futuras pandemias, donde la Administración estadounidense se ha opuesto sistemáticamente a todo lo que afecte a sus intereses comerciales, como son los de las industrias farmacéuticas o agroalimentarias, aun si las propuestas del tratado vayan en bien de la defensa de las perspectivas en la salud de todos en el mundo.

La reciente decisión de Trump de retirar a su país de la OMS es, desde esa perspectiva, de algún modo extraña, pues les quita una forma de defender sus propios intereses. Como señalan los historiadores franceses Jean-Paul Gaudillière y Christophe Gradmann en un artículo para el diario Le Monde: “Los ataques de Donald Trump contra la Organización Mundial de la Salud no son simplemente una estrategia para deconstruir el multilateralismo. Están vinculados a diferencias de opinión sobre la gobernanza, la misión y las prácticas de la Organización”.

La justificación de Trump para retirarse de la OMS se basaba en su falso argumento de que la Organización es ineficaz y está excesivamente influenciada por China. Ha afirmado con frecuencia que la OMS no había actuado con rapidez y transparencia al inicio de la pandemia de la covid-19, y que se había vuelto “chinocéntrica”.

Aunque es “sano” cuestionar las acciones de cualquier organización internacional, incluida la OMS, la decisión de Trump de que su país abandone la OMS es imprudente y contraproducente y, porque no decirlo, irresponsable. La OMS ha sido fundamental para responder a las emergencias sanitarias mundiales durante más de siete décadas. Su labor en la lucha contra enfermedades como la viruela, la poliomielitis, el ébola y el VIH/sida o la convención internacional de carácter vinculante contra el uso del tabaco ha salvado millones de vidas.

La pandemia de la covid-19 es un claro ejemplo de por qué es vital la cooperación sanitaria mundial. En un mundo interconectado, ningún país es una isla cuando se trata de enfermedades infecciosas. Un virus que se propaga en un país puede convertirse rápidamente en una amenaza planetaria, como hemos visto con la covid-19. La OMS ha proporcionado orientaciones esenciales sobre pruebas, tratamiento, desarrollo de vacunas y estrategias de salud pública. Su experiencia en salud mundial es insustituible, y su liderazgo es ahora más necesario que nunca. Con la retirada de la OMS, la Administración estadounidense envía el mensaje de que Washington no está dispuesto a contribuir a los esfuerzos colectivos para proteger a la humanidad de futuras pandemias, retrasando años, si no décadas, las iniciativas de salud global.

La OMS proporciona, además, asistencia técnica a países que carecen de la infraestructura o los recursos necesarios para organizar respuestas eficaces a las crisis sanitarias. Al retirarse, Estados Unidos estaría abandonando a quienes dependen de la cooperación y el apoyo internacionales. La decisión de Trump demuestra una preocupante indiferencia hacia la salud y el bienestar de millones de personas en todo el mundo, especialmente en países en desarrollo que dependen en alguna forma de la colaboración de la OMS para intervenciones sanitarias críticas.

Un golpe al sistema multilateral

La retirada socava los principios mismos del multilateralismo y la cooperación que han sido fundamentales para el orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial. Los retos sanitarios mundiales exigen una acción colectiva y, al distanciarse de la OMS, Estados Unidos da a entender que no está dispuesto a trabajar con otros países para resolver problemas comunes. Se trata de un precedente peligroso que podría tener consecuencias de largo alcance, no solo para la cooperación en salud pública, sino para la prevención y manejo de futuras crisis sanitarias.

Si la salida de Washington de la OMS tiene un impacto grave en varios aspectos de la salud global, Estados Unidos sería él mismo directamente afectado. Efectivamente, un aspecto fundamental es el impacto que la retirada tendrá en la investigación en salud. Existen actualmente 72 centros colaboradores de la OMS en Estados Unidos, que se nutren de la información que recoge la OMS de sus 194 Estados miembros. Privar a estos centros colaboradores de la información mundial afectaría a las actividades de investigación en el área de la salud y el desarrollo de tecnologías, medicamentos y vacunas por parte de la industria norteamericana.

Un editorial en The Lancet critica la medida, advirtiendo que la retirada decidida por Trump, al reducir la cooperación científica con los centros colaboradores, afectará negativamente la investigación médica, la cooperación internacional y el acceso a servicios esenciales de salud. La revista médica destaca que la salida de Estados Unidos representa “un ataque radical y dañino a la salud del pueblo estadounidense y de quienes dependen de la asistencia exterior de Estados Unidos” (8).

También podríamos preguntarnos incluso en términos financieros, cuál de los dos pierde más entre la OMS y Estados Unidos —o digamos, las industrias en este país—. En 2021, la farmacéutica estadounidense Pfizer reportó ingresos de 36 000 millones de dólares solo por la venta de su vacuna contra la Covid-19, convirtiéndose en el producto farmacéutico más vendido del mundo en ese año. ¿No fue la OMS que facilitó la transmisión de los datos que permitieron la elaboración de las vacunas para la Covid-19? ¿No fue la OMS quien facilitó y promovió el uso masivo de vacunas?

El anuncio de Trump de retirar a su país de la OMS en 2025 es una decisión imprudente, con consecuencias de largo alcance. Representa un enfoque miope y autodestructivo de la salud mundial que pone en riesgo, tanto a Estados Unidos como al mundo. En una era de desafíos interconectados, Washington no puede permitirse desvincularse del sistema sanitario mundial. Abandonar esta organización en un momento en que el mundo se enfrenta a numerosas amenazas sanitarias actuales y emergentes es un grave error, donde el presidente estadounidense puede estar dándose, “como dicen ellos”, “un tiro en el pie”.

En lo que respecta al resto de los 193 países miembros de la OMS, estos deberían mantenerse vigilantes de que este anuncio no se convierta en un chantaje para exigir cambios y reformas con el objetivo de proteger los intereses comerciales estadounidenses. Es de esperar, como ya sucedió durante el primer mandato de Trump, que la comunidad internacional se movilice para compensar el déficit financiero que esta decisión puede implicar. Como apunta Michel Kazatchkine, “ha llegado el momento de que Europa se distancie y ofrezca un nuevo liderazgo, en lugar del abandonado por un antiguo aliado que se ha vuelto imprevisible, cuando no hostil”.

¿Por qué no proponer un impuesto sobre las bebidas azucaradas? se preguntan Flahault, Calmy y Kazatchkine: “Europa podría tratar de financiar la pérdida de la contribución de Estados Unidos a la OMS introduciendo un impuesto especial sobre determinados servicios y bienes norteamericanos, como los refrescos y los alimentos ultraprocesados. Una respuesta que sería útil para la salud pública”.

Dentro de las reflexiones y decisiones que le corresponderán a la Secretaría de la OMS en Ginebra y a los países miembros para compensar esta decisión financiera muy grave, estarán también la necesidad de redefinir prioridades, reducir gastos de funcionamiento que no sean imprescindibles (el director propuso, por ejemplo, recortar drásticamente los viajes) y, también, revisar la cuota de personal estadounidense en la Organización. Esta se calcula en función de la contribución financiera de cada país al presupuesto de la misma. Tal vez esta sería también la oportunidad de revisar el exagerado número de personal de la OMS en el secretariado (2 400 personas), cuando el secretariado de la Organización Mundial del Comercio, con sede también en Ginebra, solo para dar un ejemplo, está compuesto por 620 personas.

No sabemos si la ley del más fuerte se impondrá; esperemos que los países se unan y refuercen la OMS para contrarrestar esta decisión incoherente de la actual administración de Estados Unidos. 

Germán Velásquez

Publicado en “Le Monde Diplomatique en español

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John Arbeláez Ochoa 23 abril, 2025 - 12:46 pm

El errático Sr. Trump actúa como si fuera el administrador de un edificio de 3 pisos tomando decisiones sin prever las consecuencias de sus actos, Irreflexivo, soberbio y temperamental, propio de una persona con serios problemas mentales. Y el mundo en sus manos…

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