Características de un líder (1 de 2)

Por: Samuel Arango
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Ser líder es cada día más complicado. Casi que estamos hablando de Supermán. La gente espera mucho de él y no le perdona ninguna falla. La crítica es inclemente y de poca caridad.

Puede afirmarse que la gente aún cree en los líderes, pero los mide con una vara muy corta. Por ello, voy a enunciar algunas de las características que un líder moderno debe tener, desarrollar y proyectar. Así podrán ver que no es fácil; quizá por eso muchos son los llamados y pocos los escogidos. Además, quien no se compromete a ser líder pleno, es mejor que no lo intente. Un líder flojo, mediocre, fracasa. Que no se diga de ellos que “haced lo que ellos os dicen, pero no obréis conforme a sus obras”. 

Cualidades 

Son lo que hace que una persona sea lo que es. Para el liderazgo hay que tener cualidades, como para cualquier profesión. 

Simpatía 

Empiezo por una cualidad que aparenta ser superficial, pero que no lo es. La simpatía es simple y llanamente el reflejo del alma, de la abundancia de la alegría en el corazón. Es casi imposible creerle a un líder que no irradia, no se le sale el entusaismo por los poros. No se concibe ni se acepta un líder mal genio, mal encarado, con neurosis facial negativa. A un antipático, no lo sigue nadie. Porque la simpatía es el rostro de la riqueza interior. 

Sensibilidad 

Es inherente a todo buen comunicador la capacidad de comprender y compadecerse. De sentir el mundo que lo rodea. De ser compasivo y comprensivo. Incluso de manifestarlo, en contra de algunos patrones culturales que inhiben la expresión de los sentimientos especialmente a los hombres y más específicamente a los líderes. El sentimiento es un elemento que hace al hombre más completo. Sentir es vivir. 

Empatía 

Capacidad de entender y ponerse los zapatos ajenos. Es escuchar y comprender lo que los otros dicen, sienten, piensan. Es la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Por lo general, los hombres creen y ven el mundo desde su propio ángulo, y la mayoría de las veces descarta las otras oportunidades. La empatía nos permite llegar al otro sin atropellarlo. Aceptar la diferencia, respetarlo. 

Carisma 

Es el magnetismo, la autoridad, la admiración que se despierta cuando un individuo irradia respeto, interioridad. Es una fuerza de atracción que no es fácil describir pero que se siente con evidencia y fuerza arrolladoras. Carisma es la combinación de vida interior, prudencia, sabiduría, simpatía. Es una cualidad de verdad escasa. Pero un hombre con carisma es sin duda un líder en su campo. Es el carisma que irradiaba Juan Pablo II o Teresa de Calcuta, o Mahatma Gandhi, o Jesús. No se logra o manifiesta sin una intensa vida interior, espiritualidad. 

Sencillez 

Si se quiere saber si alguien es verdaderamente sabio y valioso, veamos su sencillez. Los filósofos, que se adentraron en el conocimiento y la sabiduría no aceptaban a los orgullos: “Sólo se que nada se”. La sencillez es una manifestación de la sabiduría, de la profundidad del hombre humano y espiritual. El orgullo es un cáncer que corroe el alma. Y la gente, el común, rechaza al orgulloso y prepotente y admira y acata al humilde. 

Autoestima 

Esta es una cualidad sine qua non el hombre para desarrollarse como tal. Curiosamente es escasa dados los planteamientos que la tradición ha plantado para nuestra cultura religiosa. Hasta hace muy poco el hombre era una piltrafa, un gusano, un ser despreciable. Además, se demostraba que mientras más se sufría más cielo se alcanzaba en la vida eterna. Eso sí para amarse a sí mismo es primordial conocerse a sí mismo. “Gnosce te ipsum”. Pero no hay duda que el mayor desconocido para el hombre es uno mismo. Y entonces no se desarrollan equilibradamente los otros amores. La autoestima está en la base de la relación con los demás. 

Aptitudes 

Disposición natural o adquirida. Generalmente se deben a las dos formas. Se nace y se hace. Es triste ver como a veces se nace con ellas, pero no se desarrollan. Hacerlas sin poseer predisposición para ello es bastante difícil. 

Observación 

Un buen comunicador, para serlo, tendrá que ser un excelente observador. Percibirá el mundo que lo rodea con sus cinco sentidos y será capaz de expresarlo también con sus cinco sentidos. El comunicador es una antena receptora que capta hasta los detalles más insignificantes, los entiende y los codifica. Sin una buena capacidad de observación será prácticamente imposible desarrollar una comunicación efectiva. 

Condensación 

Es la capacidad para sintetizar lo observado, resumirlo o reducir a menor volumen. Es llegara lo esencial sin blablablear, defecto fatal de nuestra cultura educativa, política y religiosa. 

Abstracción 

Capacidad de generalizar y sacar conclusiones, de no andar por las ramas, de separar y considerar aisladamente las cosas unidas entre sí. A veces es más difícil que meterse a hablar de todo y de nada. La capacidad de abstracción está muy unida a la brevedad, una de las condiciones esenciales del buen comunicador. 

Lucidez 

Es la facilidad de comprender y de relacionar. Esta aptitud es menos frecuente de lo que se cree. A la gente, por lo regular hay que darle todo masticado, de fácil comprensión, detallado o pegado con historias o parábolas. “Para que entiendan” La gente, con historias, se vuelve lúcida. 

Claridad 

Expresarse inteligiblemente y sin ambigüedad. No dar rodeos ni utilizar formas alambicadas. Es llamar las cosas por su nombre. Usar los sustantivos y dejar a un lado, en lo posible los adjetivos o pronombres y los verbos compuestos. Usar un lenguaje entendible para el público al que va destinado, en sus formas y sus ejemplos. Es no dejar dudas o confusiones o lagunas. 

Orden 

El desorden es el pecado original de las palabras. Las ideas sin orden son blablablá. Sin orden no hay claridad, no hay interés, se malgasta el lenguaje. Las ideas deben estar claramente organizadas para que puedan entenderse. Para ello es necesario, siempre que se va a hablar, hacer esquemas, para que se organicen las ideas. Ideas sin orden hacen perder la idea. 

Coherencia 

Es la capacidad de relacionar ideas y evitar la contradicción. Es resultado de una claridad de pensamiento y de un esquema previo para hablar. La contradicción y la ambiguedad, que son el contrario de la coherencia, llevan a la confusión. En el caso de los líderes en especial, debe existir coherencia clara entre las palabras y los hechos. Entre lo que se vive y lo que se habla. El ejemplo es la mejor enseñanza. 

Concisión 

Es ir a lo esencial, no divagar. Decir mucho hablando poco. Brevedad. Es impresionante observar que en la mayoría de los casos sobra más de la mitad de las conferencias. La concisión no es fácil, porque significa una mejor preparación. La vaguedad, su antónimo, suele ser indicio de una preparación deficiente. 

Precisión 

Se refiere al uso de un vocabulario claro y preciso. Llamar las cosas por su nombre y de acuerdo con el vocabulario propio del público al cual uno se dirige. A veces, por un falso ilustracionismo o por ser muy “interesantes”, los líderes utilizan un lenguaje difícil, incomprensible, poco claro y rechazado por su público. 

Concreción 

Capacidad de relacionar los mensajes con la realidad, hacer el mensaje verificable y tangible. No andar por las nubes, aterrizarlo. Para este caso son muy recomendables las historias, las anécdotas, los ejemplos, las comparaciones, las parábolas… 

Dominio del idioma 

El orador debe dar ejemplo de un buen uso del idioma. Cumplir con las normas de la gramática, la sintaxis y la ortografía. “Que hablemos bien el español, HABEMOS pocos”, Recordemos que una de las riquezas del español es su forma simple de estructurarse. Si cuidamos el uso apropiado del sujeto, el verbo y el complemento (en ese orden) ya tenemos un buen terreno ganado, sin abusar de los adverbios y adjetivos que sirven solamente para enfatizar o describir pero que pueden distraer u oscurecer. 

Persuasión 

Siempre que se habla en público se tiene la intención de convencer o persuadir. En este sentido, toda comunicación debe ser intencionada con claridad. No tiene sentido hablar sin 

intención. Hasta callar debe ser intencionado. Pero siempre, en la vida cotidiana y en la oratoria, la intención de persuadir o convencer debe ser clara. Persuadir es hacer que la gente crea en algo. Si no, son palabras vanas. 

Motivación 

Es apelar a los instintos y sentimientos para motivar respuestas. La gente, especialmente los comunicadores, le tienen miedo a los sentimientos. Pero es más importante hablar al corazón de los hombres que al cerebro. La motivación genera respuestas. La misión del orador es entusiasmar al público. Hacer que el público salga con un sentimiento claro de bondad, de hacer algo, de actuar. Motivar es emocionar al público. Los discursos fríos logran resultados helados. 

Creatividad 

Esta cualidad es especialmente escasa en el caso de la oratoria. Suelen escucharse discursos que pudieron haberse pronunciado hace siglos. Creatividad es búsqueda de nuevas maneras y formas. Es hacer que la gente entienda, crea y se entusiasme para actuar de una manera diferente. La creatividad es algo que se interrumpe con el ingreso a la escuela. Solamente los hombres que no dejan desaparecer su creatividad innata dejan huella. Los niños son creativos hasta que los adultos se lo prohibimos. 

Samuel Arango

Septiembre, 2022

2 Comentarios

Rodolfo de Roux 28 septiembre, 2022 - 5:47 am

Estimado Samuel, a las características que señalas como necesarias en un líder añadiría esta otra: Aceptar que hay algo que ni mi Dios puede; darle gusto a todo el mundo.

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Vicente Alcala 28 septiembre, 2022 - 7:40 am

Gracias Samuel por este espejo nítido.
Me siento medio-líder porque me faltan las caracteridticas que nos ilustrarás en tu segunga entrega.

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