Alfonso Llano S.J., visionario de una fe renovada

Por: Hernando Bernal Alarcón
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En el periódico El Tiempo (Bogotá) su director, Roberto Pombo, nos alertó sobre la reciente publicación del libro del padre Alfonso Llano S.J. con el llamativo título ¡Soy libre!  

A los dos días del artículo periodístico tuve el libro ¡Soy libre! en mi escritorio, como regalo de mi señora Amanda. Inmediatamente, me di a la lectura del documento. Mi propósito fue no devorarlo, como ocurre con muchas de las publicaciones que recibo, sino leerlo con mesura para saborear cada uno de sus capítulos. Así fue, y estoy muy satisfecho de haber tomado esa decisión, dado el sentido y la profundidad de una obra póstuma, que él quiso que solo se publicara después de su muerte. 

Refleja en él su amor por Jesucristo y, además, por la Compañía de Jesús que hizo presencia en su vida a partir de la vivencia que recibió en su espíritu infantil, cuando estaba por cumplir 13 años y era acólito en la iglesia de los jesuitas, en San Ignacio (Medellín). 

Termina el documento con la afirmación tomada de san Pablo: fidem servavi, in reliquo reposita es mihi corona iustitiae, y que él traduce “me aguarda la corona de la justicia que aquel día me entregará el Señor Jesús, justo juez” (p. 216).

Hace una relación muy completa sobre la evolución de su fe en Cristo y en la Iglesia y señala 10 herejías que asaltan a la Iglesia de nuestro tiempo y sobre las cuales versaron sus escritos; principalmente, su libro anterior intitulado Confesión de fe crítica, y los más de 1600 artículos publicados durante su larga vida (90 años) de escritor y de apostolado en el periódico El Tiempo, en su columna “Un alto en el camino”. 

Columna periodística que ayudó a vivificar y renovar una fe actualizada en muchos de nosotros sus lectores semanales y que fue materia de condenación y rechazo por parte de algunas autoridades eclesiásticas. Ello permitió, en el período subsiguiente a la prohibición de publicar, los viajes de renovación de su espíritu a diferentes países europeos y, en especial, a Tierra Santa, junto al lago Tiberíades. Allí renovaba su entrega a ese Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, al cual hay que contemplarlo y sentirlo en una fe que se construye cotidianamente y que, por ser experiencia vital, en muchos casos supera la simple imposición autoritaria de las instancias doctrinales.

Las 10 herejías de la Iglesia que señala el padre Llano en las páginas 151 a l82 de su libro son: 

1. Larvado monofisismo en la confesión de fe en Jesucristo. 

2. Cierto marianismo en vez de un auténtico cristianismo. 

3. Confundir a la Iglesia con la jerarquía. 

4. Eucaristía: desenfoque en la adoración del cuerpo de Cristo en la hostia consagrada. 

5. Papolatría o culto a la persona del Papa. 

6. Todo acto conyugal debe quedar abierto a la procreación. 

7. Más énfasis en la fe dogmática que en la fe personal.

8. Exigencia inquisitorial en vez de vigilancia doctrinal. 

9. Entender la expresión “cargar la cruz” como “buscar el sufrimiento”. 

10. El último desenfoque: discriminar a los pobres. 

Comentando con mi señora sobre estos puntos consideramos que se necesita una fe profunda y bien cimentada para asimilarlos en su compleja dimensión.

Además del influjo que los escritos del padre Llano tuvieron en la maduración de mi fe, el punto sexto ‒relacionado con la paternidad responsable‒ fue el tema sobre el cual tuve oportunidad de conversar con él y recibir sus orientaciones para encaminar el trabajo de Acción Cultural Popular ACPO (Radio Sutatenza). En realidad, este asunto condujo a la jerarquía eclesiástica a cerrar los aportes que recibíamos de Europa y que en parte produjo la declinación de la entidad entre 1974 y 1994. 

Por orientación suya y de otros teólogos, en la tarea alfabetizadora de ACPO insistimos en dos ideas profundas: “si antes era pecado conocer y hablar sobre el sexo, ahora es pecado para los cristianos no hacerlo” y “es la conciencia de los cónyuges y no las autoridades externas, sean eclesiásticas o civiles, la que debe predominar en la decisión de traer un hijo al mundo”. El título de la campaña de educación campesina tuvo una pequeña, pero significativa variación, pues se denominó “procreación responsable”, para involucrar no solo al papá sino también a la mamá.   

Si bien nuestro contacto humano fue coyuntural, la presencia de Alfonso Llano en mi acontecer vital ha sido muy profunda, por lo que considero una obligación recordarla y reconocerla. 

Hernando Bernal Alarcón    

Octubre, 2022

3 Comentarios

Guillermo Sanz 8 octubre, 2022 - 9:52 am

Alfonso Llano fue jesuita a pesar de la Compania de Jesus. Lo encontré en La Ceja (1960) como ayudante del Maestro de Novicios . Mientras Chucho Caycedo nos enseñaba la ascetica mas rigurosa, como elemento sine quo non para nuestra perfección Alfonso, Llano nos llevaba a La Ceja a visitar las familias necesitadas para las que construyo muchas casas y nos hacia aprender en la acción la caridad cristiana con en esos pobres desvalidos.

Anos mas tarde fue mi profesor en Filosofia de Antropologia Metafisica y Etica. A su paso por Chapinero y con su afición por Teilhard de Chardin recibí sus guías siempre esclarecedoras y sus influjos que ampliaban horizontes.
Hombre de grandes miras, tuvo que someterse a cumplir pequeñeces y ser menospreciado por las jerarquías tanto jesuíticas como eclesiales que lo veían como un elemento potencialmente peligroso.
Provenia de una familia preclara en Antioquia. Tuve oportunidad de conocer y tratar a un hermano suyo en Medellin anos después de mi retiro dela Compania.
Gloria a su memoria!

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John Arbeláez Ochoa 8 octubre, 2022 - 10:29 am

Hernando, mil gracias por este importante documento del P.. LLano, quien se constituyó para los escolares de nuestra generación, en un referente de espiritualidad Ignaciana y como el mejor ejemplo de vida sacerdotal.

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vicente alcala 9 octubre, 2022 - 7:26 am

Apreciado Hernando, valoro tu artículo, sobre todo, por lo que han significado para ti la relación y los escritos de Alfonso Llano S.I.
He leído los comentarios de dos de mis amigos y son muy elocuentes sobre su persona.
No obstante, en cuanto a “las herejías de la Iglesia” sería importante hacer un análisis más detallado, como cuestionar que se llame herejía a un pensamiento común diferente al individual.. Por ahora, sólo quiero hacer algunas referencias frente a varias de ellas: para el llamado “marianismo” remito al artículo “Un viaje mariano” de este blog. Sobre el sentido de “todo acto conyugal” recomiendo leer “La relación de pareja”. En cuanto a la “papolatría” vale la pena mirar, entre otros, el artículo “Hace cuatro años nos visitó el Papa” y el de “La visita y el discurso”. Sobre el significado de la Iglesia y de la fe, es bueno dar “Otra mirada a la Iglesia”. Acerca de la adoración eucarística se puede degustar “El sabor de las obleas” y el próximo artículo -por ser publicado-
“Energía espiritual renovable e inagotable”.. Faltaría controvertir las otras “herejías” enumeradas en tu artículo.

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