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LA DIETA DE LOS NÚMEROS

Por Juan Laureano Gomez
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Entrene su cerebro y, de paso, adelgace el impulso.

No todas las dietas empiezan en el plato. Algunas comienzan en la mente. Antes de que la mano busque una galleta, antes de que la ansiedad nos lleve a abrir la nevera sin hambre verdadera, suele haber un instante breve, casi imperceptible, cuando el impulso todavía puede ser educado. Ese instante es el terreno de la dieta de los números.

La expresión, por supuesto, no pretende reemplazar ninguna dieta médica, nutricional o deportiva. Es más bien una alegoría: así como se puede adelgazar el cuerpo mediante mejores hábitos, también se puede adelgazar el impulso mediante una práctica sencilla de atención, cálculo y disciplina interior.

Hace un buen tiempo he venido haciendo un ejercicio mental que encuentro muy provechoso, consistente en tomar dos dígitos del uno al diez y sumarlos, para luego sumar a este resultado el segundo número de los dos primeros. 

El procedimiento puede parecer elemental, pero precisamente allí reside su virtud. Si comienzo con 8 y 9, obtengo 17. Luego sumo 9 y llego a 26. Después sumo 17 y llego a 43. Luego sumo 26 y alcanzo 69, para después llegar a 112 y luego a 189. Y así sucesivamente. El desafío es llegar a sumar números de al menos 7 dígitos (millones). 

Una de las técnicas consiste en imaginar un tablero en el cual (mentalmente) se harán las sumas, pero si acude al tablero mental es mejor estar quieto y cerrar los ojos para aumentar la concentración. La mente debe recordar los dos últimos números, ejecutar la suma y evitar perder el hilo. Es una pequeña gimnasia cerebral, discreta y portátil, que se puede practicar esperando una cita, antes de dormir o en cualquier momento en que convenga ocupar la mente en algo ordenado.

Y así como el ejercicio físico entrena el cuerpo (y también el ejercicio espiritual fortalece el espíritu, como decía San Ignacio de Loyola), el cálculo mental entrena el cerebro y ayuda a regular impulsos, ansiedad y hábitos. 

Los beneficios mentales son múltiples: (i) entrena la memoria de trabajo, pues obliga a retener números anteriores mientras se calcula el siguiente; (ii) mejora la concentración, ya que exige atención sostenida y evita que la mente divague; (iii) agiliza el cálculo mental, fortaleciendo rapidez y precisión aritmética; (iv) estimula la flexibilidad cognitiva, al cambiar constantemente de referencia entre el último resultado y el número previo; (v) calma la mente, porque funciona como una forma de meditación activa al enfocar la atención en una tarea simple y repetitiva; (vi) fortalece la disciplina mental, especialmente si se practica con regularidad; y (vii) controla la imaginación —esa “loca de la casa”, como decía Santa Teresa de Ávila— al ocupar la mente en una secuencia ordenada y así, sirve de distracción saludable frente a la ansiedad, antojos o pensamientos repetitivos.

En ese sentido, la dieta de los números no consiste en quemar calorías como quien sube una montaña o corre una maratón. Su utilidad es más humilde y quizá más interesante: interponer una pausa entre el deseo y la acción. El antojo, así como muchas otras situaciones en que nos alteramos, no necesita una gran batalla; necesita que le cambiemos el escenario durante unos minutos, o incluso, segundos. Si la mente se engancha en una secuencia numérica, el impulso pierde protagonismo. No desaparece por arte de magia, pero deja de ser el dueño absoluto de la conducta.

Además, hay una enseñanza práctica: no siempre podemos controlar que aparezca la ansiedad, o se presenten situaciones inesperadas e incómodas, pero sí podemos entrenar la manera de reaccionar. La suma mental actúa como una pequeña baranda. No elimina el vacío, la tensión o el cansancio, pero ofrece un punto de apoyo. Y a fuerza de repetirlo, ese punto de apoyo se vuelve hábito.

Y otro beneficio adicional, aunque probablemente menor, pero no por eso despreciable como parte de un conjunto de actitudes, es el consumo de glucosa que se activa en el cerebro con el ejercicio mental. El cerebro, ciertamente, es un órgano de alto consumo energético. Sin embargo, conviene decirlo con prudencia: hacer cálculos no reemplaza el movimiento físico ni una alimentación equilibrada. Lo valioso de este ejercicio no está tanto en las calorías que pueda gastar, sino en la disciplina que puede despertar. Por eso, más que una fórmula milagrosa para adelgazar, es una invitación a entrenar la mente para adelgazar el impulso.

La próxima vez que aparezca un antojo, ensaye esto: escoja dos números, súmelos, continúe la secuencia durante tres o cinco minutos y observe qué ocurre. Tal vez el hambre siga allí, y entonces habrá que atenderla con sensatez. Pero tal vez descubra que no era hambre, sino ansiedad disfrazada; no era necesidad del cuerpo, sino ruido de la mente. Y para el ruido de la mente, a veces, un número bien puesto vale más que un sermón.

En conclusión: no se adelgaza simplemente haciendo sumas, pero sí se puede empezar a adelgazar aquello que muchas veces engorda primero: el impulso automático. Entrene su cerebro, ordene su atención y convierta los números en una dieta breve, silenciosa y disponible a cualquier hora.

Juan Laureano Gómez

Junio, 2026

4 Comentarios
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4 Comentarios

Vicente Alcalá 24 junio, 2026 - 6:50 am

Juan L., creo que,además, “vitaliza” el cerebro. Los números no son mi “fuerte” ni mi hobbie, de manera que no lo haré, pero me estimulas para inventarme otro benéfico. Muchas gracias por contribuir a nuestro bienestar.

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Alberto Echeverri 25 junio, 2026 - 5:24 am

Ahhhh, el ansia, enfermedad difusa hoy sobre todo entre los jóvenes. Pero de eso todos tenemos algo. Estupendo método, Juan Laureano, para el manejo de tanto “afecto desordenado”. Mil y mil por tu recomendación, muy constructiva. Aunque en lo de la aritmética hago cola con Vicente… Un abrazo.

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Hernando+Bernal+A. 25 junio, 2026 - 7:01 am

Juan Laureano: Creo que formo parte de los no aficionados a los números, pero encuentro “provocador” el jercicio cerebral para manejar los apetitos. Saludos. Hernando

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Juan Gregorio Velez 25 junio, 2026 - 6:27 pm

Muy interesante Juan. Lo practicaré.
Papá nos entrenó en matemáticas con sencillos cálculos mentales y jugaba además aumentando la velocidad. Nunca se lo he agradecido suficientemente.

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