El ser humano posee una estructura cerebral que le permite vivir y desarrollarse en el medio más hostil que existe sobre la tierra, gracias a varias zonas o lóbulos que se complementan y le permiten subsistir, prosperar y ser feliz a lo largo de su existencia.
La principal zona de su cerebro que le permite pensar, raciocinar y sopesar alternativas de supervivencia y desarrollo aplicando la lógica y la sensatez es el lóbulo frontal, propio del homo sapiens, o sea del ser humano actual. Este lóbulo le induce a tomar las decisiones correctas frente a situaciones disímiles que pudieran causarle problemas en su salud, en su bienestar o para la existencia misma y para su progreso y felicidad. Es raciocinio y lógica, es sensatez y equilibrio mental para tomar la mejor alternativa en un momento dado. Es la Sofrosine que promulgaban en la Grecia antigua como el ideal humano.
Igualmente, tiene una zona llamada sistema límbico (hipotálamo) que ejerce las funciones primarias y automáticas de la vida como la respiración, la digestión, el funcionamiento del corazón, hígado, riñones, emociones y, en general, todo lo que el sistema autónomo requiere para continuar y perpetuar la vida donde se desarrolla su existencia. Es el llamado cerebro reptil que compartimos con todos los mamíferos para la subsistencia.
Las decisiones tomadas por personas, en muchas situaciones de la vida, parecieran hacer caso omiso a lo que un sano y recto juicio pudiera aconsejar, y más bien obedecen a emociones automáticas o impulsos animales, ya sea por prejuicios inconscientes, por obstinación, ignorancia o por presión social del medio donde se desenvuelven.
No de otra manera se comprenden ciertas manifestaciones que parecieran obedecer a un cerebro primitivo sin rastros de un raciocinio lógico al momento de tomar una determinación importante para sus vidas y para las personas que lo rodean. Tomar decisiones en base a emociones pareciera ser el común denominador del ser humano actual, especialmente en países atrasados en lo económico, educativo y social.
Esto se aplica a nuestro país, Colombia, y se manifiesta agudamente en lo político ad portas de la elección de quien va a dirigir los destinos de la nación, nuestros propios destinos…
En redes sociales, en periódicos, en noticieros, y en general en la calle se nota el desborde de pasiones al hablar de X ó Y personaje, el cual se encarga de alterar las pasiones y emociones con su verborrea grandilocuente e incendiaria para atraer votantes, consciente de que eso es lo que despierta el ego de las personas y especialmente del pueblo que vota, que es el pueblo de las multitudes movidas emocionalmente ante los arrebatos del líder.
No se comprende cómo se eligen en Colombia personajes oscuros de talla menor, para dirigir nuestros destinos. El que más grita, el que destripa al adversario en los encuentros, el más patán ante las cámaras, ese parece ser el que atrae a las multitudes…El sistema límbico en acción ganándole al lóbulo frontal por goleada…Ese es nuestro país, esa es la educación que hemos tenido durante siglos, ese es el ejemplo que hemos recibido de los dirigentes políticos durante nuestra era republicana. Ese es el país que seguimos perpetuando con nuestro voto, teniendo opciones mejor preparadas para ser un excelente presidente del país si apelamos a nuestro lóbulo frontal y aplicamos raciocinio lógico desprovisto de impulsos emocionales, muchas veces fortalecidos por encuestas amañadas que engañan al elector.
¿Quién tiene el mejor programa de gobierno? ¿Quién tiene una trayectoria brillante durante su desempeño en un cargo público? ¿Quién ha demostrado resultados tangibles de buen gobierno durante su carrera política? ¿Quién demuestra los valores de una persona equilibrada y racional?
Estos y otros interrogantes son los que debería hacerse el pueblo colombiano a la hora de depositar su voto. Este ejercicio es el que realiza una persona sensata y racional a la hora de tomar una decisión tan importante para sus vidas y para el país.
Al aplicar el raciocinio, la lógica y el recto criterio, aun en contravía de las amañadas encuestas, descubriremos un personaje que puede sacar al país de los enfrentamientos entre los bandos extremos que llevan 200 años destruyendo a Colombia. De lo contrario, sería como botar el voto a la hoguera de la violencia ancestral ya enquistada en este martirizado país.
John Arbeláez Ochoa
Politólogo
Mayo, 2026


3 Comentarios
Excelente y saludable reflexión. Gracias, John.
Gracias John, buenas dotes de politólogo.
Buena esa, John. “Muy inclusive” tur eflexión, como diría algún colombiano. Me gustaría que desde la politología nos dieras tu opinión sobre la mirada ética de los candidatos. Un abrazo.