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Vicenta Alcala

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En un artículo anterior “Autodivide y serás vencido” hablé de división. En el presente, hablo de sumas y restas. Se visualizan dos círculos repartidos en sectores, cada uno con un color distinto. Este artículo invita a lograr una óptica integral y una visión triunfadora.

Sin pertenecer a ningún partido político, ni privilegiar a ninguno de ellos, se puede hacer una reflexión de puro sentido común o inteligencia práctica. No se requieren especializaciones, ni matemática, ni sociológica, ni política, ni jurídica, ni psicológica.

Se trata de aritmética sencilla, de geometría visual y de óptica, la que intuitivamente es muy clara, pero que, como visión y perspectiva, ya es más complicada.

El círculo de la izquierda está dividido en 6 sectores y, a simple vista, el identificado como rojo es el más grande de los 6. Si le pusiéramos números, ganaría el rojo frente a los otros 5 sectores (azul, naranja, rosado, verde, café).

El círculo de la derecha muestra una situación diferente: el sector identificado con el color blanco es mayor que el sector identificado como rojo. En óptica sencilla, el color blanco es luz, es la suma de todos los colores (contiene la suma de todas las longitudes de onda visibles). Se puede decir que los colores “viven dentro” de la luz blanca, que los reúne a todos.  

Esta explicación del blanco es muy ilustrativa para la propuesta de este artículo, que ya se había insinuado en el anterior “Alianza plural nacional”. 

Si se mantiene la situación simbolizada en el círculo de la izquierda, y cada color representa un partido, entonces el rojo ganaría en una contienda electoral democrática (sin entrar a discutir de dónde proviene la financiación de cada campaña).

La situación simbolizada en el círculo de la derecha, significa la unión e integración de los otros 5 partidos en un solo frente o alianza que superaría al sector rojo. 

Hasta aquí, la aritmética, la geometría y la óptica son claras, obvias y sencillas. Lo difícil viene en la unión e integración de los (virtuales o eventuales) 5 partidos o candidatos. “¿Quién le pone el cascabel al gato”? 

Las coaliciones o acuerdos de unificación -dentro de cada partido-  son interesantes pero insuficientes. Así se tenga un sólo candidato por partido, la suma y resta sigue siendo perdedora. 

Las deficiencias en la “visión política” son semejantes a la miopía, al astigmatismo o al daltonismo. En la miopía, se ve de cerca, pero de lejos se ve borroso. En el astigmatismo las imágenes se ven distorsionadas y puede haber dificultad para distinguir detalles finos. En el daltonismo se confunden los colores. Claro está que hay enfermedades oculares más graves. Los partidos y los candidatos pueden ser miopes, pueden sufrir de astigmatismo o de daltonismo. 

En el campo orgánico, se dan aberraciones en los sistemas ópticos y también se presentan escotomas que son áreas de pérdida parcial o total de la visión; en el campo sociológico y sicológico se dan también aberraciones intelectuales y se presenta la “escotosis” que es una distorsión de la comprensión o el fenómeno de los puntos ciegos (diferentes al punto ciego natural que todos tenemos). La “escotosis” es un proceso inconsciente.

El egoísmo, la soberbia, las preferencias, las pasiones por el poder, el protagonismo, el narcisismo, los resentimientos… esconden procesos inconscientes y  pueden prevalecer sobre un interés desasido, limpio, desinteresado, irrestricto por el bien común del país. Ahí radica, en gran parte, la dificultad para unirse, asociarse, integrarse, aliarse… Cada quien piensa que tiene la razón, que su programa es la solución a los problemas, que es mejor que los otros… y se olvida que “todos juntos saben más que el que más sabe”. Sobre todo, no se dan cuenta que divididos pierden frente a un grupo cohesionado. 

No hay tiempo para teorías y explicaciones sobre la dispersión de candidatos. Lo urgente, práctico e importante es  la necesidad de unión y de alianza plural nacional.

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2025

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Sueños y sueños

Por Vicente Alcala
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Entre otras acepciones, la palabra sueños se refiere a dos realidades diferentes: A los sueños subconscientes que, con frecuencia, recuperan el pasado de forma desordenada, incoherente, enigmática… y a los sueños imaginativos que se proyectan al futuro de forma ilusoria o ilusionada, de forma idealista o de ideales, de forma irreal pero realizable.

Ambas son muy importantes porque el pasado nos recuerda y nos enseña, y el futuro nos atrae y nos impulsa.

Los sueños nocturnos son confusos, complicados, complejos y apenas descifrables. Los sueños diurnos son atractivos, deseables, libres, fantaseadores.

Los sueños nocturnos

La mayoría de las veces, apenas se recuerdan de manera fragmentaria. Son propios y pueden ser secretos, es decir, incomunicables. No son fácilmente inteligibles para otros, como tampoco para uno mismo. Incomunicables en dos sentidos: no se pueden comunicar claramente o no se quieren comunicar deliberadamente.  

Sin ser una narración del pasado, contienen fragmentos de la vida vivida, a veces mezclados con escenas de cine, televisión o literatura. Sin hablar de “pesadillas”, algunos pueden ser inquietantes, preocupantes, cuestionadores; con frecuencia, nos ponen a pensar. Es bueno anotar algunos puntos de los sueños, antes de que se borren.

Desde la antigüedad, el descifrar o interpretar los sueños, ha sido una tarea curiosa o apasionante; de Freud en adelante, se convirtió en un oficio semi-científico (digo semi-científico porque tratándose de eventos singulares, no admiten leyes, aunque estudios serios se han acercado a ciertas pautas o rasgos de interpretación por la regularidad con que aparecen en diversos individuos).

Los sueños nocturnos pueden indicar deseos, insatisfacciones, problemas por resolver, cuestiones pendientes…

Los sueños diurnos 

“Soñar despierto” es una expresión que, a veces, significa querer algo imposible o irrealizable. Sin embargo, soñar despierto es como lanzar un anzuelo lejos que, al acercarse, “engancha” algo.

Hay personas que tienen sueños claros y precisos y luchan por conseguirlos. Cuando veía “El poder de una visión” me preguntaba ¿por qué hay personas que tienen una visión de futuro y otras que parecen carecer de ella? Visión de futuro y sueños son casi lo mismo.

Los sueños se pueden comparar con objetivos o dianas a los que se quiere apuntar, aunque pueden darse grados de acercamiento a su blanco o centro… 

En este momento, yo y quizás muchos de ustedes, nos preguntamos ¿cuáles son nuestros sueños? ¿Qué queremos, qué deseamos, qué anhelamos, qué esperamos o qué trabajamos por conseguir, qué horizontes vislumbramos?

La respuesta puede ser: quedarnos con la mente en blanco… pero no esperemos sólo a que el inconsciente nos la dicte; podemos pensar, deliberar, seleccionar, decidir y actuar para acercarnos a ese futuro deseable.

Podemos especificar varios escenarios: aspectos económicos, asuntos jurídicos, relaciones familiares, recreación, cuidado de la salud, desarrollo personal y espiritual, acciones solidarias, organización de nuestro legado…

Los sueños diurnos nos permiten soñar y proyectarnos… y si los compartimos y avanzamos acompañados para conseguirlos, se hacen más fáciles y agradables.

Vicente Alcalá Colacios

Abril, 2025

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En nuestra cultura pragmática, lo primero que se puede ocurrir es preguntarnos ¿Para qué sirve la cultura? ¿Qué nos aporta o qué beneficios nos trae la cultura? Pero, en nuestra “configuración intelectual de la experiencia” necesitamos preguntarnos primero ¿Qué es la cultura?

En estos días, no me di cuenta que habían nombrado, como ministro de Cultura encargado, a un conocido mío. Esto refleja la poca importancia que a nivel social se le da a la cultura y lo poco que los medios de comunicación resaltan los valores culturales. Todos los días aparecen el ministro de Defensa, de Hacienda, de Salud… y muy poco el de Ambiente y menos el de Cultura. 

Antes de comenzar a escribir esta página, leo una noticia de la DIAN: “Se abren inscripciones para cursos de Cultura a Profesores…” Extrañado, leo con más atención “Cultura de la Contribución en la Escuela”. Ah, la DIAN quiere fomentar la cultura de pagar impuestos. 

En la obra “La Cultura: todo lo que hay que saber” de Dietrich Schwanitz, leemos que “El relato comienza con las dos fuentes más importantes de nuestra cultura: las divinidades olímpicas, el sitio de Troya y las aventuras de Ulises, por una parte, y la Biblia hebrea por otra”. Está hablando un europeo. ¿Dónde quedan las fuentes precolombinas de las culturas americanas? O ¿Qué hay de las milenarias culturas orientales, china, japonesa, india… o de las culturas africanas?

En el libro “Breve historia del saber, la cultura al alcance de todos”, la cultura tiene el sentido de saber, de conocimiento, y algunos de sus temas son: la sabiduría de la antigüedad; Egipto y Mesopotamia; los aztecas y los incas; la explosión griega; qué sabían los romanos; qué nació en el Renacimiento; el siglo XX: ciencia y tecnología, arte y medios de comunicación; los próximos cien años. Otra obra interesante se titula “Civilización y cultura a través de la música” y en casi todos los países encontramos numerosos Museos y Bibliotecas, que guardan multitud de muestras culturales. 

Todo lo anterior indica que se necesita una geografía y una historia de las culturas y de las artes, que irían paralelas a toda la historia de la humanidad. Observemos que la palabra cultura tiene relación con la palabra cultivar, y ésta con la agricultura… Hay que cultivar una buena cultura. 

Pero en Colombia, nos quejamos todos los días de la falta de cultura de nuestra gente: la forma de manejar de muchos conductores; la falta de respeto con las mujeres, los mayores o los niños; las trampas, desde colarse en las filas hasta no cumplir con los compromisos o la palabra empeñada; la falta de educación, urbanidad o cortesía… y peor aún, hablamos de una narcocultura. Un alcalde de Bogotá se esforzó, hace unos años, por fomentar la cultura ciudadana. 

También decimos que “esa señora es muy culta” y hay una emisora que se autodenomina “Una emisora de naturaleza culta”. Nos enorgullecemos de nuestras manifestaciones culturales como el baile folclórico, la música regional, la literatura colombiana, nuestros pintores, el arte, las artesanías…  

Hemos podido notar la variedad de acepciones que tiene la palabra “cultura”.  

La noción clásica de cultura era normativa: por lo menos, teóricamente, no había sino una cultura, a la vez universal y permanente; sus normas e ideales podían ser el objeto de las aspiraciones de las personas no-cultas o de las masas populares. Pero hay otra noción empírica de cultura: De manera globalizante, cultura es el conjunto de significaciones y valores que informan un determinado modo de vida; por lo tanto, habrá tantas culturas como grupos humanos existan y, más aún, tendríamos que hablar de sub-culturas dentro de un mismo país o población. 

Explicando lo anterior: decimos que cultura es un conjunto de “significaciones” y “valores” que le dan forma a un determinado “modo de vivir y actuar”. 

-Significaciones son las maneras de pensar, las ideas que se tienen sobre las cosas, la mentalidad generalizada o prevaleciente, los prejuicios o imaginarios colectivos… y todo eso se manifiesta, con frecuencia, en los “dichos” populares, los refranes, la forma de hablar, las creencias.

-Valores son las realidades que tienen más importancia para un grupo, lo que más se aprecia, lo que más gusta, a lo que se le da mayor atención o dedicación, los juicios que se hacen, y   

-El modo de vivir o actuar es el cúmulo de costumbres, tradiciones, manifestaciones o muestras materiales o conductuales que reflejan cada cultura, y son producto o resultado de esas significaciones y valores.

Por otra parte, o en otro sentido, cuando se habla de valores o de preferencias se puede distinguir una escala entre valores vitales, sociales, culturales, personales, religiosos. 

Para concentrarnos en los valores culturales, éstos no existen sin el apoyo de los valores vitales y sociales, pero no dejan de ser superiores a ellos. Por encima del simple hecho de vivir, subsistir y actuar, los seres humanos necesitamos encontrar una significación y un valor en el hecho de vivir y actuar. Una función de la cultura es descubrir, expresar, validar, criticar, corregir, desarrollar, mejorar esa significación y valor. Como vemos, la cultura también tiene, pues, un papel superior y orientador, en la vida personal y comunitaria.

Y no hemos hablado del origen biológico de la cultura: las conductas humanas constituyen una evolución de las conductas de los seres vivos. Entre las conductas animales tiene especial importancia la comunicación, que implica coordinación de acciones en un medio social, y los lenguajes son la forma de realizarse la comunicación. A nivel humano, lo social es la condición necesaria para su aparición y supervivencia, y el lenguaje es condición fundamental para la coordinación social y cultural; lo cultural es un fenómeno que se hace posible como un caso particular de conducta comunicativa y se entiende por conducta cultural la estabilidad, entre generaciones, de las formas de conducta adquiridas en la dinámica comunicativa dentro de un medio social. 

Después de este largo recorrido, regresamos a la pregunta inicial: ¿Para qué sirve la cultura? ¿Qué nos aporta o qué beneficios nos trae la cultura?

La cultura, no sólo nos sirve o nos beneficia, sino que es tan imprescindible -como el aire- para nuestra vida. La cultura nos rodea y nos condiciona como el ambiente social en que nacemos y nos desarrollamos. Pero, así como es crucial la calidad del aire para nuestro bienestar, así la calidad de nuestra cultura condiciona nuestra calidad de vida. Formamos parte de nuestra cultura, pero no somos objetos pasivos y manipulables de ella, sino que somos sujetos activos y determinantes de los significados, los valores y las formas de vida que constituyen nuestra cultura. En gran parte, de nosotros depende qué tipo y calidad de cultura nos cobija, en lo inmediato, lo más próximo, y en la influencia que podemos ejercer a niveles progresivamente más colectivos.  

Vicente Alcala C.

Abril, 2023

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