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Mauricio cabrera galvis

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¿Qué pasa cuando la protección de biodiversidad entra en conflicto con derechos o necesidades de particulares? No es una pregunta retórica, sino que es la cuestión que está detrás de los paros de mineros en Caldas y Antioquia, así como de los campesinos y mineros del páramo de Santurbán.

Son dos derechos establecidos en la Constitución ¿cuál debe tener prelación, el derecho al trabajo de unos cuantos o el derecho a vivir en un medioambiente sano? 

⁠¿Biodiversidad con hambre? 

No es una pregunta fácil de responder. Los mineros y campesinos que bloquean las carreteras, violando otros derechos de millones de colombianos, derivan sus ingresos y viven de actividades, legales e ilegales, que afectan ecosistemas frágiles o que son indispensables para la conservación de las fuentes de agua. El mismo dilema se enfrenta cuando colonos talan bosques en la Amazonía para sembrar coca, porque es la única fuente de ingresos que tienen para alimentarse en regiones afectadas por la violencia y la falta de oportunidades laborales.

Hoy nadie discute la necesidad de preservar los páramos, la Amazonía, el bosque seco y el bosque tropical, y en general todos los ecosistemas, porque la destrucción de uno solo de ellos rompe el equilibrio planetario. Las múltiples actividades de la COP 16, la más grande de la historia como la calificó el New York Times, han alimentado la conciencia ambiental en el país.

Colombia es el país con más páramos en el mundo, abarcando aproximadamente 2.900.000 hectáreas que representan casi el 50% de estos ecosistemas a nivel global. Estos espacios capturan y almacenan agua, proveyendo el 70% del agua que consumen millones de personas en ciudades y pueblos. Sin embargo, más de 32.000 hectáreas de páramos han sido afectadas por la agricultura, la ganadería y la minería artesanal.

Los bosques colombianos también se encuentran en una situación crítica. La deforestación afecta a miles de hectáreas, principalmente en regiones de alta biodiversidad, como la Amazonía y el Pacífico. Aunque frente al 2022 el año pasado disminuyó de 123.000 a 79.000 hectáreas, en la primera mitad de este año volvió a crecer un 40%. La tala de árboles para la ganadería extensiva o para los cultivos de coca afecta a los bosques tropicales, contribuyendo a la pérdida de biodiversidad y a la liberación de carbono almacenado en el suelo y la vegetación, un golpe al esfuerzo global por combatir el cambio climático.

Las imágenes de los embalses medio vacíos que surten de agua a Bogotá, de los enormes incendios forestales, de las inmensas playas de arena en el Amazonas al frente de Leticia o de los cauces de los ríos destruidos por la minería ilegal, son apremiantes testimonios de las consecuencias de la aterradora capacidad de la humanidad para destruir la naturaleza y así destruirse a sí misma.

La otra cara de la moneda es igualmente grave. Para los campesinos y mineros, la elección entre conservar el medio ambiente y obtener ingresos básicos no es un dilema moral, sino una cuestión de supervivencia. Para los campesinos y mineros que viven en el páramo de Santurbán no hay otra fuente de ingresos que buscar oro o sembrar papa en esas áreas protegidas. El aumento de la siembra es impulsado, en parte, por la falta de alternativas económicas en zonas donde la presencia del Estado es limitada o inexistente. Para ellos es una elección cuidar el ecosistema o pasar hambre.

Sin embargo, la conservación de esos ecosistemas también es una cuestión de supervivencia para los millones de colombianos que dependen del agua de los páramos, como es el caso de las ciudades y poblaciones, aguas abajo de Santurbán. En el mediano plazo también está en juego la supervivencia de toda la humanidad que depende de la biodiversidad para subsistir. ¿Cómo resolver el dilema?

No hay almuerzo gratis 

El punto de partida es reconocer que la protección de biodiversidad no es gratis, que cuesta mucho dinero y que alguien tiene que ponerlo. Para resolver el dilema es fundamental que las políticas de conservación incluyan incentivos económicos efectivos, pues la protección de páramos y bosques exige alternativas económicas que garanticen ingresos sostenibles y que no pongan en riesgo la supervivencia de quienes dependen de estos ecosistemas. 

¿Quién debe pagar por la protección de la biodiversidad? ¿El Estado, las poblaciones que se benefician de ella, o la comunidad internacional por cumplir con el equilibrio planetario? Todos a una como en Fuenteovejuna.

En Colombia, se han planteado soluciones para generar ingresos sostenibles, como los pagos por servicios ambientales y los programas de desarrollo alternativo, pero han sido insuficientes, en parte por mala ejecución, pero sobre todo por falta de recursos. En 2024, el presupuesto asignado a la protección de la biodiversidad en Colombia representa menos del 0,5% del PIB, una inversión insuficiente si se considera la presión que soportan los ecosistemas, el costo que representa la restauración de ecosistemas degradados y la necesidad de alternativas reales para los campesinos y mineros. Con las actuales afugias presupuestales no hay como asignarle más recursos al medio ambiente.

En la COP16 se están buscando compromisos de movilización de recursos internacionales para financiar la conservación de la biodiversidad, como los pagos por servicios ecosistémicos, que según la FAO podrían generar hasta USD 2.000 millones anuales para América Latina, o el Fondo Verde para el Clima que aspira canalizar hasta USD 100.000 millones para apoyar proyectos de mitigación y adaptación. Colombia debe aprovechar esta oportunidad, pero para ello debe presentar proyectos bien estructurados, con resultados medibles en términos de conservación y de restauración de ecosistemas.

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ADENDA 1: Cualquier solución que se busque para los derechos de campesinos y mineros debe partir del respeto a los derechos del resto de los colombianos, a los que no pueden someter a bloqueos que les impiden trabajar, o cortan el suministro de alimentos a las ciudades.

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⁠ADENDA 2: Las víctimas de un cura abusador merecen justicia y reparación. Lo que no es aceptable es que, diez años después de muerto el pederasta, la busquen inculpando a una persona como el jesuita Francisco de Roux -que ha dedicado su vida a defender a todas las víctimas- por no haber denunciado a la fiscalía al victimario, máxime cuando las víctimas y sus familias estaban obligadas a denunciarlo y no lo hicieron.

Mauricio Cabrera Galvis

Artículo publicado en la Revista CAMBIO, Colombia

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La protección de la biodiversidad y la descarbonización son dos políticas indispensables en la lucha contra el cambio climático, pero tienen enfoques y objetivos distintos. La primera es el tema de la COP16 que empezó esta semana en Cali y la segunda se debatirá en la COP29 que se celebrará en Azerbaiyán el próximo mes de noviembre. Entender las diferencias entre estas dos políticas es fundamental para saber cuál debe ser la prioridad de Colombia.

Dos estrategias contra el cambio climático

La descarbonización se refiere a la reducción de las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) y otros gases de efecto invernadero (GEI) provenientes del uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural), para limitar el calentamiento global y mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 2°C respecto a los niveles preindustriales.

La transición energética es la principal estrategia de descarbonización, que busca sustituir las fuentes de energía basadas en combustibles fósiles por energías limpias como la solar, la eólica o la hidroeléctrica, pero hay otras que también tienen efectos importantes en la reducción de la emisión de GEI.

Algunas de ellas son la búsqueda de la eficiencia energética, mejorando el uso de energía en sectores como la industria, el transporte, la construcción y otros; la electrificación del transporte, promoviendo vehículos eléctricos para reducir el uso de los combustibles fósiles en automóviles, camiones, barcos y aviones; la captura y almacenamiento de carbono (CCS) mediante tecnologías que eliminan el CO₂ directamente de las fuentes de emisión o incluso de la atmósfera. Esta última es donde más están invirtiendo recursos las grandes compañías petroleras.

Por su parte, la protección de la biodiversidad se centra en la conservación y restauración de los ecosistemas naturales que desempeñan un papel crucial en la regulación del clima. Los bosques, los océanos y otros ecosistemas capturan y almacenan grandes cantidades de CO₂, lo que ayuda a mitigar el cambio climático. 

Entre las acciones que se deben adelantar para este objetivo están la creación de áreas protegidas para establecer parques nacionales, reservas naturales y zonas de conservación para conservar especies y hábitats; la restauración de ecosistemas degradados como bosques, humedales y otras áreas críticas que han sido alteradas por las actividades humanas; el control de especies invasoras para prevenir la introducción de especies que pueden desestabilizar los ecosistemas locales.

Pero sin lugar a dudas, la acción más importante, especialmente para países como Colombia, es la reducción de la deforestación que evite la tala indiscriminada de bosques en áreas como la Amazonía, que son importantes sumideros de carbono.

Definiendo prioridades

Según el Banco Mundial, en 2022 las emisiones planetarias de CO₂ alcanzaron los 36 000 millones de toneladas, constituyéndose en la causa principal del calentamiento global, por lo que su reducción debe ser la prioridad de las políticas mundiales. Como el 55% de las emisiones de GEI en el mundo provienen del uso de combustibles fósiles, sustituirlos por fuentes de energía renovables es un imperativo para todo el mundo, si se quiere evitar la catástrofe ambiental. Este será uno de los temas de la COP29.

Sin embargo, a pesar de que Colombia es uno de los países más vulnerables al cambio climático, sus prioridades no deben estar en la reducción del uso de hidrocarburos (aunque en carbón sí se debe hacer un esfuerzo), y mucho menos en su producción, sino en la protección de la biodiversidad, por varias razones.

Primera, porque Colombia solo emite el 0.21% de los GEI y de éstos solo el 30% proviene del uso del petróleo, gas y carbón. En consecuencia, aunque se lograra reducir a la mitad el uso de combustibles fósiles, el impacto sobre la reducción de las emisiones mundiales de GEI sería ínfimo, solo el 0.01%. 

Segunda, porque el país necesita los recursos provenientes de las ventas de petróleo y carbón al resto del mundo, mientras haya compradores, para su balanza de pagos y para financiar al Estado y la misma transición energética. 

Pero la razón principal para concentrar los esfuerzos y los recursos del país en la protección de la biodiversidad es que Colombia tiene el 10% de la biodiversidad del mundo, y la estamos acabando. De hecho, el 59% de la emisión de GEI en Colombia proviene del mal uso de las tierras agrícolas y de la deforestación. En el primer semestre de este año las motosierras asesinas destruyeron más hectáreas de bosque que todo el año anterior.

La preservación de este patrimonio natural tiene un impacto directo sobre sectores como el turismo o la agricultura sostenible, y contribuye a capturar grandes cantidades de CO2. Además, hay países y empresas dispuestos a pagarnos por preservar nuestra enorme biodiversidad. 

La protección de la biodiversidad y la descarbonización no son estrategias excluyentes, sino complementarias. Mientras que la descarbonización se enfoca en reducir las emisiones en su origen, la protección de la biodiversidad asegura que los ecosistemas continúen capturando carbono y brindando resiliencia climática.

En Colombia es necesaria la combinación de ambas políticas, pero la primera debe ser la prioritaria. La COP16 debe ser el escenario para definir los compromisos del país y obtener recursos internacionales para fortalecerla.

Mauricio Cabrera Galvis

Artículo publicado en revista CAMBIO, Colombia

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Antes se llamaban paraísos fiscales, ahora se están empezando a llamar guaridas o refugios fiscales, nombres que hacen referencia a países o jurisdicciones con tasas impositivas bajas o nulas, con ⁠secreto financiero, regulaciones laxas y poca cooperación internacional en materia fiscal. 

Estas características los hacen muy atractivos para las corporaciones multinacionales, para los supermillonarios y para los funcionarios públicos corruptos alrededor del mundo. Así pagan menos impuestos y esconden su riqueza de las autoridades tributarias. 

⁠La Red por la Justicia Tributaria (la RJT), una ONG de origen británico dedicada a denunciar la evasión de impuestos y lograr reglas de gobernanza mundial para un sistema tributario más justo, se opone a “la presión de los gigantes corporativos y los superricos que han logrado que los gobiernos hayan programado estos sistemas para priorizar a los más ricos sobre todos los demás, conectando el secreto financiero y las guaridas fiscales en el núcleo de la economía global, lo cual alimenta la desigualdad, fomenta la corrupción y socava la democracia” 

El impacto de las guaridas fiscales  

El informe de la RJT “Estado de la Justicia Fiscal 2023” presenta una visión de lo que está pesando en las guaridas fiscales en el mundo, cuantifica sus efectos y muestra los debates políticos que se están dando en las organizaciones internacionales para controlarlas.   

Según este informe, las guaridas fiscales pueden ser de dos clases: las jurisdicciones con secreto financiero y las guaridas corporativas. Las primeras permiten que las personas y sociedades oculten su patrimonio y sus movimientos financieros de las autoridades, mientras que las segundas facilitan que las multinacionales registren sus ganancias en lugares diferentes a donde las produjeron, para disminuir los impuestos pagados. 

Es enorme el impacto de las guaridas fiscales porque permite una evasión de impuestos que al disminuir el recaudo tributario, reduce los recursos del Estado necesarios para la inversión en servicios esenciales para el bienestar de la población, como salud, educación, vivienda y otros. 

Con base en datos de la OECD, la RJT estima que, en un solo año, las pérdidas fiscales sufridas por todos los países a nivel mundial pueden llegar a 480 000 millones de dólares, es decir, casi 1.5 veces el PIB de Colombia. De éstos, USD 311 000 millones se perdieron por abuso transfronterizo del impuesto de sociedades y USD 169 000 millones por la evasión y la elusión fiscal en las guaridas. Son recursos que se pierden para la lucha mundial contra la pobreza y su desvío aumenta la desigualdad mundial. 

Además de este impacto directo, las guaridas fiscales tienen impactos indirectos porque los gobiernos tienden a reducir las tasas impositivas corporativas para contrarrestar las pérdidas directas debidas al abuso fiscal corporativo, con la creencia errónea de que esto atraerá a las empresas multinacionales. Según investigadores del FMI, este impacto indirecto puede ser tres veces mayor que el directo en el caso del abuso transfronterizo, es decir, hasta unos 1 000 millones de dólares anuales.  

Dónde se esconden los evasores 

La RJT publica además, un Índice Global de Guaridas fiscales (GTHI por sus siglas en inglés) que mide hasta qué punto las leyes y normativas de una jurisdicción permiten el abuso fiscal corporativo, y lo pondera por la cuantía de los movimientos financieros que entran o salen de esa jurisdicción. La lista completa de los mayores facilitadores mundiales del abuso fiscal corporativo se puede ver en esta página web: https://cthi.taxjustice.net/es/full-list 

El gráfico presenta dos datos para los 12 países que están de primeros en la lista: las barras horizontales muestran el valor del índice y los círculos a la derecha el porcentaje del abuso corporativo mundial que se registra en cada jurisdicción. 

El ranking más reciente del GTHI lo encabezan las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Caimán y Bermuda, tres jurisdicciones británicas que concentran el 20% del abuso fiscal. Junto con otros centros financieros como Jersey, Bahamas o la Ile of Man, las guaridas fiscales ligadas a la City de Londres mueven la tercera parte del abuso fiscal corporativo. 

Aparecen también entre los primeros diez lugares del índice, países como Suiza, Países Bajos, Irlanda o Luxemburgo, y entre los primeros 25 Inglaterra, Francia, Bélgica y Alemania. De hecho, según la RJT en los países de la Unión Europea se realiza otra tercera parte del abuso fiscal corporativo.  

Un documental que se puede ver en Prime Video (La Telaraña: el segundo imperio británico) explica cómo después de la desaparición del gran imperio colonial inglés, con el liderazgo de los banqueros londinenses, se creó una red de jurisdicciones secretas offshore que capturaron gran parte de la riqueza de todo el mundo y la ocultaron en una red de pequeños países. 

El último informe de la Red afirma que el grupo de guaridas británicas es “la amenaza más grande para los países que trabajan para evitar la evasión fiscal de las corporaciones multinacionales”, en una dura acusación señala que el Reino Unido y su segundo imperio, los Países Bajos, Luxemburgo y Suiza son el “eje de la evasión fiscal”, y que son responsables del 52%, mientras que los países miembros de la OCDE y sus dependencias representan más del 7 de cada diez dólares perdidos. 

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Coletilla: ¿Cuántos impuestos se dejan de recaudar en Colombia por la riqueza y los movimientos financieros que hacen en las guaridas fiscales las empresas nacionales o extranjeras instaladas en el país? No se sabe, pero un indicador significativo es que, de acuerdo con las cifras del Banco de la República, de los USD 202 000 millones de dólares de inversión extranjera que han ingresado al país desde el 2007, el 34.5% ha llegado de países que están en los primeros lugares del GTHI. 

Mauricio Cabrera Galvis 

Artículo publicado en CAMBIO

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Dos meses después de la victoria de la oposición en las elecciones de Venezuela, disminuye cada vez más la ilusión de una transición democrática en ese país, y aumenta la posibilidad de que Maduro se quede, consumando el fraude electoral. 

Maduro no ha podido demostrar que ganó las elecciones, ni va a mostrar la actas electorales como lo exigieron hasta los presidentes de México, Brasil y Colombia; pero a pesar de estar deslegitimado ante la opinión internacional y sancionado económicamente, está utilizando todas las formas de lucha para aferrarse al poder, y lo puede lograr. 

Ha tratado de dar apariencia de legalidad al fraude con las certificaciones sin pruebas del Consejo electoral y del Tribunal Supremo de Justicia, ambos controlados por los chavistas. 

Ha enfrentado a la oposición con violencia y represión, que ha dejado muertos y miles de presos políticos. “Todos los que estuvieron directamente involucrados en la organización de las elecciones están ahora escondidos, en prisión o en el exilio”, declaró María Corina Machado en entrevista reciente. 

Logró un triunfo importante al forzar el exilio del candidato ganador, Edmundo González, después que su fiscal de bolsillo lo acusara penalmente, y lo presionara para firmar una carta reconociendo que Maduro había ganado. 

Además, todavía cuenta con tres factores importantes a su favor: uno, el respaldo de los militares que no quieren perder sus prebendas; dos el apoyo de países como Rusia, China e Irán, y tres, el respaldo de alrededor del 30% de la población, junto con colectivos armados dispuestos a defenderlo. 

Por todos estos factores, la misma María Corina, que resiste con coraje desde la clandestinidad, reconoce que todavía Maduro no caerá: “El punto aquí es que Maduro esté dispuesto a sentarse a negociar y creo que eso se alcanzará cuando el costo de permanecer en el poder por la fuerza supere el costo de salir del poder y todavía no hemos llegado allí” 

Si Maduro se queda, si resiste toda la presión doméstica e internacional y se vuelve a posesionar como presidente el próximo 10 de enero, Colombia debe prepararse para enfrentar por lo menos tres consecuencias muy complicadas: La primera, una nueva crisis migratoria pues se espera que, ante la continuación de la dictadura, millones de venezolanos se sumen a los que ya han salido de su país, y Colombia es el primer destino para la gran mayoría. 

La segunda es en el frente económico. La segura reactivación de las sanciones internacionales contra el régimen, y la pérdida de otra parte de su población frenarán la incipiente recuperación que venía experimentando su economía, lo cual implicará la disminución de las exportaciones colombianas -sobre todo las no tradicionales, a quien fuera nuestro principal socio comercial en la región. Además, se complicaría la importación de gas venezolano, que es la mejor alternativa para suplir la escasez que se prevé para los próximos años en Colombia. 

Finalmente, el colapso definitivo de las posibilidades de negociar la paz con el ELN. Con Maduro, este grupo armado seguirá teniendo amparo y cobijo en la frontera del vecino país para, desde allí, continuar sus incursiones violentas y su discurso guerrerista. Hasta comienzan a presentarse como guardianes de la revolución bolivariana. No es coincidencia que la reactivación de sus atentados terroristas, así como la voladura de los oleoductos, se haya dado después de la autoproclamación de Maduro como presidente. 

Mauricio Cabrera Galvis 

Publicado en la revista Cambio, Colombia

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A los ancianos de la tribu con buena memoria, el nombre de Ciudad Esmeralda les puede recordar la mítica ciudad donde vivía el mago de Oz, o los colombianos pueden pensar en Muzo o Coscuez con sus grandes minas de esmeraldas; pero si hay una ciudad que tiene bien merecido ese nombre es Seattle, en la esquina noroccidental de los Estados Unidos. 

El nombre se lo han puesto por el exuberante verdor que tiene, vista desde el avión; en el centro se destacan modernos rascacielos, pero el resto no parece una urbe edificada en cuya área metropolitana viven cerca de 4.5 millones de personas, sino un enorme parque, bañado por el mar y majestuosos lagos. 

Una ciudad para vivir sabroso.

No es una ilusión óptica, pues la ciudad cuenta con una abundante vegetación durante la mayor parte del año, con cerca de 30 km² de parques urbanos y alrededor de 4.4 millones árboles que ocupan el 28% de la superficie de la ciudad. Es común encontrar en los jardines de las casas árboles de 20 y 30 metros de altura. Para tener una idea de lo que significan tantos árboles, basta recordar que Bogotá tiene solo 1.5 millones y Cali menos de 1 millón.

El clima típico de la costa noroccidental de EUA ayuda al verde permanente de la ciudad con sus lluvias abundantes, pero además es templado, sin temperaturas extremas ni en el invierno que es moderado con muy escasas nevadas, ni en el verano que no padece los calores extremos del sur o la otra costa del país. 

El otro aspecto llamativo de Seattle es un sistema de transporte público eficiente y moderno, diseñado para facilitar el desplazamiento, tanto dentro de la ciudad, como en los suburbios. Tiene buses, tranvía, un tren ligero y un tren de cercanías, todos eléctricos e interconectados, con tarifas accesibles y super puntuales. La política pública de transporte refleja la conciencia de sostenibilidad ambiental de la ciudad.

En una app, en los celulares, se puede saber a qué hora exacta va a pasar el bus o el tren por cada estación y avisan si está demorado. Además, cuenta con un sistema de patinetas y bicicletas eléctricas que también se ubican con una app para tomarlas y dejarlas en cualquier parte de la ciudad. A diferencia de otras grandes ciudades, es posible vivir sin automóvil particular.

La ciudad es un paraíso para los amantes de la vida al aire libre. La cercanía a montañas, bosques y lagos facilita actividades como senderismo, esquí, kayak y ciclismo. Es un lugar donde los habitantes pueden disfrutar de una caminata por la mañana y trabajar en una empresa tecnológica por la tarde, sin salir del entorno urbano. Para completar, la vida cultural es intensa con música, teatro y artes visuales. 

Los atractivos de la ciudad han acelerado el crecimiento de su población en los últimos años, pero no tanto como en las ciudades del “cinturón del sol” en el sur del país pues, como nada es gratis, el costo de vida y sobre todo de la vivienda también es más alto que el promedio nacional. Estos costos no desaniman a los turistas, y la ciudad recibe unos 40 millones de visitantes al año.

Ciudad de innovación 

Pero Seattle no solo es una ciudad agradable para vivir. Es toda una potencia económica. El PIB de su área metropolitana es de USD 500.000 millones (1 vez y media el de Colombia), y tiene una de las tasas de desempleo más bajas de EUA.

El motor actual de la ciudad son algunas de las compañías tecnológicas más grandes del mundo, como Amazon y Microsoft con cerca de 100.000 empleados cada una, y que con centenares de emprendimientos tecnológicos y de innovación contribuyen con un poco más de una cuarta parte del producto regional. 

La industria aeroespacial, liderada por la gigante Boeing, fue durante décadas la principal de la ciudad; hoy ha sido superada, pero sigue aportando cerca del 10% del PIB. Complementan el ecosistema económico actividades financieras y de comercio internacional en su eficiente puerto, y centros de investigación en áreas como biotecnología y salud.

No es casualidad que se den las dos cosas. Seattle es una ciudad donde la innovación la modernidad y la tecnología se combinan con la naturaleza y la calidad de vida, lo que atrae a miles de profesionales jóvenes y talentosos, que además encuentran una cultura diversa y progresista. Por eso no es casualidad que Jeff Bezos y Bill Gates la hubieran escogido para ser la sede de sus exitosas empresas, o que Starbucks hubiera nacido allí.

Acá no es primero ni el huevo ni la gallina, sino un círculo virtuoso de desarrollo. Como dice E. Glaeser en su libro El triunfo de la ciudad, “Las ciudades han sido motores de innovación desde la Atenas de Sócrates y Aristóteles, porque conectan a sus habitantes, porque atraen talento, porque estimulan la colaboración de mentes brillantes”. Por eso, para que las ciudades prosperen, deben tener una población bien educada y atraer brillantes emprendedores, ofreciendo una buena calidad de vida y bienes públicos abundantes.  

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ADENDA: El Banco de la Reserva Federal de EUA bajó 50 puntos básicos (pb) su tasa de interés que ahora quedó 2% por encima de la inflación de allá. Para una movida similar, el Banco de la República en Colombia debería bajar su tasa 100 pb, y aun así quedaría 4% por encima de la inflación de acá.

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en CAMBIO, Colombia

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 Aunque el dicho popular dice que para bailar se necesitan dos, algunas veces son necesarios tres para bailar bien. Ese es el caso del publicitado Pacto por el Crédito que hicieron el gobierno y los banqueros con el objetivo de aumentar los recursos de crédito para sectores estratégicos de la economía, como la agricultura, la vivienda, el turismo o las energías renovables. No va a funcionar porque falta un tercero, el Banco de la República (BR).

El Pacto fue el resultado de una negociación afortunada para reemplazar la inútil idea del gobierno de las inversiones forzosas con el compromiso de los bancos de aumentar la oferta de crédito, inyectando $55 billones en nuevos créditos a esos sectores estratégicos. Difícil que se haga realidad si no hay demanda efectiva de crédito.

Problema real, diagnóstico equivocado 

La idea del Pacto, lo mismo que la de las inversiones forzosas, parten de una realidad cierta y un diagnóstico equivocado: El hecho real es que el crédito está estancado y no están llegando suficientes recursos a la economía. En los doce meses, hasta julio, la cartera bruta de crédito del sistema financiero había crecido solo $9 billones, lo que equivale a un 1.4% en términos nominales, es decir que, descontando la inflación, se había reducido en un 5%. Ninguna economía puede crecer sin nuevos créditos. Tiene razón el gobierno en buscar aumentarlo.

El error de diagnóstico es atribuir la parálisis del crédito a un problema de oferta, es decir a la falta de recursos para prestar, cuando lo cierto es que el problema es falta de demanda efectiva. Los bancos tienen abundante disponibilidad de plata para prestar, pero no tienen suficientes solicitudes de crédito, o las que hay son de clientes que no muestran capacidad de pago. No tiene razón el gobierno en pensar que aumentando los recursos va a aumentar el crédito. 

Es usual en la banca que el monto de los depósitos del público sea un poco menor que el monto de los créditos desembolsados, pues los bancos también utilizan sus recursos propios y las captaciones de bonos para fondear los préstamos. En los 10 años anteriores a agosto de 2023 el promedio del valor de los depósitos era el 97.5% de los créditos. Hace un año la situación empezó a cambiar y, como se ve en el gráfico los depósitos (columna roja) empezaron a ser mayores que los créditos (columna azul).  

En los últimos doce meses los depósitos del público en las entidades financieras (descontando las reservas para encaje que los bancos tienen que congelar) crecieron $42 billones -un 6.7%-, mientras que los créditos desembolsados solo se incrementaron 9 billones (1.3%); es decir que la banca se “encartó” con $33 billones que tuvo que buscar donde invertir y que los hubiera podido prestar si hubiera suficiente demanda efectiva de crédito.

El bajo crecimiento de los créditos no es una estrategia de los bancos; Para ellos es muy mal negocio captar recursos y no colocarlos en nuevos préstamos, sobre todo si esos recursos son de cuentas de ahorro o CDTs que tienen costo, que fueron los que crecieron (9.7%) en el último año, mientras que las cuentas corrientes disminuyeron 2.6%. No hay que buscar al ahogado rio arriba.

La tasa de interés sube, el crédito disminuye

Son varias las razones para la falta de demanda de crédito, pero sin lugar a dudas, una de las principales es la política del BR de mantener alta su tasa de interés para tratar de bajar una inflación que se ha originado en factores de oferta y de costos. 

El canal a través del cual las altas tasas de interés moderan la inflación es desestimulando el crecimiento del crédito, lo cual frena la demanda. Con el nivel actual de las tasas de interés, menos familias solicitan crédito para comprar vivienda o vehículos, y menos empresarios quieren endeudarse para nuevos proyectos productivos. El gráfico siguiente muestra la relación inversa entre las tasas y la cartera en los últimos diez años.

La línea azul es la tasa real del BR en el eje izquierdo, (es decir la diferencia entre la tasa del BR y la inflación) que llegó a un mínimo negativo cuando el Banco bajó su tasa a 1.75% (negativa en -4.5% descontando la inflación) para estimular la economía en medio de la pandemia. Cuando la economía empezó a recuperarse y la inflación se aceleró por factores como la invasión a Ucrania y los problemas logísticos de la pandemia, el BR llevó su tasa hasta 13. 25%, y la mantuvo arriba inclusive cuando la inflación empezó a bajar, razón por la cual la tasa real llegó a un máximo de 5.39%.

Las áreas sombreadas entre esta línea azul y el 0 muestran cuando la política del BR es expansionista (líneas verdes) pues su tasa está por debajo de la inflación, o contraccionista (líneas azules) con la tasa por encima de la inflación. El Banco ha tenido éxito y como lo reconoció el mismo gerente del BR, la reducción de la inflación ha sido una de las más rápidas de la historia, y sin embargo ha sido muy lento en reducir las tasas, por lo cual la actual es la política más contraccionista de la historia reciente.

No es coincidencia que la línea roja, que muestra el crecimiento anual de la cartera (eje derecho), se mueva en dirección inversa a la tasa del BR. Así, bajó hasta 1.6% en la pandemia para tener una fuerte recuperación hasta 17.6% con la postura expansionista del BR; y que luego vuelve a caer hasta 1,5%, en fecha más reciente. La velocidad de crecimiento del crédito depende de la tasa de interés del BR.

Aquí es donde se necesita el tercero en el baile porque si el BR no participa en el Pacto por el Crédito bajando sus tasas, la pareja gobierno-banqueros no va a poder bailar y no se va a cumplir el compromiso de irrigar $55 billones a la economía, pues no habrámsuficiente demanda por nuevos créditos. El BR ha sido muy lento en disminuir su tasa, máxime con los datos de inflación del mes de agosto, pues la inflación ha bajado de 13.34% a 6.12%, y la tasa del BR solo ha bajado de 13.25% a 10.75%. ¿Qué espera para hacerlo?!

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ADENDA: Asombra el doble discurso de quienes exigen reducir el déficit fiscal pero apoyan la exigencia de los empresarios del transporte de que el gobierno no suba el precio del diesel. No sorprende porque son los mismos que lo tuvieron congelado y crearon el problema.

MAURICIO CABRERA GALVIS

Publicado en CAMBIO

Cali,  Septiembre 7 de 2024

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Las Vigencias Futuras (VF) han sido en los últimos meses objeto de intenso debate y de críticas por dos razones principales: porque comprometen, por anticipado, recursos del presupuesto nacional, quitando capacidad de gasto al gobierno. En el caso de las VF para carreteras, porque están muy mal distribuidas entre las distintas regiones del país, llevándose Antioquia la mayor tajada. Las dos críticas son correctas.

De otra parte, ante la necesidad de liberar recursos ya comprometidos para el pago de concesiones, el gobierno ha planteado sustituir algunas VF con cobros por valorización, empezando por la vía Cartagena-Barranquilla, lo que ha generado una fuerte protesta de las fuerzas vivas de la Costa. En este caso la razón la tiene el gobierno.

VF: una deuda oculta que hay que pagar

Es evidente que las VF son decisiones que toma un gobierno y que comprometen los gastos de gobiernos futuros, los cuales no tienen alternativa distinta a honrar esos compromisos. En ese sentido, son un factor importante que contribuye a la inflexibilidad del gasto público, tal como lo hacen los compromisos de servicio de la deuda.

En realidad, las VF son una operación de maquillaje fiscal, que se hace con la bendición del FMI, pues son una deuda escondida de las finanzas públicas que no se contabiliza como tal, pero que muchas veces son obligaciones contractuales tan exigibles como un pagaré. Además, los pagos de las VF tampoco se registran como servicio de la deuda, sino como inversión pública.

Las cifras son aterradoras. En 2023 el gobierno nacional tenía compromisos de VF hasta el año 2053 por valor de $194 billones. Como la deuda pública a finales del año pasado ascendía a $816 billones, si las VF se contabilizaran como debe ser, la deuda crecería un 24% y habría llegado al 67% del PIB, rompiendo todos los límites de la regla fiscal.

La limitación al gobierno de turno es enorme. Para el período 2023-2026 los gobiernos anteriores aprobaron VF para inversión por valor de $63 billones, que representan cerca del 20% de los giros de inversión pública para esos años. Con razón, el presidente se queja de que no tiene plata para sus programas de inversión.

Inequidades regionales

En cuanto a la distribución regional de las VF, en materia de carreteras sí hay una clara concentración en Antioquia, pues mientras las VF aprobadas para 19 carreteras 4G asciende a $50.2 billones, los 7 proyectos construidos en Antioquia se llevaron $22 billones, es decir el 43.6%.

La situación es diferente al mirar el total de VF comprometidas para inversión ($194 billones), pues Bogotá va a recibir $62.7 billones para las dos líneas del Metro y la troncal de la calle 13. Esto es más plata que toda la asignada a las carreteras 4G y equivale a la tercera parte del total. 

¿Quién debe pagar por las concesiones? 

Hay tres posibles respuestas a esta pregunta: La primera que, como las carreteras son bienes públicos, las debe pagar el Estado, y el mecanismo para hacerlo son las VF; la segunda que, como no todos los colombianos las usan, las deben pagar solo quienes transitan por ellas y entonces el mecanismo son los peajes; la tercera, que como aumenta el valor comercial de los predios aledaños a las carreteras, las deben pagar los dueños de esos predios y el mecanismo es la contribución de valorización.

La triste realidad colombiana es que la gran mayoría de la gente piensa que es el Estado el que debe pagar, y no solo por las carreteras, sino por muchos bienes y servicios. Es el Presupuesto Nacional el que debe pagar por el subsidio al diesel, así como por las pensiones, la salud o las tarifas eléctricas, por no citar sino unos cuantos casos recientes. Lo que se olvida es que la plata del Estado no nace en los árboles, sino que viene de los impuestos de todos, que acaban pagando por los subsidios o beneficios a grupos privilegiados de la población.

Las tres opciones existen en la legislación colombiana, pero en las carreteras de 4G solo se han usado sobre todo las vigencias futuras y un poco los peajes. La inversión y el mantenimiento de las 19 concesiones es de $80 billones, de los cuales el 63% ($50.2 billones) se va a pagar con VF, y solo el 37% ($29.8 billones) se cubrirá con peajes. Hay diferencias grandes porque, por ejemplo en la Autopista al Mar 1 en Antioquia, las VF van a cubrir el 90% del costo de la inversión, mientras que en la Transversal del Sisga solo el 35%.

La Ley 819 de 2016 define la Contribución Nacional de Valorización como “un gravamen al beneficio adquirido por las propiedades inmuebles, que se establece como un mecanismo de recuperación de los costos o participación de los beneficios generados por obras de interés público o por proyectos de infraestructura, la cual recae sobre los bienes inmuebles que se beneficien con la ejecución de éstos.

La protesta conta el cobro de valorización en la Costa, lo mismo que la rebelión de las comunidades en otras regiones cuando se han tratado de instalar nuevos peajes, tiene una consigna clara: ¡Que pague el Estado, es decir, los demás colombianos!.

No tiene justificación que los propietarios que se han beneficiado con el incremento del valor comercial de la propiedad no aporten en la construcción de obras, que si bien son de  interés público, contribuyen al mejoramiento de la infraestructura de sus propiedades y de su región. 

Lo único malo del cobro por valorización es que no se haya utilizado antes y, por supuesto, debe aplicarse en todo el país y no solo en la Costa Atlántica.

*          *          *

Coletilla: A propósito de equidad regional, ¿qué dirán en el Valle del Cauca, donde la concesión de la Nueva Malla Vial del Departamento se va a financiar 100% con peajes, y 0% de VF?; y el suroccidente del país que para la conexión a Buenaventura y a todo el sur del continente solo tienen 3 proyectos financiados con VF por un valor de $12 billones (el 7% del total)?

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en la revista CAMBIO

Agosto 24 de 2024

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Que constituyente sí, que constituyente no, que sí se necesita, pero no se puede, que sí se puede, pero no se necesita. Qué debate tan estéril e inútil, que además nos está distrayendo de discutir y trabajar en los verdaderos problemas del país.   

Afortunadamente en medio de tanto discurso vociferante y opiniones politizadas de lado y lado, también hay voces ponderadas y reflexivas que ayudan a poner las cosas en su sitio y plantear los temas de fondo que debe afrontar el país. Es el caso de las declaraciones del nuevo Ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, que además tienen la ventaja de reflejar la posición oficial del gobierno, porque se dan después de una larga conversación entre el presidente y el ministro, donde se debieron acordar prioridades. 

El ministro sí habló de constituyente, también de reformas constitucionales, de diálogo y acuerdo nacional y del Acuerdo de Paz de La Habana, pero en el orden inverso, definiendo así las prioridades que tendrá su gestión, que ojalá se convirtieran en la hoja de ruta de la política nacional y el presidente la siga, porque aquí el orden de los factores sí altera el producto. 

La implementación del acuerdo de paz 

Su primera prioridad, dijo y repitió en todas las entrevistas que le han hecho, no es la constituyente sino impulsar la implementación del Acuerdo de Paz del 2016. Para ello, aún antes de posesionarse ya se está reuniendo con los equipos que trabajan el tema de la paz, analizando el estado de la implementación, los logros alcanzados, y los retos del Plan Marco de Implementación y su revisión.  

Muy significativo, además, que el ministro haya reconocido que para avanzar en el Acuerdo no se requieren nuevas leyes, tampoco una reforma constitucional y mucho menos la convocatoria de una constituyente. 

Esto no es un capricho, ni un interés personal por haber participado en las negociaciones con las FARC y en el trámite de las leyes que de allí se derivaron. Es una obligación constitucional del Estado colombiano que el propio presidente ha denunciado que no se está cumpliendo, que sufrió un retraso absurdo en el gobierno anterior que quiso hacer trizas el Acuerdo, y que en éste se ha ralentizado, entre otras cosas por la eliminación de la Consejería del Posconflicto que dejó el proceso, sin una coordinación real entre las entidades del gobierno y los entes territoriales. 

Entre los puntos del Acuerdo que están estancados están los PDETs, Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial de 170 municipios, la ejecución del Plan de Sustitución Social de Cultivos Ilícitos y la reforma rural integral junto con el catastro multipropósito.  

Los tres puntos están relacionados: Respecto del primero, la inversión y la presencia del Estado en esos territorios ha sido muy inferior a la prevista, lo cual ha paralizado la sustitución de cultivos ilícitos y permitido el aumento de las áreas sembradas de coca, pues es la única posibilidad de subsistencia para miles de campesinos que tampoco han visto realizar sus esperanzas de acceder a la tierra prometida con la reforma agraria.  

Además, es claro que el deterioro de las condiciones de seguridad, el aumento de la violencia y la actividad de grupos armados en estos territorios se han hecho posibles por la falta de presencia del Estado. ¡La Paz Total requiere la implementación del Acuerdo de 2016, y que cesen los asesinatos de sus firmantes! 

Las reformas constitucionales 

Cristo ha señalado que el país necesita urgentemente tres reformas: la reforma política y del régimen electoral, la reforma la justicia y la reforma del ordenamiento territorial. No bastan nuevas leyes para hacer las modificaciones necesarias al régimen legal colombiano en estos campos, sino que son necesarias reformas constitucionales. Esa es su opinión que muchos compartimos y otros no. Pero no se trata de imponerla desde el gobierno, sino de buscar un consenso nacional sobre lo que se debe hacer en estos campos. 

La reforma política está planteada en el punto 2 del Acuerdo de 2016, y el año siguiente se trabajó un proyecto concertado con la mayoría de las fuerzas políticas pero que no se concretó. Aunque se ha avanzado con el estatuto de la oposición, quedan otros pendientes como el del Consejo Nacional Electoral y el régimen de partidos (no podemos seguir con 37 pseudo partidos con personería jurídica), que permitan tener una democracia más transparente. 

Lo mismo pasa con la reforma a la justicia. La Comisión convocada por el exministro Osuna tiene propuestas concretas, pero falta incluir temas de orden constitucional como las funciones electorales de las altas cortes, o la comisión de aforados que tumbó la Corte Constitucional en el 2015. 

Y el tema del ordenamiento territorial es uno de los que el ministro viene trabajando desde hace tiempo. Su partido político, En Marcha, presentó una propuesta de reforma constitucional sobre la autonomía territorial y el Sistema General de Participaciones, que permita la descentralización efectiva del país. 

Ante temas tan sustanciales como éstos, la segunda prioridad del ministro es promover un amplio proceso de diálogo con todas las fuerzas políticas, los sectores sociales y empresariales para buscar un Acuerdo Nacional sobre esas reformas y cómo realizarlas. Sólo si se logra este Acuerdo, será posible adelantarlas. 

¿Y de la constituyente que? 

La conclusión de la posición expresada por el ministro es que primero hay que acordar las reformas, y segundo la forma de realizarlas que en todo caso, debe hacerse de acuerdo con los procedimientos de reforma establecidos en la Constitución del 91, es decir Actos Legislativos, Referendo o Asamblea Constituyente.  

En cualquiera de los tres caminos es indispensable el paso por el Congreso de la República, lo cual solo será posible si se ha construido el consenso político. 

En otras palabras, si se acuerda que la Asamblea Constituyente es necesaria, este será el punto de llegada y no el de partida; es decir que no se trata de convocar una Constituyente para imponer unas reformas, sino de acordar esas reformas y después decidir cómo se deben aprobar.  

Si se realizan estas prioridades del ministro Cristo, será posible superar los debates inútiles y concentrarnos en los problemas urgentes e importantes del país. 

Mauricio Cabrera Galvis 

Publicado en la revista CAMBIO, Colombia 

Cali, julio 6 de 2024 

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Oye Máchuchal, dámele esta gente

De café negro una taza y todo el mundo pa’ su casa

No hay cama pa’ tanta gente

Gran Combo de Puerto Rico

En medio del candente debate político sobre la reforma a la salud, se presta poca atención al principal problema del sistema en Colombia: no hay recursos suficientes para atender todas las solicitudes de salud de la población. ¡no hay cama pa’ tanta gente!, como cantaba el Gran Combo de Puerto Rico.

Cuando se habla de recursos para la salud, la plata es el principal faltante pero no el único; para una respuesta rápida y total a las demandas de 50 millones de colombianos se necesitan más médicos, enfermeras, personal auxiliar, puestos de salud, camas de hospital, equipos de cirugía y de diagnóstico, insumos hospitalarios, medicamentos, etc.

A pesar de gastar en salud cerca del 8% del PIB, Colombia no tiene la cantidad suficiente de ninguno de esos recursos para garantizar el derecho universal a la salud. Si sirve de consuelo, ningún país del mundo los tiene, ni siquiera aquellos que gastan mucho más que Colombia.

LOS DILEMAS DE LA SALUD

¿Qué hacer cuando los billones de pesos que se gastan en salud no alcanzan para satisfacer todas las demandas de salud de la población? No se trata solo de un problema económico sino que implica complejos dilemas éticos. El más angustioso, que se vivió en la pandemia del Covid, es el de médico con un solo respirador disponible y dos pacientes que lo necesitan con urgencia. Tiene que decidir a quién le asigna el recurso escaso (el respirador), lo que implica decidir quién va a vivir y quién va a morir.

Menos dramáticos, pero más cotidianos, son casos como las cirugías en que no hay urgencia de vida o muerte, o exámenes diagnósticos que pueden esperar, los que se resuelven con listas de espera incómodas para los pacientes pero inevitables cuando no hay suficientes equipos o cirujanos especializados. Por eso comentaba la semana pasada que en los países europeos algunas cirugías deben esperar 6 o 9 meses.

Otros son aquellos dilemas que debe resolver el Estado. ¿Debe el sistema pagar por un multimillonario tratamiento experimental contra el cáncer que si tiene éxito puede prolongar unos meses la vida del paciente, o dedicar esos recursos a campañas masivas de prevención del cáncer de mama que pueden salvar la vida de miles de mujeres? Una pregunta similar es más fácil de responder cuando se trata de tratamientos estéticos o procedimientos que pueden hacer más agradable la vida del paciente, pero que no son indispensables.

Cuando la Corte Constitucional unificó los planes de salud y reiteró el carácter fundamental del derecho a la salud, fue muy clara en señalar que este comprendía “el nivel más alto de salud posible dentro de cada estado”; es decir que no era infinito y que había casos y procedimientos que no estaban cubiertos. El problema radica en que no hay un criterio objetivo y absoluto para decidir cuáles si y cuáles no, y cada vez se multiplican más y más las demandas por nuevos servicios, medicamentos y procedimientos.

EL RACIONAMIENTO DE RECURSOS ESCASOS

Cuando la demanda de cualquier bien o servicio es mayor que la oferta disponible, se produce algún tipo de racionamiento y asignación de los recursos escasos. En el caso de la salud se da de varias formas; la más brutal es la del capitalismo salvaje que predominó en Estados Unidos hasta la ley del Obamacare: solo tienen acceso a los servicios los que pueden pagar por ellos.

Cuando el Estado es quien responde por el derecho universal a la salud pero los recursos no son suficientes, como sucede en los países europeos, la forma de racionamiento son la colas y los tiempos de espera. Por eso, según datos de la OECD para 2020, en España un paciente debe esperar 129 días para un reemplazo de cadera, y 142 días para un reemplazo de rodilla; mejor que en Portugal donde son 241 y 300 días respectivamente. En Chile el 90% de los pacientes tuvieron que esperar más de 3 meses para estas cirugías.

Dos tendencias agravan el déficit financiero del sistema de salud y la necesidad de algún tipo de racionamiento: el primero, que cada día hay tecnologías y medicamentos nuevos que son más costosos que los anteriores. El segundo, que la demanda de servicios ha crecido mucho más rápido que el aumento del PIB, por factores como el envejecimiento de la población, la ampliación de procedimientos cubiertos por el sistema o los abusos de los usuarios. Así, en lo corrido del siglo la demanda de servicios per cápita ha crecido cerca del 40%.

Entre 2019 y 2022 el número de atenciones tramitadas por las EPS (desde medicamentos y consultas médicas hasta trasplantes de corazón) pasó de 714 millones a 784 millones; además la siniestralidad (la relación entre las primas recibidas y los eventos atendidos) en estos años pasó del 90% al 112%. Esto ha llevado a que los cerca de $90 billones que reciben las EPS en el año sean insuficientes para los pagos que tiene que hacer a las IPS, y tengan pérdidas que para los últimos años se estiman en $8.2 billones.

Además de estos factores ciertos y difíciles de controlar que aumentan la demanda hay otros que si deben ser puestos en cintura como son los abusos y fraudes al sistema de salud. Abusos como los precios de ciertos medicamentos, o la facturación de procedimientos innecesarios.

Los fraudes son aberrantes: según una investigación de la Fiscalía 15 clínicas cobraron por medicamentos y procedimientos de alto costo por $21.000 millones por pacientes inexistentes.. En el caso del SOAT mediante falsos accidentes de tránsito, cobros excesivos en procedimientos médicos, sobrecostos en material de osteosíntesis, cobros dobles, o cargos de varios accidentes a una misma póliza se han robado cerca de $500.000 millones.

Ante la dificultad de dedicar más recursos para la salud, una prioridad de política debe ser la búsqueda de la eficiencia en el uso de los recursos disponibles y el control estricto de los usos y abusos del sistema, sobre todo en las IPS que es donde llega más del 90% de la plata.

El debate sobre las EPS no resuelve el problema. Se equivoca el gobierno cuando piensa que acabándolas va a ahorrar plata para disminuir el déficit; se equivocan quienes las defienden pensando que manteniéndolas como están el sistema de salud va a funcionar mejor. Mientras no se destinen nuevos recursos para el sistema y se haga un esfuerzo por controlar los excesos y los abusos del gasto, la alternativa para muchos pacientes será la que cantaba el gran Combo: Pa’ fuera, pa’ la calle.

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en la revista CAMBIO, Colombia

Cali, Junio de 2024

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“Mitigar el riesgo de extinción (de la humanidad) derivado de la Inteligencia Artificial (IA)  debe ser una prioridad mundial, junto con la mitigación de otros riesgos que amenazan a la sociedad como las pandemias o la guerra nuclear”. 

Afirmar que la IA es tan peligrosa para el futuro de la humanidad como una guerra nuclear parece una exageración dicha por algunos ambientalistas radicales o por nostálgicos de un pasado pastoril que se oponen a las nuevas tecnologías. Lo sorprendente es que se trata de una declaración firmada por más de 600 de los expertos que han desarrollado la IA o la conocen muy bien, incluyendo a Bill Gates, al creador del famoso ChatGPT y a los presidentes de las tres compañías líderes en IA, OpenAI, DeepMind y Anthropic. 

Estos expertos señalan cuatro grupos de riesgos catastróficos que tiene la IA: Su uso con fines malintencionados, la velocidad de su desarrollo que hace casi imposible controlarla, que se prioricen las utilidades sobre la seguridad y que la autonomía de la IA la lleve a tomar decisiones equivocadas. Estos riesgos están interconectados y “pueden amplificar otros riesgos existenciales como la creación de pandemias, guerras nucleares, totalitarismo o ciberataques a infraestructura crítica”. 

Hace unas semanas analicé la amenaza que puede representar la IA para los empleos y los ingresos de millones de personas, pero el peligro va mucho más allá del mercado laboral, impactando el funcionamiento de la sociedades tanto en sus sistemas democráticos, como en las relaciones sociales por los cambios en la distribución de la riqueza. 

Las amenazas para la democracia 

Muchos analistas creen que la IA puede debilitar el tejido social y socavar los sistemas democráticos que aún existen en el mundo, imponiendo una especie de “algocracia”, que sería la forma de gobierno donde los algoritmos son los que toman las decisiones. 

Le pregunté a los tres chats de IA más usados (Chat GPT, Gemini 1.5 y Copilot), que dirían de ellos mismos, sobre los riesgos que puede representar la IA para la democracia. Esta fue su respuesta con los principales riesgos que identificaron: 

  1. Aumento de la Desigualdad Digital: La adopción desigual de la IA puede ampliar la brecha digital, dejando a algunos grupos socioeconómicos marginados y sin acceso equitativo a la participación política en línea. 
  1. Manipulación de la Opinión Pública: Los algoritmos de IA pueden ser utilizados para manipular la opinión pública y difundir propaganda política, socavando la integridad de los procesos democráticos. 
  1. Concentración del Poder: el desarrollo y la difusión de la IA pueden concentrarse en las manos de muy pocas corporaciones y gobiernos, lo que puede conducir a una nueva forma de tiranía. 
  1. Vulnerabilidad a Ataques Cibernéticos: Los sistemas de IA en la infraestructura electoral pueden ser vulnerables a ataques cibernéticos, comprometiendo la seguridad y la legitimidad de los resultados electorales. 
  1. Pérdida de Privacidad: El uso extendido de la IA en la política puede implicar una mayor vigilancia y recopilación de datos personales, erosionando la privacidad de los ciudadanos y generando preocupaciones éticas. 
  1. Barreras Éticas y Sesgos Algorítmicos: Los sistemas de IA pueden estar sujetos a sesgos algorítmicos y decisiones éticamente cuestionables, lo que puede conducir a la discriminación y a la injusticia en los procesos políticos y democráticos. 

Una mayor concentración de la riqueza. 

Según el estudio del FMI (Gen-AI: Artificial Intelligence and the Future of Work) la IA puede generar un importante aumento de la productividad y de la producción, pero un cambio mucho más pequeño en la distribución de los ingresos provenientes del trabajo: un aumento del Gini de los ingresos menor al 1% en los países donde hay una gran complementariedad de la IA con la mayoría de los empleos.  

Por el contrario, el impacto sobre la distribución de la riqueza sí es significativo: en todos los escenarios, el Gini de la riqueza tiene un impresionante aumento de alrededor de 7 puntos porcentuales, porque las mayores utilidades provenientes de su uso se concentran en unos pocos -en los propietarios de las empresas desarrolladoras de IA, o de las que la usan con mayor intensidad, así como en los altos ejecutivos de las mismas. Con razón señala el estudio del FMI que este efecto puede ser aún mayor en países donde ya hay una alta concentración de la riqueza, como sería el caso de Colombia. 

El otro impacto que no se puede menospreciar es el de los cambios en la distribución del ingreso y la riqueza entre países, ya bastante desigual. Con la IA es posible que una parte de la producción de bienes que se había desplazado a países en desarrollo, vuelva a los países industrializados (reshoring), lo cual impulsará el retorno de capitales y empleos a estos últimos. El caso más citado es el de los call centers

En una nota final del estudio del FMI que sorprende porque usualmente es poco atento a los aspectos políticos de sus recomendaciones, se alerta por las implicaciones de política económica: “La historia muestra que las presiones económicas pueden conducir a conflictos sociales y exigencias de cambios políticos. Garantizar la cohesión social es prioritario. Las políticas oficiales deben promover la integración ética y equitativa de la IA…” 

* * * 

La conclusión no puede ser impedir el desarrollo de la IA, lo cual no solo es imposible, sino que implicaría prescindir de sus aportes positivos a la sociedad, a la economía y a la misma democracia. El objetivo debe ser fortalecer la gobernanza mundial de la IA, creando instituciones públicas que la orienten al bien común. 

Para ello se requiere una estrecha cooperación internacional que desarrolle marcos regulatorios apropiados, para que las nuevas tecnologías funcionen con apertura y neutralidad, como sucede con Internet, se controlen los monopolios y los riesgos de seguridad y se asegure que las innovaciones sean éticas, transparentes y reguladas para que las máquinas no terminen controlando nuestras vidas y para que no aumenten las desigualdades sociales.. 

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en  Revista CAMBIO 

Abril, 2024

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Según las nuevas proyecciones de la demanda mundial de energía que comenté en una columna anterior, el uso del petróleo y el gas va a seguir creciendo por lo menos hasta el año 2050.

Esta afirmación suscitó dos tipos de comentarios de mis pacientes lectores: uno sobre la comparación con otras proyecciones que muestran un menor crecimiento de los hidrocarburos y otro sobre cuál debe ser la política petrolera de Colombia ante estas perspectivas.

Como afirma el dicho atribuido al premio Noble de física Niels Bohr, es muy difícil hacer predicciones sobre el futuro; existen varios escenarios con diferencias significativas de lo que puede ser la demanda de hidrocarburos en las próximas décadas. Todos coinciden en un crecimiento acelerado de la oferta de energías renovables (sol, viento, biomasa y otras), pero la principal divergencia está en el pronóstico de la demanda mundial de energía.

Las proyecciones de la demanda de energía.

Mientras la oficina de Administración de Información de Energía (EIA) de Estados Unidos proyecta que la demanda total de energía va a crecer 34% hasta el 2050, la Agencia Internacional de Energía (IEA) estima que, con las políticas actuales, va a ser solo de 21%. Tamaña diferencia explica por qué para la EIA el uso del petróleo y del gas va a seguir aumentando hasta 2050, mientras que para la IEA solo lo hará hasta mediados de la década de 2030.

Para ambas agencias el uso de las energías renovables será similar en 2050; unos 245 trillones de BTUs, igual al de la energía nuclear. Las diferencias están en la evolución del uso de las otras fuentes. Así, para la IEA el consumo de carbón va a disminuir 40%, mientras que para la EIA solo lo hará en un 10%.

En cuanto a petróleo y gas, la IEA proyecta que su consumo hacia el 2050 será prácticamente similar al del 2023, mientras que la EIA sí cree que va a aumentar, en ambos casos, un 22%.

Nadie puede decir cuál de las dos proyecciones es la más acertada, pero sin ser experto en el tema, me parece que son sólidas las tres razones que da la EIA para justificar el mayor crecimiento: el aumento poblacional, el mayor uso de energía en los países pobres y de ingreso medio y el incremento explosivo de los centros de datos y de la inteligencia artificial (IA).

En los escenarios de la EIA, si se asumiera que en los países desarrollados no va a aumentar la demanda de energía, a pesar de un aumento de la población del orden del 10% en el período, y que toda la mayor demanda vendría de los países en desarrollo, el consumo mundial de energía crecería un 28%. Y si las energías renovables crecieran un 10% adicional, aun así, el uso de hidrocarburos no disminuiría antes del 2050.

Dos argumentos adicionales para pensar que el uso del petróleo y del gas no va a disminuir antes del 2050. Uno, aún en las mismas proyecciones de la IEA, crece hasta 2035, y si bien después empieza a disminuir, en el 2050 será similar al del 2023. Dos, aunque el crecimiento de la demanda de energía fuera menor, lo que esto implicaría sería un menor uso del carbón que es el hidrocarburo más contaminante, de manera que el uso del petróleo y el gas no se reduciría.

La política de transición energética en Colombia.

Son varias las implicaciones para la política de transición energética en Colombia: primera, como se trata de una transición energética justa, a diferencia de los países desarrollados, nosotros tenemos que aumentar la oferta de energías para que puedan tener acceso a electricidad y a medios de transporte los millones de colombianos que hoy no lo tienen. Por supuesto hay que hacerlo con fuentes de energía limpias, pero es indispensable utilizar también el gas.

Segunda, si el resto de mundo va a continuar utilizando petróleo y gas, Colombia tiene que seguir explorando y produciendo; no tiene ningún sentido que nosotros dejemos de producir el mínimo 0.7% de la oferta mundial de petróleo, para que este sea reemplazado por los árabes, Venezuela o Guyana, sin ningún beneficio para el planeta.

Tercero, debemos aumentar la exploración y producción de gas natural para garantizar el abastecimiento del país y ojalá para poder desarrollar una industria de exportación de gas licuado (LNG) que es el combustible que más crecerá en el mercado mundial. Además, debemos prepararnos para la caída de las exportaciones de carbón, que han llegado a ser más de USD 10.000 millones, porque el consumo mundial de este combustible sí va a disminuir en todos los escenarios.

MAURICIO CABRERA GALVIS

Artículo publicado en CAMBIO, Colombia

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Dos amenazas se ciernen sobre el proceso de creación de empleo y, por lo tanto, sobre las posibilidades que van a tener las grandes mayorías de la población de encontrar empleos decentes que les proporcionen ingresos para una vida digna: uno, la creciente automatización y el mayor uso de robots en los procesos productivos; dos, el desarrollo de la inteligencia artificial generativa (Gen-IA) que es capaz de generar productos y contenidos que reemplazan a los humanos. Es lo que se ha denominado la cuarta revolución industrial:

 “La automatización va a destruir millones y millones de empleos”. “Con la inteligencia artificial cada vez habrá menos trabajos que un robot no pueda hacer mejor, y esto representa un gran desafío social por el desempleo masivo que se va a crear”. Son afirmaciones de gente que sabe por qué lo dice.

La primera es de Harari, el historiador que ha analizado, con mucho acierto, las grandes tendencias de la humanidad; la segunda es de Elon Musk, no solo uno de los hombres más ricos del mundo, sino uno de los empresarios que más está impulsando el desarrollo de la inteligencia artificial.

Automatización y trabajos manuales

La utilización de máquinas para sustituir de manera más eficiente las labores realizadas por los trabajadores ha sido la característica central del desarrollo desde las épocas de la Revolución Industrial a finales del siglo XVIII. Pero siempre había sido un proceso de destrucción creativa, para usar el término de Schumpeter, es decir, a la vez que se destruían puestos de trabajo en algunos sectores, se creaban otros nuevos en otras industrias.

Cuando una empresa compra maquinaria para automatizar su producción, despide trabajadores, pero las empresas que fabrican las máquinas tienen que contratar más trabajadores, lo mismo que las que les prestan servicios de mantenimiento y reparación. 

Por supuesto este ciclo de reemplazo es mucho menor en países como Colombia que solo producen maquinaria “simple” y que tienen que importar todas las nuevas tecnologías de automatización. La destrucción de empleo acá se traduce en creación de empleo en los países desarrollados productores de la maquinaria.

Ya hay estudios económicos que confirman y cuantifican estas afirmaciones. En Colombia la semana pasada pasó desapercibido un comunicado de Fedesarrollo que reseña un estudio realizado por ese centro de investigaciones para el BID sobre los efectos de la automatización y el cambio tecnológico en el futuro del mercado laboral de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú.

La conclusión del estudio no puede ser más alarmante: “Seis de cada diez empleos en Colombia están en riesgo de automatización”. (exactamente el 58 %) Por supuesto, el riesgo es diferente según el sector y la profesión, siendo mucho más grande en aquellos empleos que involucran tareas repetitivas en la agricultura, la industria manufacturera y servicios administrativos, contables y de atención remota a clientes.

El impacto total en Colombia es cercano al promedio de los países estudiados, como se ve en el gráfico, pero es mucho mayor en el personal administrativo y en los trabajadores de servicios, mientras que en los otros cuatro países andinos el impacto más grande es en los trabajadores agrícolas.

Inteligencia artificial y trabajos profesionales

Otro documento muy reciente es del FMI (Gen-AI: Artificial Intelligence and the Future of Work), y sus conclusiones son todavía más preocupantes. Su punto de partida es optimista, pues reconoce que la nueva revolución tecnológica va a aumentar la productividad, acelerar el crecimiento y aumentar la riqueza, pero según palabras de Kristalina Georgieva la directora del FMI,  al mismo tiempo “va a destruir empleos y aumentar la desigualdad”.

Al cuantificar encuentran que el 40 % del empleo mundial está amenazado por la IA, con un agravante pues mientras la automatización tradicional reemplazaba trabajos manuales con actividades rutinarias, la IA va a reemplazar empleos calificados y de profesionales. Por esa razón, en los países desarrollados hasta el 60 % de los trabajos van a ser impactados por la IA, mientras que en las economías emergentes solo el 40 %, y en los países más pobres el 26 %.

El proceso es este: un grupo de trabajadores y profesiones van a aumentar su productividad utilizando la IA y, en consecuencia, aumentarán sus salarios. Por el contrario en otros sectores la IA va a empezar a realizar funciones y trabajos que se creía eran exclusivos de hombres y mujeres, con lo cual la demanda por estos trabajadores va a disminuir, reduciendo el empleo y los salarios.

Ya no se trata solo de la automatización de cadenas de producción sino de robots que sin necesidad de una persona que los maneje cuidarán enfermos, enseñarán en las escuelas patrullarán las calles, atenderán las recepciones de edificios y oficinas, o llevarán la contabilidad de las empresas; se trata de buses y taxis sin conductor o, lo más escalofriante, de robots soldados equipados para matar a su propia discreción. 

Las consecuencias sociales de estas tendencias son muy graves, y no se reducen a un descomunal incremento de la desigualdad. Harari dice que mientras que con la revolución industrial surgió una clase social proletaria, con  la IA va a surgir una nueva clase social inútil para el sistema económico y social, por lo cual la lucha de los trabajadores no será contra la explotación sino contra la irrelevancia. Es mucho peor ser irrelevante que ser explotado.  

A finales del siglo pasado de la escritora francesa Viviane Forrester dijo en su libro  El horror económico que  “si hay algo peor que la explotación del hombre por el hombre es la ausencia de explotación”.

Musk afirma algo similar, lo cual no deja de ser sorprendente. Para él el problema económico del desempleo masivo se puede resolver con una renta básica universal que el Estado entregue a todos, aunque no dice de dónde va a salir la plata para pagarla, pero el reto más grande es cómo darles significado a la vida de personas que se sienten inútiles. Sin trabajo se pierde el sentido y el significado de la vida.

El problema no son los robots ni la IA. Es muy bueno que haya cada vez más personas liberadas de tareas rutinarias y repetitivas, y así tengan mas tiempo para sus familias, la diversión y la cultura. El problema es quiénes serán los propietarios de esas máquinas que se pueden apropiar de la enorme plusvalía que generan, mucho mayor que la de un trabajador común y corriente. Si los dueños van a ser unas pocas megacorporaciones multinacionales, con el monopolio de esa tecnología no habrá régimen de impuestos, ni siquiera las propuestas de Piketty, que pueda atajar el crecimiento de la desigualdad.

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en Revista CAMBIO -Colombia

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En la jerga de los financieros, 200 puntos básicos (p.b.) es lo que para el resto de los mortales es un 2%. Cualquiera sea la forma como lo quiera uno llamar, este es el monto que la Junta del Banco de la República debería bajar la tasa de interés de política monetaria (TBR) en su próxima reunión de fin de mes.

Nadie se atrevería a afirmar hoy que el Banco no debe bajar su tasa. Lo que se discute es el tamaño y la velocidad de la reducción. De hecho, la mayoría de los analistas esperan una rebaja entre 50 a 75 p.b., pero en las circunstancias actuales de la economía eso sería muy poco, por varias razones.

LA INFLACIÓN BAJA, LA TBR NO

Para empezar con el argumento que más le importa a la Junta del Banco: la inflación ha bajado mucho más rápido de lo esperado, mientras que la tasa de interés se ha quedado pegada del techo, de manera que hay bastante espacio para la reducción.

En efecto, la variación del IPC (línea verde del gráfico) alcanzó un punto máximo de 13.3% en marzo del año pasado y, desde entonces, inició un proceso descendente con disminuciones todos los meses; se espera que al final de este mes se ubique alrededor de 7.4%, es decir una caída de casi 600 p.b. (para hablar como los financieros) en 12 meses. Por su parte, el máximo de la TBR (línea azul del gráfico) fue de 13.25% en mayo de 2023, y desde entonces la Junta solo se ha movido dos veces para bajarla a 12.75%, es decir solo 50 p.b.

Como consecuencia, hoy la diferencia entre la tasa de interés y la de inflación es de casi 5.5%, y sería aún más alta si se tomaran en cuenta las expectativas de inflación. Es una postura de política claramente contractiva -la más contractiva en lo que va corrido del siglo- que algunos podrían justificar aduciendo que la inflación está todavía por encima de la meta del Banco, que está en un rango entre 2% y 4%. Sin embargo, resulta excesiva si se toman en cuenta las tendencias de los precios y el estado de la economía.

Cuando la inflación es de costos, la subida de las tasas de interés sí sirve para controlar el alza de precios, pero lo logra poniendo un freno de mano a la demanda agregada y, por lo tanto, al crecimiento económico. Es lo que ha pasado en Colombia el último año.

AD PORTAS DE LA RECESIÓN

La segunda razón para acelerar la baja de la TBR es porque el país está en riesgo de caer en una recesión. El indicador del DANE (línea roja del gráfico) mostraba que al cierre del año pasado la economía escasamente crecía al 0.1% anual, y según las mediciones de Bancolombia en este año, el nivel de actividad económica completa dos meses consecutivos en terreno de contracción (-1,6% y -0,6%, respectivamente), con caída en sectores tan importantes como la construcción, el comercio, y la industria.

Son dos las principales políticas contracíclicas que se pueden utilizar para reactivar una economía: la monetaria y la fiscal. En las actuales circunstancias, la primera, es decir la baja de la tasa de interés, es la que se puede y se debe utilizar. Al bajar el costo del crédito se va a estimular el consumo de los hogares, la compra de vivienda y de vehículos y, por supuesto, muchos proyectos de inversión volverán a ser rentables. En una palabra, se reactivará la demanda agregada, lo que jalona la producción.

El otro instrumento que es el gasto público está muy limitado por el tamaño del déficit fiscal y el aumento de la deuda pública, de manera que a pesar de los llamado de los gremios a que el gobierno gaste más, no se podría hacer este año sin romper la regla fiscal.

Hay una razón adicional para bajar la TBR, que no es menos importante: el alto nivel de las tasas de interés domésticas frente a las internacionales es un imán poderoso para la atracción de capitales golondrina que, al aumentar la oferta de dólares, está presionando a

la revaluación de la tasa de cambio que ya ha caído por debajo de los $3 900.

Esta revaluación está afectando a todos los exportadores, cafeteros, floricultores, industriales y hasta a Ecopetrol, pues se está reduciendo el valor de sus ingresos en pesos. El impacto más grande lo tienen aquellos que son intensivos en mano de obra, pues el aumento de los salarios ha sido mayor que la inflación doméstica. Desestimular estas exportaciones va a agravar la caída de la producción.

200 puntos básicos es la reducción inmediata que debe hacer la juta del Banco a su tasa de interés, pero es solo la primera de una serie de rebajas que este año deben llevar la TBR a una postura neutra respecto de la inflación, es decir a niveles del 6%.

Mauricio Cabrera Galvis

Artículo publicado en Cambio

Cali, marzo 16 de 2024

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¡Toda inflación es de vendedores! No es esta una afirmación para terciar en la polémica reciente sobre el papel de las utilidades empresariales en la inflación, sino una simple constatación empírica que, en el proceso de definir los precios de la mayoría de los bienes y servicios, los vendedores tienen la última palabra.

Tampoco es un juicio moral de buenos y malos. Los vendedores no suben los precios porque sean perversos, así como los trabajadores tampoco son malos cuando presionan por el alza de sus salarios. Todos son agentes que buscan su beneficio personal de acuerdo con las reglas del sistema económico, esperando que la mano invisible produzca el beneficio colectivo, pero en realidad requiere la mano visible de un Estado eficiente para corregir sus excesos.

Una aritmética sencilla y unos cuantos ejemplos sirven para comprobar que son los vendedores quienes suben los precios, con la salvedad de que también es cierto que son ellos quienes bajan.

Utilidades y espiral inflacionaria

Más allá de las sofisticadas estimaciones econométricas, una aritmética sencilla sirve para explicar el tema. Los factores que inciden en la determinación del precio de un bien son el costo de las materias primas, los salarios, los costos operativos y las utilidades. Suponiendo que se distribuyen como en la primera línea del cuadro para sumar 100, veamos qué pasa en el corto plazo cuando suben los insumos o los salarios.

En el caso (A), por la guerra de Ucrania, por la devaluación o por cualquier otra causa externa, el costo de las materias primas subió un 20% de 50 a 60, y en el corto plazo los salarios y los costos operativos se mantuvieron constantes. Entonces pueden ocurrir dos escenarios: uno que los precios no suban, para lo cual es necesario que las utilidades bajen

de 15 a 5; el otro, que los empresarios quieran mantener sus utilidades constantes, para lo cual deben subir los precios un 10% a 110, generando inflación y pérdida de poder adquisitivo para los trabajadores.

A veces sucede que ante la noticia de un aumento del 20% en el costo de los insumos, un empresario logre subir sus precios hasta en el mismo 20% (a 120), caso en el cual sus utilidades se incrementarían de 15 a 25, y los trabajadores perderían más. Es la pugna distributiva.

En el caso (B), por un aumento del salario mínimo se eleva este componente del precio de 20 a 25, y entonces tenemos los mismos dos escenarios del caso anterior: el aumento de salarios no se transmite a los precios, para lo cual las utilidades tienen que reducirse a 10, o suben los precios a 105 y hay inflación para que las utilidades se mantengan constantes.

La decisión de subir precios

La descripción anterior es una simple identidad contable que no dice nada de causalidades de la inflación ni de quién toma las decisiones de subir los precios. Unos ejemplos de la vida real ayudan a saberlo.

Un ejemplo de libro de texto. El campesino que sale loco de contento con su cargamento para la ciudad y va con su camioncito lleno de bultos de papa caucana a la central de abastos de Cavasa, preocupado porque su vecino le dijo que el día anterior la habían pagado a $50.000 el bulto. Sin embargo, en el radio oye la noticia de que después de que el pasó por Caloto hubo un bloqueo en la vía Panamericana y no dejaron pasar más camiones.

Cuando nuestro campesino llega a Cavasa, ve que son muy pocos los vendedores de papa y muchos los que quieren comprar, de manera que ya están ofreciendo a $60.000 por el bulto. El ve su oportunidad y decide que solo va a vender a $70.000; lo logra y a diferencia del jibarito de borinquen, no vuelve triste sino loco de contento para su hogar que es toda su ilusión. Había más demanda que oferta, pero la decisión de subir el precio la tomó el vendedor.

Otro vendedor de mayor tamaño, el gerente de una empresa avícola al que le avisan que los futuros de maíz se dispararon por una guerra en Europa y consulta a su junta directiva qué debe hacer con los precios de los pollos y los huevos. Unos le dicen que como tiene inventarios de maíz comprados a precios bajos puede esperar a que lleguen los nuevos embarques para subir los precios, pero la mayoría decide aprovechar la oportunidad y subirlos inmediatamente porque se sabe que los competidores lo van a hacer. Hay un incremento del costo de las materias primas, pero la decisión de subir el precio la tomó el vendedor y el gerente se ganó una bonificación por aumentar las utilidades.

A veces no es una decisión de personas sino de algoritmos, como es el caso de los tiquetes aéreos. El precio base de un tiquete Cali-Cartagena puede ser $150.000, pero las aerolíneas tienen sofisticados algoritmos para predecir, con base en las ventas y las consultas en sus páginas web, cuándo la demanda va a ser mayor que las sillas disponibles, y duplican o triplican los precios. Es un robot el que sube los precios, pero fue programado por los vendedores que tomaron la decisión de hacerlo así.

En el segundo ejemplo hay un choque externo que aumenta los costos, mientras que en los otros dos es el exceso de demanda el que presiona a la inflación, pero en los tres casos la decisión de subir los precios de los bienes o servicios es del vendedor, no porque sea una mala persona, sino porque actúa en el mercado como un agente racional que busca maximizar sus ganancias.

* * *

ADENDA: Van 412 firmantes de paz y 1.456 líderes sociales asesinados desde la firma del acuerdo en 2016. Para que no se olviden sus nombres ni se conviertan en simples estadísticas, Defendamos la Paz convocó a un emotivo duelo colectivo, con cajas vacías y flores blancas por cada uno de los asesinados, que es también un clamor por la Vida y por la Paz para que no continúe la matanza. ¡Para la guerra nada!

Mauricio Cabrera Galvis

Artículo publicado en Cambio

Cali, febrero 24 de 2024

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Esta es la crítica más leve que se puede hacer a la reciente decisión de la Junta del Banco de la República de rebajar de 13% a 12.75% su tasa de interés: ¡Se demoraron mucho en hacerlo, y la bajaron muy poco, solo 0,25%!

Hay que recordar que la tasa de intervención (TIB) es la herramienta que utiliza el Banco para controlar la inflación y mantenerla en su meta de 3% anual. Si la inflación sube por encima de esta meta (sin importar la causa) el Banco sube la TIB para enfriar la economía, disminuyendo el consumo y la inversión. Cuando se estanca la actividad productiva y la inflación baja por debajo de la meta, el Banco baja la TIB para estimular la economía, como lo hizo con éxito en la pandemia, cuando la inflación y la TIB llegaron a mínimo históricos de 1.5% y 1.75% respectivamente.

Desde marzo de 2021, la inflación comenzó a acelerarse por las secuelas de los problemas de transporte y contenedores que dejó la pandemia, por la invasión rusa a Ucrania que elevó el precio de los energéticos y por la escasez de alimentos y materias primas, agravada en Colombia por factores climáticos y de infraestructura vial; así llegó a un máximo de 13.3% dos años después.

Sin importar que las causas del rebrote inflacionario eran principalmente choques de oferta, la respuesta del Banco fue la tradicional de reducir la demanda para lo cual elevó la TIB en trece ocasiones hasta llevarla a 13.25% en mayo de 2023.

Desde que el Banco empezó a aplicar su política con el enfoque de la “inflación objetivo” es

la primera vez que eleva la TIB de una manera tan acelerada. El único episodio comparable sería lo ocurrido en 2014 y 2015, cuando la inflación pasó de 1.7% a 8.6 en 30 meses, pero el Banco solo subió su tasa de 3.25% a 7.25%

Muy tarde

La decisión del Banco es tardía por varias razones: primera, porque los dos últimos aumentos de la TIB los hizo el Banco cuando la inflación ya había bajado en más de 1%; segunda, porque mantuvo la TIB en su nivel máximo hasta diciembre del año pasado, es decir durante 8 meses, aunque en ese período la inflación se redujo cerca del 10%.

La última razón, y la más importante de todas, es que hace casi un año el Banco ya había logrado su objetivo de frenar el consumo y la inversión, y así enfriar la economía. En efecto, después de alcanzar un crecimiento del PIB de 7.3% en 2022, para abril del año pasado, el DANE reportaba una caída del 0.9% en su indicador de crecimiento de la economía, y el año cerró con un mínimo crecimiento de alrededor del 1%.

Es indiscutible el impacto de la subida de las tasas de interés sobre la actividad productiva. Por el encarecimiento de los créditos de consumo, los hogares están usando menos las tarjetas de crédito y compran menos bienes y servicios; la caída en las ventas de vehículos también se debe en buena parte al mayor costo de los créditos, y en el caso de la vivienda, se han dado miles de desistimientos de compradores de proyectos en planos ante la imposibilidad de cubrir el mayor valor de las cuotas.

Un indicador de esta caída de la demanda es el comportamiento de la cartera de créditos del sistema financiero. Descontando la inflación, la cartera comercial bajó 6%, la de consumo 11% y la de vivienda 3%. También los deudores han dejado de pagarle a los bancos, de manera que la cartera vencida se disparó 32% la comercial, 53% la de consumo y 25% la de vivienda.

Muy poco

También es tímida e insuficiente la decisión de bajar solo 0.25% la TIB. La diferencia con la tasa de inflación de enero será de 4.3%, que es la máxima registrada desde el año 2000. Y como no habrá decisiones de la Junta sino hasta finales del mes de marzo, y la inflación continuará descendiendo, esta diferencia se ampliará por encima del 5%.

No se puede argumentar que los bancos centrales son cautelosos al momento de modificar sus tasas de interés. El Banco ha sido mucho más agresivo cuando se trata de subir la TIB. En los dos últimos años la subió de un golpe 1.5% en dos oportunidades, y también 1% en 5 ocasiones. Tampoco se compadece ese mínimo cambio con las expectativas de inflación de los analistas, que para el 2024 se han reducido a 5.2%

Lo grave de ir tan lento es que el crecimiento seguirá frenado, pues el impacto de las menores tasas sobre la actividad económica tiene un rezago de unos 6 meses. Así las cosas, aún si el Banco acelerara la disminución de la TIB en los próximos meses, su efecto sobre las tasas de interés de la banca y, por lo tanto sobre la reactivación del consumo y la inversión, solo se sentirá al final del año.

El mismo Banco lo reconoce, pues su estimativo de crecimiento del PIB para 2024 es de solo 0.8%, lo cual es una profecía autocumplida pues en sus manos está estimularlo más si actuara más rápido.

MAURICIO CABRERA GALVIS

Artículo para CAMBIO

Cali, Febrero 3 de 2024

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