En nuestra tertulia de los jueves tenida el 12 de Marzo nos pusimos de acuerdo para conversar sobre la forma como cada uno estaba viviendo su longevidad. Costumbres, procedimientos, rutinas, aprendizajes, resultados, fue lo que compartimos, con mucha riqueza, respetando y admirando siempre nuestra diversidad. Te compartimos hoy el aporte de Bernardo Nieto…
Tengo 77 años. Desconozco cuántos más viviré en esta dimensión concreta, espacio temporal, desde la cual hago esta reflexión sobre cómo vivo junto a Myriam nuestros momentos, nuestros años presentes, y sobre cómo quiero vivir los que me queden.
- Vida espiritual.
Estoy casado con una mujer creyente. Con Myriam no nos hacemos muchas preguntas sobre dudas de fe, la iglesia, el misterio de la vida, el más acá o el más allá. La vida espiritual procuramos vivirla sencilla y sinceramente. No peleamos con lo evidente. Sentimos a Dios en nosotros y eso nos llena de serenidad, de alegría y de buen humor. Como regalo de la herencia ignaciana en la que crecí, cada día, al levantarme, procuro hacer conciencia de que mi vida se desarrolla en la presencia amorosa de Dios, mi Creador, Redentor, mi amigo y guía.
Sin mucho esfuerzo y sin hacerme líos sobre su presencia en este mundo, me siento constantemente en compañía de Jesucristo, guiado por su palabra y por el Espíritu Santo y sumergido plenamente en el fruto del Creador: este mundo maravilloso en el que tengo que demostrar con hechos, más que con palabras, que su redención en mí, en nuestro hogar, ha dado frutos y no ha sido estéril. Por eso cada día bendecimos la mesa al tomar los alimentos, damos gracias por lo recibido y respiramos en las manos de Dios. Cerramos el día con el rezo del rosario y con una linda experiencia de oración guiada por alguien en la aplicación “rezando voy”. Y pedimos perdón por los pecados que cometemos, por las ofensas hechas, por el bien que hemos dejado de hacer. Y, de verdad, dormimos en paz, bajo la mirada providente del Dios que nos ama.
En ocasiones, vemos algún documental sobre temas que nos interesan o sobre los que conocemos poco: historia de la iglesia, el origen de alguna costumbre o discusión religiosa, tierra santa, los lugares bíblicos donde tuvieron lugar revelaciones, hechos descritos en los evangelios o en algún texto bíblico. Asistimos a la Eucaristía semanal en nuestra parroquia y procuramos ser activos integrantes de una iglesia viva y orante.
En medio de las luchas políticas, las ambiciones y las guerras, oramos por la transformación de quienes toman esas decisiones absurdas y locas. Para vivir sin angustias, nos toca poner entre paréntesis esa absurda violencia y tratamos de obrar en coherencia con lo que somos y recibimos. Tenemos previsto asistir este año a una nueva jornada de oración en los ejercicios espirituales de San Ignacio, orientados por los jesuitas del CIRE.
Y “ahí vamos”, caminando despacio, mirando bien el piso para no meter la pata en alguna trampa y levantando la mirada para saber que vamos por el camino correcto. Nos gusta tener fe y sentir que no estamos solos en este mundo.
- Vida intelectual
No soy un voraz lector. Me gusta “rumiar” y digerir un texto, una idea que escucho en una presentación, en un video, en un “podcast” sobre algún tema interesante. Nos gusta leer juntos. Disfrutar y comentar un buen libro de un autor interesante. Histórico y con buena trama. La realidad política la observo con cuidado y, obviamente, con el filtro de lo que soy, de los valores que tengo, de las convicciones que hoy, luego de 77 años, se han fortalecido y afincado en mí. Procuro estar alerta a lo que se comenta, más allá de la farándula y de la opinión sin fundamento crítico o de la superficialidad de comentarios hechos a la ligera o como reacción a lo que un “gestor de opinión” transmite en cualquier medio de comunicación.
Como lo he comentado a mis amigos hasta el cansancio, para facilitar a millones de marginados y excluidos de la riqueza cultural contemporánea el aprendizaje de la lectura, la escritura y el cálculo matemático, estoy empeñado y comprometido y, cada vez con más posibilidades de éxito, en poner en circulación y al alcance de muchos, un producto audiovisual que aproveche las fortalezas y características de la inteligencia artificial generativa. Avanzo en este momento en la firma del contrato pertinente con una fundación humanista de alcance latinoamericano, con sede en Montevideo. Esperamos en este año tener resultados tangibles y validados con poblaciones marginadas en varios países y en varios idiomas. Me encanta participar en las charlas de los jueves, escuchar a personas interesantes, asistir a conferencias sobre temas novedosos o que me permitan entender esto que pasa, aunque no tenga mucho que hacer para cambiar el mundo en que me tocó vivir.
Este cultivar de mi actividad intelectual es algo natural en mí, pero sin estrés o intensidad. No soy un ratón de biblioteca, un inventor o un cusumbo solo que rumia sus divagaciones.
- Salud, deporte y recreación
Soy consciente de que cada aspecto de mi vida está integrado en un todo. El estado de mi salud, mi bienestar físico y emocional, inciden positiva o negativamente, en mis posibilidades de reflexión, de lectura, de investigación, de estudio y de aprendizaje. Por eso cuido mi salud, asisto a chequeos médicos regulares, como lo necesario y me gusta preparar los alimentos, duermo bien y hago deporte. Me considero activo, sin excesos.
Cuando trepo en bicicleta por una cuesta, voy despacio, sudo y me encanta. Nada extraordinario. Solo buen mantenimiento físico. Siempre andando por ciclo-rutas y a un buen ritmo cada semana “ruedo” unos 120 kilómetros, al menos 30 de subida exigente. Tengo identificadas mis rutas y lo hago con responsabilidad, sin locuras ni excesos. Mi frecuencia cardíaca, medida por los médicos, está por las 60 pulsaciones por minuto y mi tensión arterial está entre 90 y 60. Normal.
Considero que debo cuidar este instrumento corporal con el que me conecto conmigo mismo en mi conciencia y en mi espíritu y con todos los hechos y personas que me rodean. Cuando ya no sea seguro salir a “ruta” haré ejercicio en mi apartamento en una buena bicicleta estática. Respirar lenta y profundamente, además de repletarme de oxígeno, produce paz, permite cantar bien y reírse de buena gana, a carcajadas y sin accidentes vergonzosos. Aún no me han hecho cirugía de próstata. Todo está bien.
- El mundo musical
Está integrado con mi natural modo de ser, vibro con las buenas maneras de decir las cosas en canciones bellas. Mientras tenga alientos y pueda respirar para cantar, quiero experimentar la profunda armonía coral de Bach, Haendel, Beethoven, Mozart y Rutter, entre otros. A fuerza del ensayo semanal, cada vez me resulta más fácil seguir una partitura y. sin ser solista, me ponen a cantar con los tenores o los bajos, según la necesidad de nuestro coro. Siento profunda alegría por poder cantar cada semana con amigos y gente como yo en armonía de voces femeninas y masculinas. El coro es una actividad humana, gozosa, cultural y profundamente espiritual.
Cuando hay poesía en un joropo llanero, que me toca las fibras, saco el cuatro que siempre tengo junto a mí para tratar de cantarlo; busco la letra y me gusta seguir las melodías y los versos. Esa música llanera, romántica y que sale del alma, me conecta con la madre tierra, con el sentir de La Vorágine, con el olor del ganado, del río, de la llanura y el calor del que huyen las vacadas debajo de un morichal.
Y también me emociona el ataque de un buen tenor a los agudos del “Vinceró” final del “Nessum dorma” en el Turandot de Puccini o la alegría contagiosa del “Por fin te miro Ebro famoso” del coro de los Repatriados de Gigantes y cabezudos. Y escucho con gratitud la versión juvenil de Serrat en sus canciones “Mediterráneo”, “Pueblo blanco”, “La mujer que yo quiero” “Cantares”, “Recuerdos” y tantas expresiones profundas y valiosas.
Y me levanto con un grito a cantar “Yo me llamo cumbia” y “Soy colombiano” y cambio la estación radial cuando escucho el sonsonete ininteligible e insoportable de un reguetonero infame que, por más dinero que gane, jamás me podrá convencer de que eso es música y menos, que tiene la inspiración que nos conecta con la dimensión del creador del sonido y de la belleza.
En fin. Así paso mis días y así quiero pasarlos, hasta cuando me corresponda salir de esta dimensión de energía colapsada y me una a esa otra infinita y eterna en la que vibraremos al unísono, cuando volveremos al lugar de donde vinimos, lleno de amor, de alegría y de profunda serenidad.
Bernardo Nieto Sotomayor
Marzo de 2026

