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Jorge Luis Lalinde

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Trataré de ser lo más breve posible, pues es difícil resumir el aprendizaje obtenido desde que salí de Colombia, hace 49 años, durante los cuales tuve la oportunidad de conocer muchos y diversos sitios y personas de múltiples nacionalidades y culturas. 

Empezaré contándoles cómo y para dónde salí de Colombia: Al retirarme de la Compañía a principios de 1967, después del año de ciencias y antes de comenzar filosofía, logré ingresar a la facultad de ingeniería química de la Bolivariana en Medellín, gracias a una gran palanca que mi papá como ingeniero químico fundador de esa facultad tenía con Moncho, Monseñor Félix Henao Botero. 

La palanca fue necesaria porque un intento de entrar a la Nacional de Bogotá me resultó fallido, por la sencilla razón de que yo no sabía que era un seno… y mucho menos un coseno o tangente. Simplemente, quienes entramos de 15 años al noviciado sin terminar bachillerato, no tuvimos ninguna educación matemática. 

Mi primer trabajo en la industria fue en Polímeros Colombianos, productor de filamento y fibra de poliéster en Medellín, como ingeniero del grupo técnico. Esta experiencia fue mi trampolín para aceptar una oferta en San José, Costa Rica, en 1976, en una nueva planta de producción de hilo de poliéster, oferta que me significó un avance significativo en lo profesional y lo económico. 

Mi experiencia de 9 años en Costa Rica me sirvió como otro gran trampolín para obtener un trabajo en los Estados Unidos, en una compañía proveedora de un ingrediente clave para la producción de fibra sintética. Allí llegué a manejar el departamento de ventas internacionales, lo que fue un reto del tamaño del planeta. 

Ahora pasemos al tema concreto de lo que veo hoy día como puntos claves de aprendizaje al vivir en el exterior, lejos de la patria, familia, amigos, la arepa, los frijoles con chicharrón y la sopa de arroz con carne molida entre otros… 

1. Mi formación académica y disciplinaria en la Compañía fue el ingrediente clave que, a mi criterio, me permitió lograr éxitos en circunstancias y ambientes competitivos y difíciles. Uno como extranjero si quiere avanzar no puede ser como el promedio. Tiene que esforzarse y demostrar que tiene y entrega más que eso. 

2. Un cambio de país de residencia trae consigo puntos positivos y negativos. Como decimos familiarmente, unos por otros. Está en uno tener la actitud para aprovechar los positivos y no dejarse amedrentar por los negativos. 

3. Desempacar. Es decir, al llegar a un país nuevo a vivir, debe uno adaptarse de inmediato al nuevo ambiente. Dejar atrás emocionalmente a los lo que uno deja: amigos, familia, comida, etc. En cierta forma “quemar las naves”. Es clave conseguir nuevos amigos, y sobre todo, no dejar de disfrutar lo que se tiene, por pensar en lo que no se tiene. 

4. Deberes de la casa: Una vez llegué a Estados Unidos aprendí que vivir aquí es muy distinto a venir de paseo donde todo luce fácil, ordenado, muy limpio y agradable. En este punto también le doy crédito a la disciplina que tuvimos en la Compañía. Lavar platos, ropa, aspirar, planchar, son ejercicios que aún parte del costo de vivir en USA.

5. Todos somos iguales, especialmente después de dos tragos. Mi voltear por todos los continentes y entrar en contacto con personas de distintas razas, culturas y religiones me confirmó que todos, como seres humanos sentimos y nos ilusionamos en la misma forma. En la parte externa podemos ser diferentes, pero en el interior, el diseño del ser humano es básicamente el mismo, independientemente de donde nazca. 

6. Disfrutar de no hacer nada. Las frecuentes estadías en los aeropuertos, las colas para la inmigración y los largos viajes en avión me enseñaron a disfrutar el no hacer nada. Este aprendizaje me cayó perfecto para mi retiro, pues no hagas hoy lo que puedes hacer mañana, es algo que yo practico lo más posible. 

Jorge Luis Lalinde

Charlotte, USA

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