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RIQUEZA DEL INCONSCIENTE

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Exploración, extracción, refinación y utilización son procesos que constituyen la riqueza del petróleo. Nos servimos de una analogía: la exploración para el autoconocimiento, la meditación, la influencia de los sueños y de otros signos, la concientización, el desarrollo de la creatividad en el arte, la música, la invención, son algunos procesos que, aprovechan la riqueza del inconsciente personal y colectivo.

El final del artículo “Radiografía de la mente consciente” plantea la necesidad de escribir                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         específicamente sobre el inconsciente: “la otra mitad de la psique”. Aquí compartimos un pequeño esfuerzo -arriesgado o atrevido- pero sólo como una invitación a los expertos en el tema, y a estudiar este campo más detenidamente. 

Se realizan perforaciones para explorar las reservas de crudo; una vez detectadas se extrae esa mezcla bruta del subsuelo, luego se somete en las refinerías a procesos para obtener productos útiles derivados. No hay que olvidar algunos desastres accidentales durante la explotación, ni los daños ecológicos que puede producir el petróleo y que deben mitigarse. 

Así como el petróleo es una fuente de información y de energía fósil, el inconsciente es un patrimonio, de información y energía, acumulado a lo largo de la vida personal y de la herencia ancestral. A la edad de unos 80 años, casi sin darnos cuenta, tenemos una cantidad de recursos de experiencia que nos hacen recordar, resolver, elaborar con facilidad algunas cosas; se trata de una fuente inconsciente que, en circunstancias especiales, produce resultados que se vuelven conscientes. Pero no sólo contamos con este patrimonio personal, sino que la comunidad humana aporta información y energía acumuladas por generaciones y ese inconsciente colectivo enriquece nuestras capacidades personales. 

Podemos señalar algunas similitudes entre el aprovechamiento del petróleo y la riqueza del inconsciente. Sin embargo, es necesario estar atentos, también, a los riesgos del inconsciente y que, a veces, deriva en las llamadas enfermedades mentales.

En el “subsuelo” de la mente es posible detectar varias capas: 

  • Contenidos inconscientes asequibles
  • Contenidos inconscientes mediatamente asequibles
  • Contenidos inconscientes inasequibles[1]
  • Contenidos del inconsciente colectivo

Pero es conveniente evitar la idea de que esas capas inconscientes son paralelas, compactas, superpuestas, totalmente diferenciadas… (No hablo de subconsciente porque sería muy difícil recorrer los diferentes enfoques, según los autores y las escuelas psicológicas y precisar los conceptos y términos, de acuerdo con ellas).

Los procesos del petróleo nos hacen pensar en la complejidad del inconsciente. La imagen siguiente, a la izquierda, representa la idea ingenua de lo que se piensa popularmente que es un yacimiento petrolero; a la derecha vemos una imagen sísmica que ayuda a interpretar la composición y las capas geológicas debajo de la superficie de la tierra, y sirve para aproximarse a detectar la existencia de hidrocarburos. 

Algo semejante ocurre con el inconsciente: no es un depósito de información y energía preciso en sus límites, sino más bien una corriente sinuosa y con altibajos que recorre las profundidades de la mente… como un acuífero que está siempre presente en el subsuelo, y que a veces aflora a la superficie o se le busca, perforando pozos, para aprovechar el agua. 

Es como el disfrute al escuchar una melodía de Mozart, o apreciar la frescura de la neblina entre el valle y la montaña, bañada por la luz del amanecer, ¿cómo se explican?

El inconsciente mezcla datos de las cuatro capas insinuadas, por lo que se puede entender la incoherencia espaciotemporal de los sueños; y no solo en los sueños: en las conversaciones de vigilia se pueden mezclar también datos que, no de manera voluntaria, sino inconsciente, tergiversan la realidad, seguramente por el influjo de esas cuatro capas que, como las terrestres, tienen sus quiebres y no son uniformes ni horizontal ni verticalmente. 

Entre la consciencia y el inconsciente hay algo que llamamos intuición y que Jung la nombra como “una percepción por vía inconsciente”. Una señora fue por la mañana a visitar a su terapeuta y le dijo a éste que él había recibido, antes que ella, a un hombre. 

– ¿Cómo lo sabe? 

– He tenido de pronto esa impresión. 

Había un cenicero con varias colillas; la paciente sabía que el doctor no fuma; era improbable que una dama hubiera ido tan temprano a una cita… de esas “informaciones subliminares” ella concluyó que tenía que ser un visitante masculino: de los datos inconscientes se abrió paso la conclusión hasta su esfera consciente. No se trató de una deducción lógica o consciente que lleva desde unos antecedentes hasta una conclusión. 

Lo que llamamos “sexto sentido”, la telepatía y quizás el fenómeno de la lectura de las cartas o del cigarrillo, son fenómenos probablemente de intuición en el sentido de una percepción por vía inconsciente. Podemos distinguir entre lo que es una sensación y lo que es una intuición, pero ambas quedan en el nivel del conocer; más complejo es el terreno de las emociones y los sentimientos. Mientras que los juicios de verdad requieren evidencia o comprobación racional para poderlos emitir, los juicios de valor proceden, en muchos casos, de un sentimiento o afecto: me gusta o no me gusta; lo deseo o me repugna; me interesa o es insignificante… los sentimientos inconscientes afectan nuestro conocimiento y nuestro comportamiento. De adultos, tenemos gustos y preferencias que, sin duda, hunden sus raíces en experiencias infantiles agradables y que no siempre recordamos.

Los afectos no constituyen una función voluntaria; son acontecimientos interiores cuyos fundamentos no son conscientes: al encontrar por primera vez a una persona, nos puede “caer bien” o “caer gorda” ¿por qué? Existen una serie de datos o informaciones acumuladas en el inconsciente que producen esa sensación. Posteriormente, con datos e informaciones conscientes, podemos corregir o enriquecer la primera impresión. Positivamente, hablamos de “amor a primera vista”, de “química” que produce una sintonía o simpatía. El enamoramiento se inicia inconscientemente; el amor como decisión duradera, es consciente y voluntario, sin dejar de tener elementos sentimentales o afectivos.   

Aunque algunos filósofos ya habían hablado del inconsciente, su mayor conocimiento estuvo ligado a  casos de comportamientos mentales anómalos; se popularizó la idea de que los “traumas” infantiles se graban en el inconsciente y afectan la vida adulta sin advertirlo; se piensa en la interpretación de los sueños, en los actos fallidos, las asociaciones  y otros métodos para detectar el inconsciente… pero la realidad es mucho más rica y poderosa: el inconsciente no es exclusividad de las enfermedades mentales, ni guarda solamente recuerdos negativos o reprimidos; es fuente de inspiración, de creatividad, de “sanación”, de impulso para grandes realizaciones y también de motivación para toda la vida.

El inconsciente colectivo no es una “teoría” que se pierde en el pasado lejano. Baste leer el artículo del 16 de enero de 2024 en este blog, para constatar algo del inconsciente colectivo latinoamericano. La música, el sentimiento cristiano, la devoción mariana son algunos rasgos del inconsciente colectivo latinoamericano, sin hablar de la ancestralidad indígena.

Después de estas pinceladas aficionadas, hay que resaltar el papel de “refinería” que la mente conscientedebe jugar para conocer, interpretar, dirigir y aprovechar la riqueza del inconsciente. Recordemos que la mente consciente y voluntaria “está por encima” de las emociones, los instintos, los impulsos y todos los demás factores inconscientes; pero “arriba” y “abajo” se encuentra una riqueza humana mucho mayor de lo que creemos. 

Necesitamos conocer y “explotar” mucho más las dos “mitades” de nuestra psique.

Vicente Alcalá

Febrero, 2024


[1] Jung,Carl G. Los complejos y el inconsciente, Círculo de Lectores, Bogotá, 1986, pg..59

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