Enfrentamos un estado de polarización que en términos simples se puede entender como un enfrentamiento ideológico entre la extrema derecha y la extrema izquierda.
Desde el punto de vista de la izquierda se da la radicalización en contra del capitalismo (neocapitalismo, capitalismo salvaje y capitalismo rampante) significado por el poder de la empresa privada, es decir por el predominio de la propiedad privada y la reproducción necesaria del capital que exacerba las condiciones de pobreza y de miseria de sectores significativos de la población.
Dentro de estos sectores de extrema izquierda, además de los enfrentamientos entre las clases sociales y de las diferenciaciones por ubicación en la escala social, se dan los enfrentamientos de los grupos étnicos raizales y de sus regiones con los ciudadanos del común, y de los grupos diferentes como los feministas, los grupos LGTB, etc.).
Todos estos factores exacerban los conflictos expresados a través de la sacralización del derecho a la protesta y de la praxis mañosa y pervertida que normalizan jurídicamente el enfrentamiento social, violador del bien común y destructor de los bienes individuales y aún de la vida de los ciudadanos.
Desde el punto de vista de la extrema derecha, la polarización se da mediante una visión radical referida al predominio de lo nacional, entendido como territorio y cultura, y de la tenencia y el uso del capital para beneficio individual, a través del autoritarismo, de la visión de la seguridad nacional, del exclusivismo y del afianzamiento de las instituciones y estructuras que regulan y naturalizan el proceso de reproducción y acumulación progresiva de las ganancias financieras y monetarias.
Todo esto pasa por la centralización del poder, por los asuntos relacionados con la defensa nacional, entre los cuales juega un papel prioritario el rechazo a las corrientes migratorias y al desplazamientos de poblaciones afectadas por diferentes factores políticos, ambientales y económicos.
Se enfatiza la radicalización en la defensa de los valores tradicionales, en los cuales juegan un papel relevante los temas religiosos, institucionales, y los históricos considerados como “fundamentales”.
En la praxis, el enfrentamiento entre izquierdas y derechas políticas se concreta alrededor de los siguientes temas:
1º El nacionalismo y la seguridad nacional.
2º El enfrentamiento entre el papel de Estado y el sector privado en relación con el manejo de la economía de los países.
3º Los asuntos de género, familia y de comportamiento social relacionados con lo que se ha denominado la cultura WOK.
4º Lo relacionado con el mantenimiento y la conservación del medio ambiente, y del mundo habitado, como resultado del deterioro en el “hábitat” por las prácticas abusivas sobre los recursos existentes.
5º La deconstrucción cultural diferenciada de los derechos humanos y su aplicación en las relaciones internacionales con vista a la creación del denominado Nuevo Orden Mundial.
Un hecho relevante es que la polarización en estos asuntos conduce solo a la creación de ideologías dogmáticas y dogmatizantes, desde laderas opuestas que a veces se confunden en una sola, pero que en realidad no permiten la búsqueda de soluciones reales y factibles, dado que, como siempre, la verdad y la fuerza están en el medio de ellas. Virtus in medio, decía el texto latino.
Y la solución no es otra sino la búsqueda de la sostenibilidad, tanto ecológica como institucional, económica y cultural, que quiérase o no, se ha convertido en el tema central de las políticas públicas y de los planteamientos institucionales, políticos y filosóficos.
Es el predominio del sentido común que, paradójicamente, es el menos común de los sentidos, dado que como dice el dicho: el bolsillo (o la economía y el interés propio) es el más sensible y posiblemente el único importante de los sentidos del moderno habitante humano.
Hernando Bernal Alarcón
Junio, 2025

