Dada la importancia del evento, acordamos que nuestra tertulia del jueves 30 de julio se inspirara en el Campeonato Mundial de Fútbol. Reflexiones, remembranzas, posiciones críticas, opiniones, brotaron espontáneamente, reflejando que el buen fútbol todavía nos sigue motivando. Aquí queremos consignar algunos testimonios.

Haz Click aquí para disfrutar de la presentación de Jorge Luis Puerta: https://youtu.be/mxVcWaRs0u0
Exjesuitas en tertulia- 30 de Julio, 2026
Acabamos de ser testigos de un hito histórico: el Campeonato Mundial de Fútbol de la FIFA 2026. Ningún otro evento mundial rasguña siquiera las cifras alcanzadas por él: cerca de 7 millones de personas asistieron a los 104 partidos entre las 48 selecciones nacionales (por primera vez). Los estadios han registrado un promedio extraordinario del 99,7% de su capacidad.
Además, los FIFA Fan Festivals (recintos deportivos con pantallas gigantes) distribuidos a lo largo de los tres países anfitriones (Estados Unidos, México y Canadá) congregaron a cerca de 8 millones de fanáticos. Medios especializados y analistas señalan que alrededor de 6 mil millones de personas han sido alcanzadas por la TV y otros medios.
Los ingresos obtenidos por la FIFA se estiman en unos 13 mil millones de dólares, un 70% más que lo recaudado en Qatar. Todos los récords anteriores han sido superados.
Echemos mano de los tópicos, de los lugares comunes atribuídos al fútbol, para arrojar luces y sombras sobre este fenómeno planetario. Lo merece.
El fútbol es solo un juego.
Es tierra, es calle, es barrio, es rodillas lastimadas, es encuentro con los amigos, es triunfos, también derrotas. ¿Quién no recuerda con melancolía infantil la primera vez que fuimos a un estadio? A mí me tocó hacia los 11 años. Fue en el Pascual Guerrero de Cali. Se jugaba uno de los clásicos locales: el América contra el Deportivo Cali. Los gritos apasionados de las barras, los cánticos, los insultos al árbitro, a los rivales cuando el juego se ponía ríspido, los chistes ocasionales, esa sensación efímera de pertenencia (yo era entonces del América), de ser un colectivo con identidad propia, son inolvidables. Hay algo atávico en todo esto. Reminiscencias de la tribu, como diría alguien y, al mismo tiempo, “el encuentro semanal con la niñez”, como acostumbraba a decir Javier Marías.
El fútbol es más que un juego.
El fútbol, lejos de ser un mero entretenimiento de masas o una simple coreografía de veintidós jugadores corriendo tras un balón, es uno de los hechos sociales totales más potentes de la contemporaneidad. No veo el campo de juego como un espacio aislado; en el césped se juegan los dramas, pasiones y tragedias que en la vida misma. Es un microcosmos donde se proyectan, amplifican y tensionan las estructuras, las contradicciones y anhelos de la sociedad que lo genera. El fútbol no solo acompaña a la cultura; la condensa y la devuelve en forma de espejo.
Los ecos del mundial, no podía ser de otra manera, también llegaron a Ultratumba, la patria de nuestro compañero Rodolfo Ramón de Roux. Gracias a las influencias celestiales, un grupo de hinchas famosos logró reunirse alrededor de una pantalla gigante. Allí estaban Albert Camus, premio Nobel de Literatura y guardameta del Racing de Argel. Pier Paolo Pasolini, el polémico director de cine y escritor, jugador de todas las semanas y analista del juego. El poeta español de la Generación del 27, Rafael Alberti. Manuel Vázquez Montalbán utilizó el fútbol y su amor por el Barcelona para explicar la política, la transición española y la sociología del poder. Eduardo Galeano, autor de cabecera de la literatura futbolera latinoamericana. Mario Benedetti definidor magistral del fútbol como espejo de la vida cotidiana. Roberto “El Negro” Fontanarrosa quien retrató como nadie la pasión, el absurdo y la mística del hincha argentino. Osvaldo Soriano, defensor acérrimo del fútbol amateur en los pueblos perdidos de la Patagonia. De lejitos, Jorge Luis Borges y Umberto Eco miraban de reojo, haciéndose los desentendidos.
En la pantalla se jugaba la final España – Argentina. Albert Camus abrió el fuego:
- Me reafirmo en lo que escribí alguna vez desde mi posición en el arco: Todo lo que aprendí sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol. Estos chicos lo siguen practicando hoy, a pesar de su mercantilización. Más tarde sonrió de gusto cuando Lamine Yamal le negó la mano del saludo a Donald Trump, por ser la misma con la que autorizaba bombardeos en el Medio Oriente.
- Pasolini, un poco aburrido por la dinámica del partido, comentó: el fútbol de hoy es más prosa que poesía. Poesía era el Brasil del 70, puro regate y picardía. Este tiki-taka de hoy no me convence.
- Vásquez Montalbán emocionado por su selección española, basada en su equipo, el Barca, retrucó: pero mira la fluidez del juego, la rapidez, la precisión. Aprecia ese fútbol moderno enriquecido por las mezclas raciales…
- Rafael Alberti, conmovido, comentó: aparte del fabuloso negocio del fútbol hoy, la historia de cada uno de estos jóvenes me conmueve, (Nico Williams acababa de hacer el pase de cabeza para el gol definitivo de Ferran) lo que tiene de desarraigos, de superación de conflictos, de logros y progreso, lo vale todo.
- Sobra decir que los argentinos presentes, arrasados por el gol español, se identificaron cuando Eduardo Galeano le gritó a la selección argentina: “Una linda jugadita, por amor de Dios”. Y, en voz baja continuó: yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo sombrero en mano… y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece.
A la distancia, viendo al grupo frente al televisor, Jorge Luis Borges le confesaba a Umberto Eco: sigo pensando que “el fútbol es popular porque la estupidez es popular; Me incomoda la idea de supremacía y de nacionalismo falso que genera este deporte”. Sí, dijo Eco: y ahora amplificado por el circo mediático a escala mundial que se mueve con facilidad allí donde hay pasión, incertidumbre, enojo e identidades en disputa.
Algo alcanzó a escuchar Pasolini, pero se hizo el loco, para no complicar el momento.
Me quedan algunas postales de este Mundial:
- De la geopolítica actual: La selección de Irán teniendo que regresar de sus partidos a México, porque no podía pernoctar en Estados Unidos. El juez somalí Omar Artan, que iba a convertirse en el primero de su país en arbitrar en una Copa del Mundo tras ser elegido mejor árbitro del 2025 por la Confederación Africana de Fútbol (CAF), fue “declarado inadmisible debido a problemas en el proceso de verificación de antecedentes” cuando aterrizó en Miami, y se le denegó la entrada.
- Del sometimiento de la FIFA al poder político: el levantamiento de la tarjeta roja al jugador norteamericano Folerin Balogun, por una llamada telefónica de Trump.
- Del pueblo fuera de los estadios por la elitización del fútbol promovida por la prepotencia monopolizadora de la FIFA: los altísimos precios para asistir a los estadios, incluyendo la comercialización de las marcas, los derechos de transmisión del evento y los negocios de comidas y bebidas.
- De las “cenicientas”: el caso del portero Vitinha y de la selección de Cabo Verde, un pequeño país insular que debutaba en un Mundial. Hazaña leída como metáfora del fútbol de periferias que irrumpe en el centro del sistema.
- De un Mundial de la diáspora: 289 de los 1.248 futbolistas convocados (cerca del 25%) nacieron en otro país distinto del que figura en su camiseta. Solo 8 de las 48 selecciones presentaron planteles formados exclusivamente por jugadores nacidos en el propio país; el resto incluyó desde uno hasta más de la mitad de los futbolistas nacidos fuera del territorio nacional. Muchos países con políticas migratorias restrictivas han tenido que aplaudir los goles de inmigrantes o de hijos de inmigrantes “sospechosos” para las autoridades.
- Y una postal muy personal, fuera del Mundial: la del equipo “El Santo” donde juega mi nieto Kio, de la categoría sub13 que, hace una semana se coronó campeón en el torneo departamental de Cruz del Eje, aquí, en Córdoba, Argentina.
Jorge Luis Puerta
Agosto, 2026

