“Me asombra ver cómo le siguen lavando el cerebro a la gente a base de propaganda, especialmente en el momento de elecciones políticas”, exclamó Linguacuta. “No sólo en ese momento”, le dijo Vance Packard, y añadió: “No te asombres, los expertos en propaganda saben vender ilusiones. Hace más de medio siglo, en mi libro Las formas ocultas de la propaganda, expuse cómo lo hacen”.
“Vance, competir por encontrar formas de modificar los comportamientos o los pensamientos de la gente es algo más viejo que la moda de andar a pie. Pero fue la Iglesia católica la que inventó la palabra propaganda y le dio consistencia”, dijo muy orondo el papa Gregorio XV.
LINGUACUTA.- ¿Qué cuento es ese, Gregorio?
GREGORIO XV.- Así es, muchacha. El origen de la palabra propaganda -con el sentido de fomento interesado de ideas, creencias y comportamientos- procede de la Sacra Congregatio de Propaganda Fide [Sagrada Congregación para la propagación de la fe], órgano del Vaticano que creé en 1622 para propagar el catolicismo por múltiples medios: misiones, predicación, liturgia, educación, arquitectura, pintura, música….[1]
SOFROSINA.- De ahí surgió el arte tan particular del barroco romano, destinado a conmover a los creyentes.
MAQUIAVELO.- No niego que la Iglesia católica le dio una organización internacional e institucional a la propaganda, pero recuerden que, un siglo antes, yo ya le había dicho al Príncipe que debía jugar con las emociones para ganarse a la opinión pública.
BENJAMIN FRANKLIN.- Un gran empujón a la propaganda política lo va a dar, en la segunda mitad del siglo XVIII, el desarrollo de la prensa. Varios de los protagonistas de la independencia estadounidense tuvimos una relación directa y significativa con la prensa. Modestia aparte, fui un exitoso editor de periódicos, y propietario de la Pennsylvania Gazette.
SAMUEL ADAMS.- Por mi parte, escribí para el Boston Gazette, abogando por la acción militar contra los británicos. Tampoco olvidemos que los “padres de la patria” Alexander Hamilton, James Madison y John Jay escribieron los Federalist Papers, que fueron publicados por primera vez en el Independent Journal de Nueva York, como artículos de prensa destinados a persuadir a la opinión pública.
JEAN-PAUL MARAT.- También, durante la Revolución francesa, los panfletos y periódicos fueron claves para forjar la opinión pública. Intensifiqué mi propaganda de los ideales revolucionarios en mi influyente periódico L’Ami du Peuple. Camille Desmoulins lo hizo en sus publicaciones periódicas Les Révolutions de France et de Brabant, y Le Vieux Cordelier. Jacques Hébert, célebre por su lenguaje soez y agresivo, deliberadamente utilizado para “conectar” con el pueblo llano, agitó las masas con su periódico Le Père Duchesne.
MAXIMILIEN ROBESPIERRE.- Mis amigos jacobinos controlaron varios órganos de prensa. Pero también los contrarrevolucionarios utilizaron la prensa para defender la monarquía y atacarnos a nosotros, los revolucionarios. La libertad de expresión es un arma de doble filo, por eso utilicé la censura en la época del Terror revolucionario.
LINGUACUTA.- (Sonriendo maliciosamente.) Libertad de expresión sí, pero para los amigos.
ANTONIO NARIÑO.- En los movimientos de independencia hispanoamericanos la prensa desempeñó igualmente un papel significativo en la propaganda política. El 14 de julio de 1811 -el mismo día del aniversario de la Toma de la Bastilla- salió mi periódico La Bagatela, que fue leído no sólo en la Nueva Granada sino también en Venezuela, Quito, Panamá y Puerto Rico.
MIGUEL HIDALGO.- Perdona, pero al fundar en Guadalajara El Despertador Americano, el 20 de diciembre de 1810,fui el primer caudillo hispanoamericano que utilizó la prensa periódica en la lucha independentista.
SOFROSINA.- Quién fue el primero es secundario. Lo importante es que la prensa se convirtió desde aquellos tiempos de revoluciones e independencias en un arma valiosa de propaganda para forjar la llamada “opinión pública” y orientar la “política de masas”.
GABRIEL TARDE.- Ah, las masas; empezaron a tomar tanta importancia que yo, como poco después Gustave Le Bon, en la segunda mitad del siglo XIX, fuimos pioneros de la sicología social analizando el fenómeno de las multitudes y de los medios para movilizarlas y manipularlas.
GUSTAVE LE BON.- En mi Psychologie des foules [Sicología de las multitudes], que publiqué en l895 y que tuvo gran éxito, expuse cómo los seres humanos desarrollan en colectivo comportamientos que jamás tendrían individualmente. Por otra parte, si se utilizan los métodos adecuados, es posible hacer que los individuos convertidos en masa actúen colectivamente en una misma dirección.
SOFROSINA.- Por eso tu obra le ha interesado a figuras tan diversas como Mussolini, Roosevelt, Freud -que, en 1921, la analizó en su Psicología de las masas y análisis del yo- y los teóricos de la moderna publicidad y propaganda política.
GUSTAVE LE BON.- Creo que hice un buen aporte al analizar cómo, convertidos en muchedumbre, los individuos disminuyen su capacidad crítica, se dejan llevar por emociones colectivas y aceptan fácilmente ideas simples, por no decir simplistas.
SOFROSINA.- Las emociones se contagian; la inteligencia no. Por eso poco o nada puede ésta contra aquéllas.
LINGUACUTA.- En política la masa es un pésimo conductor de energía racional y un óptimo conductor de energía pasional.
LENIN.- Ustedes, Tarde y Le Bon, eran conservadores y despreciaban o temían a las masas, pero nosotros, los de izquierda, necesitamos usar la propaganda para agitar a las masas explotadas y liberarlas.
SOFROSINA. Propaganda hecha de mitos colectivos como el “hombre nuevo” y el “porvenir radiante” de la futura sociedad comunista.
GEORGES SOREL.- Los mitos colectivos son importantes para la acción colectiva. Te lo digo yo, que fui teórico del sindicalismo revolucionario a finales del siglo XIX y principios del XX y le hice propaganda a la “huelga general” que pondría fin al dominio de la burguesía. Por su parte, la derecha propagaba el mito de la nación que trasciende las clases sociales.
LINGUACUTA.- La Revolución rusa nos saturó de propaganda revolucionaria. Y la Primera Guerra Mundial nos saturó de propaganda nacionalista.
SOFROSINA.- Tanto auge tomaron la publicidad y la propaganda política que, a finales de la década de 1920, Harold Lasswell y Edward Bernays señalaron que la propaganda había sustituido a la religión. Bernays, que publicó en 1928 su influyente libro Propaganda, utilizó ampliamente a Le Bon y a su tío Freud asumiendo que las masas son esencialmente irracionales, gobernadas por impulsos inconscientes, miedos y deseos que el propagandista puede canalizar.
LINGUACUTA.- El comunismo y el nazismo, con sus bien orquestadas manifestaciones masivas, supieron sacar provecho de todos los análisis sobre la manipulación de las multitudes.
SOFROSINA.- Los gobernantes del “mundo libre” tampoco se quedaron atrás en el manejo de la propaganda, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial.
LINGUACUTA.- A partir de entonces, todo el mundo está convencido de que la propaganda es eficaz y capaz de mantener unidas a las sociedades ante las mayores adversidades o de debilitar al adversario mediante mentiras.
SOFROSINA.- Mentiras que, con la llegada del Internet y el auge de las redes sociales digitales, es ahora más fácil difundir masivamente. Aunque las formas clásicas de propaganda siguen existiendo, comienza una nueva era de desinformación… de la que Donald Trump es un destacado ejemplo: miente y manipula los medios de comunicación, favoreciendo las “redes sociales” en detrimento de la prensa.
LINGUACUTA.- Rusia, con su “fábrica de troles” de San Petersburgo al servicio de Putin; China, con sus miles de censores dedicados a Internet; e Irán, con el servicio de operaciones de los Guardianes de la Revolución, recurren a la manipulación profesional de la información. Y no dudo que muchos otros países -incluidos los democráticos- tienen sus servicios de propaganda y desinformación.
GEORGE ORWELL.- La generalización de las falsas informaciones y de las manipulaciones políticas hace indispensable la educación de los ciudadanos para saber analizar y verificar la propaganda a la que están sometidos.
SOFROSINA.- Espero que así sea, aunque es tarea de titanes: el buen ciudadano necesita tener capacidad para tomar decisiones reflexivamente meditadas, y vemos cómo los diferentes sistemas políticos favorecen la aparición de ciudadanos teledirigidos y con una capacidad crítica sedada.
HANNAH ARENDT.- Por eso mismo es urgente e indispensable la educación del espíritu crítico, para no “tragar entero” lo primero que se nos dice. Es el intercambio de opiniones y puntos de vista lo que teje nuestro mundo común, siempre y cuando esas opiniones y puntos de vista se basen en hechos. Las “verdades fácticas” constituyen la materia de las opiniones, y estas son válidas siempre y cuando se ajusten a la verdad de los hechos.
LINGUACUTA.- ¿Y qué es la verdad de los hechos?
HANNAH ARENDT.- Mira, le preguntaron a George Clemenceau sobre la Primera Guerra Mundial: ¿Qué cree usted que pensarán los historiadores del futuro sobre este tema tan espinoso y controvertido? Él respondió: “De eso no tengo ni idea, pero de lo que sí estoy seguro es de que no dirán que Bélgica invadió Alemania”. Somos libres de tener opiniones, pero una opinión solo es válida y tiene sentido en la medida en que, de una forma u otra, se base en un hecho que, una vez verificado, no pueda ponerse en duda.[2]
SOFROSINA.- De acuerdo, Hannah, cuando se descarta u oculta la verdad de los hechos, el debate público pierde lo que le sirve de base y de punto de referencia. Menos mal los hechos son testarudos y la verdad factual acaba por salir a la luz.
LINGUACUTA.- El inconveniente es que no siempre uno vive el tiempo suficiente para verlo.
[1] El nombre de esta congregación se modificó en 1967 por el de Congregación para la Evangelización de los Pueblos, debido a la connotación negativa adquirida por el término “propaganda”.
[2] Cf. Diálogos de Ultratumba, “Monólogo sobre la mentira en política”, tomo IV, pp. 203-218
Rodolfo Ramón de Roux
Junio 15, 2026

