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Diálogos de Ultratumba – La invención del Purgatorio

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2 de Noviembre, Día de Todos los Difuntos. Como de costumbre, Sofrosina echó una mirada hacia Toulouse, donde pasó parte de su vida terrenal. Vio entonces a un grupo de compinches que iban por la Avenue de la Gloire rumbo al Cementerio Central entonando alegremente la popular canción de Michel Polnareff, “On ira tous au Paradis” (Todos iremos al Paraíso). Sofrosina miró de soslayo a Linguacuta y le dijo: Desde que inventaron el Purgatorio se vació el Infierno. La lengüilarga joven replicó: He oído que en el Purgatorio los inteligentes arden mejor porque tienen más fósforo. 

– Sigue diciendo bobadas y nadie te volverá a hacer caso, exclamó Sofrosina. 

–  Bobada la tuya, Sofro, con ese cuento de que “inventaron” el Purgatorio. 

– ¿Acaso no has leído a Jacques Le Goff?

– ¿Quién es ese?

– Uno de los mejores historiadores del Medioevo europeo. Escribió un gran libro -en tamaño y contenido- sobre “El nacimiento del Purgatorio”. Harías bien en leerlo, respondió Sofrosina.

De repente apareció el robusto y rollizo Le Goff con su inseparable pipa en la mano derecha.

SOFROSINA.- Jacques, confírmame si el “tercer lugar” del más allá cristiano -junto con el Infierno y el Paraíso-, fue una invención de la Edad Media. 

JACQUES LE GOFF.- La idea de una purificación necesaria después de la muerte remonta a los primeros siglos del cristianismo con las enseñanzas de algunos “Padres de la Iglesia”, como Clemente de Alejandría (muerto antes de 215), Orígenes de Alejandría (muerto en 253-254) o Agustín de Hipona (muerto en 430). Pero la palabra purgatorium no existe como sustantivo antes del siglo XII. Sí, te lo confirmo, es a partir de finales del siglo XII cuando se concibe claramente el Purgatorio como un lugar preciso de purificación post mortem.

LINGUACUTA.- ¿En qué consistió la novedad de lo que llamas “nacimiento del Purgatorio”? 

LE GOFF.- Para entenderla hay que tener en cuenta que el cristianismo desarrolla una concepción lineal de la historia de la humanidad, marcada por tres hitos importantes: la Creación del mundo; la Encarnación de Dios en la persona de Jesús y el Fin de los tiempos, descrito en el Apocalipsis. Por su parte, el Evangelio de Mateo relata cómo el Fin de los tiempos estará marcado por la resurrección de los cuerpos y el juicio que separará a los condenados de los elegidos, los primeros serán arrojados al Infierno y los segundos admitidos en el Paraíso.[1]

LINGUACUTA.- Desde esa perspectiva todo se decide el día del Juicio Final.

LE GOFF.- La cosa se fue complicando cuando teólogos y fieles comenzaron a preguntarse qué pasaba con las almas entre el momento de la muerte y el Juicio final. Se enseñaba entonces que ese largo tiempo de espera transcurría en el “seno de Abraham”,[2] padre de todos los creyentes. En un lugar llamado “limbo de los Patriarcas” se acogía a los “justos” que no habían conocido la revelación de Cristo. Y al “limbo de los niños” iban los bebés muertos sin haber recibido el bautismo. 

LINGUACUTA.- Ingeniosa solución.

SOFROSINA.- Más ingeniosa me parece la invención del Purgatorio.

LE GOFF.- Que fue concebido entre 1170 y 1200. Y reconocida oficialmente su existencia por el Segundo Concilio de Lyon, en 1274. 

SOFROSINA.- Siglo y medio después, en 1439, con el Concilio de Florencia la existencia del Purgatorio se convertirá en un dogma de fe.

LINGUACUTA.- Con la aparición del Purgatorio la visión cristiana del más allá pasa de ser binaria a ternaria. 

SOFROSINA.- Lo cual cambia bastante la vida de los creyentes.

LE GOFF.- Por supuesto, pues con la existencia del Purgatorio el Juicio Final va a ser precedido por un juicio individual que se celebra, para cada uno, en el momento de su muerte. Después de ese juicio individual el difunto va al Infierno si murió en pecado “mortal”, gana directamente el Paraíso o, más probablemente, es enviado al Purgatorio para purificarse de sus pecados “veniales” antes de poder ir al Paraíso.

LINGUACUTA.- El Purgatorio supone, por tanto, un pensamiento de justicia y un sistema penal sofisticado de clasificación de los pecados. 

LE GOFF.- Bien lo supones. La idea del Purgatorio se halla vinculada a la de responsabilidad individual, de libre albedrío del hombre, culpable “por naturaleza” en razón del “pecado original”, pero juzgado de acuerdo con los pecados cometidos bajo su responsabilidad. 

LINGUACUTA.- El Purgatorio es, pues, la estación de descontaminación en la ruta hacia el Paraíso.

SOFROSINA.- Y el único lugar en la geografía del más allá donde existe la esperanza de tener un mejor futuro.

LE GOFF.- Esperanza sí, pero con temor y temblor. Aunque la expiación purificadora termine con un desenlace favorable, el Purgatorio no se concibe como un lugar agradable: los castigos que allí sufren las almas se asemejan a los del Infierno, a juzgar por la iconografía que se va consolidando poco a poco y retoma los suplicios del fuego, el frío y las tinieblas que habían desarrollado las imágenes infernales. 

LINGUACUTA.- ¿Cuánto tiempo hay que quedarse en el Purgatorio?

LE GOFF.- Eso depende del sujeto. 

SOFROSINA.- Sin embargo, puedes darte una idea aproximativa leyendo el libro Le dogme du Purgatoire ilustré par des faits et des révélations particulières[3] escrito por el teólogo jesuita François-Xavier Schouppe. Fue publicado en París, en 1888, pero todavía se vende.

LINGUACUTA.- No pienso leer el libro, así que dime cuáles son las cuentas que hace el padre Schouppe.

SOFROSINA.- El reverendo sacerdote -experto en contabilidad de la salvación- supone que si en promedio cometemos diez faltas diarias se llega a un total de 3 650 faltas anuales, o sea, más de 60 000 en veinte años. Es posible, añade, que la mitad de esas faltas se purgue en la Tierra por medio de la penitencia, la oración o las buenas obras. 

LINGUACUTA.- ¡Quedarían por expiar, mínimo 30.000 faltas! 

SOFROSINA.- Dice el padre Schouppe que, a juzgar por las revelaciones de los santos, cada pecado venial exige una hora de Purgatorio; baremo “muy moderado”, según el jesuita. 

LINGUACUTA.- ¡Dios mío! 30 000 faltas a una hora de tormento por falta vienen a ser tres años, tres meses y quince días de Purgatorio.

LE GOFF.- Para el creyente ese tiempo no es gran cosa comparado con la eternidad que le espera. Además, se predicó la consoladora noticia de que los vivos pueden acortar o aliviar los sufrimientos de quienes están en el Purgatorio mediante oraciones, limosnas o misas que solicitan la intercesión de la Virgen María y de los santos en favor de los difuntos.

SOFROSINA.- Por eso los fieles, tanto a título individual como colectivo, en el marco de las cofradías, comenzaron a encargar a los sacerdotes una abundante celebración de misas para acortar lo más rápidamente posible las penas de las “benditas almas del Purgatorio”. 

LINGUACUTA.- Me han contado que muchos clérigos encontraron en estas celebraciones una lucrativa fuente de ingresos.

LE GOFF.- El nacimiento del Purgatorio también desarrolló la venta de “indulgencias” para disminuir las penas que en él debían padecerse. 

SOFROSINA.- Dicho sea de paso, la venta de indulgencias estuvo en el comienzo de la Reforma protestante.

LINGUACUTA.- Ahora que lo dices, recuerdo haber leído que Lutero rechazó la existencia del Purgatorio y que en su “Cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias” (Disputatio pro declaratione virtutis indulgentiarum), más conocido como “las noventa y cinco tesis”, la emprendió contra el Papado por hacer negocio con las cosas sagradas, vendiendo indulgencias para financiar la construcción de la basílica de San Pedro en Roma.

LE GOFF.- Quién hubiera podido prever semejante daño colateral de la nueva representación tripartita de la sociedad de creyentes en Iglesia triunfante de los elegidos, Iglesia purgante de las almas del Purgatorio e Iglesia militante, la de los vivos, preocupada por aliviar a la anterior.

LINGUACUTA.- He conocido a muchos “vivos” que están sobre todo preocupados por hacer de la existencia ajena un Purgatorio, por no decir un Infierno.

En ese instante apareció como por encanto Émile Coué, padre del método de la autosugestión positiva. Al tiempo que acariciaba su elegante barba estilo perilla, el optimista psicólogo le dijo amablemente a Linguacuta: Positiviza, muchacha, positiviza; es un buen placebo contra todo infortunio. 

Las bombas seguían cayendo en Ucrania. En Gaza ya todo estaba destruido.

Rodolfo Ramón de Roux

Noviembre, 2025


[1]          Mt 25,31-46

[2]          Lucas 16,19-31

[3]   El dogma del Purgatorio ilustrado por hechos y revelaciones particulares.

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