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Diálogos de Ultratumba – El primer imperio cristiano y el cesaropapismo en marcha

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Sofrosina y Linguacuta deseaban dialogar sobre la conversión del catolicismo en religión oficial del Imperio romano y no descansaron hasta encontrar al “culpable”: Teodosio, emperador del Imperio romano de Oriente del año 379 al 394. Con Teodosio estaban el papa Dámaso y Graciano, emperador del Imperio romano de Occidente entre 375 y 383.

TEODOSIO.- Conmigo -y no con Constantino, como a veces se dice-, el cristianismo católico[1] se convirtió en religión oficial del Imperio romano, según lo dispuse junto con Graciano y Valentiniano II en el Edicto de Tesalónica, el 27 de febrero del año 380. 

DÁMASO.- Pueden ver el edicto en el Codex Theodosianus (XVI. 1.2). 

TEODOSIO.- Lo leo con un traductor simultáneo que me regaló Steve Jobs:

Queremos que todos los pueblos que son gobernados por la administración de nuestra clemencia profesen la religión que el divino apóstol Pedro dio a los romanos, que hasta hoy se ha predicado como la predicó él mismo, y que es evidente que profesan el pontífice Dámaso y el obispo de Alejandría, Pedro, hombre de santidad apostólica. Esto es, según la doctrina apostólica y la doctrina evangélica creemos en la divinidad única del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo bajo el concepto de igual majestad y de la piadosa Trinidad. Ordenamos que tengan el nombre de cristianos católicos quienes sigan esta norma, mientras que a los demás los juzgamos dementes y locos sobre los que pesará la infamia de la herejía. Sus lugares de reunión no recibirán el nombre de iglesias y serán objeto, primero de la venganza divina, y después serán castigados por nuestra propia iniciativa que adoptaremos siguiendo la voluntad celestial.” [2]

GRACIANO.- Tras tu ascensión al poder, Teodosio, fuiste el primero en rechazar el título de Pontifex maximus, al que yo renuncié poco después, antes de que se lo apropiara Dámaso.

DÁMASO.- Mis sucesores siguen usando ese título porque somos nosotros, los papas, quienes hacemos el puente –pontem facimus– entre Dios y la humanidad, entre el cielo y la tierra. 

LINGUACUTA.- (Cubriéndose la boca) Dios mío, ayúdame a retener mi lengua.

TEODOSIO.- Para defender a la Iglesia católica me cebé con los cristianos que habían vuelto al paganismo, a quienes en 381 les quité el derecho a hacer testamentos.

DÁMASO.- Renovaste la ley en el año 383 para aplicarla solamente a los cristianos bautizados que habían abandonado su fe, considerados “excluidos del derecho romano”, dejando el derecho a hacer testamento a favor de su familia a los que solo habían sido catecúmenos.

TEODOSIO.- Pero en el 391 volví a endurecer esa ley alegando que abandonar la comunión cristiana equivalía a “aislarse del resto de los hombres”.

LINGUACUTA.- ¡Vueltas que da el tiovivo de la Historia! Antes de Constantino eran los cristianos a quienes se acusaba de odiar al género humano.

TEODOSIO.- Paralelamente a las medidas de represión de las disidencias cristianas, tomé medidas que acabaron ilegalizando el paganismo.

GRACIANO.- No fuiste el único. En otoño del 382 ordené retirar del Senado de Roma la estatua y el altar de la Victoria. Prohibí las donaciones a las Vestales y abolí los privilegios que tenían los sacerdotes y sacerdotisas paganos. 

TEODOSIO.- Yo no me quedé atrás. Ordené el cierre de los templos paganos: solo podían permanecer abiertos con fines exclusivamente culturales o para celebrar asambleas públicas, aquellos que contenían obras de arte. 

DÁMASO.- Pero fueron oh, querido Teodosio, una serie de leyes entre 391 y 392 las que completaron tu providencial empresa al prohibir toda manifestación del culto pagano: la ley del 24 de febrero de 391 lo hizo para Roma, la del 16 de junio para Egipto y la del 8 de noviembre de 392 para todo el Imperio. 

TEODOSIO.- Así es, mi fiel Dámaso. Con esas leyes imperiales todos los sacrificios, incluso los modestos sacrificios del culto doméstico quedaron prohibidos, tanto en público como en privado, independientemente del rango social, bajo pena de multas muy elevadas o incluso de castigos más graves. 

DÁMASO.- ¡Bravo! Esos paganos perdieron todo derecho legal a expresarse. Y yo afiancé mi poder creando un servicio jurídico, un cuerpo de notarios y una cancillería para redactar mis decretos. Ah, y por primera vez, el papado comenzó a designarse como Sedes apostolica, sede apostólica.

LINGUACUTA.- Que yo sepa a la Iglesia no la benefició del todo convertirse en religión oficial.  A partir de esta época comienzan las críticas, que se volverán habituales, sobre la riqueza de los pontífices y sus sacerdotes, su falta de modestia y las incesantes intrigas para ascender en la carrera eclesiástica. 

SOFROSINA.- Porque, dicho sea de paso, los eclesiásticos van a ser funcionarios del Imperio, lo que los situaba bajo la autoridad del emperador.

LINGUACUTA.- La injerencia del César sobre la soberanía de la Iglesia, iniciada con Constantino, se va a ir agrandando. 

SOFROSINA.- Es el famoso “cesaropapismo” que llevó a la subordinación de la Iglesia al poder de emperadores y reyes. ¿Te gustó, acaso, que al año siguiente del Edicto de Tesalónica, Teodosio convocara un concilio ecuménico en Constantinopla en el año 381, sin siquiera consultarte?. 

DÁMASO.- Donde manda capitán no manda marinero.

LINGUACUTA.- Tampoco te debió gustar que ese concilio pidiera, en uno de sus cánones, “que el obispo de Constantinopla tuviera la primacía de honor después del obispo de Roma, ya que esta ciudad es la nueva Roma”.

DÁMASO.- Pero sí me gustó que, tras cincuenta años de controversias, el concilio de Constantinopla confirmara como doctrina oficial de la Iglesia el Credo aprobado en el 325 en Nicea, y que rechazara nuevamente la herejía arriana.

LINGUACUTA.- Herejía a la que te oponías, Teodosio.

TEODOSIO.- Muchacha, mi imperio necesitaba unidad: un emperador, una fe, una Iglesia. Por eso, al término del concilio, emití un edicto imperial que daba carácter legal a sus conclusiones. 

LINGUACUTA.- Y emitiste leyes, cada vez más represivas, que restringían la libertad de expresión y de culto de todos los disidentes de la ortodoxia católica, considerados herejes y perseguidos como tales.[3]

DÁMASO.- A los enemigos de la Iglesia hay que darles por donde sabemos.

LINGUACUTA.- Me confirmas que el humano es un ser con serias dificultades para soportar las creencias ajenas.

SOFROSINA.- Recuerda, Dámaso que, a principios del siglo III, cuando los cristianos eran perseguidos, Tertuliano -“Padre de la Iglesia”- le escribió lo siguiente a Escápula, procónsul romano de África: “Por ley humana y por ley natural cada uno es libre de adorar a quien quiera. La religión de un individuo no perjudica ni beneficia a ninguna persona. Va contra la naturaleza de la religión imponer la religión”.

LINGUACUTA.- ¡Ah, las víctimas! Cuando adquieren poder pueden terminar comportándose como sus victimarios. Por eso, como me dijo Emil Cioran, hay que tener por toda víctima, por noble que sea, una piedad sin ilusiones.

SOFROSINA.-  Oí que el cesaropapismo terminó engendrando un papocesarismo. 

LINGUACUTA.- Se cumplió así la tercera ley de Newton: “Para cada acción hay una reacción igual y en el sentido opuesto”. ¡Es el tiovivo de la Historia!, te lo dije.

SOFROSINA.- Sigamos nuestro camino, Linguacuta. Vayamos a averiguar cómo fue ese asunto del papocesarismo.


[1] En el año 117, Ignacio de Antioquía utilizó por primera vez el adjetivo “católico” aplicado a la iglesia cristiana mayoritaria.

[2]   Cunctos populos, quos clementiae nostrae regit temperamentum, in tali volumus religione versari, quam divinum Petrum apostolum tradidisse Romanis religio usque ad nuc ab ipso insinuata declarat quamque pontificem Damasum sequi claret et Petrum Aleksandriae episcopum virum apostolicae sanctitatis, hoc est, ut secundum apostolicam disciplinam evangelicamque doctrinam patris et filii et spiritus sancti unam deitatem sub parili maiestate et sub pia trinitate credamus. Hanc legem sequentes Christianorum catholicorum nomen iubemus amplecti, reliquos vero dementes vesanosque iudicantes haeretici dogmatis infamiam sustinere ‘nec conciliabula eorum ecclesiarum nomen accipere’, divina primum vindicta, post etiam motus nostri, quem ex caelesti arbitro sumpserimus, ultione plectendos. 

[3]   Diálogos de Ultratumba, “Cristianismos derrotados y olvidados”, 17 de agosto de 2025.

Rodolfo Ramón de Roux

Diciembre, 2025

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