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– De vicarios de Pedro a vicarios de Cristo: poderosa autopromoción

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A caballo entre el siglo XII y el XIII fue elegido papa Lotario de Segni. Bajo su mandato el papado medieval alcanzó su máximo poder. Tenía tan sólo treinta y siete años cuando tomó el nombre de Inocencio III (1198-1216). Provenía de una familia papal por excelencia. Su tío había sido Clemente III; el segundo sucesor de Inocencio será su sobrino Gregorio IX, tras el cual, unos quince años más tarde, será elegido otro de los Segni, Alejandro IV. Como dijo un malpensante, lo malo de las camarillas es no estar en ellas.

Sofrosina y Linguacuta encontraron a Inocencio sentado majestuosamente en su trono, cubierta su cabeza con una preciosa tiara adornada con tres coronas, símbolo del triple poder del papa: “padre de los príncipes y reyes, gobernador del mundo, vicario de Nuestro Salvador Jesucristo”.[1]

LINGUACUTA.- Qué bonito anillo tienes.

INOCENCIO III.- No te he extendido el brazo para que admires mi anillo sino para que lo beses. ¡Y no me tutees! Dirígete a mí como “Su Santidad” o “Santo Padre”. 

LINGUACUTA.- (Haciendo una reverencia) Santo Padre, beso su anillo.

INOCENCIO III.- No están besando tus impuros labios un anillo cualquiera. Se trata del anulum Piscatoris, con el que sellaba las bulas y documentos que emanaban de mi suprema autoridad como vicario de Cristo.

SOFROSINA. Su Santidad, no quiero parecer irrespetuosa, pero me parece excesivo pasar de “vicario de Pedro” a “vicario de Cristo”.

INOCENCIO III.- Si se va a ejercer el poder, lo mejor es tener la sartén por el mango. 

LINGUACUTA.- La autopromoción como “vicario de Cristo” fue una inspiración providencial: durante siglos ha servido para acallar a los opositores de quien posee las “llaves del Reino de los Cielos”. 

INOCENCIO III.- Como dijo mi querido san Agustín, la Iglesia va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios.[1] Ni nos han faltado ni nos faltarán opositores perversos. Hay que acallarlos. Y si es necesario, definitivamente.

LINGUACUTA.- Su Santidad, perdóneme, ¿no es eso contradictorio con la mansedumbre evangélica del amar a nuestros enemigos, bendecir a los que nos maldicen y orar por los que nos persiguen?[2]

INOCENCIO III.- Ejercer el poder es aprender a vivir con contradicciones.

SOFROSINA.– ¿Por eso no tuviste inconveniente en convocar la cuarta Cruzada para reconquistar la “Tierra Santa”?

LINGUACUTA.- ¿O convocar la primera cruzada en tierra de cristianos para eliminar a sangre y fuego la herejía de los “cátaros” o “albigenses”?

INOCENCIO III.- Cuando toca, toca. En el trono no hay que dejarse pisar los callos. Por eso también me esforcé por controlar de manera efectiva los Estados Pontificios.

SOFROSINA.– Que estaban en manos de familias y facciones locales, algunas de las cuales eran más fieles al emperador que al papa.

INOCENCIO III.- Gracias a mi autoridad y a mis contactos familiares, logré colocar a mis hombres en sus principales ciudades, como Bolonia, Ancona, Rávena, Spoleto y Parma, asegurando así la estabilidad de mis Estados Pontificios y el flujo de ingresos a Roma. 

LINGUACUTA.- (Sotto voce) Estados Pontificios legitimados gracias a la falsa “Donación de Constantino”.[3]

INOCENCIO III.- ¿Qué estás cuchicheando?

LINGUACUTA.- ¿Yooo? Nada, Su Santidad, nada.

INOCENCIO III.- En cuanto a los efectos a largo plazo sobre la vida de la Iglesia, tal vez nada de lo que hice puede compararse con la aprobación y aliento que brindé a las órdenes religiosas fundadas por Domingo de Guzmán y Francisco de Asís.

SOFROSINA.– Dominicos y franciscanos se convirtieron en los mejores agentes de la centralización pontificia que Su Santidad promovió.

INOCENCIO III.- Al colocarlos bajo la autoridad directa del papa escaparon al control de los obispos, a menudo furiosos por verlos instalarse en “su” ciudad y atraer a los fieles…

LINGUACUTA.- …y a las donaciones de los fieles.

INOCENCIO III.- Gracias a esas dos órdenes “mendicantes”, el papado pudo contar con una gran cantidad de agentes, desde los niveles más modestos, hasta los más altos.

SOFROSINA.– Habrá muchos cardenales, e incluso papas, dominicos y franciscanos. 

INOCENCIO III.- Cuatro papas dominicos y cuatro franciscanos.

SOFROSINA.– Franciscano fue Clemente XIV, quien suprimió la Compañía de Jesús a través del breve Dominus ac Redemptor, el 21 de julio de 1773.

INOCENCIO III.- Se ve que estudiaste con los jesuitas.

LINGUACUTA.- No nos vayamos por las ramas. Regresemos a su pontificado, Santidad.

INOCENCIO III.- Como la cruzada contra los albigenses no bastó para garantizar el fin de los movimientos heréticos, mi sobrino Gregorio IX tuvo la inspirada idea de promulgar en 1231 la bula Excommunicamus que estableció formalmente el proceso de investigación y castigo de los herejes, proceso llamado de la Inquisición, haciéndola depender directamente del pontífice, y nombrando a los dominicos como inquisidores.[4]

LINGUACUTA.-  (Maliciosamente) Se van a destacar ejerciendo tan evangélico encargo.

INOCENCIO III.- Bueno, también se van a destacar -al igual que los franciscanos- ayudando a consolidar el poder pontificio en muchos otros ámbitos. 

SOFROSINA.– Sabido es, Santo Padre, que en vuestra época la corte papal se convirtió en el tribunal más importante de Europa, al que acudían innumerables demandantes para apelar las decisiones de sus jurisdicciones de origen. 

INOCENCIO III.- Ante la avalancha de solicitudes tuve necesidad de mucho personal encargado de examinar las solicitudes. Se me desgastó el “anillo del Pescador” sellando sentencias para dirimir disputas de orden judicial y litigios diversos. A lo largo de ese glorioso siglo XIII el papado va a demostrar que es la cabeza de la Cristiandad.

SOFROSINA.– Me hace pensar en el IV Concilio de Letrán que usted convocó en 1215. Sigue siendo una de las asambleas más grandes e impresionantes de la Edad Media.

INOCENCIO III.- Tal era mi prestigio y poder de convocación, que en ese concilio participaron 71 patriarcas y metropolitanos, 412 obispos, 900 abades y priores; embajadores reales de Inglaterra, Alemania, Francia, Hungría, Aragón y Portugal, además de un cierto número de representantes de entidades políticas menores. Las disposiciones surgidas del concilio fueron recogidas en 71 cánones que abordan diversos temas sobre la organización de la Iglesia, el papel de los laicos, los sacramentos, el trato a los judíos. 

SOFROSINA.– Precisamente, sobre el trato a los judíos hay historiadores que consideran que el Concilio contribuyó al desarrollo del antisemitismo en Europa pues los cánones 68 a 70 les imponían la obligación de distinguirse con un círculo de tela coloreado, los alejaban de los cargos públicos y les prohibían a los conversos retornar a su antigua fe. 

INOCENCIO III.- Se los dije, abundan los malévolos que gozan criticándonos. Piensen en lo positivo, por ejemplo, en el decreto “Omnis Utriusque Sexus“, en el que el concilio obliga a todos los adultos cristianos a recibir al menos una vez al año los sacramentos de la confesión y de la eucaristía. 

LINGUACUTA.- Prefiero no pecar a tener que confesar. 

Con visible enojo, Inocencio exigió respeto y amenazó con llamar a Torquemada para que nuestras dos amigas recibieran una lección inquisitorial. Ellas, prudente y rápidamente, se esfumaron.


[1]   De civitate Dei, XVIII, 52.

[2]   Mateo, 5, 44

[3]   Diálogos de Ultratumba, “Y dicen que el fin no justifica los medios”, 17 de marzo de 2024.

[4]   Diálogos de Ultratumba, “El señor inquisidor”, 7 de julio de 2022.


[1]   En el momento de su coronación se le colocaba la tiara al papa con esta fórmula: Accipe tiaram tribus coronis ornatam, et scias te esse patrem principum et regum, rectorem orbis, in terra vicarium Salvatoris nostri Jesu Christi, cui est honor et gloria in saecula saeculorum.

Rodolfo Ramón de Roux

Enero, 2026

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