Números, cifras, porcentajes, cálculos… estamos más que habituados a estas realidades que sirven para gestionar la vida pública en cuanto tiene que ver con la economía, la salud, la educación, y aun el credo religioso.
Sin previsiones, expresadas también con cifras, las naciones no pueden garantizar a sus ciudadanos una existencia digna y justa.
El mismo Jesús ha hecho cálculos en una de sus parábolas. Un rey que quiere afrontar el ejército de otro soberano deberá tener en cuenta la cantidad de sus recursos, al menos el total de sus guerreros, para vencer al enemigo: sería una tontería atacar al otro si las propias cifras plantean una evidente desventaja.
Los romanos invasores y explotadores de los hebreos en tiempos de Jesús se jactaban de la superioridad numérica de sus tropas. Las temibles legiones del imperio romano habían conquistado ya medio mundo y continuaban sus campañas contra el resto faltante.
Uno de tantos centuriones va donde el Señor en busca de ayuda para cierto servidor suyo, un esclavo que está enfermo. Las diversas traducciones del texto griego usado por el evangelio para designar al joven, obviamente un hebreo que estaría encargado de las tareas domésticas del romano, no trasmiten una idea clara del vínculo existente entre ambos. Son varios los estudiosos de la Biblia que identifican las palabras del centurión, “mi hijo”, “mi muchacho”, con una relación homosexual. Nada de extrañar en una época en la que estos enlaces, sobre todo al interior de la alta oficialidad del ejército romano, eran algo normal.
Sin embargo, para Jesús aquel centurión y aquel muchacho no son números ni cifras para archivar en un fascículo etiquetado “homosexuales”. Invitado por el romano a visitar al joven con sorprendente conciencia de la propia indignidad, el Señor lo hace retornar a casa, asegurándole que desde ese mismo instante su petición había sido escuchada. Y resulta al menos curioso que la iglesia católica romana haya conservado en su liturgia eucarística, para prepararnos a la comunión, las palabras de un homosexual.
Alberto Echeverri
Julio, 2026

