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Ciencia y Religión (2)

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¿Rivales irreconciliables o interpretaciones complementarias de la realidad total?

La ciencia sin religión se convierte en materialismo asfixiante. La religión sin ciencia es fanatismo beligerante.

En el primer artículo expusimos lo que la ciencia nos dice de cómo la realidad física- densa está organizada a nivel macro del universo exterior, y a nivel medio en el planeta. En cada uno de ellos se puso de manifiesto que lo que hay de común en ellos es una impresionante organización-estructura que exige un diseño previo para evolucionar en lo que hoy podemos constatar.

En este articulo vamos a investigar si este mismo principio de organización y estructura se da a nivel microscópico. Comencemos por el nivel celular.

Organización de la vida celular

Si encontramos un diseño y una organización interna en la realidad física ‘inerte’, con mayor intensidad se da la misma constante en la vida celular. Veámosla en los diferentes niveles donde se expresa.

Todos nuestros órganos están compuestos por miles de miles de células vivas. Basta con mencionar algunos de los órganos más conocidos para apreciar su complejidad celular.

– El hígado: a las células hepáticas se les conoce como lobulillos hepáticos. El hígado humano contiene entre 50 000 y 100 000 de estos lobulillos, encargados de las funciones del hígado de regular los niveles químicos de la sangre. Adicionalmente, el hígado excreta la bilis que ayuda a descomponer las grasas y las prepara para su digestión y absorción.

– El corazón: los investigadores han determinado que las cuatro cámaras del corazón humano contienen los núcleos de aproximadamente 287 269 células, todas trabajando al unísono para que el corazón lata, en promedio, 70 veces por minuto. Esto supone 100 000 latidos diarios, que bombean en un minuto 5 litros de sangre, 7 500 litros diarios, que recorren unos 100 000 kilómetros de arterias y venas.

– Los pulmones: están compuestos por una multitud de pequeños sacos adyacentes llenos de aire, denominados alvéolos. Se hallan interconectados unos con otros por los llamados poros de Kohn que facilitan la distribución del oxígeno. Los pulmones tienen alrededor de 500 millones de alvéolos, formando una superficie total cercana a los 70 m². Una vez más, encontramos un diseño singular que permite la ingestión de oxígeno, vital para la vida de las células y la expulsión del dióxido de carbono que es tóxico para el cuerpo.

– Una sola célula: si todos los números anteriores de células en los órganos descritos son de una magnitud difícil de imaginar, es todavía igualmente difícil de apreciar la complejidad organizativa de una sola célula.

Los biólogos nos explican que cada célula es la unidad morfológica y funcional de todo ser vivo. A los organismos de una célula se les denomina unicelulares (protozoos, bacterias, y otros organismos microscópicos). Si tienen más de una célula se les llama pluricelulares. Las células suelen poseer un tamaño de 10 µm y una masa de 1 ng. En ellos, el número de

células es variable: de unos pocos cientos, como en algunos nemátodos, a cientos de billones (1014) de células que todo individuo tiene.

Las funciones vitales de los organismos ocurren dentro de las células, y son controladas por sustancias que ellas secretan. Cada célula es un sistema abierto, que intercambia materia y energía con su medio. En una célula ocurren todas las funciones vitales, de manera que basta una sola de ellas para que haya un ser vivo unicelular. Así pues, la célula es la unidad fisiológica de la vida.

Además, cada célula contiene toda la información hereditaria, necesaria para el control de su propio ciclo y del desarrollo y el funcionamiento de un organismo de su especie, así como para la transmisión de esa información a la siguiente generación celular.

– Las células poseen material genético en forma de ADN, el material hereditario de los genes, que contiene las instrucciones para el funcionamiento celular. Igualmente, la célula contine el ARN, que contribuye a que el ADN exprese. Las células tienen enzimas y proteínas que sustentan un metabolismo activo.

– La composición de una ‘hebra’ de ADN (ácido desoxirribonucleico -conocido como ADN) es de por sí una obra impresionante de organización-estructura. En términos técnicos, se le llama una “doble hélice”, usada para describir la estructura física del ADN. Una molécula de ADN está compuesta por dos cadenas complementarias que se enrollan entre sí y parecen una escalera de caracol con forma de hélice. Cada hebra tiene una estructura principal compuesta por grupos alternados de azúcar (desoxirribosa) y fosfato. Unida a cada azúcar hay una de cuatro bases: adenina (A), citosina (C), guanina (G) o timina (T). Las dos hebras se conectan por enlaces químicos entre las bases: enlaces de adenina con timina y enlaces de citosina con guanina.

– La doble hélice es realmente una estructura impresionante. No se puede mirar a la doble hélice por mucho tiempo, sin tener una especie de respeto hacia la elegancia de esta molécula de ADN que guarda la información genética. La forma de doble hélice es, básicamente, la manera como todas las formas de vida están conectadas entre sí, porque todas utilizan esta misma estructura para la transmisión de esa información. Dentro de las células, el ADN está organizado en estructuras llamadas cromosomas que, durante el ciclo celular se duplican, antes que la célula se divida.

– Las secuencias de ADN que constituyen la herencia se denominan genes. Cada gene contiene una parte que se transcribe al ARN y otra que se encarga de definir cuándo y dónde deben expresarse. El material genético completo de una dotación cromosómica se denomina genoma y, con pequeñas variaciones, es característico para cada especie.

En resumen:

Pensar que no una, sino billones de células presentes en un humano se replican en los más de 8 billones de personas que hay en el mundo, es de por sí un espectáculo grandioso de diseño organizativo, imposible de ser creado por una energía no pensante, no consciente, sin el conocimiento interno de cómo deben estar organizados los órganos de nuestro cuerpo para que funcionen y se mantengan activos durante toda la vida de cada individuo.

La organización de nuestros órganos internos.

De acuerdo con la clasificación y función, nuestro cuerpo está compuesto por 78 órganos, cada uno especializado en realizar una función específica.

– Por ejemplo, los riñones filtran el ácido úrico, expelido de la vejiga por el esfínter como orina;

– Los pulmones inhalan aire con oxígeno y lo lanzan al torrente sanguíneo.

– El corazón palpita en promedio entre 60-120 latidos por minuto y bombea, sin parar, la sangre que alimenta a todos los órganos.

– El páncreas tiene dos funciones principales: la de producir las enzimas que ayudan en la digestión de las grasas, los carbohidratos y las proteínas de los alimentos. La segunda función es la producción de la insulina y el gluon que mantiene el nivel adecuado de glucosa en la sangre.

– Todos los órganos del cuerpo trabajan dentro de ocho sistemas: locomotor (muscular y óseo), respiratorio, digestivo, excretor, circulatorio, endocrino, nervioso y reproductor. Continuamente llevan a cabo sus funciones manteniendo todo el cuerpo humano en un estado de equilibrio cuya orientación y finalidad es mantenerlo sano y en armonioso funcionamiento como una sola unidad. Cuando alguno de los órganos o sistemas tiene un funcionamiento descoordinado, el cuerpo entra en desequilibrio, lo que llamamos enfermedad.

– Una vez más, la organización, el diseño inteligente y armonioso, poniendo de relieve que tiene que tener una fuente inteligente y capaz de comprender a fondo el funcionamiento de cada célula, de cada sistema, para que la unidad corporal funcione eficazmente, cumpliendo el propósito para el cual fue diseñada.

La organización de nuestro cerebro

Nuestro cerebro contiene más de mil millones de neuronas que controlan todas las funciones que los órganos del cuerpo llevan a cabo diariamente para mantenernos vivos, sin tener que preocuparnos de estar conscientes para dirigir cada una de esas funciones.

Estas se llevan a cabo por el control automático del cerebro, como el latir del corazón, la respiración, la digestión, el sistema circulatorio, las pulsaciones bioenergéticas que van a todos los órganos, la renovación permanente de células nuevas.

Adicionalmente, grupos específicos de neuronas cerebrales sirven de base para que podamos razonar, experimentar sentimientos, y comprender el mundo.

La organización de nuestra mente

Nuestra mente no es un órgano físico; es inmaterial, no ocupa espacio preciso dentro del cerebro, ni depende del tiempo para llevar a cabo sus funciones.

Es la creadora de nuestros pensamientos que no tienen existencia fisica. Sin embargo, están allí cada vez que los necesitamos sea para razonar, para recordar, para crear nuevos pensamientos.

Tenemos también una mente que reacciona ante situaciones extremas con una respuesta emocional expresada verbalmente, físicamente y aun con reacciones químicas del cuerpo.

En sus funciones superiores, la mente tiene la facultad de razonar lógicamente, deducir conclusiones, a partir de ciertas premisas o leyes constatables como estables y algunas universales.

Igualmente, la mente tiene la capacidad de entender sin razonar, en forma directa y la llamamos intuición.

Después tiene la increíble capacidad de crear ideas, conceptos, pensamientos que no existían antes, ni tenían realidad física, sino hasta el momento en que pasamos de la idea, del pensamiento al diseño, de ahí a la búsqueda de los elementos necesarios para expresar físicamente lo creado por la imaginación.

Procesamos los materiales escogidos de acuerdo con el diseño, para obtener un producto final, como una silla, una computadora, un vehículo, una lámpara, un vestido, un plato favorito, una pintura, un poema, una partitura de música, un baile, una canción, una obra de teatro, una sinfonía, un rascacielos.

Nada de eso existe en la naturaleza; es el producto de la mente que crea realidad a través de su facultad de imaginar, de percibir la solución a un problema, de encontrar los medios para expresar la idea, y finalmente de producir físicamente aquello que apenas fue un chispazo de la imaginación, de la intuición.

Esta facultad inmaterial nos ofrece la base constatable para afirmar que en nosotros existe un nivel, una facultad sin espacio ni tiempo, que nos define y distingue del resto de la realidad fisica que hemos analizado. Nos da pie para postular una dimensión interior nuestra –real– pero sin concreción fisica como es nuestro cuerpo.

¿Puede la energía vital crear una realidad que ella misma desconoce y no puede manifestar?

¿Qué conclusiones podemos sacar de estos datos científicos?

Varias y muy reveladores. Pero como son tantas y tan profundas, merecen otro artículo.

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– Datos de los órganos y células obtenidos de Wikipedia y de La Enciclopedia Británica.

Reynaldo Pareja

Junio, 2024

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