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Gonzalo Bernal Hoyos

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Desde Australia, donde nos recibieron con su esposa Elizabeth a Pily y a mí en Marzo del 2023, y donde vive con su familia hace muchísimos años, nos sigue fielmente en nuestro blog y nuestras tertulias mi compañero de infancia y adolescencia en el Liceo Francés de Bogotá, Gonzalo Bernal Hoyos, distinguido Médico Colombiano. Inspirado por nuestra reciente serie de intervenciones sobre el tema de la poesía y sus recuerdos, Gonzalo nos ha enviado esta carta con memorias “desempolvadas” del baúl de sus recuerdos, la cual compartimos orgullosos con nuestros lectores. Dario Gamboa

Admirados amigos exjesuitas en Tertulia,

Desde niño he sido un amante de la poesía y un muy mal poeta. De suerte que mi baúl consta tan sólo del recuerdo de cómo nació esa afición, de los escritores que la alimentaron y de los poemas que todavía revolotean en mi memoria.

Crecí en el seno de una familia rodeada de los libros y bajo la tutela de una madre viuda desde mis aún no cumplidos dos años.

El primer soneto que aprendí de memoria y que con orgullo se lo recité a su autor, mi tío Rafael Bernal Jiménez, fue Los Caballos de Rondón y que hoy pueden leerlo en una placa conmemorativa en el grandioso monumento del Pantano de Vargas.

Mi madre fue una mujer muy liberada para su época en una ciudad fría como Tunja. Allí conoció a Gertrudis Peñuela, mejor conocida como Laura Victoria, boyacense y caracterizada por cultivar una poesía erótica y sentimental revestida de una fina sensualidad. Poco nombrada en Colombia, ya que vivió la mayor parte de su vida en Méjico, donde murió. Tuve la fortuna de conocerla en mi casa materna a principios de los años 1970. Alguien me sustrajo su libro dedicado y muy valioso para mí.

Ya en Bogotá, Dora Castellanos fue una asidua visitante de nuestra casa cuando se la distinguió por ser la primera mujer miembro de la Academia Colombiana de la Lengua en mayo de 1979. Yo ya había regresado de Francia con mis estudios de posgrado en hematología y trabajaba en esa especialidad. Tengo ante mí la esquela escrita por Dora que pone: “Mi querido doctor Gonzalo: La poesía está anémica. Necesita una transfusión” Te espero con tu señora.” Fue un momento memorable.

Cuando cursaba bachillerato en el Liceo Francés Louis Pasteur, el doctor Ricardo Hinestroza Daza vino a almorzar a mi casa y le rogué a mi mamá que me sentara junto a este personaje, pues quería preguntarle por el poeta José Asunción Silva, a quien alcanzó a conocer el doctor Hinestroza. Pretendía ser parte de una cadena contemporánea ininterrumpida.

Recuerdo con nostalgia cuando llegaba a casa y le recitaba a mi madre un poema de Ismael Enrique Arciniegas, o de Alberto Ángel Montoya o de….y ella lo continuaba con su entonación melodiosa y evocativa; esto me indujo a explorar muchos poetas hasta lograr “corcharla”. 

Me dijeron algunos compañeros y el profesor de castellano, que yo era un buen lector y declamador. De suerte que me llevaba a otras clases para que apreciaran mis supuestas dotes. Inclusive durante los dos primeros años de universidad, fui al colegio a colaborarle al muy apreciado profesor Restrepo. 

Invertí días gozando con el Romancero español, los clásicos,  los parnasianos, los románticos, los modernistas, los Poetas Malditos y los inclasificables como Gérard de Nerval que sigue acompañándome con frecuencia en la ducha, para asombro de mi esposa australiana. 

La poesía continúa compartiendo mi camino, evocando juntos esos tiempos idos y llenando de dulces alegrías mi retiro en estas tierras lejanas del canguro.

Y para plagiar a Guillaume Apollinaire, el tiempo pasa, todo pasa, y yo, la Poesía, persisto.

Gonzalo Bernal-Hoyos

Brisbane, Australia

Abril, 2025

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