Volver al principio

Por: Francisco Cajiao
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Al completar el planeta una vuelta alrededor del Sol, puede pensarse que todo regresa al principio y que se podrán realizar deseos, cambiar situaciones y recuperarse de los golpes del año que terminó.

Los humanos, desde tiempos remotos, descubrieron que las cosas duras eran más fáciles de digerir en pequeñas dosis. Una de esas es nuestra relación con el tiempo: tener memoria de lo que se ha ido, conciencia de la fragilidad del presente e incertidumbre de lo que viene, incluido el riesgo inminente de la enfermedad y la muerte, representa para muchas personas una carga enorme. Por esto resulta práctico dividir el tiempo en años, meses, semanas, días…

El año es la dosis más importante, pues al completar el planeta una vuelta alrededor del Sol, se puede pensar que todo regresa al principio y que se podrán realizar deseos, cambiar situaciones y recuperarse de los golpes del año que termina. Por eso se celebra en todos lados con ruido, pólvora, lágrimas, borracheras, promesas y, en muchos casos, con la idea de borrón y cuenta nueva.

Hemos despedido el año 2021 sin nostalgia, con la ilusión de que el desastre vivido por la humanidad desde el 2020 se fuera definitivamente. En el mundo se perdieron muchas vidas, millones de personas enfermaron, la pobreza regresó a miles de familias que con gran esfuerzo habían logrado mejorar sus condiciones de vida, los niños y jóvenes dejaron de acudir a las instituciones educativas y hubo estallidos sociales que mostraron los niveles de insatisfacción que están allí como brasas que en cualquier momento vuelven a encenderse.

Hacia octubre parecía que la reducción de contagios, la vacunación y la reactivación de la economía presagiaban un año venidero distinto, nuevecito, con la gente viajando, divirtiéndose, colmando estadios, discotecas, escenarios culturales y cruceros. Pero todo se comenzó a nublar con la aparición de la variante ómicron, haciendo que, si el año pasado se despidió sin nostalgia, el nuevo se reciba con escepticismo.

En medio de adversidades han surgido grandes inventos, transformaciones sociales y formas de adaptarse, no solamente para sobrevivir, sino para progresar.

En Colombia, este gobierno se despedirá con poco que extrañar y una campaña larguísima en la que, por el momento, nada invita a ser muy optimistas. Para quienes vivimos en Bogotá, la Administración ha comenzado a pedir paciencia porque la ciudad es un caos programado. Con la insuficiencia del transporte público, el estado de las vías, la inseguridad manifiesta y la restricción casi total de la movilización privada, muchas personas seguirán por años en cuarentena forzada. Pero aprenderán paciencia y seguirán viendo miles de metros cuadrados de ciclorrutas vacías mientras los ciclistas van por entre los automóviles.

Sin embargo, el año será nuevo y traerá nuevos desafíos. Todos estos problemas, a los cuales se suma el enorme paquete universal del cambio climático, han sido un acicate para la creatividad de los seres humanos. En medio de adversidades han surgido grandes inventos, transformaciones sociales y formas de adaptarse, no solamente para sobrevivir, sino para progresar. Pero eso solo lo han logrado aquellas sociedades que se han ocupado de educar a las nuevas generaciones, cultivando desde la infancia la curiosidad y el tesón para identificar y resolver problemas. Más que nunca necesitamos capacidades científicas y tecnológicas, pues sin ellas dependemos totalmente de lo que hagan en otras latitudes.

Así ha sucedido con los alimentos que, habiendo sido nuestra riqueza originaria, terminaron siendo la riqueza económica de quienes aprendieron a procesarlos y entenderlos. Tenemos luz solar y viento, pero las tecnologías que los convierten en energía son de otros. Duraremos décadas dependiendo de la industria farmacéutica que controla las vacunas. Y así la lista puede continuar con las tecnologías de la información, los sistemas de transporte, la bioingeniería…

Mi mayor deseo para este año es que seamos capaces de dedicar todo nuestro esfuerzo a formar a quienes algún día puedan hacer verdaderos cambios en un país maravilloso cuya mayor riqueza son niños, niñas y jóvenes que inician sus vidas en un mundo muy hostil para quienes no tienen educación.

Francisco Cajiao

Enero, 2022

3 Comentarios

Rodolfo Ramon De Roux 11 enero, 2022 - 8:24 am

Mi estimado rector,
Pueda tu mayor deseo hacerse realidad, día a día, poco a poco.

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Jorge Luis Puerta 11 enero, 2022 - 10:05 am

Pacho: en tu misma línea, me parece que le añades cosas a https://elpais.com/eps/2022-01-02/la-palabra-ano.html?sma=newsletter_eps20211230
Un abrazo.

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John+Arbeláez 11 enero, 2022 - 4:04 pm

Pacho, siempre tienes la reflexión precisa pra la educación en Colombia, donde, pro dolor, estamos atrasados años luz con respecto a países medianamente educados.
Felicitaciones por tu merecido reconocimiento por parte del MinEducación.

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