Viaje a la región de Rajastán, India

Por: Eduardo Pardo
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Para escapar del frío invernal y como unos amigos nos habían comentado su maravilloso viaje a India, decidimos viajar allá en 2013. Ante la inmensidad de este subcontinente, escogimos la región del Rajastán, tierra de marajás: un entretenido viaje de 12 días.

Las raíces de India se pierden en tiempos inmemoriales. Hay vasijas y objetos del  neolítico. Puede hablarse de civilización a partir de 2500 AC.  En el 600, había 16 monarquías hereditarias ; el sánscrito era el lenguaje de las cortes. En el 500 AC la conquistó Darío y más tarde Alejandro Magno invadió lo que hoy es Paquistán, que formaba parte del subcontinente indio, junto con los actuales Afganistán y Bangladés. Durante los siglos IV y V la dinastía Gupta unificó India. Entre los siglos X y XI la conquistaron musulmanes turcos y afganos, que instauraron el sultanato de Delhi en el XII. En el XIII, los descendientes  del Genghis Kan la invadieron y dominaron durante 200 años. En 1498, Vasco de Gama llegó a sus costas y en 1600 los ingleses, holandeses y franceses ya tenían puestos comerciales en sus puertos.                
                                                                                                                                                       Para no alargarme, pasemos a la dominación inglesa a partir de 1850. En 1920, Gandhi inició un movimiento de desobediencia civil, boicot de los productos ingleses y no violencia. Obtuvieron la independencia en 1947, con Nehru como primer ministro, pero por la rivalidad religiosa entre hinduistas y musulmanes hubo un éxodo en medio de gran violencia. La mayoría de los musulmanes se instalaron en el occidente y oriente de Paquistán, antes de que esta región se independizara y tomara el nombre de Bangladés. 

India tiene una extensión de 3.287.563 km², que la ubica en el 7° lugar en extensión y 2° en población, con 1200 millones de habitantes. Las principales lenguas son hindi, inglés, árabe y punjabi; hay otras 22 que son oficiales y más de 1000 dialectos.  Las principales religiones son hinduismo, islamismo, sijismo, budismo y jainismo. Afirman que tienen más de 10 millones de dioses, cifra que simboliza las representaciones infinitas de Dios. La adoración de una determinada divinidad es cuestión de preferencia individual. Son creyentes y los fanáticos son minoría. 

La trinidad de los dioses hinduistas son Brahma, el creador, con su esposa Saraswati ; Vishnu, dios de la prosperidad, con Lakshmi, y Shiva, el destructor, acompañado de las diosas Kali, Durga y Parvati. Otros dioses populares son Hanuman, de la música ‒que se representa con la forma de mono‒, Ganesha, de la sabiduría y felicidad ‒en forma de elefante‒, Parvati, la esposa de Shiva, y miles mas.

En cuanto a las castas, el hinduismo enseña que los humanos fueron creados a partir de las distintas partes del cuerpo de Brahma: los brahmanes (sacerdotes, intelectuales) de la boca; los chatrias (políticos y militares), del pecho; los vaishias (comerciantes y artesanos), de la cadera, y los shudras (siervos y obreros), de los pies. También hay subcastas, como los intocables, sobre los cuales hay una idea errónea, pues el presidente actual pertenece a ella. Normalmente, los matrimonios se efectúan entre miembros de la misma casta. Y como las castas tienen un origen “divino”, son aceptadas y no hay “lucha de castas”.  

Después de esta introducción histórica, pónganse los cinturones, pues el vuelo de Lufthansa está próximo a despegar: París-Munich-Delhi. La segunda etapa será de noche, pero con la diferencia horaria el sueño solo será de cuatro horas. Llegamos y al salir del aeropuerto nos esperaba nuestro guía, el chofer y su ayudante. Por primera vez nos vimos las caras los 15 participantes. ¡Teníamos buena pinta!

Inmediatamente, iniciamos el tour de Delhi y un primer impacto por su diferencia con París. Era día festivo y el gentío era impresionante. El tráfico, una locura, pues poco se respetan los semáforos, Y cuando no había, no pude entender quién tenía la vía. Por la calle transitaban al mismo tiempo peatones, carros, buses, bicicletas, motos, carretas y las famosas “vacas sagradas”, todo ello en medio de un ruido infernal, pues todos pitaban al mismo tiempo. En algunos andenes se veía a los pobres que viven bajo un techo hecho de retazos, cocinan en una fogata y se lavan en el primer grifo que encuentran, todo ello con dignidad, pues no hay  mendigos y sus espacios se ven limpios. 
                 
En el tour nos llevaron al barrio donde vivían los ingleses, quienes planificaron la ciudad con amplias avenidas y parques. El barrio de las misiones diplomáticas, de grandes casas rodeadas de jardines. Pasamos frente al palacio del gobernador inglés; el Arco del Triunfo o  Puerta de India; el Fuerte Rojo, que defendía la ciudad, y el palacio del emperador Shajahan; el jardín donde se halla la tumba de Mahatma Gandi; la tumba de Humayun, construida  por un arquitecto persa en el siglo XVI, precursora del Taj Mahal y, para terminar, la mezquita Jama Masjid, una de las más grandes de país.     
                                                                                                                                                       Después de esta visita panorámica y un poco rápida nos esperaban 265 km de ruta para llegar al primer hotel: ¡más de siete horas!, debido al deplorable estado de una carretera de dos carriles, por donde andaban  todos los vehículos antes citados, más tractores, camellos, cabras, burros, etc., muchos de ellos en contravía. Menos mal que el hotel era un antiguo palacio de los marajás, donde nos recibieron con collares de flores, aperitivo, un punto rojo en la frente ‒símbolo de felicidad‒ y ¡un buen bufé! 

MANDAWA / BIKANER. Mandawa la paseamos a pie para entrar a los havelis, casas de los principales comerciantes, decoradas con frescos multicolores que representan escenas de caza, danzas y mitología hindú. En Bikaner visitamos el Fuerte de Junagadh, impresionante ciudadela construida en 1485. En la principal de sus siete puertas está grabada la flor de loto, símbolo de pureza, y las huellas de las manos de las esposas que se inmolaron con sus esposos, cuando los quemaban. Solo se incinera a los adultos para que dejen de reencarnarse y lleguen al paraíso. Los niños, en cambio, son enterrados para que puedan continuar el proceso de reencarnación. Las salas de audiencia están ricamente decoradas. En estas, en los patios y otras dependencias hay unas pequeñas ventanas camufladas que permitían que las mujeres vieran lo que ocurría y dejaban pasar la brisa durante el verano.

BIKANER / JAISALMER.  Jaisalmer es ejemplo de de una ciudad fortificada rajputa : paso obligado de las caravanas, controlaba el comercio entre India y Paquistán. Visitamos la ciudadela en lo alto de una colina: domina la ciudad, cuyas piedras de construcción son amarillas. Los templos jainistas son ricamente decorados por dentro y simples por fuera. A quienes esculían la piedra y mármol de los templos y palacios, les pagaban de acuerdo con el peso del polvo que quedaba al terminar su trabajo ; por eso, todas las tallas son increíbles. También entramos a varias casas de los comerciantes ricos, parte de una casta elevada.

Por la tarde fuimos a visitar una granja de hierbas medicinales, cuya dueña de casa nos ofreció un té. Para terminar el día fuimos al borde del desierto del Thar para un corto paseo en camello (el nuestro se llamaba babu y lo llevaba el chico Roya) y ver la puesta del sol en medio de las dunas. Estabamos a 100 kms de la frontera con Paquistán : había muchos cuarteles del ejército, dada la rivalidad de estos dos países que poseen la bomba atómica. 

JAISALMER / JODHPUR. En la siguiente jornada visitamos el fuerte Mehrangarh, construido en 1459. Esta fortaleza es un inmenso museo formado por varios palacios. El mausoleo es en mármol blanco. En esa época cada una de estas ciudades y su región eran independientes y gobernadas por los marajás. Por eso, siempre hay fortalezas, palacios y templos. En la tarde, visitamos fábrica de artesanías y una comunidad de la secta bishnoi para ver la ceremonia del opio, que no se fuma, sino que se toma. Estas visitas permiten apreciar el trabajo artesanal y promover las ventas, y siempre hay que regatear. Una amiga nos había prevenido y lo confirmó el guia: hay que ofrecer un tercio del precio inicial. Como siempre ofrecían alguna bebida y eran muy amables, uno se sentía comprometido.

JODHPUR / UDAIPUR.  Tomamos la ruta hacia Ranakpur, reputada por sus extraordinarios templos de mármol blanco, los santuarios jainistas, impresionantes por su arquitectura y tallado de piedra y mármol. Después del almuerzo cogimos una pequeña carretera de montaña, al borde de la cual había gran cantidad de micos. A muchos compañeros de viaje les salieron canas cuando el chofer adelantaba en curva o al final de una subida, sin ninguna visibilidad. La pitadera duraba antes, durante y después: son campeones para adelantar a alguien y cerrarse justo cuando el bus o camión que viene al frente pasa a 10 centímetros. Y si es una moto o carro, los sacan a la cuneta. Los buses llevan gente en el techo o adentro: ponen un segundo nivel en que solo pueden ir acostados o sentados como yoguis.

Llegamos a Udaipur, la perla de Rajastán. Fue constuida en el siglo XVI. Se ubica junto a un lago y está rodeada de montañas, su defensa natural. Paseamos en barca por ellago Pichola, en medio del cual hay un palacio en el que filmaron escenas de películas de James Bond. Paramos en una islita que tiene un pequeño palacio donde el marajá iba a descansar en  momentos de mucho calor. Realmente, todos estos mandatarios poseían grandes fortunas y se daban la buena vida.

UDAIPUR / PUSHKAR. Antes de emprender el viaje regresamos al lago para visitar el City Palace. Al igual que en otros palacios, hay cantidad de salones, patios, decoración suntuosa, escaleras, celosías. Una vez más es imposible describir todos los detalles y bellleza de los objetos, arquitectura y decorados. Mejor, ¡vayan a descubrirlos ustedes mismos!            
                                                                                                                                                   Como almorzamos antes de salir, el trayecto pareció bastante largo. Menos mal que el paisaje cambiaba, cruzábamos caseríos con puestos de ventas a lo largo de la calle principal. Gran colorido de vestidos y rostros diferentes, todo ello mejor que mirar las nubes desde un avion.

PUSHKAR / JAIPUR.  Pushkar es uno de los lugares sagrados del país al que acuden los peregrinos. Allí se encuentra el único templo dedicado a Brahma, el creador. Hay un lago donde vienen los fieles a hacer sus abluciones para purificarse. Durante el almuerzo vimos una representación de marionetas, que son muy populares. 

Jaipur, capital del Rajastán, es la ciudad rosada. Visitamos el palacio del marajá, en una parte del cual hoy vive el rajá. Reúne diferentes colecciones y su sala de las audiencias es impresionante.

Al salir, fuimos a dar una vuelta en rickshaw, vehículo donde uno va sentado y el conductor pedalea la bicicleta. Después entramos al observatorio astronómico, edificado en el s. XVIII. Los instrumentos están al aire libre y tienen una precisión de milímetros o segundos. También paseamos por un barrio cuyos almacenes estan pegados unos junto a otros. Veíamos  mujeres sentadas en tapetes, mirando las mercancías y discutiendo el precio. En Jaipur se encuentra el Palacio de los Vientos, de una arquitectura particular, pues su fachada está llena de diminutas ventanas por donde circula el aire y que permitían que las mujeres pudieran mirar las manifestaciones públicas sin ser vistas.

Al día siguiente visitamos el palacio fortificado de Amber. Como se ubica en una colina,  subimos en elefante. En este conjunto hay un templo a la diosa Kali: es negra y tiene un collar con las cabezas de sus enemigos. Al final de la tarde fuimos a una gran sala de cine para ver un pelicula al estilo Bollywood. Nos reímos bastante, pues la pareja protagonista hacía cantidad de caras, los dos se coqueteban al máximo, pero sin tocarse; cantaban y bailaban acompañados por una coreografia. 

Cuando salimos a dar una vuelta después de cenar, oímos música y fuimos a ver qué era. Se trataba de la fiesta de un matrimonio, a la que la gente que pasaba podía entrar. Nos acercamos a una puerta y nos invitaron a seguir. Tímidamente, nos aproximamos a otra puerta, que daba a un gran patio con un estrado en el que había músicos. Quienes iban llegando se acercaban al bufé para tomar algo. Otra persona insistió en que avanzáramos y nos sirviéramos algo. No nos animamos, pero nos quedamos un rato observando la fiesta. En India la costumbre es invitar no solo a la familia y amigos para la ceremonia del primer día, sino a todo el pueblo o el barrio al día siguiente. Puede decirse que es un matrimonio de “puertas abiertas”. Esto ocasiona que las familias se endeuden de por vida entre la dote y la fiesta. Eso “justifica” que aborten cuando es una niña, hasta el punto que el Estado prohiba las ecografías para que los padres no sepan el sexo del bebé (mejor sería que acabaran la tradición de la dote y la fiesta monumental. Así se evitaría que hubiera miles o millones de hombres que no encuentran esposa y terminan violando a las mujeres).

JAIPUR / AGRA.  Finalmente, llegamos a Agra para cerrar el viaje con broche de oro, visitando el Taj Mahal. Como los buses no pueden acercarse, tomamos una carroza tirada por un caballo. Descubrir este mausoleo funerario de mármol blanco es impactante. Se escucha tanto de esta “maravilla del mundo”, que al verla uno puede desilusionarse, lo que no fue nuestro caso. Realmente es fantástico. Lo construyó el gran mongol Shah Jahan durante 22 años (1631 a 1653), en honor a su esposa Muntaz Mahal como testimonio de amor. Ella murió relativamente joven tras darle 14 hijos. Lo rodean jardines con fuentes. Tiene cuatro minaretes y cerca hay un templo hindú y una mezquita. Al lado corre el rio Yamuna. Con el transcurso de las horas su color pasa de un blanco intenso a rosado, cuando el sol se va ocultando: pudimos observarlo, pues permanecimos allí tres horas. 

AGRA / DELHI. En las afueras de Agra está el Fuerte Rojo, idéntico al de Delhi. Allí estuvo prisionero Shah Jahan, después de que uno de sus hijos lo destronara y matara a sus hermanos para apoderarse del trono. Dicen que quedó ciego de tanto mirar la tumba de su esposa, que se veía en la lejanía. 

Para regresar a Delhi viajamos por primera vez por una verdadera autopista de cuatro carriles y separador central. A cada lado hay una valla metálica; no obstante, vimos perros, cabras y personas. Solo faltaron las vacas. Durante el trayecto se preparó el sobre con la propina para el guia, el chofer y su ayudante. Es la costumbre en todos los circuitos turísticos organizados. Nuestros acompañantes la merecían. 

En la ciudad volvieron la pitadera, el gentío, la pobreza, los colores y los olores. Para quemar tiempo nos llevaron a un centro comercial totalmente moderno, que tenía almacenes de las grandes marcas. Nada que ver con la India tradicional que acabábamos de recorrer. ¡Todo un choque de culturas en el mismo país! 

A media noche fuimos al aeropuerto para tomar el vuelo de Lufhtansa de las 3.00 a.m. para Frankfurt y cambio de avión para París. Cuando arribamos a la ciudad donde vivimos, era el decimotercer día de nuestro viaje a una India increíble.

Es el 33° país que visito. Así voy cumpliendo uno de mis objetivos : viajar y conocer países y culturas es muy enriquecedor.

Esperamos que hayan disfrutado del viaje, de nuestras fotos y las de Patrick. Quedan invitados para el próximo recorrido, si Dios quiere…



Eduardo Pardo y Graciela Rodríguez

2013

3 Comentarios

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Humberto Sánchez Asseff 28 abril, 2021 - 10:43 am

Gracias Eduardo por compartirnos tu experiencia. Ojalá lo sigas haciendo con los futuros viajes. Este es un artículo para volverlo a leer, pero después de conocer mejor la historia de la India, su geografía y costumbres. Gracias.

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Luis Arturo Vahos
Luis Arturo Vahos 2 mayo, 2021 - 5:33 pm

Además de las fotos, tu capacidad narrativa nos transporta a ese mundo multicolor que es India. Me llevaste a recordar mi propia experiencia en 1992, y a mi Maestro que vivía en Rajastán. Gracias Eduardo.

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Vicente Alcala 10 mayo, 2021 - 6:00 pm

Eduardo y Graciela, muchas gracias por compartir con nosotros esos días y esos kilómetros. Leer historia, enseña mucho y nos traslada a siglos pasados; escuchar narraciones como la de ustedes, nos hacen recorrer grandes distancias y degustar las geografías humanas. Ya casi, no es necesario ir hasta allá. ¿Será una buena racionalización? No, es una manera de ir, bien acompañado.

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