Un adiós a Pablo

Por: Jesus Ferro Bayona
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Como vate de la mejor cepa de la isla, su poesía posee la resonancia del son cubano, por lo que no es un azar que Milanés se lanzara a musicalizar varios de sus poemas, entre ellos, “De qué callada manera”, que ha quedado en la memoria de muchos como creación enteramente suya.

La primera vez que vi a Pablo Milanés en persona fue el domingo 16 de noviembre del año 2003. Vino a dar un concierto en el recién inaugurado coliseo de Uninorte, cuyas graderías estaban colmadas por un numeroso público de admiradores del cantautor de la Nueva Trova que acaba de morir en Madrid. Nadie se imaginaba que el aire acondicionado del recinto no arrancaría a enfriar esa noche sino a echar soplos sofocantes que inflamaron los ánimos impacientes a la espera del artista cubano.

Por fin ingresó al recinto Pablo Milanés entre los aplausos con que lo acogimos, pero el trovador cubano no estaba esa noche en su mejor forma, por lo que el concierto duró apenas una hora y sin cantar lo más conocido de su repertorio. No obstante, el público le siguió entregando aplausos y vítores, sin dejar de seguir entonando después, y por años sin fin, sus canciones más inspiradoras, que él interpretaba con estilo propio y sensible que marcó el movimiento de la Nueva Trova ‒no entro a juzgar aquí los aspectos políticos‒. 

Lamenté no escucharle esa vez los poemas de Nicolás Guillén, el gran poeta cubano, que Pablo musicalizó en un álbum imperdible que lanzó en 1975: “De qué callada manera/se me adentra usted sonriendo,/ como si fuera la primavera/ yo muriendo!”. En los incontables comentarios que se han publicado por estos días en las redes sociales, muchos confiesan que ignoraban que esos versos tan dichosos eran del poeta Guillén y juraban toda la vida que eran hechura brotada del sentimiento de Pablo. Quizás no le habían puesto atención al video del concierto que dio en La Habana en 1982: “y de qué modo sutil/ me derramo en la camisa/ todas las flores de abril”, concierto en el que Pablo volvía a cantar:  “¿quién le dijo que yo era/ risa siempre, nunca llanto,/ como si fuera la primavera?¡No soy tanto!”, advirtiendo desde el comienzo que Guillén era quien había escrito ese pequeño y hermoso poema que tituló Canción, pero que él, Milanés, lo había dado a conocer llamándolo “De qué callada manera”.

Nicolás Guillén escribió unos poemas que son una joya de la poesía modernista de los años 1920, cuando conoció a su paso por La Habana al poeta García Lorca, con quien compartió muchos momentos de su estancia, dejando tras su partida, dice Guillén, “su tenaz perfume y gracia romancera”. Pero como vate de la mejor cepa de la isla, su poesía posee la resonancia del son cubano, por lo que no es un azar que Milanés se lanzara a musicalizar varios de sus poemas, entre ellos “De qué callada manera”, que ha quedado en la memoria de muchos como creación enteramente suya. 

En un concierto en el que cantó con su guitarra en 1987, y que he vuelto a oír ahora, entonó con voz cristalina ese otro verso del poema: “En cambio, ¡qué espiritual/ que usted me brinde una rosa/ de su rosal principal!”. Al conocer la noticia de la muerte de Pablo Milanés, los que somos hoy los jóvenes de ayer, recordaremos nostálgicos, con Yolanda, Para vivirLa felicidad ‒¡cuántas otras más!‒, una época musical que abrió nuevos caminos sin desprenderse de la poesía que perdura.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

Diciembre, 2022

2 Comentarios

mauricio archila 6 diciembre, 2022 - 7:23 am

De qué callada manera se nos metió Pablo para quedarse para siempre

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Jesús Ferro 7 diciembre, 2022 - 10:33 am

Y qué decir con el breve espacio en que no estás y yolanda y ya ves que hasta Cortázar se inspiró para componer otra.

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