Trampas de caudillos

Por: Jesus Ferro Bayona
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Es muy grande el parecido con los hechos que están sucediendo y lo que va a venir probablemente después de la invasión rusa a Ucrania, pues tras la ocupación rusa de Crimea, se logró en 2014 un acuerdo con la misma Rusia de Putin que hoy ha sido incumplido. 

Si hubiera que designar a los malos caudillos con algún calificativo sería el de oportunistas que le están apostando a su egolatría. Mienten cada vez que prometen y cambian de parecer cuando les conviene, aunque eso signifique incumplir sus promesas. En política, las variaciones del péndulo en que se mecen los caudillos tienen costos enormes para la población que confía en ellos.

Cinco años después de haber llegado a la cabeza del Reich alemán, los ejércitos de Hitler invadieron gran parte del territorio de Checoslovaquia, llamado los Sudetes, habitado en su mayoría por alemanes. La mayor parte de la industria pesada checa y la producción de materias primas ricas en carbón, hierro, acero y petróleo, incluyendo las refinerías, pasaron al control alemán. Hitler argumentó que esa era una región que ya era alemana, puesto que el pueblo que la habitaba y la ponía a producir era de origen alemán. 

Ni más ni menos que el argumento utilizado por Putin ahora para argüir que las regiones del este de Ucrania, Lugansk y Donets, pertenecen a Rusia, pues sus habitantes son rusos. Las potencias occidentales reaccionaron en 1938 en contra de la invasión nazi. A los pocos meses, Alemania, Italia, Gran Bretaña y Francia se reunieron para tratar el asunto, pero no se permitió que Checoslovaquia asistiera a la conferencia. 

Seis meses después de la anexión a la fuerza de los territorios de la nación checa, invadidos por el ejército nazi, se firmó el Pacto de Múnich, mediante el cual se aceptó la invasión alemana por los mismos motivos que había alegado Hitler y con el ilusorio objetivo de evitar una guerra con Alemania: los firmantes del Pacto reconocieron que los Sudetes checos era un territorio de mayoría alemana, como pasa hoy con las regiones de Luganks y Donets en Ucrania. 

Lo más triste de esta claudicación de las naciones occidentales fue que después de haber prometido Hitler que no ocuparía el resto del territorio de Checoslovaquia, habitado por checos, el dictador nazi incumplió su promesa, ocupándola toda pocos meses después, en marzo de 1939. Ya en 1941, cuando la Guerra Mundial había estallado, Hitler no tuvo ningún reparo en comentar que si podías apoderarte de recursos y tierra por la fuerza es porque “lo que uno necesita y no tiene, uno debe conquistarlo”. Checoslovaquia quedó sola, la guerra se dio, y los firmantes del Pacto de Múnich quedaron como unos ilusos frente el caudillo nazi a la hora de las grandes decisiones. 

Es muy grande el parecido con los hechos que están sucediendo, y lo que va a venir probablemente después de la invasión rusa a Ucrania, pues tras la ocupación rusa de Crimea, se logró en 2014 un acuerdo con la misma Rusia de Putin que hoy ha sido incumplido. Uno se atreve a pensar que los caudillos siguen haciendo trampa y los pueblos sufriendo las consecuencias de sus actos arbitrarios.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

Abril, 2022

2 Comentarios

Vicente Alcalá 22 abril, 2022 - 6:55 am

A buen entendedor… muchos pactos históricos.
Y una imagen vale más que mil palabras.
Muchas gracias al escritor y al ilustrador de este artículo.

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Dario Gamboa 24 abril, 2022 - 8:16 pm

Respondo por haber colocado “la contribucion de pinocho”…

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