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¿En qué creo hoy?

Todo vale

¿Será aceptable este slogan? Lo que es bueno para unos es malo para otros. La moralidad en unas culturas difiere de la moralidad en otras culturas; entonces ¿que cada uno escoja como quiera? ¿Cualquier cosa vale? ¿Lo bueno y lo malo es relativo? o ¿es posible y necesario establecer unos mínimos éticos universales y un criterio de lo moral?

¿Será aceptable este slogan? Lo que es bueno para unos es malo para otros. La moralidad en unas culturas difiere de la moralidad en otras culturas; entonces ¿que cada uno escoja como quiera? ¿Cualquier cosa vale? ¿Lo bueno y lo malo es relativo? o ¿es posible y necesario establecer unos mínimos éticos universales y un criterio de lo moral?

Hay vocablos relacionados, aunque estrictamente no son sinónimos: legal, legítimo, justo, bueno, honesto, valioso, importante, moral, recto, correcto, íntegro, auténtico… y sus contrarios o antónimos: ilegal, ilegítimo, injusto, malo, deshonesto, despreciable, insignificante, inmoral, torcido, incorrecto, corrupto, falso… Es conveniente advertir que puede darse una gradación o escala entre ellos.

No es necesario aquí, precisar el significado de cada término; basta con la comprensión normal que tenemos de cada uno, del sentido generalizado que les damos; basta pensar en los comportamientos observables que manifiestan lo que no se ve, lo que hay detrás de cada conducta. Como dirían los griegos, no todo el mundo sabe definir qué es la virtud y qué es el vicio, pero todo el mundo sabe distinguir la persona virtuosa de la persona viciosa, la persona buena de la persona corrupta.

Regresemos al comienzo: ¿Qué es el valor, qué son los valores? Hay diferentes tipos de valor: económico, literario, artístico, científico, comercial… moral. Y hay grados o niveles de valor: no es lo mismo $100 que $1.000, no vale lo mismo una casa de 80 metros cuadrados que otra de 200; no es tan importante una opinión subjetiva o personal, como una teoría física comprobada y aplicada en múltiples descubrimientos o invenciones. 

De manera que decir “todo vale” o todo da igual, es claramente insostenible. Sin embargo, también es cierto que lo importante o valioso para una persona, o una colectividad o una cultura, puede ser indiferente o insignificante para otras. ¿Qué podemos pensar ante eso?

Entre los tipos de valores enunciados, detengámonos en el valor moral; es el que califica o mide, no lo que las personas tienen, sino lo que ellas son; califica a las acciones específicamente humanas de las personas o los grupos, a los comportamientos conscientes y voluntarios; no llamaríamos moral o ético al respirar o caminar, pero sí al decir la verdad o ayudar a un necesitado. 

Ahora bien, ¿hay un criterio válido y objetivo para decidir o juzgar lo bueno y lo malo?  ¿Existe un fundamento auténtico, genuino, universal de lo ético-moral, o simplemente este terreno es subjetivo, relativo, arbitrario, convencional, a gusto o criterio de las personas o colectividades?

Para deliberar, decidir y actuar, hay preguntas importantes: ¿Vale la pena?  ¿Debo hacer esto? ¿Cuál es la mejor, entre dos o más alternativas que tengo? ¿Qué beneficios o inconvenientes se pueden prever? No se trata de mentir o engañar a otros, sino ¿me estoy mintiendo o engañando a mí mismo? Y estas preguntas en primera persona son válidas para grupos y colectividades que toman decisiones y actúan en común.

Hay diversos códigos morales, según las ideologías, las culturas, las costumbres… pero una cosa es el contenido o características de esos códigos y otra cosa es la función dinámica o consciencia que exige su observancia. 

Escribe un autor que: aunque seamos libres para cumplir nuestros deseos, no somos libres para escoger qué desear. Si esto es así ¿dónde queda nuestra voluntad y nuestra responsabilidad? Podemos decir que nuestra naturaleza se dirige a lo que necesitamos y, por tanto, a lo que deseamos. 

La naturaleza humana -como principio de movimiento y reposo- desea y tiende a la verdad, al bien, a la felicidad. Pero nuestra voluntad escoge la manera y los medios para lograr lo que deseamos; nuestra libertad decide en qué ponemos la verdad, el bien, la felicidad… y nuestra libertad puede errar, puede equivocarse al decidir: nadie escoge directamente lo falso, lo malo, la desgracia; es más exacto decir que alguien escoge mal, antes que decir escoge el mal La naturaleza humana nos dota, desde el nacimiento, de nuestras capacidades hacia la verdad, el bien, la felicidad; la historicidad es lo que nosotros hacemos de nosotros mismos con esas capacidades que recibimos. 

¿Somos egocéntricos o somos altruistas? El egocentrismo es algo natural como el instinto de conservación. El conflicto surge cuando pensamos en el bien de los demás, que no es totalmente indiferente para nosotros sino necesario, pero que no pesa tanto como el bien propio. Obtener un equilibrio entre ambos es ideal y alcanzable, es lo ético.

Pero el mundo, todos los días y en todas las latitudes, nos ofrece un panorama desolador:  violencia, homicidios, engaños, robos, atracos, guerras, corrupción… 

Las pasiones descontroladas ¿nos arrastran necesariamente? Tenemos impulsos e inclinaciones espontáneas porque somos animales, pero somos “animales racionales”: nuestra inteligencia y nuestra razón pueden orientar, dirigir, regular nuestros instintos e impulsos; pero éstos, a veces son tan fuertes, que nos hacen obrar irracionalmente.

Ética y moral son categorías que se refieren a las personas, a los grupos, a las sociedades. Pasemos a considerar algunos planteamientos y propuestas de alcance universal. Más que cuestionar si es posible o no una ética universal, es preferible trabajar por ella.

Hans Küng fue promotor de la Fundación “Ética Mundial” en Suiza que se extendió a muchos países, y fue inspirador de la Declaración del Parlamento de las Religiones del mundo de Chicago, contra los “Siete pecados sociales” denunciados por Mahatma Gandhi:

riqueza sin trabajo, 

disfrute sin conciencia,

saber sin carácter,  

negocio sin moral,

ciencia sin humanidad, 

religión sin sacrificio, y

política sin principios…

Hans Küng propuso las condiciones básicas de un acuerdo ético global antes de concretar unas propuestas más específicas. Estas son las fundamentales: 

• Compromiso para que todo ser humano reciba un trato humano.

• Compromiso a favor de una cultura de la no-violencia y respeto a toda vida.

• Compromiso por una cultura de la solidaridad y de un orden económico justo.

• Compromiso a favor de una cultura de la tolerancia y un estilo de vida honrada y veraz.

• Compromiso por una cultura de igualdad y camaradería entre hombre y mujer.

Además, de acuerdo con nuestra fe para toda la humanidad:

El Padre nos hace hermanos,

El Hijo nos enseña cómo ser hermanos,

El Espíritu nos impulsa a amarnos de verdad como hermanos.

Vicente Alcalá

Marzo, 2023

Por Vicente Alcala

Jesuita, 1958-1970. Estudió Filosofía y Letras, Teología, Ciencias de la Educación y Relaciones Industriales. Docente universitario. Director de Desarrollo Humano en la Caja Agraria y la Federación Nacional de Cafeteros. Casado con Elssye Morales, arquitecta; padres de Pilar, doctora en biología molecular, y Carlos, abogado, con maestría en derecho internacional.

5 respuestas a «Todo vale»

Qué falta nos hacen en este país reflexiones sobre la ética como las tuyas, apreciado Vicente. Colombia hace muchos años perdió el rumbo moral que debería seguir de acuerdo con las tradiciones de los abuelos que firmaban contratos con su sola palabra. El afán por el dinero a costa de lo que sea acabó con ese horizonte ético. Y ahí vamos dando tumbos…hacia dónde?…

Excelente tu escrito, Vicente. Estoy plenamente de acuerdo con lo que dices: “nadie escoge directamente lo falso, lo malo, la desgracia; es más exacto decir que alguien escoge mal, antes que decir escoge el mal”
Y yo añadiría: Siempre que tomamos una decisión por algo concreto, lo hacemos convencidos de que obtendremos un bien, para nosotros o par los demás. Otra cosa distinta es que nos equivoquemos en esa decisión. Me vienen a la mente personas tipo Pablo Escobar o Garavito. ¿Sabemos qué ocurria en su interior al realizar cualquiera de sus terribles acciones? ¿Cuál sería el bien que ellos veían para sí o para los demás, que los llevaban a actuar así? Terribles errores por los que merecen ser castigados o separados de la sociedad.
¿Estas reflexiones nos llevan a que el pecado, propiamente tal, no existe? Según esto, ¿no puede hablarse de “pecado”, propiamente tal, sino de quivocaciones? O, ¿en qué consiste el pecado?

Vicente, me forzaste a releer a Kant.
Como él dice, “Lo que ha de ser moralmente bueno no basta que sea conforme a la ley moral, sino que también tiene que suceder por amor a la misma, debe obedecer a la propia voluntad, una voluntad determinada por principios a priori sin ningún motivo empírico”.
Porque “la voluntad (la libertad) puede ser determinada por la razón o por los sentimientos (emociones como el agrado, el odio, la felicidad, las inclinaciones…). Pero el bien sumo, el bien moral, solo se da en la voluntad cuando es determinada por la razón (por a-prioris). [Es decir, digo yo con Baena, determinada por “el dinamismo del ente finito hacia un Absoluto Real” (Marechal, en Gustavo Baena, Fenomenología de la Revelación”, ed. Verbo Divino, 2011, p.87)]
Y sigue Kant: “El hombre siente en sí mismo un poderoso contrapeso a todos los mandatos del deber… Surge una dialéctica natural, esto es, una tendencia a raciocinar en contra de esas severas leyes del deber y a poner en duda su validez, al menos su pureza y severidad, y a hacerlas en lo posible más conformes a nuestros deseos e inclinaciones, esto es, en el fondo, a echarla a perder y a privarlas de su entera dignidad, lo cual al cabo ni siquiera la razón práctica ordinaria puede aprobar” (Kant, Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres, Ariel, Barcelona, 1999 (2) p.141)
La sociedad moderna (y con ella muchos filósofos) niega la filosofía pura, y los principios a priori que no tienen nada que ver con lo empírico o con la naturaleza humana. En ese sentido niega la filosofía moral y, en el mejor de los casos, se queda con reglas prácticas fruto de la negociación (Antropología Práctica). Ha abandonado las leyes morales y solo acoge reglas prácticas fundamentadas en la experiencia o en el conocimiento del ser humano y sus circunstancias (antropología, psicología). Reglas que se negocian. Niega que haya obligaciones de absoluta necesidad (como el respeto al otro diferente, o el derecho innegociable a la vida), niega la metafísica de las costumbres, de Kant, o las leyes a priori de la filosofía moral basada en conceptos de la razón práctica pura.
Finalmente, yo si creo que, al escoger mal, también escogemos el mal. Un problema distinto es “¿qué nos lleva a escoger mal” (que creo que es el punto de Luis Guillermo).
Un abrazo y mil gracias por tus reflexiones.

Vicente: Qué maravilla. El impulso que tus reflexiones lleva a comentarios tan profundos y tan de actualidad como los emitidos por César, Luis Guillermo y John, que ayudan a entender la profunda crisis de valores propia de nuestra época. Cordiales saludos a todos. Hernando

El desarrollo moral es extremadamente complejo no sólo en sí mismo, sino también en el pensamiento sobre él.
La captación que uno tiene de los valores puede ser estética, ética o religiosa… hay pues diferentes bases para la orientación moral.
La propia captación y el propio querer el bien puede darse de una manera simbólica, compacta, en la que la imagen cargada de afectos, la intelección, el juicio y la voluntad funcionen todos simultáneamente. (Bernard Lonergan, al hablar sobre el Desarrollo moral).

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