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In memoriam Carlos Enrique Velasco

El martes pasado, 25 de abril, Carlos Enrique Velasco dejó de estar con nosotros. Hoy, Rodolfo Ramón afila su pluma, convoca a personajes del pasado que a veces con solemnidad, otras con desfachatez y otras con gracia, nos muestran las distintas caras que le vemos a la muerte. Seguramente, desde donde esté, Carlos Enrique las sabrá disfrutar.

En la oscura noche, mientras dormía, tuve un sueño profundo, pero tan claro, que no se distingue en nada de la realidad. Varios amigos de Ultratumba me recordaron que el envidioso tiempo todo lo devora y corre más rápido que el viento. Aunque no puedo garantizar la completa exactitud de lo conversado -es flaca mi memoria- tengan bien abiertos los oídos y que no se los tapone doña Cerúmina porque no hay que echar en saco roto los consejos sabios.

KALIMÍA.- Al hombre, con los años, tres cosas se le endurecen y tres se le aflojan. Se le endurece la próstata, se le afloja la rodilla. Se le endurece el cristalino, se le afloja el intestino. Se le endurece el nervio auditivo, se le afloja el ejecutivo.

LUIS DE GÓNGORA.- Por eso mismo, que no os engañe el tiempo, la edad y la confianza. No os dejéis lisonjear de la juventud lozana, porque de caducas flores teje el tiempo sus guirnaldas.

KALIMÍA.- Razón tienes, de modo que les di repetidamente a mis amigas tu consejo: “antes que la edad avara el rubio cabello de oro convierta en luciente plata, quered cuando sois queridas, amad cuando sois amadas”.

GARCILASO.- Y coged de vuestra alegre primavera el dulce fruto, antes que el tiempo airado cubra de nieve la hermosa cumbre.

CRISTOBAL DE MESA.- En tanto que el color de nieve y grana adorna vuestro alegre rostro bello, coged el fruto con la breve vida: que la edad pasa y muda toda cosa, y todo, al fin, tras sí lo lleva el tiempo. 

HORACIO.- Y se lo lleva más rápido de lo que piensas. Vive, pues, intensamente el momento que te ha sido dado. Si rico o pobre, nada importa; morirás, víctima del Orco que de nada se apiada. 

CALDERÓN DE LA BARCA.- A florecer las rosas madrugaron, y para envejecerse florecieron: cuna y sepulcro en un botón hallaron. Tales los hombres sus fortunas vieron: en un día nacieron y expiraron, que, pasados los siglos, horas fueron. 

JORGE LUIS BORGES.- Ya somos el olvido que seremos. Ya somos en la tumba las dos fechas del principio y el término. La caja, la obscena corrupción y la mortaja, los triunfos de la muerte y las endechas.

JORGE MANRIQUE.- Aviva tu seso y despierta, contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando.  

HÉCTOR BERLIOZ.- Y aviva tu seso lo más pronto posible pues el tiempo es un gran maestro, lo malo es que va matando a sus discípulos.

HORACIO.- Con paso presuroso se va, huyendo, la vida. Desfallece el tiempo que nos fue asignado, y nunca se renueva.

JORGE MANRIQUE.- No podría ser de otra manera, nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir. 

LUIS DE GRANADA.- Día vendrá en que amanezcas y no anochezcas.

FRANCISCO DE QUEVEDO.– Qué mudos pasos traes, oh muerte fría, pues con callado pie todo lo igualas.

JORGE MANRIQUE.- No se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera, más que duró lo que vio.

FRANCISCO DE QUEVEDO.- Por necio tengo al que toda la vida se muere de miedo que se ha de morir; y por malo al que vive sin miedo della como si no la hubiese. Cuerdo es solo el que vive cada día como quien cada día y cada hora puede morir 

MARCO AURELIO.- Realiza, pues, cada una de tus acciones como si fuera la última de tu vida.

CERVANTES.- Aunque pensándolo bien, la fugacidad de la vida tiene sus ventajas: no hay recuerdo que el tiempo no borre, ni pena que la muerte no acabe. 

KALIMÍA.- Séneca lleva un buen rato levantando la mano. Déjenlo hablar.

SÉNECA.- Sólo quería decirle a nuestro anciano durmiente que el tiempo que tienen los humanos no es corto, es que lo pierden mucho. El tiempo de vida rinde lo suficiente a quien sabe administrarlo.

LORD CHESTERFIELD.- Oye bien lo que te dice Séneca; si cuidas los minutos, las horas se cuidarán de sí mismas.

SÉNECA.- A nadie se hallará que quiera compartir su dinero; ahora bien, ¡con cuántos reparte cada cual su vida! Son de puño cerrado a la hora de mantener el patrimonio y, a la vez, llegado el momento de perder el tiempo, son generosísimos con lo único con lo que la avaricia es honesta.

KALIMÍA.- Lástima que se necesita toda una vida para aprender a vivir, y cuando hemos aprendido la lección ya no nos queda mucho tiempo para practicarla.

COHÉLET.- No te preocupes. Todas las estaciones de la vida tienen sus penas y sus encantos. Todo tiene su momento. Hay un tiempo de nacer, y otro de morir; un tiempo de plantar, y otro de arrancar lo plantado; un tiempo de derribar y otro de edificar; un tiempo de llorar y otro de reír; un tiempo de lamentarse y otro de bailar.

  • En lo que a mí concierne lo bailado bailado está, dije entre gallos y medianoche. Entonces Lao-Tse me tiró suavemente de las orejas y me advirtió: Al igual que inspiramos y exhalamos, hay un momento para moverse y un momento para descansar; hay momentos de vigor y momentos de agotamiento; momentos en los que estamos a salvo y momentos en los que estamos en peligro; hay un momento para estar delante y un momento para estar detrás. 
  • Amigo Lao-Tse -respondí- llegué al momento de estar delante, me encuentro en plena “edad de la volqueta”, cantando “échenme la tierra encima”.
  • Pues hasta que no te la echen, aprovecha las ventajas de la vejez. Te las diré en una próxima ocasión, me dijo un sonriente Cicerón al tiempo que me mostraba su De senectute.

Nuestro diálogo -y mi sueño- fueron interrumpidos por una festiva procesión precedida por la Sonora Matancera. Adelante, Celia Cruz -portando una efigie de la temible Parca- movía frenéticamente sus poderosas caderas y con potente voz cantaba:

Que le den candela,

que le den castigo,

que la cuelguen de una cometa

y luego corten el hilo.

Cerraba el cortejo Pelé haciendo malabarismos con un balón de fútbol. En el dorsal de su camiseta se leía: “No hay partido de vuelta entre el hombre y su destino”.

Rodolfo Ramón de Roux

Mayo, 2023

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