Home Tags Posts tagged with "Supervivencia de ayer"
Tag:

Supervivencia de ayer

death, skeleton, skull-5575188.jpg
Download PDF

 Manual de supervivencia de ayer para los lodazales de hoy

En el ultratúmbico “Pabellón de la fama literaria” tuve un agradable encuentro con el jesuita aragonés Baltasar Gracián, gloria del Siglo de Oro español, cuyo Oráculo manual y arte de prudencia se ha vuelto a poner de moda. Sus trescientos agudos aforismos comentados nos ofrecen una serie de consejos prácticos de comportamiento para salir airosos en el cambiante y, muchas veces, inclemente mundo de la vida en sociedad.

Desde su mismo título ‒Oráculo manual y arte de prudencia‒ Gracián hace gala de su ingenioso manejo de las paradojas al convertir en “manual” los arcanos de un oráculo y reducir a “arte” la virtud de la prudencia. Al intentar el diseño de un “saber vivir” en sociedad sin hacer distinciones de clase o de oficio la obrita (que también es manual por lo breve) ha superado con creces la temporalidad de aquel 1647 en que se publicó y sigue tan campante desde el “allá” barroco hasta nuestro “aquí” posmoderno, lo cual es prueba de la genialidad de su autor.

No me alargo en preámbulos pues, como dijo Gracián, “lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo”. Antes de que sucumba en las telarañas de mi memoria transcribo la charla con el jesuita. Lo primero que recuerdo es su sonrisa de oreja a oreja al comentarme:

Estaba conversando con Arturo Schopenhauer, amable traductor al alemán de mi Oráculo, cuando de repente se acercó Federico Nietzsche y me dijo que Europa no había conocido nada más fino ni más complicado en materia de sutileza moral que mis pensamientos.

Te cuento que en tiempos recientes el Oráculo se ha puesto de moda en Estados Unidos como manual para políticos y “ejecutivos”. En 1992, permaneció dieciocho semanas dos en primera posición en la lista de los libros más vendidos del periódico The Washington Post en el apartado Nonfiction/General. Y en septiembre de 2022 el multimillonario Elon Musk, gurú de Silicon Valley, recomendó su lectura.

‒¡Vaya sorpresa!

Más te sorprenderá saber que en Japón, en 2007, se vendieron 140.000 ejemplares del Oráculo con el título ¿Por qué los ejecutivos juegan al golf? Y en 2013 se publicó en España una selección de tus mejores aforismos bajo el título Gracián: el jesuita que enseñaba a triunfar.

‒Nunca pensé escribir un manual para invertir en bolsa ni para ser un buen manager o un exitoso yuppie. Me enorgullece más el abundante uso que hicieron de mis aforismos los moralistas franceses de los siglos XVII y XVIII como La Rochefoucauld, Madame de Sablé, La Bruyère, Vauvenargues, Chamfort y Voltaire.

¿A qué piensas que se debe tu éxito?

‒Nadie es buen juez en causa propia, pero me atrevería a decir que ha ayudado mi estilo aforístico, conciso e incisivo.

Tienes verdaderas joyas que, además, son fáciles de memorizar. Como estas que me vienen ahora a la mente:  

  • Más obra lo sustancioso que lo farragoso.
  • No hables escuchándote a ti mismo. Si te elogias a solas es locura, y si delante de los demás, locura doble.
  • Conocer cuándo están las cosas en su punto, en su sazón, y saber disfrutarlas.
  • Busca en tu vida la felicidad en la salida más que el aplauso en la entrada.
  • No esperes a ser un sol que se pone.
  • Aprende más un sabio de sus enemigos que un tonto de sus amigos.

‒Pienso que también ha contribuido a mi éxito una cierta concepción del saber que analizo en el aforismo 232, el cual termina así: “¿De qué sirve el saber si no es práctico? Y el saber vivir es hoy el verdadero saber”.

Saber vivir era el verdadero saber en tu pasado, y sigue siendo el verdadero saber en nuestros días.

‒De esa convicción salen mis “reglas de vivir”, que son un saber: saber decir que no, saber vender los méritos propios, saber pedir, saber olvidar, saber afrontar los problemas, saber servirse de evasivas, saber contar con buenos colaboradores, saber tener reservas para todo, saber retirarse a tiempo. Esas reglas también son un arte, es decir, técnicas para ser dichoso, para ganarse la benevolencia de los demás, para afrontar el desengaño, para extraer de cualquier situación un beneficio, incluso de la privación, del desprecio y hasta de los enemigos.

Saber y arte que esperas podrán ayudarnos a triunfar en el complicado terreno de lo que hoy llamamos “relaciones interpersonales”.

‒Terreno que está lleno de oportunidades, pero también de trampas. De ahí estos consejos que sin duda le gustaron al pesimista de Schopenhauer:

  • Desengáñate, y sé cuidadoso, que los malintencionados te echarán en cara todas las faltas y ninguno de tus logros.
  • Un error te pesará más que cien aciertos. Nadie mira el sol cuando resplandece en el firmamento. Todos, en cambio, lo contemplan cuando está eclipsado.
  • Más se menciona a los malos para murmurar de ellos que a los buenos para elogiarlos.
  • Nunca venerará bien la escultura quien conoció el tronco muerto de donde nació ‒no te hagas, pues, ilusiones con tus coterráneos, que nadie es profeta en su tierra‒.

Tu pesimismo sobre la naturaleza humana se extiende inclusive a la amistad, pues si bien dices que “no hay peor desierto que vivir sin amigos” también afirmas que “pocos son amigos de la persona y muchos de la fortuna”.

‒No se trata de pesimismo, sino de realismo: cuando estés arriba tendrás muchos amigos; cuando estés abajo sabrás quiénes son tus amigos.

Pensándolo bien, no eres tan pesimista, pues crees en la eficacia de tus consejos o no los darías y en la voluntad del lector para ponerlos en práctica.

‒Ese saber práctico que propongo es muy “moderno” por su pragmatismo, interés por la realidad, adaptabilidad a las circunstancias, exaltación del individuo, exploración de las leyes de la seducción y autonomía del comportamiento moral con respecto a las creencias religiosas.

Ya me di cuenta de que no te apoyas en “verdades reveladas”, en ejemplos de santos o en discursos teológicos.

‒El saber práctico que proclamo se sustenta en cuatro pilares. Primero: tener una idea exacta de sí mismo y de sus posibilidades, lo mismo que autocontrol, pues “son los ímpetus de las pasiones deslizaderos de la fortuna”. Segundo: cultivarse de forma permanente y rodearse de sabios de los cuales aprender. Tercero: conocer bien a los demás. Cuarto: Apartarse de los necios, pues la única cosa buena que tienen es que sus errores sirven de experiencia a los sabios.

Todo eso parece sencillo, pero no lo es.

‒Se necesita constancia y esfuerzo: más consigue un talento mediano con dedicada aplicación, que un genio sin ella. Para que no te desanimes ni te confíes, comienza lo difícil como si fuera fácil, y lo fácil como si fuera difícil.

Ardo en deseos de que me aconsejes sobre el trato con los demás.

‒Lo mejor es que releas el Oráculo de vez en cuando.

Dame al menos unos cuantos consejos, así sea de manera deshilvanada.

‒Con mucho gusto:

  • ­Con los demás has de tener precaución para evitar habladurías que dañen tu reputación.
  • No hagas ostentación de tu suerte ni muestres satisfacción de ti mismo.
  • No hay que fiarse del agradecimiento de la gente: olvidadizo es.
  • Por el afecto entra el concepto; es difícil convencer si no te haces querer.
  • Un poco de buen humor todo lo mejora.
  • En las cosas tiene mucho que ver el “cómo”. Los malos modos lo corrompen todo, hasta la razón y la justicia. Los buenos lo remedian todo: doran el no, endulzan la verdad y hasta hermosean la misma vejez.

Tienes razón, la cortesía es la vaselina de las relaciones humanas.

‒Importante para la cortesía es no obstinarse en querer tener siempre la razón. Esa obstinación es un extremo de la necedad y de la grosería.

Baltasar, no quiero ser impertinente, pero hay quienes cuestionan la moralidad de algunos de tus consejos.

‒Precisa.

Por ejemplo, la importancia que le das a la situación concreta, a la circunstancia

‒Pues sí, la circunstancia permite discernir lo que es bueno en cada momento para poder tomar la decisión adecuada. El mundo es una crisis continua, las circunstancias varían y el mismo problema puede requerir, en dos momentos o en dos lugares distintos, soluciones diferentes: “No basta la sustancia: requiérese también la circunstancia” (aforismo 14). Eso lo aprendí con los jesuitas cuando me insistieron en un discernimiento que debía tener en cuenta “tiempos, lugares y personas”.

Por algo los terminaron tratando de reyes de la casuística y favorecedores de una moral acomodaticia. Pero no entremos en la discusión con los jansenistas.

‒También sé que algunos se escandalizan con mis consejos sobre el arte de simular y de disimular, como cuando escribo: “El saber más práctico consiste en disimular. El que juega a juego descubierto tiene riesgo de perder”.  O también: “Las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen. No basta tener razón si la cara es de malicia”.

¡Qué le vamos a hacer! Simular y disimular son un arte necesario si queremos sobrevivir con éxito en nuestro proceloso mundo. Pero no olvides que digo claramente: “Pelea, pero con juego limpio. Vencer con ruindades no es vencer”. Tal vez por ello han dicho que soy un Maquiavelo con escrúpulos.

Entiendo tus razones, pero es comprensible que los partidarios de una ética kantiana se pongan nerviosos al leer en tu Oráculo manual frases como “Sin mentir, no decir todas las verdades”; “Tu verdad, dila a los menos, y a los más, diles lo que desean oír”; “Que nadie te conozca plenamente. No digas a nadie hasta dónde llega tu máxima capacidad en cualquier cosa, pues corres el riesgo de que lo aprendido lo usen contra ti”; “Todo lo dora un buen fin, aunque lo desmientan los desaciertos en los medios”.

‒¿No es así la verità effettuale della cosa, como decía Maquiavelo? Incluso podrías reprocharme el haber escrito: “Encontrar el punto débil de cada uno. Este es el arte de mover las voluntades.  Es saber por dónde se ha de entrar a cada uno. Primero hay que conocer el carácter, después tocar el punto débil, insistir en él, pues infaliblemente se quedará sin voluntad”.

Frase que te complemento con esta otra de tu cosecha: “Aprende a adaptarte a todos. Sé docto con el docto, y con el santo, santo. Es el secreto para ganártelos a todos, porque la identificación con el otro concita benevolencia”.

‒¿Acaso no estoy glosando el consejo jesuita de “saber entrar con la del otro para salir con la de uno”?  

¡Qué bien tienes introyectado el espíritu jesuítico!, a pesar de que al final de tu vida tus cofrades te hicieron ver las verdes y las maduras con las duras sanciones que te impusieron.

‒Tan duras fueron que pedí salir de la Compañía de Jesús, pero viajé a Ultratumba un año después, sin haber recibido la respuesta.

Las sanciones te las ganaste por pasarte por la faja la obligación de pedirle permiso a tus superiores para publicar tus escritos.

‒Pequé por confiado e imprudente. Y pensar que adquirí fama por mi Arte de prudencia.

En casa de herrero, cuchillo de palo.

‒No seas pesado, que en casa del ahorcado no se mienta la soga.

Dicho esto, Gracián se ajustó su bonete de cuatro picos, se envolvió en su elegante manteo negro y se fue alejando parsimoniosamente hasta que desapareció en medio de una nubecilla.

Rodolfo Ramón de Roux

Enero, 2023

9 Comentarios
0 Linkedin