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He recordado un lejano episodio porque por obra y gracia de la metempsicosis creo haberme topado otra vez (¿o será un sueño?) con un Federico reencarnado, quien me contó que al iniciar su nueva vida un indio navajo le advirtió: si quieres sobrevivir, piensa que quien viene a tu encuentro va a matarte.

Federico era un mico travieso, como todo mico que se respete. Dos cazadores de domingo lo recogieron después de matar a su madre y lo dejaron en la finca familiar, donde pasé mucho tiempo de mi infancia. Cuando a mediodía, después de comer y bajo un calor implacable, los perros de la hacienda se repantigaban al abrigo de cualquier sombra para hacer la siesta, Federico se adormilaba abrazado al cuello de alguno de ellos. Reinaba la confianza, a pesar de la tradicional animadversión de los perros hacia los micos.

Un mal día llegó de visita un finquero vecino. Descendió de su caballo y dejó a su perro en el patio. Federico, inocente y juguetón, se le acercó a acariciarle el hocico. El perro, sorprendido, abrió su bocaza y en un dos por tres lo decapitó. Lloré mucho, pero aprendí que no hay que ser confianzudo con los desconocidos.

Hace poco me topé con un Federico reencarnado, quien me contó que al iniciar su nueva vida un indio navajo le advirtió: si quieres sobrevivir, piensa que quien viene a tu encuentro te va a matar.

‒Caramba, Federico, cuán pesimista has vuelto.

‒Puede ser, pero pesimista es un optimista bien informado. Recuerda que los judíos optimistas terminaron en Auschwitz y los pesimistas acabaron en Hollywood. Ya tuve mi mal trago con ese perro maluco y, como todo aquel que crece y no es imbécil, he perdido la inocencia infantil de quien descubre el mundo. ¡Ah, la niñez!: es el tiempo de soñar…, aunque ya estén en gran parte repartidas las cartas marcadas de la vida.

‒Me va dando la impresión de que todas las tardes colocas tu sillón mirando hacia el Apocalipsis.

‒Y a mí me va pareciendo que eres de aquellos que en tiempos de sequía se alegran pensando que un nuevo día sin lluvia hace más próximo el aguacero.

Bueno, de todas maneras, tanto los optimistas como los pesimistas contribuyen a la sociedad: el optimista inventa el avión y el pesimista el paracaídas. En cuanto a eso de que “me das la impresión” o “te doy la impresión”, mejor dejemos de lado el asunto. Si la cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos, la cosa más fácil es creer que conocemos a los demás.

‒Tienes razón y me excuso. Las apariencias no engañan; nosotros nos engañamos. Tengo que aprender a descifrar las máscaras que identifican a alguien con lo que dice o aparenta ser y dispensan de reconocerlo en lo que hace. Todavía me dejo engañar por los buenos modales de quienes tienen pésimas costumbres.

La convivencia es cosa complicada. Hace unos años Elías Canetti me dio un buen consejo: “Presta atención al latido del corazón de los otros. Están tan lejos”. Por eso, no hay que presuponer lo que alguien tiene en mente. A ese propósito te cuento esta pequeña historia que le sirvió de lección a un cura amigo, párroco en un pueblecito campesino. 

Un día, el borrachín del pueblo, que estaba leyendo el periódico, al ver al cura le preguntó:

‒Padre, ¿podría decirme cuál es la causa de la artritis?

El cura, que no apreciaba al borrachín, le respondió de mala gana:

‒¡Beber, eso es lo que causa la artritis! ¡Jugar a las cartas, eso es lo que causa la artritis! ¡Andar de mujeriego, eso es lo que causa la artritis!

Un poco más calmado, pero ya demasiado tarde, el cura le dijo al borrachín:

‒¿Y por qué me lo pregunta?

‒Porque el periódico dice que eso es de lo que sufre el Papa.

Al cura se le olvidó ese día que hay que tragarse las palabras ociosas: esa dieta disminuye riesgos relacionales. 

‒Cambiando de tema, Federico, la metempsicosis te ha venido como anillo al dedo. Estás como nuevo.

‒Me ha servido coger las cosas con calma. Terminé de rumiar mi venganza contra los canes, pues me di cuenta de que lamerse las llagas de la vida envenena. Por otra parte, Ghandi me convenció de que si seguimos con lo de “ojo por ojo” todos vamos a quedar ciegos muy pronto. Termina costando más vengar agravios que soportarlos.

‒Eso mismo me advirtió Confucio. Me dijo que por más cálculos racionales que hiciera, antes de embarcarme en un viaje de venganza tendría que cavar dos tumbas. Además, afilando la venganza se te mellará el alma y se te estropeará la buena digestión. Perdona, pues, no porque el otro lo merece, sino porque tú te lo mereces.

‒Así es, aunque también tengo claro que perdón no es sinónimo de amnesia: recordar quién me da una puñalada trapera me ahorrará el error de llamarlo “destino”.

‒Me alegra que hayas regresado tan aterrizado después de tu anterior vida como miquito travieso y despreocupado. Espero que goces al máximo de la felicidad que puedas, sin disminuir la felicidad de los demás.

‒Para eso, estoy buscando un “amorcito” y unos cuantos buenos amigos. Cada día que pasa me doy más cuenta de que lo esencial es amar y ser amado, aunque a veces no me queda claro en qué consiste el amor.

Una vez se lo pregunté a Ramón de Campoamor y me salió con esto: 

 Preguntas ¿qué es amor? Es un deseo  
 en parte terrenal y en parte santo:  
 lo que no sé expresar cuando te canto;  
 lo que yo sé sentir cuando te veo.  

Respuesta bonita, pero que sigue siendo nebulosa, como el amor, esa mezcla de bruma, hormonas e ilusiones en diversas proporciones.

‒Cuando me preparaba para esta reencarnación, Antoine de Saint-Exupéry me dijo que amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección.

‒Así es. Si cada uno mira para su lado, el amor, que llegó como champaña, se va como vino.

‒Sobre los amigos, ¿qué consejos puedes darme?

‒No dejes que crezca la hierba en el camino que a ellos conduce. En ese camino, como me dijo Albert Camus, el amigo no debe caminar delante de ti: puede que no lo sigas; ni caminar detrás de ti: puede que no lo guíes, sino que debe caminar junto a ti.

‒A mí, La Bruyère me dijo que la amistad no puede ir muy lejos cuando ni unos ni otros están dispuestos a perdonarse los pequeños defectos.

‒Cierto, hay que aprender a escribir en la arena las faltas del amigo. Hace mucho Khalil Gibran me dio este otro buen consejo: “No busques al amigo para matar las horas, búscalo con horas para vivir”. Te lo aseguro, Federico, los amigos son preciosos, duplican nuestras alegrías y dividen nuestros pesares. Y si son verdaderos amigos, con ellos puedes pensar en voz alta y ser como eres, pues no utilizan tu debilidad para afianzar su fuerza, pero no abuses de los amigos. La mejor manera de quedarse sin ellos es tratarlos como si fueran sucursales de uno mismo. Consérvalos, te lo aconsejo, con un “ni”: ni muy cerca, ni muy lejos.

‒Agradezco tus reflexiones. Quisiera contarte que cuando me estaban preparando para mi nueva vida me advirtieron que seleccionara bien a mis amigos y me hicieron aprender de memoria el “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Sin embargo, Paul Verlaine me susurró al oído: “No hay que juzgar a las personas por sus amistades. Judas, por ejemplo, tenía amigos irreprochables”.

‒Veo que también te enseñaron a bromear con irónica agudeza, y me alegro. En nuestra existencia humana la risa es un limpiaparabrisas del drama: permite continuar el viaje, aunque no haga cesar la lluvia. Excusa, Federico, pero tengo que volver a casa; la reina del hogar se preocupa por mis tardanzas, sobre todo ahora cuando los achaques de la vejez van creciendo como crecen las sombras cuando el sol declina.

‒No exageres. Para ser cuasi octogenario te ves muy bien. Por otra parte, si te pones a llorar por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas.

‒No me lamento. Hacerse viejo es una pena; pero es la única manera de no morir joven, de tener el privilegio de contemplar el curso de una larga vida y de liberarnos del peso del “qué dirán” los otros, porque muy pronto no volveremos a verlos.

‒Rodolfo, te deseo que en estos años que te quedan perfecciones el arte de envejecer que, como me comentó José Luis Sampedro, es arreglárselas para acabar como los grandes ríos, serena, sabiamente, en un estuario que se dilata y donde las aguas dulces empiezan a sentir la sal, y las saladas un poco de dulzura, y cuando te das cuenta, ya no eres río sino océano.

‒Y yo te deseo que tengas un buen día, que el viento sople a tus espaldas y que la vida te trate dignamente.

Rodolfo Ramón de Roux

Marzo, 2022

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¿Reencarnación?

Por Pilar Balcázar
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Abrir la conciencia cuando se experimentan cosas diferentes, entrar a otros planos donde se vive el eterno presente y se encuentra el alma. Fui testigo y parte de un encuentro sin tiempo ni espacio. 

Caminábamos por las calles de Ginebra rumbo a la cita esperada, mientras nos preguntábamos si creíamos en la reencarnación…

La respuesta la obtuvimos cuando, de repente, vimos a la derecha un letrero que decía ALHAMBRA. Yo comenté: ahí está la respuesta. ¿Cómo no creer?  ¡Qué sensación tan especial! ¿Sería una señal? ¿Una coincidencia? O, simplemente, ¡una afirmación!

Sigo creyendo en la reencarnación porque lo siento en mi ADN. Me gusta creer, me da paz y seguridad… Ya conocía este plano terrenal ‒y Darío también‒, y hoy nos encontramos con ella. Una persona que fue parte del pasado de Darío: ¡su hermana! Esta es la razón por la que hicimos el viaje a Ginebra, para conocerla, sentirla, oírla y seguir creyendo que es ella. 

Todo empezó durante la pandemia, con las reuniones por zoom. Darío y sus innumerables conexiones hicieron realidad un curso de medicina homeopática y cuántica, dictado por un sabio en este tema que vive en Lugano, Suiza. Durante tres meses, además de aprender, conocimos a Paola, su hija.

Ella se dedica al chamanismo y a la práctica holística: es su profesión. Comenzó hace unos meses unas sesiones en privado con Darío para ayudarle a encontrar sus cuatro puntos de constitución, de manera que le sirvieran para resolver sus problemas crónicos de salud.

En la segunda sesión, que fue como una terapia ‒preguntas que iban desde hoy hasta el ayer remoto‒, Darío habló de la muerte de su hermana Gloria. Ella era azafata de Avianca y en 1959 murió en un accidente aéreo en un vuelo de Bogotá a Lima, Perú. 

Después de hablar de este tema, Darío sintió que frente a la pantalla ¡estaba sentada su hermana! Un frío recorrió su cuerpo y ella lo notó. ¿Qué pasa? ‒le preguntó. Él, con lágrimas, le dijo:  Paola, te pareces mucho a mi hermana. Ella guardó silencio y luego le respondió: bien podría ser. Quiero contarte que desde niña le he tenido miedo a los aviones. He vivido tres intentos de accidente aéreo y he trabajado mucho tratando de sanar ese terror. Haciendo eso, te cuento que una vez soñé que moría en un accidente aéreo…

¿Coincidencia?  Y esto no es lo único: hay más detalles y similitudes que te hacen preguntarte: ¿reencarnación? No hay certeza alguna, pero se percibe una honda conexión de años. Un cariño mutuo se sintió y las ganas de conocerla fueron cada vez más intensas. 

Esta ‒por llamarla de alguna manera “Diosidencia”‒,  sí que te hace temblar. Nos citamos con ella y sus niños en Ginebra, en un lugar donde venden pianos: 15 Rue de la Rotisserie. Resultó que al frente… está un teatro llamado Alhambra (así, en español). ¿Por qué la cita fue allí?  Paola no sabe lo que siento por la Alhambra… Lo escribí en un articulo llamado “La magia del pasado en La Alhambra”. (*)

¿Qué pensar de toda esta mezcla de sentimientos y coincidencias? ¿Tú creerías en las vidas pasadas? 

Así comenzaron dos días intensos, donde fuimos redescubriendo la cantidad de similitudes entre Paola y Gloria. Paola nos llevó a dar la vuelta al lago Leman, visitando cada pueblo: Morges, Lausanne ‒donde se observa el lago con el encanto de la tarde soleada y las rocas como vivas al movimiento del agua‒, Montreux, donde caminamos por sus calles en subida, degustamos el vino de la región, con salchichón y panecillos de queso, y Villeneuve, donde nos tocó la caída del sol. Allí tomamos una bebida anaranjada que muchos tenían en sus mesas.

Mientras tanto, iban y venían muchas preguntas, conociendo a esa mujer sensible, diferente por el gran don de ver un poco más allá. A esto se dedica: a ayudar a muchos a encontrarse y a avanzar por la geometría de la vida, como lo llama ella. Una geometría que no terminamos de conocer y por eso muchas veces vivimos la vida sin encontrarle sentido y privándonos de ser felices.   

Paola considera este encuentro como un gran paso, al tener claro el porqué de sus debilidades, ver las causas y entender ciertos comportamientos. Ya quisiéramos muchos que la vida nos diera la oportunidad de conocer el pasado y así mejorar el presente para entender que la vida terrenal es corta y es AHORA, y que nuestra misión es ser felices, disfrutando y agradeciendo con conciencia cada instante. 

Terminamos este breve encuentro con el alma llena. Por mi parte, maravillada con esta historia que me inspira a contarla y compartirla porque me enorgullece ser parte de ella.

Pilar Balcázar

Noviembre, 2021

(*) www.exjesuitasentertulia.blog/?s=La+magia+del+pasado

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Un viaje para revivir lo aprendido en el colegio, ayudar a nuestro hijo a instalarse en París para comenzar su maestría y construir su futuro profesional y, además, sentir de cerca una posible reencarnación de mi hermana, se convirtió en una experiencia “de locos” que me está abriendo a otro nivel de mi existir y le da sentido al sentimiento de permanencia eterna de la energía de mi vida. No pido que lo creas o no lo creas, simplemente comparto mi vivencia y mi felicidad.  

Estoy volando de regreso a mi lugar de origen, luego de un viaje muy especial. Han sido semanas intensas, conectándome con el pasado, viviendo el presente y soñando con el futuro. Ha sido como una “fiesta de locos”, título que me recuerda un libro* de Harvey Cox, de cuando estudiaba teología: 

…todos, en todas las civilizaciones, celebramos y revivimos el pasado en nuestras fiestas, recordamos los nacimientos propios, de familiares y amigos, los momentos especiales, los finales de etapas de la vida, los aniversarios, las alegrías, las pérdidas familiares (…), celebramos con júbilo, con dolor o simplemente con gratitud por lo vivido, lo experimentado, lo aprendido”. 

Esta celebración también la aprendí y amé en las fiestas carnestoléndicas de Río de Janeiro durante más de 10 años.

Fueron seis semanas de fiesta, nacidas de un triple objetivo. Uno, ayudarle a preparar la venida a Camilo ‒nuestro hijo menor‒ a su nueva experiencia de vida en Paris, donde hará su maestría en Gestión de Deportes Internacionales: el futuro. Dos, tener la experiencia de vivir en París, ciudad que aprendí a amar de boca de mis profesores del Liceo Francés, entre mis 5 y 15 años de vida, quienes me enseñaron a apreciar la cultura francesa, su historia, su filosofía y su literatura: el presente. Tres, cumplirle una cita a mi “hermana”, surgida de dioscidencias cósmicas inexplicables que trataré de esbozar limitadamente en estos párrafos: el pasado

Camilo quedó felizmente instalado en un bello y pequeño apartamento de casi 30 metros cuadrados en París y listo para comenzar su programa de estudios que lo conectará con su pasión por los deportes ‒pasión que compartimos‒, con su futuro profesional y con la cultura europea. Pudimos conectarlo con nuestros amigos del pasado y del presente que viven en Paris y nos brindaron su hospitalidad y generosidad. ¡Gracias, Carmen, Eduardo, Claudia y sus familias! La víspera del viaje cerramos esta fiesta de locos asistiendo al Parc des Princes, a un partido de fútbol con Messi, Mbappé, Neymar y su corte de estrellas del fútbol europeo.

Vivir y disfrutar París fue otro objetivo logrado. Interminables caminatas por los lugares más tradicionales, por los lindos barrios de París con sus innumerables bares de sillas en los andenes, donde los franceses expresan su proverbial joi de vivre. Con la ayuda de Pilar, y con nuestra prima Vicky, recorrimos Normandía en una gira llena de belleza geográfica, de simbolismo histórico por los lugares venerados del desembarco de los aliados que puso fin a la guerra durante la cual nací, y de perfección arquitectónica por las bellas catedrales góticas rodeadas de ruinas de fortalezas cargadas de historia y de la simplicidad de pequeñas ciudades del francés genuino y querido que vive en la tranquilidad y la tradición secular con costumbres ancestrales.

Tampoco faltó la increíble burocracia francesa, que nos dejó su marca en los infinitos procesos, imposibles de creer, no solo para comenzar una vida como estudiante, sino hasta para regresar a nuestro destino desde uno de los aeropuertos más grandes del mundo. Como si la tecnología y la automatización, tan cacareadas con orgullo por los franceses, se enfrentaran a la tramitología consagrada por los humanos servidores del aeropuerto, que se resisten a ser desplazados por las máquinas y se ensañan en hacer sentir al cliente/pasajero el pequeño poder que aún conservan.

El logro del tercer objetivo fue superior a nuestras expectativas. En automóvil viajamos un fin de semana a Ginebra, Suiza, a encontrarnos con Paola, reencarnación de mi hermana Gloria ‒quien nos dejó terrenalmente hace más de 62 años‒, punto culmen de “Mi fiesta de locos”, lo que no deja de ser una realidad impresionante. Todavía me conmueve al escribir estas palabras y marca “un antes y un después” en mi vida y creo que también en la de Paola. 

¡Me he encontrado con mi hermana y nos hemos reconocido como hermanos! ¡Qué frase tan brutal en este mundo de lo racional, de lo que debe probarse científicamente o demostrarse por ADN o por genealogía…! 

Este encuentro comenzó a comienzos de este 2021, cuando Guillermo, mi compañero, también exjesuita, me propuso ayudarle a organizar un curso virtual sobre el tema de la Homeopatía Cuántica, como resultado de una presentación a nuestro grupo de compañeros exjesuitas en una de nuestras sesiones de los jueves, en medio de la pandemia. 

Guillermo ha practicado la Homeopatía Cuántica desde hace más de 30 años en Lugano, Suiza, donde vive. En el curso fuimos 10 participantes, además de su hija Paola, quien lo acompañó con su apoyo y conocimientos. Ella reside en Ginebra y hoy atiende una práctica exitosísima de chamanismo en una ciudad pequeña al borde del lago Ginebra, donde también es miembro del Concejo municipal.  

Paola, desde joven, no solo ha aprendido y escuchado los temas relacionados con la Energía y la Homeopatía cuántica de su padre, sino que ella misma ha sido regalada con situaciones de altísima sensibilidad y de ayuda en el conocimiento de sus amigos y clientes y se ha dedicado a la formación chamánica, al servicio de su creciente clientela.

Desde el inicio de las sesiones, al escuchar y ver a Paola, comencé a sentir una conexión especial y una similitud de pensamientos que me asombraba e inquietaba, al saber que atendía pacientes para ayudarles a resolver sus problemas de salud, con la identificación de sus puntos de Constitución o la Geometría de sus vidas. Le solicité una cita profesional por zoom; confieso que lo hice con una alta dosis de escepticismo e incredulidad, por estos temas considerados por mi mente racional como “esotéricos” y hasta absurdos, mente de un exacadémico de varias maestrías y doctorado, de un exejecutivo de corporaciones financieras, solo movido hasta entonces por lo “probado” y lo “demostrable”…

En paralelo al curso semanal seguido con Guillermo, tuve dos sesiones individuales con Paola. En la segunda sesión, cuando le contaba el impacto familiar de uno de los episodios más intensos de mi juventud, como fue la muerte en 1959 de mi hermana Gloria ‒era azafata de Avianca‒ en un accidente aéreo en Perú. Al mirar de repente la pantalla de mi computador, me recorrió un escalofrío intenso por mi cuerpo, acompañado de una emoción indescriptible: ¡Paola tenía un inmenso parecido físico con mi hermana fallecida! Solo llanto y profunda emoción inundaron mi cuerpo y alma. No pude hablar más… Paola lo percibió.

‒¿Qué te pasa?, me preguntó.

‒¡Qué pena!, le respondí…, es que eres idéntica a mi hermana.

‒¡No, no puede ser! 

‒¿Habrá reencarnado?, pensé asombrado, y le comenté.

‒¡Bien puedo ser!, ella me responde… 

Paola comenzó a comentarme sus situaciones personales relacionadas con accidentes aéreos y un sinnúmero de situaciones increíblemente semejantes a la vida de mi hermana que me dejaron atónito. Los parecidos con mis hermanos se comprobaron luego con asombro por las fotografías que les compartí. En ese momento nació mi propósito de ir a ver, conocer mejor y abrazar a Paola… 

Desde ese momento, meses atrás, hasta ese sábado de septiembre de nuestro encuentro y durante los dos días maravillosos pasados con ella y sus hijos, recorriendo un lago de Suiza, solo encontramos muchísimos más e impresionantes detalles de su vida coincidentes minuto a minuto con los de la vida de mi hermana. Confirmábamos que, efectivamente, estábamos delante de lo que bien puede ser la continuación de la vida de mi hermana Gloria, en una versión de otra existencia carnal en esta persona diferente y maravillosa. ¡Qué sensación tan profunda se manifestaba en mí!, que me dejaba una paz indescriptible al contemplar la belleza y continuidad de una existencia de un ser tan cercano en mi vida. 

Lo que siguió a nuestro encuentro permanece en impresionantes mensajes de asombro ante esta realidad de nuestra existencia. No queda ningún compromiso diferente al sentir y gustar de una experiencia cuasimística, cuántica en lenguaje de hoy, intensísima, bella, de repercusiones eternas, que me llevan a seguir creyendo que la energía de nuestra existencia nunca termina, que seguiremos viviendo probablemente en otras realidades diferentes y que esto del amor y la familia son cosas para la eternidad. 

Estoy regresando a mi realidad de Miami, donde vivo con Pilar, quien es testigo y firme creyente de lo que ha sido este mes y medio… 

¡Que vivan las fiestas de locos!  

Darío Gamboa

Octubre, 2021

* Cox, Harvey (1972). Las fiestas de locos. Ensayo teológico sobre el talante festivo y la fantasía. Madrid: Taurus.

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