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Orden, religión y violencia. La cultura política colombiana en transición (11)

Terminar este extenso ensayo, que ya ha comprendido 11 textos, amerita varias conclusiones, que aparecen en este artículo, el cual cierra una visión hasta cierto punto novedosa y discutible sobre el papel de la Iglesia católica en la historia de Colombia.

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Orden, religión y violencia. La cultura política colombiana en transición (10)

Solo hay un factor que apunta con algún grado de certidumbre que Colombia va hacia una cultura política democrática, que no es una vigencia de nuevas ideas, valores y comportamientos, sino el total agotamiento de las formas que habían encauzado hasta ahora la actividad social y política de los colombianos.

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Orden, religión y violencia. La cultura política colombiana en transición (9)

Una vez consumado el papel mediador para recomponer el poder oligárquico, a los militares se les confió la tarea que cumplió antes la Iglesia católica, pero con su propia y muy distinta visión de país y sus peculiares métodos de fuerza. En adelante, los militares se convertirían en los garantes de la integración nacional.

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Orden, religión y violencia. La cultura política colombiana en transición (8)

La violencia se ha reiterado en el título de este extenso ensayo, que ya va más allá de la mitad. El siguiente texto entra de lleno en La Violencia (con mayúscula) que llevó a su consumación el orden establecido por la Regeneración y la tradicional dialéctica colombiana de enfrentamiento y reconciliación entre conservadores y liberales.

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Orden, religión y violencia. La cultura política colombiana en transición (7)

Aunque las reformas promovidas por la Revolución en Marcha no fueron radicales, enfurecieron al clero ‒que vio recortados sus privilegios‒, indignaron a los conservadores, irritaron a los grandes terratenientes y a los industriales de las ciudades y decepcionaron a los sectores populares y obreros, que esperaban mucho más de sus promesas.

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Orden, religión y violencia. La cultura política colombiana en transición (6 de 11)

Desde 1910, empezaron en Colombia los primeros esfuerzos en favor de una cierta modernización y alguna democracia que, sin embargo, terminaron estrellándose contra los representantes del antiguo orden oligárquico.

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Orden, religión y violencia. La cultura política colombiana en transición (5 de 11)

Hasta el comienzo del Frente Nacional, la Iglesia no reconocía categorías distintas a la de verdad y error, bien y mal, blanco y negro. En el seno de esos antagonismos se autoconsideraba como la única e incuestionable portadora de la Verdad y del Bien, en constante lucha contra el mal y el error y contra herejes y pecadores de carne y hueso.

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Orden, religión y violencia. La cultura política colombiana en transición (4 de 11)

Después de presentar dos términos novedosos –democradura y clerocracia–, el autor entró a referirse al segundo ámbito de su exposición: la Regeneración, el orden antimoderno impuesto por Núñez y su movimiento.

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Orden, religión y violencia. La cultura política colombiana en transición (3)

El texto anterior inició la presentación de los dos modelos políticos ideales que las élites latinoamericanas tenían a su disposición para adelantar la construcción de un nuevo Estado y la unificación de la Nación, una vez consumada de la Independencia.

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Orden, religión y violencia. La cultura política colombiana en transición (2 de 11)

El artículo anterior planteó interrogantes como si existe en Colombia una relación entre orden, religión y violencia, o su existencia simultánea es meramente fortuita y si hay razones que nos permitan esperar que esta simbiosis contradictoria esté en vías de desaparición. El texto siguiente introduce la organización que seguirá este ensayo.

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Orden, religión y violencia. La cultura política colombiana en transición (1 de 11)

Hasta el fin del Frente Nacional (1974), en Colombia existió una singular convergencia de dos fenómenos en apariencia contradictorios: por una parte, una excepcional estabilidad institucional y, por otra, unos altísimos índices de corrupción, ilegalidad y violencia, considerados como de los más altos del mundo. Esa deplorable situación se ha prolongado hasta ahora.

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