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“Los humanos resistiremos a la debacle anunciada si la afrontamos a partir del pensar”

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Nuestro blog “Exjesuitas en tertulia” se enorgullece de transcribir aquí la reciente entrevista que le hiciera a nuestro compañero Chucho Ferro, el periodista Leydon Contreras Villadiego para el periódico El Espectador, de Bogotá.

Hace 80 años, cuando el río Magdalena aún se imponía como la principal ruta de acceso al interior del país, una humilde costurera daba a luz a Jesús María Ferro Bayona, uno de los filósofos y académicos más destacados del Caribe colombiano, quien llegó a este mundo a través del municipio ribereño de Magangué, entre las ardientes temperaturas que compactan los paisajes de La Mojana bolivarense y la Depresión Momposina en el departamento de Bolívar.

Con más de una docena de libros en los que se despliegan sus ideas filosóficas sobre el Caribe, la educación, la cultura y las ciencias, Jesús Ferro Bayona también cuenta entre sus más arduas tareas con el mérito de haber sido el rector que más años llevaba al frente de una universidad en Colombia: 37 largos años de su vida (de 1980 a 2017) dedicados al proyecto educativo, social y cultural que es hoy en día la Universidad del Norte.

En 2017, y con un President’s Global Leadership Award entre manos, un prestigioso reconocimiento que la Universidad del Sur de la Florida otorga a destacados líderes mundiales, Jesús Ferro Bayona entregó la dirección de una institución que, en sus inicios, surgió como un politécnico ingeniado exclusivamente para la formación de técnicos y profesionales que suplieran las demandas de las empresas e industrias locales. 

Sin embargo, como un buen hijo de costurera, el filósofo rector no dio puntada sin dedal y supo ensartar el fino hilo de las humanidades y las ciencias sociales en las arterias de varias generaciones de profesores y estudiantes, transformando así aquel iniciático politécnico, en el actual campus universitario que la Uninorte es hoy.

¿Cuál es su percepción sobre el estado actual del desarrollo de la filosofía en Colombia y, en particular, en la región del Caribe?

La filosofía actual permanece muy restringida en Colombia al ámbito de las universidades. No se nota un pensar filosófico que se exprese con resonancia fuera de la Academia.

En el Caribe pasa igualmente. No obstante, dentro de la Academia del Caribe, lo que distingue nuestro tiempo de épocas anteriores es que los filósofos de hoy se han formado en estudios de postgrados, especialmente como doctores. No es el título por el título, sino la raigambre en el pensamiento formal que contribuye a la formación más robusta y disciplinada de los profesores.

Desde su perspectiva, ¿qué autores (locales, nacionales y de fuera del país y el continente) considera que han tenido un papel fundamental en la organización del pensamiento filosófico en el Caribe colombiano?

Para no mencionar a los mismos de siempre como Rafael Carrillo o Julio Enrique Blanco, Guillermo Hoyos Vásquez fue un gran pensador colombiano y sigue vigente con su obra fenomenológica, que llevó más allá de los muros académicos. Aprecio el trabajo filosófico de Amalia Boyer y al tiempo lamento que no haya seguido ejerciendo en el Caribe, desde donde podría irradiar un pensar en permanente inquietud y búsqueda como el suyo.

¿Existen procesos filosóficos locales que hayan influido de manera significativa en la región?

Por supuesto que sí. Sobre todo los procesos que han tenido lugar en las universidades del Atlántico y del Norte, y también en la de Cartagena. Su significación ha consistido más que todo en la enseñanza. Yo espero que suelten amarras: que en la región se sienta su aporte en la dimensión pública, en las publicaciones más allá de lo estrictamente académico, en la difusión más asequible a la opinión, sin perder el rigor.

¿Cómo ve la relación entre la filosofía y la formación académica en la actualidad y cuál es su opinión sobre la integración de la filosofía en los planes de estudio de las instituciones educativas en Colombia?

La filosofía ha ido tomando asiento y forma entre los estudiantes que van a estudiar postgrados en filosofía en las universidades del Atlántico y del Norte. No me refiero tanto a las asignaturas de ética y de historia de la filosofía, impartidas por filósofos que se dan en los distintos programas de pregrado. Es demasiado obvio y puede hasta volverse una actividad liviana si uno se descuida.

Desde su experiencia, ¿cómo ha influido la filosofía en la cultura y las expresiones artísticas en el Caribe colombiano?

Quisiera referirme, por ejemplo, a la densidad del pensar en la obra poética del cartagenero Gustavo Ibarra Merlano. Falta conocer más sus poemas y dejarse arrastrar por su consistencia y profundidad.

¿Ve alguna conexión específica entre la filosofía y las manifestaciones culturales en la región?

Esa conexión es aún muy tímida. La filosofía podría filtrarse más en las expresiones artísticas del Caribe que son de las más creativas del país. Alfonso Fuenmayor, del grupo Barranquilla, filósofo de formación, les ponía el tono mayor a los concurrentes de La Cueva. Así lo percibía García Márquez, que lo admiraba. Nos hemos olvidado de ese hecho cultural: Fuenmayor en el periodismo cultural junto con Alejandro Obregón en la pintura ahondan en los simbolismos que ponen a pensar como sucede en los cuadros de la violencia de Obregón: los cuadros que pintan el nueve de abril son referentes del impacto estético-filosófico de la muerte. Para no hablar del toro, los cóndores y las barracudas del Caribe que se esparcen en sus cuadros.

Mirando hacia el futuro, ¿Qué papel podría desempeñar la filosofía en la construcción de un futuro más próspero y equitativo en la región?

En términos de filosofía política, la formación del pensamiento independiente y creativo de los jóvenes es una tarea que está en ciernes. Cuánto hay que pensar y decir en torno a las dependencias, por no decir adicciones, de las tecnologías que oscurecen el futuro. Todavía hace falta abrir el horizonte a una fenomenología del cambio climático. Hace más de 40 años en Lyon, cuando aún no se sentían las amenazas del ecocidio, escuché la elaboración de una filosofía a mi profesor Henry Maldiney sobre el espacio y el cuerpo en un entorno en que la naturaleza se va volviendo naturaleza muerta para tornarse llamado al rescate de la palabra humana que le devuelva el vigor a la ecología. Esta se está volviendo materia de falsos anuncios en encuentros mundiales como el de la COP que tuvo lugar en Dubái este año.

El futuro es ahora, no hay que dejarlo que ocurra. Hay que llamarlo anticipatoriamente y construirlo con la palabra, que es la fortaleza del filósofo, una palabra que sea construcción crítica, pero no apocalíptica del mundo que debe venir, porque los pensadores lo estamos impregnando con el fuego de la esperanza que aún tenemos. Los seres humanos resistiremos a la debacle anunciada si la afrontamos a partir de la fuerza del pensar, sin populismos ni autocomplacencia, con fundamento en la ciencia y rigor en el razonamiento, tarea ineludible que se autoimpone el filósofo consciente de la responsabilidad que tiene consigo y con los demás, insertado en el devenir.

23 de diciembre de 2023 

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