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LO FEMENINO -La evolución del papel de la mujer en mi vida

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En nuestra tertulia de los jueves, el 9 de marzo nos propusimos intercambiar nuestras experiencias, a propósito de este tema. Darío Gamboa se animó a escribir y a compartir con nosotros lo que sigue…

Al pensar en este tema, inmediatamente surgen las mujeres que marcaron mi vida en todas sus etapas. Las de mi infancia, adolescencia y juventud y las que aprendí a conocer durante mi juventud y después en mi época de jesuita.

Luego, al salir de la Compañía de Jesús, las que seguí descubriendo y con las que me relacioné durante mis años de postgrado y mis primeros años de profesional tanto en los Estados Unidos como en mis diez años en Brasil. Allí, después de una breve experiencia de convivencia, quien refresca e inunda mi memoria es Pilar, mi esposa, con quien llevamos juntos los últimos 33 años en los Estados Unidos y ahora en España, la madre de mis hijos y la persona con quien disfrutamos nuestros días y nuestras noches, nuestros sueños y nuestros proyectos, los viajes, la familia y los amigos, es decir, toda una vida en común.

Las primeras imágenes del pasado me traen a una Madre compartida con seis hermanos, yo el menor de todos. Separada en la práctica de mi padre, poco después de mi nacimiento, fue quien se echó encima de su breve educación y experiencia de vida -a los 15 años- el compromiso de “sacar adelante” a sus hijos, con limitaciones económicas, con sacrificios inmensos, con el literal “quitarse el bocado de su boca” para que alcanzara la comida para todos, con la dedicación total y exclusiva a sus hijos.

Soñaba muy alto. Logró negociar con el rector del Liceo Francés para que le recibiera sus 6 hijos por la pensión de 3, porque quería darles la mejor educación posible, que ella no había podido disfrutar! Un sinónimo de sacrificio, entrega, protección, con funciones de papá y mamá mezcladas con cariño y firmeza.

La segunda mujer en mi infancia y juventud fué nuestra única hermana (la segunda), para quien fui su “nené” por ser el menor; me mimaba y consentía. Quiso volar muy alto, en un mundo ilimitado y precoz para esa época. En vísperas de retirarse de su trabajo como cabinera internacional de Avianca para casarse, el error humano de un piloto nos la arrebató de esta vida en una montaña del Perú a sus 23 años… De ella, la gran huella de su enorme libertad personal, su romper todos los esquemas de la época, su pasión por las culturas, los viajes, el aprender, hablaba 4 idiomas perfectamente, el soñar y pensar siempre en grande!

Luego vienen mis compañeras del Liceo Francés, desde kinder hasta 4º de bachillerato. Algunas más bellas que otras, muchas de diferentes países y culturas y con quienes muchos amores platónicos -nunca expresados- de vez en cuando se materializaban en furtivos encuentros en los recreos, pero nunca en una relación de amistad o cariño mayor que lo normal entre compañeros.

A mis 14 años, y luego de la muerte de mi hermana, mi vida cambió y nos mudamos muy cerca de donde conocí, por invitación de un compañero del Francés, al P. Hernán Umaña y a la Congregación Mariana de los Gonzagas. A través de este grupo juvenil vibrante y comprometido, conocí la Compañía de Jesús y mi devoción por la Virgen María llenó mis ideales juveniles de realizaciones grandes por la humanidad, durante varios años. Allí, las hermanas de los Gonzagas y algunas congregantes de otros colegios, eran objeto de sueños de amor, para quienes estábamos casi listos a ser jesuítas.

Entré al noviciado de los jesuítas a los 20 años, desde la Universidad, y enamorado de verdad de la hermana de un compañero. Eso se disipó rapidamente con la complicidad del P. Maestro de Novicios quien me entendió y ayudó a resolver con hidalguía y espiritualidad, y ella logró comprenderlo.

En la Compañía me encontré con que esas mujeres que me habían acompañado sin mayor complicación en mis primeros 20 años se convertían, por causa de mi “vocación”, en algo “prohibido”, a lo cual debía renunciar por una causa mayor y más noble que abracé con entusiasmo juvenil.

La mujer se convertiría entonces en la gran “tentación”, lo que fue para mí una lucha interna permanente. En los apostolados me enfrentaba a esa realidad al seguir trabajando con jóvenes. Desde el noviciado, con el Movimiento familiar cristiano de los profesionales de Belencito, con sus jóvenes hijos y luego en el colegio de la población de Sta Rosa. Siempre me sentí atraído y siempre sentí que mi situación de “prohibido”, acrecentaba el anhelo, muchas veces inconsciente de esas jóvenes, por conquistar eso tan difícil…

Esto lo sentí mucho más intensamente durante mis años de magisterio en Medellín y Bogotá y especialmente después, en Filosofía y Teología, cuando por casualidades de la vida y por haber aprendido a manejar dinámicas de grupos juveniles con el P. Vela en mi época de magisterio, comencé, con algunos compañeros jesuítas, a ser requerido para los primeros “retiros y convivencias creados por nosotros” con colegios femeninos, masculinos y mixtos en Bogotá y otras ciudades de Colombia.

En esas experiencias de convivencia religiosa y autoconocimiento para los y las jóvenes durante los últimos cuatro años de mi carrera -casi todos los fines de semana- ni ellos ni ellas se imaginaron lo que contribuyeron a mi formación, al descubrimiento de mi inmadurez afectiva y de mi realidad insostenible, fruto de la decisión religiosa que había hecho con el voto de castidad.

Las luchas internas que tuve y las que tuvieron varias de mis amigas que tenían contacto con nosotros, cada vez eran más claras. Sentirme lo “prohibido” y también “lo inalcanzable”, precisamente por ser “lo intocado”, era comprensible y de alguna manera injusto para mí, pero mucho más injusto para ellas. A ellas, hoy les pido perdón por haberlas hecho sufrir, sin habérmelo propuesto desde luego! Pero a ellas también les debo la gratitud por haber contribuido a la claridad de una decisión que tomaría poco después, en los retiros previos para la petición del diaconado y del sacerdocio.

La elección era seguir SUBLIMANDO para el resto de mi vida y rechazando el amor por una mujer y de una mujer, sintiéndome incompleto, inmaduro y frustrado? O hacerlo por debajo de cuerda, como lamentablemente vine a saber después que pasaba con frecuencia. RENUNCIÉ a RENUNCIAR MÁS! Pedí salir de la Compañía de Jesús y mi objetivo personal fue entonces formar un hogar con una mujer.

Desde mis 30 años, al salir de la Compañía, a la fecha -casi 50 años después- la evolución de mi relación con lo femenino se fue descubriendo al querer vivir a plenitud todas las etapas que había dejado suspendidas. Lo hice de manera inconsciente y también consciente, pero siempre responsable en mis comunicaciones y conocedor de mi situación de “encantador” y “encantado” en un mundo internacional universitario y luego profesional en varios países, situaciones que me enriquecieron profundamente.

De lo físico inicial, pasé a complementar las relaciones, a experimentar situaciones de diversidad de personalidades, de culturas, de ausencias, de machismos culturales de donde yo venía. Aprendí que somos diferentes e increíblemente atractivos para algunos y algunas, aunque no siempre comprendamos comportamientos emocionales o familiares cuyos orígenes se nos pierden. Aprendí, y todavía aprendo, de la maravilla de las mujeres en su diversidad de compañeras de clase, de fiesta, de viajes, de cómplices, de trabajo, supervisoras, subordinadas o pares.

Y llego al presente de esta evolución, cuando comienzo a compartir la vida, desde hace 33 años, con la persona que, estoy convencido, había sido destinada por el Universo para vivir la vida conmigo, hasta que nuestras existencias actuales se sigan transformando y por toda una eternidad…

Me refiero a esa persona con la cual puedo ser exactamente lo que yo soy, la que me respeta como soy y a quien respeto como es, la persona que al compartir con ella paternidad y maternidad, aprendí a admirar e inclinarme ante ella con humildad en los momentos inolvidables y cuasi-místicos para mi, los de dar a luz para la vida a nuestros dos hijos y poder cortar sus cordones umbilicales, para entonces seguir caminando por la vida de la mano, construir juntos una familia y vivir juntos hasta nuestros días.

En resumen, la Madre admirable y siempre cercana a nuestros hijos, la amante, la cómplice de las aventuras, la socia de las decisiones más rápidas y valientes de nuestras vidas, mi polo a tierra, la que me inquieta en lo espiritual, la que me saca de lo tradicional, la que no tiene prejuicios religiosos, la que nos abre a muchos amigos, el centro emocional de la familia, la artista, la agente de viajes, la emprendedora por causas nobles, la alegría de la música de su vida, en una palabra “el cuello” de esta familia que sutilmente mueve “la cabeza” o me hace creer que soy la cabeza….alguien con quien, puedo decirlo con tranquilidad, aunque somos diferentes, somos UNO.

Nuestros hijos han podido nacer, tener su infancia y juventud, durante nuestros años de madurez profesional. Han podido crecer en un mundo mucho más abierto, sin tanto prejuicio religioso, lo que nos ha permitido procesar la homosexualidad de nuestro hijo mayor, abriéndonos aún más, a mundos insospechados de respeto y valoración del ser hombre o mujer, o gay, o lesbiana, o bi-sexual, asexual, conviertiéndonos a todos en admiradores de la variedad de cada ser humano.

Hoy, al aprender tanto de la mujer a lo largo de mi vida, también he podido valorar, integrar y aceptar conductas de mi lado “femenino” tradicional. Puedo expresar mis sentimientos abiertamente; llorar en los momentos lindos de la vida y “hasta en la despedida de un avión de carga” como dice una amiga, sentir con las plantas y los animales y la conservación del medio ambiente y gozar de la vida en plenitud gracias a la existencia de la MUJER que me ha enseñado tanto de esta realidad del universo que vivimos.

Muchas gracias a todas las mujeres de mi vida y a quienes nos completan y han completado en nuestras vidas. Somos incompletos sin ellas!!! Seguiremos aprendiendo de ellas!!!

Dario Gamboa

Alicante, España

Mayo 2024

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