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LA ORACION ES COMO UN BUMERÁN

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¿Tenemos fe porque oramos o, más bien, oramos porque tenemos fe? ¿Amamos a Dios y por eso oramos o, más bien, oramos porque Dios nos ama? ¿Es bueno que oremos? 

Comencemos por nuestra experiencia en la relación humana. ¿Agradecemos a la persona que más cerca está de nosotros y más nos cuida o damos por hecho -como lo más normal, lo ordinario- que nos cuide?

¿Tenemos la costumbre de pedir ayuda o suponemos que los demás, comenzando por los más cercanos, tienen que saber lo que necesitamos? 

¿Manifestamos aprecio, valoración, reconocimiento por las cualidades de las personas que amamos o pensamos que bastan los hechos y no necesitamos decir nada? 

¿Estamos seguros de la solidaridad de las otras personas con nosotros y correspondemos nosotros con solidaridad? 

Gratitud, petición, homenaje, confianza y solidaridad serían las actitudes implícitas en las preguntas anteriores. No se trata de respondernos con un sí o un no, porque seguramente, en algún grado lo hacemos, por lo menos, ocasionalmente.  

Trasladando la experiencia de nuestra relación humana a nuestra experiencia de relación con Dios, lo primero es darnos cuenta si Dios para nosotros es alguien cercano, un Tú familiar, al que amamos, con quien nos comunicamos porque lo escuchamos y a quien hablamos, aún en silencio, porque siempre está cerca de nosotros. 

Se suele clasificar la oración en oración de agradecimiento, petición y de alabanza o adoración…y, en todo caso, se presupone la fe, la confianza y el amor a Dios. 

La oración es como un bumerán. Al orar a Dios, la oración se devuelve hacia nosotros mismos. ¿En qué sentido? 

Cuando agradecemos a Dios, le pedimos o lo adoramos, no es que se modifique la “actitud” de Dios hacia nosotros: Dios siempre actúa gratuitamente, Dios siempre nos ayuda o protege, aunque no se lo pidamos, Dios siempre es Dios lo adoremos nosotros o no lo hagamos. 

Entonces, la oración ¿para qué? La oración nos “modifica” y nos “mueve” a nosotros mismos, no a Dios.

La oración de agradecimiento no significa que Dios esté esperando nuestra gratitud ni que esté pendiente de llevarnos cuentas si lo hacemos o no. El agradecimiento nos hace a nosotros más agradecidos.

La oración de petición no significa que sólo le pedimos Dios que nos oye y nos responde, no. Dios siempre nos tiene presentes y siempre nos “responde”. Somos nosotros los que le ponemos atención a Dios al rogarle, y nuestra fe, nuestro buen ánimo, nuestra confianza, aumentan al rogarle a Dios.

La oración de adoración o alabanza nos hace más conscientes de que el Señor es nuestro Dios.

La oración ¿es siempre individual o puede ser compartida, “pública”, comunitaria? La una no se opone a la otra; más bien, son complementarias. Podemos orar en nuestra intimidad, en nuestra privacidad… pero en ocasiones, especialmente en la oración de la Iglesia, en la celebración eucarística, podemos unirnos a la comunidad en la oración y para la oración compartida y por intenciones comunes y generales. 

Si Dios está presente en nuestra vida, la oración es algo natural y benéfico. Además, la oración debe ser un hábito, para lo cual nos ayudará el convertirla en algo deseable, fácil, sensible y satisfactorio (estas características se ilustran en el artículo “5 hábitos trascendentales publicado en este blog).

Pero, sobre todo, repitamos ¡Señor, enséñanos a orar!

Vicente Alcalá Colacios

Diciembre, 2023

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