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La inflación y la pugna distributiva

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Sorprende la fuerte reacción de los voceros del sector empresarial y de algunos periódicos contra un estudio de los técnicos del Ministerio de Hacienda sobre “la inflación de vendedores” en Colombia, es decir sobre el papel de las utilidades empresariales en el aumento de los precios. El Consejo Gremial respondió señalando 24 críticas al estudio y sendos editoriales de El Tiempo y Portafolio se apresuraron a descalificarlo. Se nota que la sensibilidad sobre este tema está a flor de piel.   

El año pasado, en este mismo espacio, comenté varios estudios internacionales sobre el tema, que también se empezó a denominar la “inflación por avaricia” (greedinflation), que coincidían en la conclusión del análisis del FMI según el cual en los últimos años: “Las crecientes ganancias empresariales explican casi la mitad del incremento de la inflación en Europa, en la medida en que las empresas aumentaron sus precios mucho más que el incremento del costo de la energía importada”. 

La inflación de vendedores en Colombia 

El estudio de Minhacienda aplica la metodología de esos estudios al caso colombiano, y no es de extrañar que, después de un detallado análisis empírico, llegaran a conclusiones similares, que vale la pena resumir pues han sido malinterpretadas por los gremios y los medios.

Para los autores los procesos inflacionarios tienen tres etapas: “i) impulso, ii) propagación y amplificación, y iii) conflicto con los trabajadores”. Según ellos, en el caso colombiano reciente, el impulso vino tanto en choques de oferta (la pandemia, la invasión a Ucrania, la caída de la producción de alimentos, etc.) como de demanda (el aumento del gasto de consumo de los hogares). 

Debe resaltarse este punto, pues parece que los críticos del estudio no lo leyeron y demuestran desconocer los factores exógenos, de oferta y demanda, que impulsaron la aceleración reciente de la inflación en Colombia. 

En la etapa de amplificación identifican un papel importante de las utilidades por cuanto ante el aumento de sus costos en los años 2020 a 2022, las empresas con poder de mercado los transmitieron a los precios al consumidor para mantener sus márgenes de utilidad. Lo mismo sucedió en Europa. En 2023 se dio la tercera etapa pero no por la vía del conflicto, sino del aumento real del salario mínimo que permitió la recuperación del ingreso real de los trabajadores.

Una comprobación empírica de estas conclusiones es el mayor crecimiento de las utilidades empresariales en 2021 y 2022, muy por encima del crecimiento de los costos laborales y de las tasas de incremento de las mismas utilidades en lo corrido del siglo hasta la pandemia. En el gráfico de los autores también se observa que en 2023 se revierte la tendencia y crecen más los costos laborales.

La pugna distributiva y la desigualdad en Colombia.

Según este tipo de análisis, después de los choques exógenos que inician un proceso inflacionario, éste se convierte en una “pugna distributiva”, como la denominó Raúl Prebisch, el gran teórico de la Cepal, en la cual los cambios en los costos y los precios llevan a cambios en la participación de las utilidades y los salarios en el ingreso nacional, generándose un potencial conflicto social, donde el grupo perdedor trata de recuperar su tajada del pastel.

Así, la reproducción y ampliación de la inflación sería el resultado de la pugna distributiva entre grupos sociales. En palabras de Albert Hirschman. “la inflación se inicia o se intensifica, a menudo, cuando un grupo social tiene poder e influencia suficiente para obtener riqueza o ingreso adicional para sí mismo, o para escapar a la participación en alguna pérdida sufrida por la economía (….) con la inflación, cada grupo puede desarrollar su comportamiento conflictivo y demostrar su poder…¨

La visión tradicional ha señalado a los aumentos de salarios como el principal factor de la propagación y amplificación de la inflación en Colombia. Pero una conclusión interesante del estudio es que, desde los años 70 del siglo pasado “las utilidades han aportado más a la inflación que la remuneración de los asalariados”, pues han representado en promedio un 60% del aumento de los precios, medidos por el deflactor del PIB, mientras que los costos laborales solo han sido en promedio el 33%. En los dos últimos años la contribución de las utilidades subió al 77%.

Esta comprobación fáctica es, sin duda, una de las explicaciones a la alta y permanente desigualdad de la distribución del ingreso en Colombia En lugar de descalificar documentos técnicos con argumentos ideológicos se debe reflexionar sobre sus hallazgos para adoptar las políticas que permitan tener un país más equitativo.

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en la revista Cambio

Enero 20 de 2024

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