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La enfermera Colombiana

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Al decir “enfermera” no estoy excluyendo a las demás mujeres, ni estoy privilegiando esta profesión sobre otras; al decir “colombiana” no estoy siendo nacionalista, ni comparando con nacionales de otros países… se trata de concretar observaciones sobre la mujer, para que no sean abstractas, sino poniéndoles cara -o uniforme- visibles.

Como digo, podríamos hablar de las mujeres colombianas, pero resultaría demasiado genérico o universal; mi deseo es particularizar de alguna manera, para que las observaciones tengan un sustento más sensible.

No sólo la enfermera; ésta es sólo un caso concreto de la bondad, la belleza humana y la amabilidad de la mujer colombiana, en su inmensa mayoría. 

No soy ciego frente a los casos opuestos, dolorosos y, desgraciadamente numerosos… pero si uno sabe observar, apreciar y valorar todas esas buenas cualidades en la mujer colombiana sencilla, “popular” -sin excluir a las demás- se puede uno llenar de optimismo frente al presente y futuro de nuestra sociedad. 

Escojo escribir sobre las enfermeras porque, en el trato especial de la gran mayoría de estas mujeres, se siente y sobresale el servicio, la atención, la calidez humana, el cuidado generoso… y sea esta una oportunidad de hacerles llegar el reconocimiento y la gratitud de todos los que somos beneficiarios de su trabajo: ancianos, adultos, niños, enfermos de cualquier edad y condición, de cualquier dolor. 

En la mayor parte de los casos, su trabajo profesional lo comparten con su vida familiar y las obligaciones de esposas, madres, hijas… con todos los sacrificios de tiempo, transporte, trasnochadas, tareas domésticas -a veces desapercibidas por los demás-.

Me quedo corto al hablar de ellas, pero lo hago con especial cariño, al haber vivido recientemente esta experiencia por más de quince días. Y al decir enfermeras, podemos incluir a terapistas, nutricionistas, técnicas de radiología y, por supuesto, a las médicas.

Acabo de acordarme de las jóvenes deportistas con su dedicación entusiasmo y pasión por su camiseta… pero no me desvío ni extiendo porque podría caer en omisiones odiosas. 

Por asociación, quiero aludir a otra persona en particular; ya la había mencionado en el artículo titulado “Lenguaje de señas y otras señales”No es enfermera estrictamente, pero tiene la misma apariencia, con su figura delgada y su uniforme blanco; además su ocupación de facilitar la comunicación para los que no pueden oír es otra forma de servicio médico, por llamarlo así. Hago la referencia a ella debido a la reciente experiencia de escucharla o verla con atención y con el alma.    

Estaba yo en otro contexto diferente, al participar en la Misa por televisión (mientras me animo a ir a la iglesia cercana). Comunicaba, con sus gestos y el movimiento de sus manos y brazos -elevándolos al cielo- una espiritualidad suave y sentida, especialmente cuando traducía la música y no sólo las palabras del celebrante. Parece un hecho insignificante, entre tantos acontecimientos nacionales e internacionales, pero no se trata de número o cantidad sino de una comunicación humana y a la vez dirigida a Dios y a los demás; me trato de situar en la situación de sus destinatarios y me pregunto cómo ven y escuchan en silencio.

Estos artículos míos para el blog no tienen mayores pretensiones ni obedecen a una planificación intencionada en particular, se trata de compartir vivencias cotidianas y ordinarias como las de ustedes, pero que surgen de situaciones concretas que atraen la atención y la reflexión acerca de las personas y las comunidades que nos rodean.  

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2023

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