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Un viaje para revivir lo aprendido en el colegio, ayudar a nuestro hijo a instalarse en París para comenzar su maestría y construir su futuro profesional y, además, sentir de cerca una posible reencarnación de mi hermana, se convirtió en una experiencia “de locos” que me está abriendo a otro nivel de mi existir y le da sentido al sentimiento de permanencia eterna de la energía de mi vida. No pido que lo creas o no lo creas, simplemente comparto mi vivencia y mi felicidad.  

Estoy volando de regreso a mi lugar de origen, luego de un viaje muy especial. Han sido semanas intensas, conectándome con el pasado, viviendo el presente y soñando con el futuro. Ha sido como una “fiesta de locos”, título que me recuerda un libro* de Harvey Cox, de cuando estudiaba teología: 

…todos, en todas las civilizaciones, celebramos y revivimos el pasado en nuestras fiestas, recordamos los nacimientos propios, de familiares y amigos, los momentos especiales, los finales de etapas de la vida, los aniversarios, las alegrías, las pérdidas familiares (…), celebramos con júbilo, con dolor o simplemente con gratitud por lo vivido, lo experimentado, lo aprendido”. 

Esta celebración también la aprendí y amé en las fiestas carnestoléndicas de Río de Janeiro durante más de 10 años.

Fueron seis semanas de fiesta, nacidas de un triple objetivo. Uno, ayudarle a preparar la venida a Camilo ‒nuestro hijo menor‒ a su nueva experiencia de vida en Paris, donde hará su maestría en Gestión de Deportes Internacionales: el futuro. Dos, tener la experiencia de vivir en París, ciudad que aprendí a amar de boca de mis profesores del Liceo Francés, entre mis 5 y 15 años de vida, quienes me enseñaron a apreciar la cultura francesa, su historia, su filosofía y su literatura: el presente. Tres, cumplirle una cita a mi “hermana”, surgida de dioscidencias cósmicas inexplicables que trataré de esbozar limitadamente en estos párrafos: el pasado

Camilo quedó felizmente instalado en un bello y pequeño apartamento de casi 30 metros cuadrados en París y listo para comenzar su programa de estudios que lo conectará con su pasión por los deportes ‒pasión que compartimos‒, con su futuro profesional y con la cultura europea. Pudimos conectarlo con nuestros amigos del pasado y del presente que viven en Paris y nos brindaron su hospitalidad y generosidad. ¡Gracias, Carmen, Eduardo, Claudia y sus familias! La víspera del viaje cerramos esta fiesta de locos asistiendo al Parc des Princes, a un partido de fútbol con Messi, Mbappé, Neymar y su corte de estrellas del fútbol europeo.

Vivir y disfrutar París fue otro objetivo logrado. Interminables caminatas por los lugares más tradicionales, por los lindos barrios de París con sus innumerables bares de sillas en los andenes, donde los franceses expresan su proverbial joi de vivre. Con la ayuda de Pilar, y con nuestra prima Vicky, recorrimos Normandía en una gira llena de belleza geográfica, de simbolismo histórico por los lugares venerados del desembarco de los aliados que puso fin a la guerra durante la cual nací, y de perfección arquitectónica por las bellas catedrales góticas rodeadas de ruinas de fortalezas cargadas de historia y de la simplicidad de pequeñas ciudades del francés genuino y querido que vive en la tranquilidad y la tradición secular con costumbres ancestrales.

Tampoco faltó la increíble burocracia francesa, que nos dejó su marca en los infinitos procesos, imposibles de creer, no solo para comenzar una vida como estudiante, sino hasta para regresar a nuestro destino desde uno de los aeropuertos más grandes del mundo. Como si la tecnología y la automatización, tan cacareadas con orgullo por los franceses, se enfrentaran a la tramitología consagrada por los humanos servidores del aeropuerto, que se resisten a ser desplazados por las máquinas y se ensañan en hacer sentir al cliente/pasajero el pequeño poder que aún conservan.

El logro del tercer objetivo fue superior a nuestras expectativas. En automóvil viajamos un fin de semana a Ginebra, Suiza, a encontrarnos con Paola, reencarnación de mi hermana Gloria ‒quien nos dejó terrenalmente hace más de 62 años‒, punto culmen de “Mi fiesta de locos”, lo que no deja de ser una realidad impresionante. Todavía me conmueve al escribir estas palabras y marca “un antes y un después” en mi vida y creo que también en la de Paola. 

¡Me he encontrado con mi hermana y nos hemos reconocido como hermanos! ¡Qué frase tan brutal en este mundo de lo racional, de lo que debe probarse científicamente o demostrarse por ADN o por genealogía…! 

Este encuentro comenzó a comienzos de este 2021, cuando Guillermo, mi compañero, también exjesuita, me propuso ayudarle a organizar un curso virtual sobre el tema de la Homeopatía Cuántica, como resultado de una presentación a nuestro grupo de compañeros exjesuitas en una de nuestras sesiones de los jueves, en medio de la pandemia. 

Guillermo ha practicado la Homeopatía Cuántica desde hace más de 30 años en Lugano, Suiza, donde vive. En el curso fuimos 10 participantes, además de su hija Paola, quien lo acompañó con su apoyo y conocimientos. Ella reside en Ginebra y hoy atiende una práctica exitosísima de chamanismo en una ciudad pequeña al borde del lago Ginebra, donde también es miembro del Concejo municipal.  

Paola, desde joven, no solo ha aprendido y escuchado los temas relacionados con la Energía y la Homeopatía cuántica de su padre, sino que ella misma ha sido regalada con situaciones de altísima sensibilidad y de ayuda en el conocimiento de sus amigos y clientes y se ha dedicado a la formación chamánica, al servicio de su creciente clientela.

Desde el inicio de las sesiones, al escuchar y ver a Paola, comencé a sentir una conexión especial y una similitud de pensamientos que me asombraba e inquietaba, al saber que atendía pacientes para ayudarles a resolver sus problemas de salud, con la identificación de sus puntos de Constitución o la Geometría de sus vidas. Le solicité una cita profesional por zoom; confieso que lo hice con una alta dosis de escepticismo e incredulidad, por estos temas considerados por mi mente racional como “esotéricos” y hasta absurdos, mente de un exacadémico de varias maestrías y doctorado, de un exejecutivo de corporaciones financieras, solo movido hasta entonces por lo “probado” y lo “demostrable”…

En paralelo al curso semanal seguido con Guillermo, tuve dos sesiones individuales con Paola. En la segunda sesión, cuando le contaba el impacto familiar de uno de los episodios más intensos de mi juventud, como fue la muerte en 1959 de mi hermana Gloria ‒era azafata de Avianca‒ en un accidente aéreo en Perú. Al mirar de repente la pantalla de mi computador, me recorrió un escalofrío intenso por mi cuerpo, acompañado de una emoción indescriptible: ¡Paola tenía un inmenso parecido físico con mi hermana fallecida! Solo llanto y profunda emoción inundaron mi cuerpo y alma. No pude hablar más… Paola lo percibió.

‒¿Qué te pasa?, me preguntó.

‒¡Qué pena!, le respondí…, es que eres idéntica a mi hermana.

‒¡No, no puede ser! 

‒¿Habrá reencarnado?, pensé asombrado, y le comenté.

‒¡Bien puedo ser!, ella me responde… 

Paola comenzó a comentarme sus situaciones personales relacionadas con accidentes aéreos y un sinnúmero de situaciones increíblemente semejantes a la vida de mi hermana que me dejaron atónito. Los parecidos con mis hermanos se comprobaron luego con asombro por las fotografías que les compartí. En ese momento nació mi propósito de ir a ver, conocer mejor y abrazar a Paola… 

Desde ese momento, meses atrás, hasta ese sábado de septiembre de nuestro encuentro y durante los dos días maravillosos pasados con ella y sus hijos, recorriendo un lago de Suiza, solo encontramos muchísimos más e impresionantes detalles de su vida coincidentes minuto a minuto con los de la vida de mi hermana. Confirmábamos que, efectivamente, estábamos delante de lo que bien puede ser la continuación de la vida de mi hermana Gloria, en una versión de otra existencia carnal en esta persona diferente y maravillosa. ¡Qué sensación tan profunda se manifestaba en mí!, que me dejaba una paz indescriptible al contemplar la belleza y continuidad de una existencia de un ser tan cercano en mi vida. 

Lo que siguió a nuestro encuentro permanece en impresionantes mensajes de asombro ante esta realidad de nuestra existencia. No queda ningún compromiso diferente al sentir y gustar de una experiencia cuasimística, cuántica en lenguaje de hoy, intensísima, bella, de repercusiones eternas, que me llevan a seguir creyendo que la energía de nuestra existencia nunca termina, que seguiremos viviendo probablemente en otras realidades diferentes y que esto del amor y la familia son cosas para la eternidad. 

Estoy regresando a mi realidad de Miami, donde vivo con Pilar, quien es testigo y firme creyente de lo que ha sido este mes y medio… 

¡Que vivan las fiestas de locos!  

Darío Gamboa

Octubre, 2021

* Cox, Harvey (1972). Las fiestas de locos. Ensayo teológico sobre el talante festivo y la fantasía. Madrid: Taurus.

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