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Francisco de Roux

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El pasado 28 de mayo, una comisión pluriinstitucional organizó una Jornada de Discernimiento sobre Cartagena y sus contradicciones, invitando a 200 personas representantes de instituciones y de la sociedad civil. Pacho de Roux fue el encargado de abrir el evento, haciendo estas reflexiones sobre la vulnerabilidad.

Por petición del grupo organizador y como parte del mismo, siendo un recién llegado a Cartagena, traigo estas palabras de introducción, desde la pregunta de Dios a Caín en el Antiguo Testamento: ¿dónde está tu hermano? ¿dónde está tu hermana?. Vengo desde el dolor de Colombia hoy, con tres muertos en Jamundí, otros tantos en Morales, otros en Caloto…

Antes que se firmara la paz con las Farc, fue más duro: las mamás de los 48 000 soldados y policías muertos en combates; las mamás de más de 50 000 guerrilleros, muchos niños muertos en la guerra, las familias de los 6420 muchachos falsos positivos

Vengo desde un millón de huérfanos, vengo de los relatos de las masacres que entonces eran de 80 y 100 personas: El Salado, La Gabarra, Mitú, Mapiripán, San Carlos y de los sobrevivientes de las bombas que mataron a centenares en el club del Nogal y Bojayá y del pueblo de Caicedo y de los días cuando teníamos un millón de desplazados por año.

La pregunta incómoda en esa historia y en los estertores que todavía siguen de ella es ¿dónde estábamos nosotros? Porque vimos todo en los noticieros como si fuera una película, como si esa multitud devastada no fuera de colombianos.

Hemos sido afortunados con un territorio con dos océanos y miles de ríos y montañas, etnias y culturas. Hemos construido maravillas en Colombia como Cartagena, Medellín Bogotá, músicas y danzas, universidades y empresas… pero lo hemos hecho sobre un lodazal de sangre y de dolor, de raíces brutales y profundas. Y esa sangre sigue en la tierra ensangrentada que pregunta por tus hermanos como dice Dios y es un inmenso obstáculo a la esperanza de los niños que quieren vivir de otra manera.

Vengo a tomar el eslogan de este evento desde la vulnerabilidad a la esperanza en Cartagena y a pedirles que hoy nos dejemos vulnerar, que nos dejemos tocar por el dolor pues, de no ser así, los programas y las soluciones que hagamos serán solo espectáculos políticos de aplausos y poder, pero sin alma, ni pasión, ni transformaciones durables .

¿Qué es dejarse vulnerar? ¿Qué es la vulnerabilidad?.

Vulnerabilidad no es el niño de la localidad de La Virgen aquí, que se desmaya de pronto en el salón de clase. Eso no es vulnerabilidad, eso es hambre. Vulnerabilidad no es el grito de la vecina del Paraíso II que se desangra en un parto complicado. Eso es exclusión del sistema de salud. Vulnerabilidad no es el techo de palma que le cae encima a una familia en las laderas del Cerro La Popa, en el primer aguacero fuerte. Eso es miseria. Vulnerabilidad no es la familia que llega cargando lo que pudo sacar, al salir precipitadamente de Morales, en el sur de Bolívar. Eso no es vulnerabilidad. Eso es desplazamiento forzado violento.

¿Entonces, qué es vulnerabilidad?

Vulnerabilidad es cuando tú no puedes dormir una noche en tu colchón con ventilador y aire acondicionado, porque en tu puerta durmió una familia desposeída. Vulnerabilidad es cuando no te pasa la deliciosa comida, porque has visto a los niños barrigones y escuálidos a lo largo de la avenida que bordea la Ciénaga de La Virgen. Vulnerabilidad es cuando encuentras a la mujer pobre que sobrevive con cuatro hijos y recibe en su casa precaria a cuatro huérfanos de la familia vecina, donde los papás acaban de ser asesinados, mientras tú eres incapaz de compartir tu apartamento con alguien necesitado. Vulnerabilidad y cuando se te conmueven las entrañas, se te parte el alma, se te arruga el corazón, ante el dolor de tu hermano, de tus hermanas con quienes eres ciudadano de Cartagena, miembro de la comunidad que somos en esta ciudad.

La vulnerabilidad no es un sentimiento El sentimiento es solamente el impacto incómodo que puedes o no aceptar. La vulnerabilidad es una virtud y la virtud es, inicialmente, una llamada interior fugaz que desaparece si no se aprende si no se cultiva si no se temple en actos continuos de respuesta ante el ser humano herido, tirado en las calles, hambriento abandonado en la ciudad.

La vulnerabilidad es la capacidad de dejarse conmover por la perplejidad de la niña al borde de la Ciénaga de La Virgen prostituida para conseguir comida, tan cartagenera como las niñas de Bocagrande. Es dejarse tocar profundamente. Esa virtud hay que aprenderla en el hogar, la escuela, la educación pública, como se aprende a decir la verdad, a ser justo, a ser honrado, a respetar a los demás.

Cuando se es vulnerable, surge la indignación sincera para gritar que lo que está ocurriendo no podemos permitir que continúe. Estalla la solidaridad generosa, y las discusiones ideológicas entre izquierda y derecha quedan fuera del tiesto, porque lo que importa ya no es el debate ideológico o político, sino resolver los problemas de los hermanos y hermanas que sufren.

Vulnerabilidad es la esencia del amor de Jesús, cuando se le rompían las entrañas, dice el evangelio, ante la mujer enferma, el niño agonizante, la multitud con hambre, los desesperados y los locos, incluidos los devastados por sus pecados.

Esta vulnerabilidad, base de toda esperanza, perdida en Colombia y en Cartagena, es lo que hemos venido a rescatar hoy, porque sin ella no podemos ser seres humanos.

Estamos aquí para que busquemos hacer de Cartagena no con ideologías, ni apariencias, ni comedias, sino desde el corazón humano de todos nosotros, una ciudad que no solamente sea ejemplo de espectáculos y congresos, sino la ciudad vulnerable emblema de fraternidad y de la paz que queremos en Colombia.

Colombia adolorida, dividida, quebrada, necesita de Cartagena. De una Cartagena que nos hable del futuro querido por los niños y los nietos de ustedes, porque desde nuestra vulnerabilidad valiente y audaz hemos decidido, con la ayuda de Dios, hacer realidad la esperanza.

Francisco José de Roux, S.J.

Cartagena, Colombia, 28 de Mayo, 2024

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Convocados a petición de algunos integrantes de nuestro grupo, nuestros compañeros Alfredo Ferro S.J. y Francisco de Roux S.J., Superior y miembro respectivamente de la Comunidad Jesuíta del Santuario de San Pedro Claver y de las obras de los Jesuítas en la región Caribe y en Cartagena, aceptaron nuestra invitación para conocer más íntimamente la dirección y los nuevos desafíos que tienen en sus manos. Inspirados por el encuentro que tuvimos con el P. General hace poco, muchos miembros de nuestro grupo expresaron su interés en colaborar y ayudar a hacer contactos eficientes para apoyar estas iniciativas cruciales, no sólo para la región y ciudad sino sobretodo para nuestro país. Compartimos esta tertulia con nuestros lectores con nuestra invitación a unirse a estos esfuerzos de solución de tanto desafío existente.

Exjesuitas en tertulia- 4 de Abril, 2024
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El informe de la Comisión de la Verdad, también considera a la iglesia católica como un actor principal. En la segunda parte de la conferencia, Pacho trata de explicar lo que ha significado esta enorme tarea para los comisionados.

La historia de la Iglesia Católica en Colombia, es una historia de pecadores y de santos. De compasión y de confusión con el poder. El clero y los laicos fueron actores en la violencia entre los partidos políticos, el siglo pasado, cuando los católicos conservadores lucharon contra los católicos liberales y socialistas. Después de 1960, durante la guerra entre el Estado y la guerrilla, han sido asesinados miembros de la Iglesia, mensajeros de la paz, al lado del sufrimiento humano, jóvenes, mujeres y laicos, así como monjas, sacerdotes y obispos.

Muchos esperaban que la Comisión de la Verdad escribiera la defensa de la Iglesia durante esta compleja historia. Pero la Comisión no se hizo para defender a ningún sector, sino para llegar al corazón de la tragedia humana, acompañar a las víctimas y explicar el por qué.

Un tema que necesita ser explicado es por qué la guerra ha sido entre católicos que se odiaban a muerte, y por qué la evangelización no evitó el conflicto armado. Y por qué la educación moral en una nación totalmente católica no enseñó compasión por el sufrimiento, apertura y amor maduro. La Comisión de la Verdad mostró el bien que hace la Iglesia y también la violencia que producen los creyentes católicos.

Colombia necesita que las organizaciones importantes del país reconozcan públicamente su responsabilidad ante los millones de víctimas y su compromiso con el cambio. La Iglesia, representada por los obispos, no ha querido hasta hoy reconocer su contribución a la violencia y pedir perdón. Debe hacerlo, porque la Iglesia es la principal autoridad moral pública del país, y si la Iglesia reconoce y pide perdón, abrirá el camino para que los partidos políticos, las empresas industriales, los militares, los intelectuales, reconozcan, pidan perdón, y cambien.

Segunda parte: 

El impacto interno de una comisión de la verdad

Nosotros, los comisionados, 5 mujeres y 6 hombres, elegidos por un Comité de Selección independiente en diciembre de 2017, venimos de diferentes orígenes culturales, espirituales, étnicos y académicos. Sin embargo, no éramos representantes de ningún grupo sino representantes del pueblo colombiano.

En mi caso personal, vine como católico y como jesuita a la Comisión, no para producir un documento de la Iglesia o de la Compañía de Jesús, sino un documento de los ciudadanos de Colombia y para los ciudadanos de Colombia.

Fui designado presidente de la Comisión por el Comité de Selección. Era mi responsabilidad defender la autonomía de la Comisión. En la protección de nuestra autonomía surgieron tensiones internas. La situación más difícil ocurrió cuando el comisario, que era un ex mayor del ejército, nos quiso subordinar a las Fuerzas Militares. Dos meses antes del final dimitió y se unió a la extrema derecha política para atacar a la Comisión.

Era consciente del valor extraordinario de los miembros de la Comisión y también de nuestras limitaciones. Varias veces recibí sugerencias de afuera para crear un grupo paralelo, diferente a los comisionados, para producir el documento final que yo firmaría como presidente. Nunca lo acepté. El grupo de Comisionados fue el elegido por el Comité de Selección, el reto estaba con este grupo, para cumplir con la misión. Y lo logramos.

Juntos, establecimos el método de búsqueda de la verdad, que les presenté en mi primera conferencia en noviembre pasado. Ese método, estuvo enfocado en buscar las mejores explicaciones inteligentes, hasta encontrar las mejores respuestas a las preguntas que plantean los datos, cuando la realidad se impone, y exige afirmación o negación. Y, tras un proceso de discernimiento, buscar y formular recomendaciones eficaces, acordes con la verdad encontrada, para frenar la crisis humanitaria.

Buscar la verdad desde lo más profundo del drama humano requiere un desapego total de cualquier interés que se convierta en obstáculo en el camino hacia la desnuda realidad. Porque si tienes que proteger algo material o espiritual, no tienes la libertad que exige la verdad.

He encontrado un espacio para preservar la libertad en media hora de silencio, todos los días, compartido con gente de la Comisión. El silencio aclara la diferencia entre tener voluntad, es decir, la capacidad de juzgar el bien y el mal, y tener libre albedrío. Cuando pasas por el proceso de liberación de todas las emociones donde estamos atrapados por miedos, afectos y preocupaciones sobre lo que los demás esperan de nosotros. De ahí podría venir la prudencia y el coraje para actuar, sin importar el costo.

Finalmente, para mí, la Eucaristía ha sido siempre una experiencia conmovedora de gracia, misericordia y libertad en Jesús. En la mesa del pan y del vino nos ha adaptado el desafío de Simeón a María (Lc. Lc 2, 35): “Tú has sido destinada a que muchos caigan y otros se levanten. Seréis signo de contradicción, para que se esclarezcan las intenciones de muchos corazones. Y una espada penetrará tu alma.”

Antes de participar en la Comisión de la Verdad, pensaba que tenía suficiente conocimiento del sufrimiento físico y emocional de las víctimas y del drama de los victimarios. A lo largo de los meses, me di cuenta de mi ignorancia y aprendí lo lejos que estaba de la magnitud del trauma y lo lejos que estaba de la compasión y el amor verdadero.

Entrar en la tragedia humana de la guerra es descender a los infiernos de las víctimas y los victimarios. La tragedia emocional de varios millones de sobrevivientes no tiene fondo. En cualquier momento, los que estén molestos con las conclusiones de la Comisión, pueden atacar. A veces estos enfrentamientos son respetuosos, a veces son dramáticos e inesperados. La señora que te cruza por la calle y te insulta, hijo de puta. El hombre que te ataca dentro de un avión, lo suficientemente fuerte como para que todos los pasajeros sientan su indignación. El collage perfecto de una foto, en la que estás vestido de guerrillero con una ametralladora en las manos. El programa de radio que repite todos los días que la comisión no es confiable.

Esto nos permite entender que el conflicto ha calado en toda la sociedad, y que nosotros somos parte del problema. Estás entrando en la frágil realidad de tu vulnerabilidad, y te vuelves parte de tu pueblo, y sientes profundamente que el prójimo, brutalmente afectado por la guerra y la violencia, es como tú, humano, con emociones, miedos, sueños, familia, hijos y esperanzas. Entonces uno descubre cómo se afecta la propia dignidad y cómo es imposible ser ético si se desprecia a los heridos al borde del camino.

Sólo después de terminar nuestro trabajo comprendí lo afectados que estaban mis compañeros, mujeres y hombres, mi gente de la Comisión. Entrar cada día en escuchar y acompañar. Ser confrontado internamente y amenazado externamente. Para tratar de comprender y explicar el mal ilimitado e inexplicable. Todo apurado, y con poco tiempo para atender el impacto acumulativo que el sufrimiento les estaba produciendo. Hoy reconozco que desde mi lugar no brindé el apoyo suficiente a estas personas que fueron tan importantes en el proceso. Pagaron inmensos costos personales y familiares, poniendo en riesgo sus vidas y su salud emocional. Una lección que me gustaría transmitir a cualquier otra comisión de la verdad en cualquier parte del mundo es: si por amor decides entrar en el infierno de las víctimas y los victimarios, cuídate.

Cuando el poder se siente amenazado por la verdad, destruye a los buscadores de la verdad. El poder puede ser el Estado, los militares, los paramilitares, la guerrilla, los políticos. A veces la Iglesia Católica también ha sido un perseguidor mundano de aquellos que buscan la verdad humana.

Quienes están en el poder, normalmente encubren sus crímenes contra los seres humanos. Los documentos oficiales que contienen estos delitos son de alto secreto. En los batallones de Colombia estos documentos fueron quemados a finales de año. Y, en algunos casos, quienes revelan estas verdades son procesados como conspiradores, enemigos de la seguridad nacional o enemigos de la revolución.

Los más duros ataques de los poderes políticos y militares para destruir la credibilidad de la Comisión de la Verdad fueron dirigidos contra mí, porque la figura de un sacerdote católico genera respeto, y la autoridad moral de un jesuita diciendo estas verdades es inaceptable.

He experimentado personalmente la violencia del poder. Un día, el máximo comandante paramilitar me amenazó en persona, porque le dije al Presidente la ubicación del cuartel paramilitar donde mataron a muchos campesinos, información que los militares le habían ocultado al Presidente. Otro día fui secuestrado por guerrilleros fuertemente armados que hicieron un simulacro de juicio en el bosque para condenarme a muerte, y mientras yo presentaba mi defensa todos en la sala gritaban “mentiroso, mentiroso”.

La violencia del poder fue mucho más brutal con otros buscadores de la verdad. Alma Rosa, mi amiga y abogada, fue despedazada con una motosierra cuando dijo la verdad sobre los paramilitares aliados con el corrupto alcalde de Morales. Sergio Restrepo Jaramillo, hermano del alma, jesuita, fue asesinado frente a la capilla de la parroquia rural, por decir la verdad sobre la violencia contra los campesinos pobres. Monseñor Giuliani, quien presidía la Comisión de la Verdad de Guatemala, fue asesinado dos semanas después de entregar las conclusiones de la Comisión.

Siempre llega un momento en que los buscadores de la verdad se encuentran con el dilema de decir la verdad o permanecer en silencio. A veces son momentos dramáticos, en los que los torturadores quebrantan a los testigos y los obligan a decir lo que quieren los perpetradores. Como hicieron brutalmente los criminales de la CIA con María del Carmen, sobreviviente del asesinato de los jesuitas en El Salvador. Sin embargo, prevalece la pasión por los hermanos asesinados, como sucedió con María del Carmen, cuando recuperó su empoderamiento para gritar públicamente, los vi, los vi, los soldados mataron a los padres.

Francisco de Roux S.J.

Marzo 20, 2023

Boston College, Estados Unidos

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En esta quinta entrega, Pacho nos muestra las reacciones de los militares, de los partidos políticos y de los organismos internacionales ante el trabajo de la Comisión de la Verdad.

Los militares consideraron que sólo lo que decían de sí mismos podía ser cierto. Esperaban que el Informe Final demostrara que ellos eran los buenos y que la guerrilla y los líderes de la protesta social eran los malos. Pero la Comisión no fue instituida para saber quiénes eran los buenos y quiénes los malos. La Comisión fue instituida para recibir víctimas de todos los bandos y explicar la tragedia humana del conflicto. Al hacerlo, la Comisión encontró responsabilidades éticas, históricas y políticas en todos los lados, y tenía la obligación de hacer públicas estas responsabilidades.

Un día el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas nos hizo una presentación sobre el poderío militar de Colombia, el más grande, mejor equipado, mejor entrenado del continente después de EE.UU., incluso equipado y entrenado por EE.UU. Uno de los grandes comandantes me preguntó, ¿qué te parece esta maravilla? Mi respuesta fue, ¿cómo es posible que teniendo un aparato de seguridad así tengamos varios millones de víctimas? El comandante reaccionó y dijo, es tu culpa porque no nos dejaste ganar la guerra. Le respondí, no Almirante, el problema fue usted, que no nos dejó hacer las paces. La Comisión sabe que cada año adicional de guerra significa decenas de miles muertos en combate y millones de víctimas civiles. Y sabemos que hay responsabilidades graves de gobiernos y grupos políticos que llevan a los militares y al pueblo a la guerra. Esto es cierto para Colombia y para el mundo entero.

La Comisión entendió la necesidad de un cambio profundo en la institución castrense tras descubrirse la verdad de los falsos positivos. Ocurrió, cuando los comandantes presentaron como resultados positivos del combate, la matanza de miles de jóvenes completamente inocentes de familias pobres. Los soldados moralmente corruptos los asesinaron y presentaron sus cuerpos como si hubieran muerto en combate, en un ejemplo típico del comportamiento de “recuento de cadáveres” de la guerra de Vietnam. Otra evidencia de la necesidad de un cambio moral en el sistema de seguridad fueron las muchas acciones violentas brutales en las que el ejército y la policía apoyaron a los narcotraficantes paramilitares.

Un cambio en el sistema de seguridad significa una transformación cultural en la ética, formación y doctrina de los soldados, policías e instituciones de inteligencia, así como un cambio en la sociedad. Como sucedió cuando los ciudadanos estadounidenses exigieron un cambio cultural en la policía de este país después del asesinato de innumerables afroamericanos desarmados. El cambio exige que el ejército y la policía sean líderes en la construcción de confianza, al servicio de la grandeza de la paz.

La Comisión busca desacralizar a los héroes de la guerra, su majestad y su poder. El ejército y la policía no son sagrados. Lo sagrado son las personas en armonía con la naturaleza. El ejército y la policía son servidores de lo sagrado.

Alabamos a los héroes del ejército porque ofrecen sus vidas en las guerras por nuestra seguridad. Pero, ¿quién está librando estas guerras? El esclarecimiento de la verdad nos ayudó a comprender los intereses detrás de las guerras. Intereses que se aprovechan del afán de justicia y la pasión de quienes quieren defender la patria. ¿Por qué en Colombia se hizo morir a miles de jóvenes campesinos en la guerra inútil? ¿Por qué miles de jóvenes estadounidenses tuvieron que morir en Vietnam, Irak y Afganistán? Y hoy, en Ucrania, además del crimen invasivo de Putin, ¿qué otros intereses, de otras naciones, empujan a la juventud ucraniana a morir en una guerra de todo o nada?

Los presidentes y los políticos esperaban que la Comisión mostrara los logros que habían alcanzado durante sus mandatos. La Comisión no los olvidó, pero tuvo que explicar por qué bajo los últimos 6 presidentes y parlamentarios, Colombia tuvo más de 7 millones de víctimas. Por eso le preguntamos a cada presidente: ¿por qué usted no frenó la tragedia humana durante su mandato presidencial?

El Partido Centro Democrático que es la oposición de derecha, desarrolló una campaña política contra la Comisión de la Verdad. La Comisión explicó que no pertenecía a ningún partido político y por lo tanto el Informe Final era intransigente y, en muchos aspectos, políticamente incorrecto. Y que no entramos en ninguna discusión política pública porque no estábamos haciendo política.

La Comisión tiene la responsabilidad de contribuir a la construcción colectiva de la mayor democracia política posible. Pide a los participantes un diálogo capaz de compartir los valiosos aportes y también los fracasos y crímenes de todos lados. Exige franqueza y humildad. La construcción es posible, si los líderes reconocen que somos seres falibles, vulnerables, que cometemos errores, y que tenemos que construir juntos, en responsabilidad común.

La comunidad internacional, los embajadores y la ONU, dieron un importante apoyo al proceso de paz entre el Estado colombiano y las FARC. Estuvieron al lado de la Comisión de la Verdad para brindar apoyo político y económico. Los embajadores estuvieron presentes incluso en regiones remotas de Colombia, acompañando a las comunidades. Después de compartir nuestra misión con ellos, nos gustaría hacer estas observaciones:

1. La presencia de la comunidad internacional es imperativa en procesos de conflicto interno o entre dos naciones. Colombia es un ejemplo. Países con posiciones diferentes, como Estados Unidos y Cuba, jugaron un papel importante en la paz entre el Estado colombiano y las FARC. Gracias a la Unión Europea y los países latinoamericanos, terminó la amenaza de un conflicto armado entre Colombia y Venezuela. Esto muestra la relevancia de la participación de otros países en la construcción de confianza y la apertura del diálogo entre dos oponentes y puede ser una lección para conflictos como el de Ucrania.

2. El esclarecimiento de la verdad es muy importante para solucionar un conflicto interno o internacional. Sin embargo, hay mucha resistencia a la verdad. En España, por ejemplo, existe una férrea oposición a la búsqueda de la verdad durante la guerra civil y durante el gobierno de Franco. Francia no ha querido descubrir la verdad sobre el conflicto en Argelia. Irlanda del Norte está de acuerdo en que establecer una institución de la verdad habría facilitado la paz, pero no era factible hacerlo.

3. Ha habido alrededor de 30 Comisiones de la Verdad en el mundo desde la Comisión Argentina en el año 1983. Las Comisiones han evolucionado hacia el esclarecimiento de la verdad histórica y las responsabilidades éticas y políticas, y han dejado las responsabilidades legales a los tribunales nacionales e internacionales. Porque se ha aprendido que la verdad jurídica, la verdad de los jueces por sí sola, no conduce a la convivencia pacífica. De ahí surge la iniciativa de una Comisión de la Verdad internacional, con autoridad moral, creíble y permanente, que promueva un diálogo mundial al más alto nivel, en análisis de conflictos, que establezca esclarecimientos históricos, políticos y éticos y que presente también recomendaciones viables para la paz y la convivencia mundial. No un nuevo tribunal internacional, sino una Comisión de la verdad independiente de gobiernos, ejércitos o partidos políticos.

Francisco de Roux S.J.

Marzo 20, 2023

Boston College, Estados Unidos

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Pacho y la Comisión se refieren a las reacciones de aquellos actores que consideran importantes para hacer realidad las propuestas del informe. Aquí, mencionan a los empresarios y a la guerrilla.

Actores centrales

Vemos ahora un gran interés en discutir el Informe Final y las recomendaciones de la Comisión en organizaciones sociales y académicas. Sin embargo, hay personas e instituciones que requieren un enfoque especial a la hora de sacar adelante los cambios profundos que la Comisión viene exigiendo. Me refiero a los grandes empresarios, la guerrilla, los militares, los principales partidos políticos, la comunidad internacional y la Iglesia Católica.

Los empresarios esperaban que la Comisión mostrara que las grandes empresas no habían estado involucradas en el conflicto. Les explicamos a los CEOs que la Comisión no estaba en contra de ellos, y visibilizamos los secuestros, extorsiones y muertes que sufrieron en el conflicto, pero luego de escuchar a las víctimas y miembros de las empresas, tambiéencontramos que algunas empresas financiaban a los paramilitares, desplazaron a los campesinos y reorganizaronlos territorios para poder desarrollar proyectos agroindustriales y mineros que afectaron severamente a las comunidades y a la naturaleza.

Los grandes empresarios y el Estado esperaban que la Comisión no cuestionara el sistema económico. Pero al explorar las causas del sufrimiento humano, la Comisión encontró que la exclusión e inequidad del capitalismo en Colombia fue una de las causas del conflicto violento.Colombia tiene un crecimiento económico moderado y estable, pero la concentración de la tierra y de la riqueza hacen del país uno de los más desiguales del planeta.

Los impulsores del modelo económico, el Estado, las grandes empresas productivas, de servicios y la banca, optaron por mantener la situación con el apoyo de las Fuerzas Militares y de los organismos de seguridad privada. El resultado es el desarrollo de un modelo irracional en el que millones quedan fuera del proceso productivo y buscan empleo en actividades ilegales.

Bernard Lonergan ha hecho una brillante contribución para superar esta irracionalidad. Su Ensayo económico sobre el análisis de la circulación, que no se analiza lo suficiente en el Boston College, ofrece, desde mi punto de vista, una ruta sencilla para un país como Colombia. Hemos podido empezar a probar esto, durante quince años, en un programa de demostración, en la región del Magdalena Medio, un territorio del tamaño de Massachusetts.

Cuando comenzamos el programa, había dos mercados separados. En un sector, la producción de bienes de capital en petróleo, minería, energía y agroindustria; en el otro sector, la producción de bienes y servicios para la vida familiar. Hubo ganancias y muy buenos ingresos en el sector de bienes de capital, y mucha pobreza en el sector familias y comunidad. Siguiendo a Lonergan, propusimos una economía de mercado destinada a incorporar a toda la población en la producción del nivel de vida, lo que los aldeanos llaman “la vida que queremos vivir”.

El modelo pretendía unir la producción de bienes industriales y mercancías de exportación, con los bienes y servicios finales que los habitantes consideran para formar su amada vida. Para lograrlo, se invitó al Estado y a los empresarios a participar continuamente en una operación distributiva para lograr que en los momentos de alto ahorro y acumulación industrial, se traslade una inversión importante a la producción campesina, economías étnicas, empresas de clase media y puesta en marcha de emprendimientos populares. Estas empresas de bienes y servicios finales dan empleo a los habitantes populares urbanos y rurales, en lugar de dejar fuera del proceso de producción y demanda efectiva a un grupo significativo de la sociedad.

El proceso es dinámico hacia adelante, invirtiendo en una serie de actividades de creación, además de la producción de bienes materiales finales, como la cultura, el arte, el deporte y la espiritualidad que hacen la vida más plena y más bella. Y el proceso es dinámico hacia atrás y conduce a inversiones en conservación ambiental, protección del planeta, educación, investigación, tecnología, salud e infraestructura, elementos que activan los dos sectores.

Desafortunadamente, los grandes empresarios y el Estado no se atreven a caminar en esa dirección porque les falta conocimiento y porque no confían en la gente. Por eso excluyen a la mitad de la población creativa e inteligente de Colombia. Esta exclusión produjo las protestas generales de jóvenes de 2021 que paralizaron a 600 municipios del país.

Por primera vez, el nuevo gobierno ve la posibilidad de cambiar el modelo de desarrollo en esa dirección, y para ello será determinante el diálogo con los grandes empresarios.

La guerrilla de las FARC esperaba que la Comisión declarara que su guerra de guerrillas era objetivamente justa y que eran víctimas del Estado. A los guerrilleros de las FARC les explicamos que la Comisión no estaba haciendo un relato para demostrar que eran víctimas, ni para agredirlos, sino para explicar la tragedia de la guerra, y establecer las responsabilidades de todos los bandos y fortalecer el proceso de paz que ellos había firmado con el gobierno. La Comisión encontró y reveló los crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad que cometieron los guerrilleros.

La comisión demostró que era un error de la guerrilla creer que la guerra resolvería la injusticia social y política. En lugar de resolver los problemas, la guerra los hizo más grandes y aumentó la desesperanza. La guerra dañó todo lo que tocó, incluidos los actores de la guerra, las guerrillas y los militares, todos ellos inmensamente afectados. Hoy, ante el conflicto de 60 años que aún persiste, mujeres, niños, campesinos y etnias siguen gritando: paren la guerra, paren por todos lados, paren ya.

El camino no es la guerra, el camino es la valentía de una democracia valiente, que confronta la verdad incondicionalmente y busca en el diálogo los cambios que la verdad demanda.

Francisco de Roux S. J.

Marzo 20, 2023

Boston College, Estados Unidos

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El informe de la Comisión de la Verdad presenta desafíos enormes al nuevo gobierno que asume la conducción del país.

Petro nunca antes había hablado con la Comisión pero, al comprometerse con cambios que conduzcan a la paz, encontró en las recomendaciones de la Comisión prioridades claras para enfocar su programa. El gobierno se ha destacado en la implementación de las siguientes recomendaciones:

1. La Comisión recomendó la Gran Paz, que llama a la reconciliación entre todos los colombianos que, sin estar en guerra, están sin embargo divididos por el odio y la desconfianza. Asimismo, la Comisión solicitó que se realicen negociaciones con los restantes grupos políticos armados y el sometimiento a la justicia de los narcotraficantes.

2. Petro hizo un llamado a la Paz Total, lo que significa diálogo con todos los grupos políticos armados y conversaciones para llevar a los narcotraficantes ante la justicia. Inmediatamente reinició las negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional, ELN, que habían sido suspendidas por el gobierno anterior, y restableció las relaciones con Venezuela y Cuba, países muy importantes para avanzar en el proceso de paz en Colombia.

3. A 7 meses de esta gestión, la Comisión de la Verdad sigue insistiendo en el pleno cumplimiento del acuerdo entre el Estado y la guerrilla de las FARC y la protección de los excombatientes, pues más de 400 de ellos han sido asesinados. (El acuerdo con las FARC es el ejemplo a seguir, en rigor y método, en las negociaciones con otros grupos armados, siempre que incluyamos las adecuaciones necesarias correspondientes a cada proceso).

4. Cambiar el sistema de seguridad fue identificado por la Comisión de la Verdad como una de las recomendaciones más importantes. El nuevo ministro de Defensa, valiente defensor de los derechos humanos e investigador de los crímenes paramilitares, se erige como prueba de que estos cambios se están produciendo. 50 militares de alto rango han sido apartados de la institución por acusaciones de violaciones a los derechos humanos, y está en marcha el proyecto de la presidencia para cambiar la doctrina militar.

5. La Comisión recomendó la inclusión de los pueblos indígenas y comunidades afrocolombianas que han sufrido el racismo y la destrucción de sus culturas y tradiciones espirituales y que han sido los más afectados por la guerra. El presidente Petro nombró como vicepresidenta a Francia Márquez, la líder que una vez caminó 400 kilómetros en dos semanas, con sus compañeras, para exigir al Estado que destruyera las máquinas de extracción de oro que destruían sus ríos. Hoy el embajador de Colombia en Washington es un hombre negro, la embajadora ante la ONU es una mujer indígena y la ministra de educación es una mujer afrocolombiana.

6. La comisión recomendó una planificación económica basada en la participación de la ciudadanía y las organizaciones de base en los territorios, con el fin de incrementar la democracia, superar la desigualdad entre regiones y garantizar alimentación, educación, vivienda, salud, cuidado de la naturaleza e inversión industrial.

El nuevo Plan de Desarrollo se ha hecho con la implicación de los territorios.

La Comisión recomendó transformar la guerra contra los pequeños cocaleros en programas de desarrollo alternativo. El presidente lo está haciendo, y hoy los campos de coca campesinos solo se destruyen una vez que están en producción diferentes cultivos. La Comisión también pidió una solución integral que incorpore educación, empleo y salud pública para prevenir el consumo de drogas y la participación de jóvenes en el narcotráfico. La Comisión también recomendó el enjuiciamiento legal contra los líderes del cártel y sus aliados. Y a largo plazo, propuso la regulación de los mercados de producción y consumo de cocaína. El nuevo gobierno está trabajando en esa dirección.

La Comisión recomendó transformar la educación, para sensibilizar a los niños y jóvenes sobre la historia y llamó a la formación ética de los estudiantes centrada en la igual dignidad humana y el respeto a la naturaleza, y los hábitos de apertura a la vulnerabilidad y reconciliación. El Ministerio de Educación convirtió el Informe de la Comisión de la Verdad en textos pedagógicos para todas las escuelas públicas del país.

Como dije antes, el presidente Petro tomó en serio las recomendaciones de la Comisión de la Verdad. También ha realizado otros cambios significativos, como reformas fiscales para aumentar los recursos del Estado y corregir la desigualdad. Medidas para la transición de Colombia a otras formas de energía y preparar al país para reemplazar las exportaciones de petróleo y carbón con otros productos básicos de exportación. Y la búsqueda de una alianza latinoamericana para solucionar problemas continentales como la protección de la selva amazónica, que se ha fortalecido con la llegada de Lula a la presidencia de Brasil.

Se esperaba que la nación se uniera en torno al nuevo presidente, durante este tiempo de cambio, pero este no ha sido el caso. El país está dividido.

Debemos mirar este momento como un período en el que Colombia está tratando de avanzar en profundas transformaciones necesarias que se vieron truncadas en el pasado. El diálogo y la negociación son muy importantes. Este es el momento de fortalecer la esperanza en la democracia participativa y justa y generar confianza en quienes quieren seguir invirtiendo en Colombia. Los críticos consideran que el presidente genera expectativas populistas que pueden llevar a una crisis como la de Perú o Chile, pero Colombia ha demostrado que tiene una mayor estabilidad institucional. La discusión pública constructiva sobre cómo gobierna Petro es beneficiosa, siempre que el presidente escuche. El país quiere un líder, que empuje hacia nuevos horizontes, que llame a los acuerdos, capaz de mantener unida a la nación, considerando la inclusión de todos los grupos sociales relevantes, según los diferentes temas. Estas son condiciones necesarias para que los cambios sean posibles y viables.

Francisco de Roux S.J.

Marzo 20, 2023

Boston College, Estados Unidos

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En su introducción, Pacho muestra los retos que tuvo que enfrentar la Comisión de la verdad. En esta segunda entrega nos presenta las estrategias de la Comisión para que el trabajo emprendido fuera asumido por toda la sociedad colombiana.

Primera parte

El impacto externo de la comisión de la verdad

Cuando se constituyó la Comisión de la Verdad en 2018, la sociedad colombiana -salvo importantes excepciones- tenía muy poco interés en conocer la verdad sobre el conflicto y la historia de la tragedia humanitaria del país. La oposición había ganado un referéndum oponiéndose al acuerdo de paz, pero aun cuando el Congreso aceptó la mayoría de sus reclamos, continuaron diciendo que la Comisión de la Verdad y otras instituciones creadas por el acuerdo de paz no eran legítimas. También ganaron las elecciones presidenciales y el proceso de paz perdió el fuerte apoyo que le dio el expresidente Juan Manuel Santos, Premio Nobel de la Paz.

Ante esta situación, la Comisión de la Verdad decidió realizar una movilización educativa nacional, para discutir la realidad de las víctimas y el derecho que tienen a conocer la verdad. Eso era necesario, si queríamos tener paz y democracia. Esta iniciativa se denominó “diálogo social”. Se desarrolló a pesar del COVID, en miles de conversaciones y programas educativos, en redes sociales y televisión, en estaciones de radio y en periódicos. Todos los días durante 40 meses, en algún lugar de Colombia, se llevó a cabo un evento de diálogo social, con niños y jóvenes, mujeres, personas LGBTQ, campesinos, comunidades indígenas y afrocolombianas, sindicalistas, artistas, periodistas, empresarios, miembros de las instituciones militares, ex guerrilleros y ex paramilitares. Los hechos ocurrieron en 24 países donde los colombianos viven en el exilio a causa del conflicto. El diálogo social fue tan crucial como el Informe Final.

La movilización y el diálogo social trajeron consigo un cambio de actitud de la sociedad hacia la verdad del conflicto. A pesar de la oposición del gobierno, y de las dificultades para realizar reuniones públicas durante la pandemia del COVID, la sociedad colombiana pasó de la resistencia y el miedo a la verdad, a un creciente interés, incluso pasión, por comprender y aceptar la realidad de la intolerable crisis humanitaria que vive y que afectó a millones de colombianos.

Miles acudieron a la Comisión de la Verdad para traer sus testimonios. Muchos proporcionaron memorias escritas y análisis. Colombia pudo escuchar a miembros de la guerrilla, paramilitares y militares, compartiendo datos sobre los terribles niveles de violencia. El país se encontró con multitudes de mujeres en busca de sus hijos desaparecidos, campesinos despojados de millones de hectáreas de tierra, soldados sin piernas, exguerrilleros ciegos o sin brazos.

Muchos colombianos entendieron que los logros en el desarrollo económico, la organización de los partidos políticos y la institucionalidad del Estado, se han construido sobre la base del inmenso y prolongado sufrimiento humano de millones de víctimas.

Muchas personas aceptaron, por primera vez, la profundidad de la tragedia humana y sintieron cada vez más que continuar así era intolerable. El resultado de estos años de movilización fue una aceptación general, desde diferentes puntos de vista políticos y sociales, de que el cambio era necesario.

En la primera vuelta de las elecciones presidenciales de mayo de 2022, los colombianos descartaron a los candidatos de los partidos tradicionales y expresaron claramente su esperanza y voluntad de cambio profundo al elegir en su votación final a dos candidatos que apuestan por un cambio radical. Rodolfo Hernández quien prometió cambio acabando con la corrupción, y Gustavo Petro quien prometió cambio logrando la paz total. Petro ganó.

La Comisión de la Verdad no hizo campaña por ningún candidato. Pero es obvio, que la movilización por la verdad y la conciencia nacional de la necesidad de un cambio para detener la tragedia humanitaria, fueron determinantes en la elección del nuevo presidente.

El 28 de junio de 2022, la Comisión entregó su informe final al país. El presidente electo Gustavo Petro fue invitado a la ceremonia y recibió de mis propias manos el libro de conclusiones y recomendaciones de la Comisión. Petro prometió estudiar el documento. 40 días después, en su discurso de toma de posesión como presidente de Colombia, repitió dos veces frente a la comunidad nacional e internacional: Cumpliré al pie de la letra todas las recomendaciones de la Comisión de la Verdad.

Francisco de Roux S.J.

Marzo 20, 2023

Boston College, Estados Unidos

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Por Jorge Luis Puerta
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A pesar de la distancia (llevo viviendo 40 años en el Perú), soy consciente y mis cuatro hijos también, de que estas elecciones presidenciales son cruciales para el porvenir de Colombia. Por eso, nos hemos prometido (nunca lo habíamos hecho antes) que, estemos donde estemos, votaremos.

Yo votaría por la Coalición de la Esperanza. Me basta una razón: la presencia siempre potente, discreta, coherente, de Humberto de la Calle. Su compromiso con la Paz Grande ‒como la llama Pacho de Roux‒ en todos estos años, pasara lo que pasara en la política colombiana, es la base que él ha venido tallando para su imagen de estadista, de ciudadano comprometido que se ha evidenciado dramáticamente en estas últimas semanas, al aceptar ser senador antes que aspirante a la presidencia, siendo él el más presidenciable de todos: una muestra más de su generosidad, de su vocación por el país, aunque se sienta hoy “atrapado por las circunstancias”, como declaró a El País (de España) recientemente.

Yo seguiré apostando por la generación de un espacio político de centro sólido, representativo de tantos sueños colombianos fracasados secularmente.

Aunque Ingrid Betancourt ‒siempre me ha marcado su imagen narcisista y pueril‒ haya hecho estallar la frágil alianza llamada Coalición de la Esperanza.

Aunque haya discursos que invalidan los términos derecha, izquierda y centro, por considerar que actualmente la realidad es mucho más compleja que en el siglo XX. 

Aunque Isaiah Berlin, al reconocerse como un liberal de centro, los definía cínicamente como “centristas miserables, moderados despreciables, intelectuales escépticos, criptorreaccionarios”.

Aunque ser de centro esté hoy devaluado, 

Creo que la generación de un espacio donde la moderación impere, donde las voces de los ciudadanos de a pie sean oídas, donde la formación de ciudadanía sea una tarea cotidiana, donde la satisfacción de los derechos humanos con la paz al centro sean el objetivo final, le haría un enorme bien a Colombia.

Todo indica que los protagonistas no están aún preparados para subir al escenario y asumir los roles que demanda la creación de la esperanza.

Jorge Luis Puerta

Febrero 2022

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Volvió el Hay Festival a las calles de Cartagena. El año pasado el confinamiento y la pandemia obligaron a que esta fiesta de la palabra fuera virtual y que en lugar del encuentro cercano con escritores y las tertulias sin final con amigos y desconocidos, tuviéramos que verlos por Internet en la soledad de nuestras habitaciones.

Este año, todavía limitados por el virus, el gran esfuerzo de los organizadores logró un festival mixto, con unos eventos presenciales, otros virtuales y la posibilidad de verlos todos en la página web del festival. El resultado fue maravilloso, entre otras cosas porque la tecnología permitió la participación a distancia de personalidades como el artista chino Ai Weiwei, la filósofa Adela Cortina o el expresidente español Felipe González.

Hubo temas y autores para todos los gustos. Por supuesto, la literatura; la internacional con el nobel africano Wole Soyinka o autores ya consagrados, como Leonardo Padura, Irene Vallejo (la de El infinito en un junco) y Jonathan Franzen. Y la nacional, con escritores bien conocidos como Juan Gabriel Vásquez, Evelio Rosero, Pablo Montoya o Ricardo Silva, para no citar sino unos cuantos.

 La “maldita desigualdad” fue un tema predominante, con la presencia del economista Tomás Piketty junto con otros autores que la analizaron desde perspectivas políticas, filosóficas ambientales y de género. Se habló también de las amenazas a la democracia, del papel del periodismo con el punzante diálogo de Los Danieles, de la emergencia climática y de la corrupción de la farmacéutica norteamericana, que se ganó millones de dólares vendiendo opiáceos adictivos.

Para varios de los asistentes, uno de los conversatorios más impactantes fue el de la periodista María Ximena Duzán con el sacerdote jesuita Francisco de Roux*, presidente de la Comisión de la Verdad. Emocionante fue el largo y conmovedor aplauso con que lo recibió el auditorio, merecido reconocimiento a una vida dedicada a los pobres y a la construcción de la paz y la reconciliación, muchas veces con riesgo de ser asesinado por paramilitares o guerrilleros, a los que se enfrentó con igual entereza.

El relato del padre Pacho de lo que han escuchado y recopilado en la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición está marcado por el dolor de las víctimas, de familiares de secuestrados o de masacrados para despojarlos de sus tierras, de madres cuyos hijos fueron asesinados por miembros del ejército para cobrar recompensas, de mujeres abusadas, de los millones de desplazados. Y también relatos esperanzadores de victimarios y víctimas que han encontrado el camino de la reconciliación.

Se necesitaba una persona con las calidades morales y la trayectoria del padre Pacho para dirigir el difícil trabajo de la Comisión, que como él lo dice no es decidir cuál es la Verdad, sino descubrirla en las voces de todas las víctimas. Es un ejercicio complejo y doloroso, pero indispensable si queremos que en Colombia se supere esta larga guerra de 60 años, se sanen las heridas y podamos vivir en una sociedad justa y en paz. Gracias, padre Pacho, por su abnegado trabajo.

*        *        *

Adenda: Ya el gobierno anuncia las fechas de los nuevos días sin IVA para este año ‒con claros motivos electorales al fijarlas en vísperas de las elecciones parlamentarias y de la segunda vuelta presidencial‒ y todavía el país no conoce el costo que tuvieron los del año pasado cuando, según la DIAN, se facturaron más de $30 billones.

Mauricio Cabrera Galvis

Enero, 2022

* Puede verse en https://www.youtube.com/watch?v=aETdcKeR3tM

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