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¿Estamos ante la realidad de un siglo diferente?

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Para quienes consideran el año 2000 como el comienzo del Siglo XXI, el 2024 marcaría los primeros 25 años del siglo, es decir el transcurso de su cuarta primera parte. Para los que consideramos el comienzo del siglo XXI a partir del año 2001, significa solo que al final de este período podríamos dar por finalizada la primera cuarta parte.

Puntos de vista discutibles, pero que en sí mismos no tienen una mayor relevancia, dado que históricamente ambas posiciones podrían considerarse como válidas. 

Pero lo que sí parece importante es que muchos señalamos el comienzo de las nuevas realidades a partir del 11 de Septiembre del 2001, cuando la destrucción de las torres gemelas del World Trade Center en New York por los extremistas islámicos, marcó una época diferente a la anterior, donde durante la mayor parte de nuestra vida, había prevalecido la cotidianeidad de quienes nacimos a mediados del siglo XX. 

Creíamos en el progreso, el desarrollo económico, la inviolabilidad del estado de derecho, el predominio de la cultura cristiana, la globalización de la economía, el predominio de los bienes y valores de Occidente,  y estábamos muy lejos de aceptar que estas creencias o valores inmutables, pudieran ser objeto de destrucción por parte de otros creyentes u otras culturas diferentes. A partir de este evento, si bien no se derrumbaron inmediatamente esos valores y creencias, sí sentimos la necesidad de repensarlas y de someterlas a una crítica seria y reflexiva. 

Pero entonces surge una pregunta un tanto tautológica: ¿qué es aquello que en nuestro cotidiano vivir como ciudadanos del Siglo XX considerábamos como diferente? Acostumbrados como estábamos al cambio como una característica ontológica de la modernidad, acaso se puede afirmar que en el Siglo XXI ¿están ocurriendo cambios sustancialmente diferentes de aquellos a los cuales estábamos acostumbrados a vivir durante nuestra vida activa en el Siglo XX?. 

Posiblemente en nosotros prevalece un paradigma de experiencia continuada que nos podría llevar a afirmar que lo que está ocurriendo es solo más de lo mismo, o simple continuación de lo que venía acaeciendo. 

Podríamos entonces afirmar que la destrucción de las torres gemelas es un evento simple, o una variación no estadísticamente significativa de los hechos que vivimos a partir de la segunda guerra mundial. 

Podría decirse que fue simplemente un evento póstumo de las guerras mundiales y de la guerra fría que predominaron en el escenario histórico de la segunda mitad del Siglo XX. Y no, como pienso yo, de un evento con un amplio significado en lo religioso, político y cultural, que posiblemente sea una de las características de los conflictos recurrentes en el Siglo XXI.

Pueden ser simples bobadas mías, pero yo considero que los eventos que marcan el desarrollo de estos 24 primeros años del Siglo XXI tienen una diferencia histórica que yo considero sustancial, con respecto a aquellos en los cuales muchos de nosotros fuimos protagonistas, durante los 50 años que transcurrieron entre 1951 y el año 2000. Con esto quiero decir que simplemente nos corrieron el tapete y que, posiblemente, si no distinguimos las diferencias estamos bailando un valse fuera de ritmo o silbando una tonada con acordes destemplados.  

Cuando realizo esta afirmación me refiero a hechos tan protuberantes como lo relacionado con la interpretación religiosa de la bendición de las parejas del mismo sexo del Papa Francisco aprobada recientemente en contraposición con los eventos de la Iglesia del Papa Bueno Juan XXIII cuando a comienzos de los años sesenta del siglo pasado convocó al aggiornamento de la Iglesia Católica con el Concilio Vaticano II. 

Me refiero además, al hecho como USA interpreta actualmente la osadía y desfachatez de Putin al invadir a Ucrania, que es muy diferente a la interpretación de hechos tales como ocurrió en el Siglo XX con la presencia de las fuerzas estadounidenses en diferentes territorios asiáticos como Corea y Vietnam, en respuesta directa al reto de la permanencia e implantación del modelo democrático occidental. 

Me refiero además, en el panorama económico, a la manera como se produjo y se solucionó la debacle de las hipotecas y la crisis financiera del 2008, a diferencia de cómo se pudo atender y desarrollar el cataclismo financiero de finales de los años 20s. 

En asuntos menos políticos pero no sin enorme complejidad tecnológica, es diferente la forma de transmisión de mensajes y comunicaciones por ondas y medios electrónicos, algunos de mucho avance como el fax propios del Siglo XX, a la forma inmediata como corre y se multiplica actualmente la información a través de las redes cibernéticas y cubre espacios globales en tiempo real mediante la cibercomunicación e Internet. 

O, a manera de ejemplo, para señalar los avances de la biomedicina, es sustancialmente diferente la implantación actual de un órgano en pacientes humanos con el apoyo de la bioingeniería, de la nanotecnología, propios del Siglo XXI, a las admirables operaciones del corazón realizadas en los años 60s y 70s por los médicos surafricanos. 

Unos y otros asuntos pueden estar relacionados entre sí, y analíticamente pueden clarificarse sus interrelaciones, pero son hechos que responden a realidades totalmente diferentes que al mismo tiempo que producen nuevas esperanzas crean situaciones y expectativas distintas, ante muchas de las cuales predomina el miedo, la incertidumbre, la posibilidad de descalabros y el incremento de los riesgos globales, que son características propias de nuestra humanidad del Siglo XXI.

¿Estamos preparados para entenderlas, analizarlas y afrontarlas?…

Hernando Bernal Alarcón

Enero, 2024

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