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Fuentes de energía

La física nos enseña que no puede realizarse ningún trabajo sin un consumo de energía. Trabajo y energía son dos magnitudes físicas estrechamente relacionadas y la vida requiere energía. 

En la evolución humana sobre el planeta encontramos la forma como el ser humano ha obtenido la energía para su existencia. Su primera fuente es el alimento que se procesa y permite el consumo de energía que requiere la vida diaria, por simple que sea. Cualquier movimiento de una masa (trabajo) requiere energía. Si el hombre no quiere ser la fuente de energía con su esfuerzo, la busca en los animales (caballos, bueyes…), los cuales a su vez la obtienen de su alimento. 

En las ciudades, hasta hace unos cuantos años, uno de los sistemas de transporte de los objetos era la tracción animal. Ante esta situación, los grupos defensores de los animales protestaron y lograron su prohibición. La energía animal fue reemplazada por la humana y ahora se ven los recicladores cargando enormes carretas y bicitaxis movidos por la energía de los más jóvenes o necesitados.

Sabemos que la energía no se crea ni se destruye, se transforma. Los seres humanos han buscado fuentes de energía su alrededor, al tiempo que progresaban en el conocimiento de los elementos, las propiedades y las consecuencias de los procesos de manejo y uso de las diferentes fuentes de energía útil para realizar trabajos en el sentido de la magnitud física.

En su historia, e hombre necesitó alimentarse y calentarse en los inviernos; para ello tuvo que indagar en los alrededores que lo circundaban y buscar fuentes de energía. Las encontró en los bosques, en las plantas comestibles y en los animales. Luego, su avance en los conocimientos de la naturaleza le permitió desarrollar la agricultura, para lo cual diseñó y elaboró herramientas. Clasificó, entendió y con su propia energía y la del medio ambiente dominó y explotó la “tierra”. Todo ello supuso consumo de energía de una forma u otra. En ese proceso modificó su hábitat y mejoró su calidad de vida. 

Ha sido un largo proceso de milenios de diálogo entre el hombre y la naturaleza, el cual le permitió entender mejor el mundo circundante y a su vez le proveyó de recursos de todo tipo para acelerar y generar nuevas realidades.

El hombre encontró los metales y los usó para su vida en múltiples formas creativas. Después halló sustancias con gran poder energético al ser combustibles y liberar su energía potencial. Descubrió que el agua, fundamental para la vida, era también una fuente de energía y ejecutó obras maravillosas, usando la energía potencial que resulta simplemente de aprovechar las diferentes altitudes en las cuales se encuentra el agua y la diferencia con el punto en el cual va a usarse. Transportó el agua utilizando la gravedad. Navegó usando el viento y diseñando sistemas para dirigir esa energía y pudo realizar trabajos superiores a su misma capacidad “natural”.

Usó el agua y el fuego para cocinar sus alimentos. Para conseguir fuego permanente, encontró la madera de los árboles circundantes. Así descubrió que había elementos de mayor y mejor capacidad de combustión. Entre los materiales combustibles halló el carbón, uno de los más poderosos para producir energía calórica para cocinar y para generar luz.

Combinando carbón y agua pudo dominar el vapor como fuente de energía para mover grandes masas por tierra y mar. Encontró así la gran capacidad de la energía cinética, la energía de los cuerpos en movimiento. De allí obtuvo como fuente principal la energía hidráulica. Logró transformar la energía potencial del carbón en energía eléctrica. 

Con las diferentes formas de energía logró desarrollar máquinas, herramientas y tecnologías que le permitieron descubrir nuevas fuentes. En el último siglo encontró que en lo profundo del planeta se había concentrado una gran energía, producto de presiones y temperaturas acumuladas por millones de años, y logró extraer combustibles fósiles en forma líquida, como petróleo, o gaseosa, como gas combustible. Usó esta energía para combustión que moviera máquinas en tierra, mar y aire. De esta manera, transformó energía potencial en energía cinética. También empleó esa energía proveniente de los combustibles fósiles para generar energía eléctrica.

Como todo en la evolución del ser humano, en las últimas décadas se ha acelerado la búsqueda y se han encontrado y analizado otras fuentes de energía para satisfacer la creciente e insaciable demanda de energía para la vida del hombre sobre la Tierra. Así se encontró la energía atómica, que mantiene unidos los átomos del universo, y que puede ser utilizada para transformar la energía potencial atómica en energía calórica o eléctrica, e incluso en energía destructiva.

En toda esta larga historia del hombre buscando, transformando y usando energía de sus diferentes fuentes, recientemente miró que a su alrededor la más fuerte, abundante y perceptible forma de energía: la energía solar, que es la fuente principal de la actividad, el trabajo y la vida en nuestro mundo planetario. De igual forma, ha visto otras fuentes aprovechables sin mayor esfuerzo, como son el viento y las mareas. 

La química le permitió desarrollar otras fuentes de energía y sistemas de guardar energía acumulada en baterías, con diferentes elementos de la tabla periódica. Ha buscado transformarla en energía eléctrica que impulse sus vehículos en la Tierra e incluso hasta para viajes espaciales.

El ser humano no solo ha encontrado fuentes múltiples de energía, sino su uso y capacidad de transformación. Su utilización varía en la forma, el precio y la cantidad equivalente de unas y otras. Cómo transformar esas fuentes en formas de energía utilizables es el esfuerzo realizado en las últimas décadas con relativo éxito.

A continuación, mostraré los requisitos y los efectos indeseados del uso de las diferentes fuentes de energía. Una de las formas más útiles y usadas es la energía en forma de energía eléctrica, cuya transformación requiere un costoso y difícil proceso a partir de otras fuentes.

Carlos Torres H.

Diciembre, 2022

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Savannah

Por Pilar Balcázar
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Savannah fue fundada en 1733. Es la ciudad más antigua del estado de Georgia (Estados Unidos) y sí que se sienten sus años, en sus árboles, en su arquitectura, en sus calles, en sus parques y en sus monumentos.    

Se habla mucho del pasado de Savannah y sus pobladores quieren hacer sentir que allí deambulan sus espíritus en la melena de las ceibas o en las mansiones donde asustan, porque cuenta la leyenda que “todavía aquella mujer no se ha liberado de su dolor físico y se queja y llora después de media noche…”. 

Con Darío nos quedamos en un hotel viejo. ¿Qué tan vetusto?  No sé, pero al amanecer oí el vuelo de un pájaro dentro de mi habitación. Lo busqué con mi mirada dormida y no lo vi. Después me dije: si es real, es hijo de Dios; si no lo es, también lo fue. Entonces, volví a mi almohada y continué un sueño placentero.

Pero eso sí, les digo que Savannah tiene algo especial, algo muy bonito en su aire. Se siente el amor del Creador…

Caminar y descubrir cada parque más grande que el otro y ver las calles oscuras por el follaje de los árboles, bajar a ver el rio de cerca, oír música y comer patas de cangrejo recién sacado de la red, acompañado de una copa de vino y, de repente…, sentir que la mirada de tu hombre es la misma de hace 30 años, cuando estaba en plan de conquista, con sus ojos tranquilos y su amor sereno, que es lo que he sentido cada amanecer a su lado…, ¿qué más pedirle a la vida? Solo agradecimiento, porque fui escogida para vivir en el paraíso de la Tierra y este, hoy, se llama Savannah, Georgia.   

¡Gracias, Savannah, por tu energía, que revolvió mi alma! 

Pilar Balcázar

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Un viaje para revivir lo aprendido en el colegio, ayudar a nuestro hijo a instalarse en París para comenzar su maestría y construir su futuro profesional y, además, sentir de cerca una posible reencarnación de mi hermana, se convirtió en una experiencia “de locos” que me está abriendo a otro nivel de mi existir y le da sentido al sentimiento de permanencia eterna de la energía de mi vida. No pido que lo creas o no lo creas, simplemente comparto mi vivencia y mi felicidad.  

Estoy volando de regreso a mi lugar de origen, luego de un viaje muy especial. Han sido semanas intensas, conectándome con el pasado, viviendo el presente y soñando con el futuro. Ha sido como una “fiesta de locos”, título que me recuerda un libro* de Harvey Cox, de cuando estudiaba teología: 

…todos, en todas las civilizaciones, celebramos y revivimos el pasado en nuestras fiestas, recordamos los nacimientos propios, de familiares y amigos, los momentos especiales, los finales de etapas de la vida, los aniversarios, las alegrías, las pérdidas familiares (…), celebramos con júbilo, con dolor o simplemente con gratitud por lo vivido, lo experimentado, lo aprendido”. 

Esta celebración también la aprendí y amé en las fiestas carnestoléndicas de Río de Janeiro durante más de 10 años.

Fueron seis semanas de fiesta, nacidas de un triple objetivo. Uno, ayudarle a preparar la venida a Camilo ‒nuestro hijo menor‒ a su nueva experiencia de vida en Paris, donde hará su maestría en Gestión de Deportes Internacionales: el futuro. Dos, tener la experiencia de vivir en París, ciudad que aprendí a amar de boca de mis profesores del Liceo Francés, entre mis 5 y 15 años de vida, quienes me enseñaron a apreciar la cultura francesa, su historia, su filosofía y su literatura: el presente. Tres, cumplirle una cita a mi “hermana”, surgida de dioscidencias cósmicas inexplicables que trataré de esbozar limitadamente en estos párrafos: el pasado

Camilo quedó felizmente instalado en un bello y pequeño apartamento de casi 30 metros cuadrados en París y listo para comenzar su programa de estudios que lo conectará con su pasión por los deportes ‒pasión que compartimos‒, con su futuro profesional y con la cultura europea. Pudimos conectarlo con nuestros amigos del pasado y del presente que viven en Paris y nos brindaron su hospitalidad y generosidad. ¡Gracias, Carmen, Eduardo, Claudia y sus familias! La víspera del viaje cerramos esta fiesta de locos asistiendo al Parc des Princes, a un partido de fútbol con Messi, Mbappé, Neymar y su corte de estrellas del fútbol europeo.

Vivir y disfrutar París fue otro objetivo logrado. Interminables caminatas por los lugares más tradicionales, por los lindos barrios de París con sus innumerables bares de sillas en los andenes, donde los franceses expresan su proverbial joi de vivre. Con la ayuda de Pilar, y con nuestra prima Vicky, recorrimos Normandía en una gira llena de belleza geográfica, de simbolismo histórico por los lugares venerados del desembarco de los aliados que puso fin a la guerra durante la cual nací, y de perfección arquitectónica por las bellas catedrales góticas rodeadas de ruinas de fortalezas cargadas de historia y de la simplicidad de pequeñas ciudades del francés genuino y querido que vive en la tranquilidad y la tradición secular con costumbres ancestrales.

Tampoco faltó la increíble burocracia francesa, que nos dejó su marca en los infinitos procesos, imposibles de creer, no solo para comenzar una vida como estudiante, sino hasta para regresar a nuestro destino desde uno de los aeropuertos más grandes del mundo. Como si la tecnología y la automatización, tan cacareadas con orgullo por los franceses, se enfrentaran a la tramitología consagrada por los humanos servidores del aeropuerto, que se resisten a ser desplazados por las máquinas y se ensañan en hacer sentir al cliente/pasajero el pequeño poder que aún conservan.

El logro del tercer objetivo fue superior a nuestras expectativas. En automóvil viajamos un fin de semana a Ginebra, Suiza, a encontrarnos con Paola, reencarnación de mi hermana Gloria ‒quien nos dejó terrenalmente hace más de 62 años‒, punto culmen de “Mi fiesta de locos”, lo que no deja de ser una realidad impresionante. Todavía me conmueve al escribir estas palabras y marca “un antes y un después” en mi vida y creo que también en la de Paola. 

¡Me he encontrado con mi hermana y nos hemos reconocido como hermanos! ¡Qué frase tan brutal en este mundo de lo racional, de lo que debe probarse científicamente o demostrarse por ADN o por genealogía…! 

Este encuentro comenzó a comienzos de este 2021, cuando Guillermo, mi compañero, también exjesuita, me propuso ayudarle a organizar un curso virtual sobre el tema de la Homeopatía Cuántica, como resultado de una presentación a nuestro grupo de compañeros exjesuitas en una de nuestras sesiones de los jueves, en medio de la pandemia. 

Guillermo ha practicado la Homeopatía Cuántica desde hace más de 30 años en Lugano, Suiza, donde vive. En el curso fuimos 10 participantes, además de su hija Paola, quien lo acompañó con su apoyo y conocimientos. Ella reside en Ginebra y hoy atiende una práctica exitosísima de chamanismo en una ciudad pequeña al borde del lago Ginebra, donde también es miembro del Concejo municipal.  

Paola, desde joven, no solo ha aprendido y escuchado los temas relacionados con la Energía y la Homeopatía cuántica de su padre, sino que ella misma ha sido regalada con situaciones de altísima sensibilidad y de ayuda en el conocimiento de sus amigos y clientes y se ha dedicado a la formación chamánica, al servicio de su creciente clientela.

Desde el inicio de las sesiones, al escuchar y ver a Paola, comencé a sentir una conexión especial y una similitud de pensamientos que me asombraba e inquietaba, al saber que atendía pacientes para ayudarles a resolver sus problemas de salud, con la identificación de sus puntos de Constitución o la Geometría de sus vidas. Le solicité una cita profesional por zoom; confieso que lo hice con una alta dosis de escepticismo e incredulidad, por estos temas considerados por mi mente racional como “esotéricos” y hasta absurdos, mente de un exacadémico de varias maestrías y doctorado, de un exejecutivo de corporaciones financieras, solo movido hasta entonces por lo “probado” y lo “demostrable”…

En paralelo al curso semanal seguido con Guillermo, tuve dos sesiones individuales con Paola. En la segunda sesión, cuando le contaba el impacto familiar de uno de los episodios más intensos de mi juventud, como fue la muerte en 1959 de mi hermana Gloria ‒era azafata de Avianca‒ en un accidente aéreo en Perú. Al mirar de repente la pantalla de mi computador, me recorrió un escalofrío intenso por mi cuerpo, acompañado de una emoción indescriptible: ¡Paola tenía un inmenso parecido físico con mi hermana fallecida! Solo llanto y profunda emoción inundaron mi cuerpo y alma. No pude hablar más… Paola lo percibió.

‒¿Qué te pasa?, me preguntó.

‒¡Qué pena!, le respondí…, es que eres idéntica a mi hermana.

‒¡No, no puede ser! 

‒¿Habrá reencarnado?, pensé asombrado, y le comenté.

‒¡Bien puedo ser!, ella me responde… 

Paola comenzó a comentarme sus situaciones personales relacionadas con accidentes aéreos y un sinnúmero de situaciones increíblemente semejantes a la vida de mi hermana que me dejaron atónito. Los parecidos con mis hermanos se comprobaron luego con asombro por las fotografías que les compartí. En ese momento nació mi propósito de ir a ver, conocer mejor y abrazar a Paola… 

Desde ese momento, meses atrás, hasta ese sábado de septiembre de nuestro encuentro y durante los dos días maravillosos pasados con ella y sus hijos, recorriendo un lago de Suiza, solo encontramos muchísimos más e impresionantes detalles de su vida coincidentes minuto a minuto con los de la vida de mi hermana. Confirmábamos que, efectivamente, estábamos delante de lo que bien puede ser la continuación de la vida de mi hermana Gloria, en una versión de otra existencia carnal en esta persona diferente y maravillosa. ¡Qué sensación tan profunda se manifestaba en mí!, que me dejaba una paz indescriptible al contemplar la belleza y continuidad de una existencia de un ser tan cercano en mi vida. 

Lo que siguió a nuestro encuentro permanece en impresionantes mensajes de asombro ante esta realidad de nuestra existencia. No queda ningún compromiso diferente al sentir y gustar de una experiencia cuasimística, cuántica en lenguaje de hoy, intensísima, bella, de repercusiones eternas, que me llevan a seguir creyendo que la energía de nuestra existencia nunca termina, que seguiremos viviendo probablemente en otras realidades diferentes y que esto del amor y la familia son cosas para la eternidad. 

Estoy regresando a mi realidad de Miami, donde vivo con Pilar, quien es testigo y firme creyente de lo que ha sido este mes y medio… 

¡Que vivan las fiestas de locos!  

Darío Gamboa

Octubre, 2021

* Cox, Harvey (1972). Las fiestas de locos. Ensayo teológico sobre el talante festivo y la fantasía. Madrid: Taurus.

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