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En la senda de Héctor Osuna (“rasgos y rasguños”) – Mi personaje inolvidable

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Para escribir este comentario sobre exjesuitas como autores de columnas de opinión, elegí a aquellos que están activos en esa modalidad, excepción hecha de Oscar Jaramillo Gutiérrez, -Teófilo Escribano- (1939-2004).

1. Héctor Osuna Gil. El Diccionario de Colombia lo describe así: “Osuna Gil, Héctor. (Medellín, 1936). Periodista, pintor y caricaturista. Abogado de la Universidad del Rosario. Bachiller del Colegio San Bartolomé de La Merced. Considerado uno de los mejores caricaturistas de Colombia.

Osuna lleva 63 años dedicado a impartirle urticantes lecciones a la clase política colombiana que lo admira, lo disfruta, lo respeta y lo teme. Creo que con acierto, amarró todas sus caricaturas al sugestivo y diciente título de “Rasgos y Rasguños”; cada “rasgo” de Osuna sobrepasa los linderos del “rasguño” al hundir sin piedad el cincel de su inteligente ironía en el tendón de Aquiles de su paciente o coyuntura universal. (Diccionario de Colombia).

El bifronte Héctor Osuna Gil: caricatura y periodismo”. Todos los “Rasgos y Rasguños” de Osuna se convierten por fuerza de contenido y de poder gráfico, en columnas de opinión divulgadas en forma visual. Varios de sus panegiristas no dudan en acomodar a su favor, la conocida frase de Confucio: “Una caricatura -de Osuna- vale más que mil editoriales.

Preguntado por un periodista el por qué el pseudónimo de Lorenzo Madrigal para su columna de opinión, contestó: “porque realmente son como dos personalidades que manejo. […] la gente piensa que soy muy chistoso y no lo soy, pero manejo el humor y la caricatura; entonces para diferenciarla de la columna de opinión […] uso el seudónimo para pensar como periodista escritor. […] una cosa es hablar de temas serios sin ser tan trascendental y el otro, es hacer la caricatura tradicional”.

¿Por qué “Lorenzo” como nombre y “Madrigal” como apellido? Tal parece que Héctor no tiene el menor interés en explicarlo y al parecer, nadie ha tenido la ocurrencia de preguntárselo; por lo tanto, no queda otro camino que especular.

“Lorenzo” es sustantivo de genuino origen latino; los onomatólogos coinciden en afirmar que “Lorenzo” significa “Coronado de laureles” y por metonimia, otros opinan que significa “Hombre de honor”, “Triunfador”.

Madrigal es de pura cepa latina al igual que “madriguera”; ambos vocablos descienden de matrix, -icis, sustantivo que al parecer tiene como fuente el Sánscrito y según atestigua Varrón, se aplicaba a la hembra que está en fase de reproducción y crianza. Madrigal, pues, señalaría a quien genera nueva realidad o nueva vida a personajes o conceptos abstractos.

¿Por qué Lorenzo Madrigal? Dos hipótesis plausibles: “se le vino el nombre a la mente”, a manera de inspiración; le pareció sonoro, atractivo, quizás exótico y lo adoptó como segundo yo; la otra posibilidad es que haya sido el resultado de la exhaustiva búsqueda y profundo análisis de las palabras que reflejaran su temperamento artístico. El “Lorenzo” marcaba el prestigio que ya acumulaba de tiempo atrás y el “Madrigal” le vendría como “anillo al dedo” por cuanto expresaría bien el fruto de su talante fecundo dedicado a generar opinión a partir de los temas que desarrolla en sus columnas. Al menos que alguien le pregunte y él quiera decirlo, nos quedaríamos sin dar respuesta al ¿Por qué el pseudónimo de Lorenzo Madrigal?

2. El “Teófilo Escribano” de Oscar Jaramillo Gutiérrez (1939-2004). En los pasillos de Teología en Chapinero, hacia finales de la década de los 60, empezó a sonar el nombre de “Teófilo Escribano” asociado a Oscar Jaramillo. Ya para ese entonces empezaba a consolidarse su fama de talentoso escritor y analista político; con el tiempo, lo veríamos de comentarista de asuntos internacionales en noticieros de televisión.

El nuevo modo de vida propio de los recién ordenados también me absorbió por completo hasta el punto de no haberme enterado del abandono de la Compañía por parte de Oscar, ni de cómo y por qué se trasladó a Cali; menos que se dedicara de lleno al periodismo y a la cátedra en la Universidad del Valle.

Por consultas para cerrar el ciclo vital de “Teófilo Escribano” encontré los elogios de sus calidades como periodista y catedrático colaborador de El Tiempo, El Siglo, El País y Nueva Frontera. En su fugaz aventura de la política, fue nombrado secretario privado del Alcalde Mayor de Bogotá, Juan Martín Caicedo Ferrer. El boletín de AUSJAL, órgano oficial de las universidades jesuitas de América Latina, lo describe como “hombre sabio que siempre se mostró dispuesto a enseñar” (Carta de Ausjal, No. 17, año 2004, p. 36). Oscar murió por un cáncer a mediados del 2004 en Cali.

En la “Carta Ausjal” se dice de Oscar que “era fuente -según colega suyo- de reporteros que lo llamaban para pedir explicación sobre asuntos internacionales. El Medio Oriente, la ETA, el conflicto de los Balcanes, la invasión a Irak, la revolución islámica, el sueño bolivariano de Chávez, la Unión Europea y el TLC, entre muchísimos temas más que siempre estuvieron en la mira acuciosa de don Óscar y como dato agradable, recuerdo (cuando trabajaba en el área de Opinión de El País) que en diversas ocasiones, ante complejos hechos internacionales de última hora, su pluma siempre estuvo erguida para ayudar a editorializar sobre ellos”.

3. Jesús Ferro Bayona. Columnista semanal en el periódico “El Heraldo” de Barranquilla; situaciones de coyuntura suelen ser los temas de sus escritos redactados con fluidez y transparencia en aras de sus probables lectores que posiblemente sean personas de cierto nivel académico y desde luego, sus numerosos amigos y conocidos a lo largo de su larga y meritoria vida.

El estilo de la columna semanal del escritor costeño deja ver al Académico de la Lengua que no tiene necesidad de acudir a preciosismos idiomáticos para compartir con su público lector temas de coyuntura en forma simple, directa y agradable. Familiares y amigos prefieren llamarlo “Chucho” sin que le cause molestia. Sencillo en su grandeza muestra los

kilates de una personalidad nutrida de academia en el extranjero, lecturas múltiples durante su vida y la carga de experiencia que le deja ese largo paso por la rectoría de la Universidad del Norte.

4. Francisco Cajiao Restrepo. “Academia. Revista multidisciplinaria” de la Universidad de Puerto Rico, encabeza la publicación de una de sus conferencias, con apartes de su muy laboriosa existencia y señala: “Miembro permanente de la Academia Colombiana de Pedagogía y Educación”. columnista permanente del periódico El Tiempo, reconocido como una de las autoridades más importantes de la pedagogía en Colombia, especialmente por sus aportes en innovación e investigación”.

El Dr. Google a quien le consulté no me pudo dar las ejecutorias más recientes de “Pacho”, nombre cariñoso con el que suelen llamarlo sus “amigos de toda la vida”. La aproximación más vital a Pacho, está disponible en YouTube: Vida y obra: Francisco Cajiao”.

El denominador común de las columnas de Pacho en el periódico El Tiempo no podría ser otro que los temas de educación, eruditos, profundos, bien cimentados y escritos a la manera de aquel que habla “tamquam autoritatem habens”, tal como lo señalaría el latinajo utilizado por S. Juan Crisóstomo en su refutación a los disidentes de Antioquía (1004, 14. “Los disidentes”).

5. Jaime Heredia Pérez. El “Círculo Bogotano de Críticos de Cine (CBcine)” lo describe así: Comunicador social y Administrador. Estudió Humanidades Clásicas y Filosofía en la Universidad Javeriana. Estudió cine en Universidad El Salvador (Buenos Aires) y en la Universidad Gregoriana (Roma). Realizó cursos de crítica de cine en Bello Horizonte y en la Universidad ProDeo (Roma). Dirigió durante varios años cine foros con universitarios. Doctorado en Comunicación en la Universidad Gregoriana (Roma). Profesor de comunicación en la Universidad Javeriana. Ha participado en varios festivales internacionales Mar del Plata y San Sebastián. Desde hace varios años escribe la columna semanal de crítica de cine en el diario nacional Portafolio. “Varios años” se dice rápido pero en realidad son casi 20 de mantenerse “enganchado” al ámbito de la crítica cinematográfica. ¿Cómo empezó Jaime a esta difícil tarea de columnista de crítico de cine?

“Hoy en la Javeriana” nos cuenta que en febrero de 1967, el P. Nazareno Taddei, S.J. habló en la Escuela de Periodismo y Relaciones Públicas sobre el avance de los medios de comunicación social y la responsabilidad que tiene el profesional ante el cambio sustancial de la civilización moderna. Para agosto del mismo año se unieron la Javeriana y la Conferencia Episcopal de Colombia para organizar el curso “Lectura estructural del film” del 8 al 31 de agosto orientado por el P. Taddei, en ese entonces Director del Instituto de Ciencias de la Comunicación Social de la Universidad Católica de Milán, además de conocido experto en todo lo referente al lenguaje cinematográfico y asesor de reconocidos directores cinematográficos italianos; tal el maestro cuyas enseñanzas incorporó Jaime al acervo de sus conocimientos acumulados en múltiples fuentes y consolidado en la práctica que sin duda, es la “maestra” en todo oficio.

La subjetividad y aquello de que sobre gustos no hay disgustos, es el “diablillo” que persigue a cuantos intenten ser críticos en cualquiera de las artes liberales. El equilibrio que demuestra Jaime en sus columnas semanales, lo han convertido en punto de referencia y consulta frecuente en artículos de prensa y encuentros en los que esté en discusión la comunicación social y de manera explícita en el cine. Antes de acercarse a la taquilla es prudente consultar primero a Jaime Heredia Pérez el crítico de cine con prestigio merecido.

Jaime Escobar Fernández

Chía, 12 de febrero del 2024

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