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El inquietante sueño del transhumanismo

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El planteamiento transhumanista ve en la tecnología la superación de lo natural humano.

SOFROSINA- Observo con interés cómo los prodigiosos adelantos científicos y tecnológicos que se han acelerado en el planeta Tierra llevan a algunos hiperoptimistas a pensar que en un futuro no lejano se logrará una transformación radical del ser humano, es decir, que iremos “más allá” (trans) del humano.

LINGUACUTA.- Ojalá que este “imperativo de mejoramiento” no lleve a cometer locuras. Hay quienes se alegran porque vamos rápido y derecho, aunque no sepamos a dónde y sin medir bien las consecuencias.

SOFROSINA.- Me haces recordar aquello de Sófocles: “Nada extraordinario llega a la vida de los mortales separado de la desgracia.”

LINGUACUTA.- No otra cosa te dirán las víctimas de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki…

SOFROSINA- Habrás oído que algunos fervientes transhumanistas postulan inclusive que el envejecimiento y la muerte son errores biológicos, o más precisamente subproductos evolutivos, resultados colaterales de la selección natural que podrán ser corregidos por la ciencia, sustituyendo nuestros diferentes órganos “fuera de servicio” o controlando el envejecimiento de nuestras células. ¡No habrá que esperar hasta la “resurrección de la carne” en la “otra vida”!

LINGUACUTA.- Por eso mismo hay quienes dicen que la religión es una forma prematura de transhumanismo, y que ésta es una nueva religión que viene a corregir las carencias de las anteriores. 

SOFROSINA.- En efecto, los transhumanistas abordan temas favoritos de las religiones, como la relación con la muerte, la abolición del sufrimiento, el destino último del hombre y del universo. 

LINGUACUTA.- Esos sueños escatológicos están presentes en las mitologías y teologías de todas las épocas.

SOFROSINA.- Larga es la tradición filosófica y teológica que ha considerado al humano como un ser enfermo, o “caído”. Piensa no más en el “pecado original” judeo-cristiano, o en quienes han descrito el cuerpo humano como una cárcel. 

LINGUACUTA.- Y si el ser humano es un animal enfermo, prisionero en un cuerpo sufriente, su mejoramiento ha de ser entonces una forma de terapia de exigencia indiscutible. 

SOFROSINA.- Terapia que a lo largo de la historia ha sido confiada a «técnicas sociales», como la educación o las leyes -para las mejoras morales o mentales-, o a técnicas tradicionales relacionadas con el ejercicio corporal, el uso de plantas medicinales, las costumbres alimentarias -para las mejoras físicas-. 

LINGUACUTA.- Más recientemente he escuchado que ha llegado la hora de que sean las tecnologías biomédicas y cibernéticas quienes tomen en sus manos el asunto del mejoramiento humano. ¿Tienes alguna información al respecto, Sofro?

SOFROSINA.- Que te la dé Max O’Connor, más conocido como Max More, cuyo holograma te presento. [Sofrosina activa su sofisticado dispositivo de vídeo holográfico interactivo y aparece Max More].

MAX MORE.- Con el artículo “Transhumanism: Toward a Futurist Philosophy“, que publiqué en 1990, me convertí en un pionero de este movimiento. Posteriormente, en 2013, en el libro colectivo The transhumanist reader –presentación del transhumanismo para un público amplio-, expliqué de qué se trata.

LINGUACUTA.- ¿Me lo puedes repetir brevemente?

MAX MORE.- El término ‘Transhumano’ enfatiza el modo en el que se va mucho más allá del humanismo, tanto en medios como en fines. El humanismo tiende a confiar exclusivamente en los refinamientos educativos y culturales para mejorar la naturaleza humana, en tanto que los transhumanistas queremos aplicar la tecnología a la superación de los límites impuestos por nuestra herencia biológica y genética. Los transhumanistas no vemos la naturaleza humana como un fin en sí mismo, ni como perfecta, ni como poseedora de ningún derecho a nuestra lealtad. Por el contrario, la naturaleza humana no es más que un punto en un camino evolutivo y podemos aprender a reconfigurarla, de acuerdo con las formas que estimemos deseables y valiosas. Mediante la aplicación cuidadosa, pero también audaz, de la tecnología a nosotros mismos, podemos llegar a ser algo que ya no podremos describir adecuadamente como humano; podemos llegar a ser posthumanos.

LINGUACUTA.- ¡Vasto y paradójico programa: el humano que se propone dejar de serlo…para mejorarse! 

SOFROSINA.- El desarrollo tecnológico y científico ha buscado ayudar a los humanos a vivir de la mejor manera posible en el mundo que les tocó habitar. Pero me parece ilógico que, para conseguir plenamente esa adaptación, se propugne la disolución de lo humano. 

LINGUACUTA.- Me inquieta que estemos jugando al Doctor Fausto.

MAX MORE.- El progreso tecnológico es imparable.

LINGUACUTA.- Acepto que no podemos renunciar a la tecnología, pero sí podemos desobedecer al imperativo que convierte en necesario todo lo que es técnicamente posible. 

MAX MORE.- Nada grande se hace sin intrepidez. En 1992, junto con Tom Morrow fundé el Extropy Institute, la primera institución oficialmente dedicada a promover los fines del transhumanismo. Reconozco, sin embargo, que actualmente, enero de 2024, la organización transhumanista más influyente y estructurada es la Asociación Transhumanista Mundial (World Transhumanist Association, WTA), fundada en 1998 por Nick Bostrom y David Pearce. Les advierto que, en el 2008, cambió su nombre por «Humanity+», o, abreviadamente, H+. 

SOFROSINA. ¿Cuál es su objetivo?

MAX MORE.- Construir una especie nueva y mejorada gracias a la informática, la IA, la nanotecnología, la ingeniería genética y la cibernética; se trata de una especie posthumana descendiente de nuestro linaje pero mucho más avanzada, a la que ya se ha querido bautizar con el nombre de Homo excelsior.

LINGUACUTA.- Me temo que puede llegar a ser un Excelsior praedator. ¿Qué pasará con los “simplemente” humanos que queden en manos de los “excelsos” transhumanos? ¿Acaso piensas que todos ellos se van a comportar como Teresa de Calcuta o como Francisco de Asís?

SOFROSINA.- Estoy de acuerdo en mejorar la vida humana con la tecnología, pero cosa muy distinta es buscar transformar al mismo ser humano mediante la tecnología. Se está echando a andar algo que va a sacudir las bases en las que se ha cimentado la vida social y ética, que va a introducir nuevas desigualdades y va a reforzar de forma extrema el poder de una minoría sobre la gran mayoría.

LINGUACUTA.- Hasta que no se puedan hacer proyecciones seguras, no habrá mayor valentía que la cautela.

MAX MORE.- Bien saben ustedes dos que quien no arriesga un huevo no saca un pollo, o que para hacer una gran tortilla hay que quebrar muchos huevos.

LINGUACUTA.- El problema es que siempre son los huevos de los desvalidos.

MAX MORE.- Deja de ser aguafiestas. El advenimiento del Homo excelsior vendrá dado por un proceso acelerado y dirigido según nuestras decisiones y no por el azar genético sometido a las imposiciones del medio ambiente. Lo que el transhumanismo defiende con empeño es que hemos de abandonar la pasividad a la que nos hemos visto sometidos en el proceso evolutivo darwiniano, que nos ha hecho tal como somos, unos primates parlantes e inteligentes pero sometidos a múltiples limitaciones que podrán ser superadas tecnológicamente. 

LINGUACUTA.- Que el ser humano tome el control de su propia evolución y haga de ella una evolución dirigida o diseñada para “mejorar la raza” es un viejo sueño. Tengo bien presente que hace más de un siglo, el lema del Segundo Congreso Internacional de Eugenesia celebrado en 1921 fue: “Eugenics is the self direction of human evolution”.

SOFROSINA.- Y ya sabemos los desvaríos y crímenes que se cometieron en nombre del sueño eugenésico, en particular en la Alemania nazi, pero no sólo en ella.

MAX MORE.- Ya aprendimos la lección.

SOFROSINA.- Eso espero, lo cual no me tranquiliza: la Historia puede ser maestra de vida, pero tiene alumnos desmemoriados.

MAX MORE.- Por otra parte, el “viejo” (?) sueño eugenésico  no disponía, como ahora, de las tecnologías necesarias para realizar la “self direction of human evolution”. Tengan en cuenta que, como dijo el eminente Gregory Bateson, la cibernética es “el más grande mordisco a la fruta del árbol del conocimiento que la humanidad haya dado en los últimos 2000 años”.

LINGUACUTA.- Ojalá que en ese mordisco no vayan pedazos de fruta envenenada.

Rodolfo Ramón de Roux

Enero de 2024

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