Home Tags Posts tagged with "Dialogos de ultratumbra"
Tag:

Dialogos de ultratumbra

death, skeleton, skull-5575188.jpg
Download PDF

HORACIO. – ¿Por qué me fatigas con tus lamentos? Un pecho bien dispuesto espera en los desastres y teme un cambio de la suerte cuando todo va bien. 

BUDA. – Escucha a tu querido Horacio: todo es impermanente.

HERÁCLITO. – Panta rei: todo fluye. Ten paciencia.

LAO TSE. – Lo que existe forma un Todo-Uno en el que todo participa y todo se integra. Este Todo que vive, se mueve y se transforma constantemente es el Tao, pero puedes llamarlo como quieras: el Tao que se puede nombrar no es el verdadero Tao.

  • No entiendo para qué pueden servirme tus elucubraciones.

LAO TSE. – Espero que lo veas pronto, pero si no lo ves, tampoco es grave.  De todas maneras, si las aceptas, las cosas son como son. Y si no las aceptas, las cosas son como son. Dentro del Tao único y absoluto, todo lo que existe despliega su propia lógica de vida.

SPINOZA: Eso se parece mucho a mi “Deus sive Natura”, Dios o la Naturaleza.

LAO TSE: Tanto mejor.

HERÁCLITO: También se parece mucho al “todo fluye” de mi “panta rei”.

LAO TSE: De acuerdo. El Tao es el inmenso río de la Vida en el que todo es devenir: siempre mutando y transmutándose. 

  • ¿Entonces mi apreciado “yo” no es sino una consciente efímera forma animada del movimiento incesante de la Vida?

LAO TSE. – Abre los ojos y verás que eres un agregado de todo lo que te ha precedido, de todo lo que has heredado. Y que todo cambia constantemente. No eres el mismo de cuando naciste, ni de cuando tenías 5, 10, 20, 40, 60 años. 

  • Si la cosa es así solo se puede adquirir el autoconocimiento a través de un proceso de autoexamen que nunca termina, puesto que todo está en constante cambio. 

LAO TSE. – Cambio no solo individual sino también colectivo. ¿Es la sociedad en la que vivimos otra cosa que el reflejo de miles de millones de acciones llevadas a cabo por miles de millones de personas desde hace miles de años? Solemos quejarnos de la situación social, pero no es una “criatura” ajena a nosotros. ¡Es hora de aprender a ver quiénes somos!

  • Dímelo.

LAO TSE. – Si el llamado Big Bang se hubiera producido hace un año, el homo sapiens habría aparecido en la superficie del globo terrestre diez minutos antes de medianoche del último día del año, y toda la historia de la humanidad ocuparía solo los últimos 21 segundos. En resumen, somos recientísimos ocupantes de una pequeña bola perdida en el espacio infinito. 

  • ¡Y a mí que me dijeron desde niño que los humanos éramos “el centro de la Creación” y “la medida de todas las cosas”!

LAO TSE. – Se necesita mucha imaginación y desmedido orgullo para afirmarlo. Somos polvo de estrellas.

  • Ya quedé bien sacudido al enterarme de que los dinosaurios ocuparon el planeta Tierra setecientas veces más tiempo que el homo sapiens, y que nuestra ocupación puede ser bastante efímera ahora que somos capaces de autodestruirnos.

LAO TSE. – Sobre nuestra mortalidad quisiera narrarte la siguiente historia: La esposa de Chuang Tse murió, y cuando Hui Shi llegó para ofrecerle sus condolencias encontró a Chuang Tse agachado, golpeando una olla como si fuera un tambor y cantando. Hui Shi le dijo entonces: “Has vivido con esta mujer, habéis criado a vuestros hijos y envejecido juntos. ¡No llorar su muerte ya me parece mal! Pero ¿tocar el tambor y cantar no lo encuentras excesivo?”. “No -contestó Chuang Tse-. Así es como son las cosas. Al morir ella, ¿cómo podría yo no haber sentido pesar? Pero he pensado con mayor detenimiento y he comprendido que antes de que ella naciera, no tenía vida. No sólo no la tenía, sino que carecía de forma. No sólo carecía de forma, sino que ni tan sólo tenía chi [flujo vital de energía]. Pero en alguna parte del vasto e imperceptible mundo hubo un cambio y ella adquirió el chi, después éste cambió y ella adquirió una forma; después ésta cambió y ella obtuvo la vida. Ahora ha habido otro cambio y ella está muerta. Es como el mutuo ciclo de las Cuatro Estaciones. Ahora mi esposa descansa silenciosamente en la Gran Casa. Si tuviera que correr tras ella llorando sería sin duda demostrar que no comprendo lo que está predestinado. Así que he dejado de hacerlo”.

MONTAIGNE. – Eso se llama comprender el ciclo de la vida y la muerte. Por eso escribí en mis Ensayos, citando a Cicerón: “Filosofar es prepararse a morir”. Salgamos de este mundo como en él entramos. El mismo tránsito que hicimos de la muerte a la vida, sin pasión y sin horror, hagámoslo de nuevo de la vida a la muerte. Nuestro fin es uno de los componentes del orden del universo, es uno de los accidentes de la vida del mundo. La aceptación lúcida de nuestra muerte es sencillamente el requisito para una vida auténtica. 

HORACIO. – Imagina que cada día es el último que para ti alumbra, y agradecerás el mañana que ya no esperabas.

CÁTULO. – Y agradece también cuando tu edad florida gozaba su alegre primavera.

LAO TSE. – Ten bien presente que primero es la Vida, no el humano, quien solo es una de sus manifestaciones.

  • Puede que desde un punto de vista cósmico yo sea algo insignificante, pero esa cosa tan insignificante me parece más preciosa que el diamante más grande y más puro.

LAO TSE. – Por supuesto, pues es lo único “tuyo”. De ahí que tu vida sea simultáneamente preciosa e insignificante. Puedes extender esta conclusión a cada una de tus actividades: son fútiles desde un punto de vista cósmico, pero son valiosas a tus ojos, de lo contrario no las emprenderías.

  • Observo que tu visión del mundo está repleta de opuestos indisociables.

LAO TSE. – Es el principio del ying y el yang: vida/muerte, salud/enfermedad, dicha/desgracia, surgimiento/decaimiento, bondad/maldad, belleza/fealdad, recuerdo/olvido,  justicia/injusticia, no se dan la una sin la otra. 

  • No me digas que también son complementarios orden y desorden.

LAO TSE. – La complementariedad de los opuestos puede generalizarse a toda la vida. Por ejemplo, el “nosotros” no excluye al “yo”: la vida resulta precisamente de la tensión entre ambos. Por ello ningún sistema de derecho o de gobierno -por justo y bien intencionado que sea- puede eliminar las angustias y los conflictos provocados por nuestras interacciones en el río del tiempo, donde todo fluye y cambia inexorablemente, a veces de manera tumultuosa. 

  • ¿Qué me aconsejas para tan compleja convivencia, sabio amigo?

LAO TSE. –  Deja que el agua te enseñe a vivir.

  • ¿Cómo así?

LAO TSE. – Fluye como el agua. Aprende la humildad de un río en calma que se desplaza plácidamente y nutre silencioso sus riberas. Fluye con tus experiencias, ideas y sentimientos tal como éstos van y vienen en tu vida: ése es el “fluir con el momento”.

  • Pero también puede suceder que el río se vuelva caudaloso y peligroso.

LAO TSE. –  Aprende, entonces, a nadar con la corriente, como sobrenada una pelota en un torrente montañoso sin poder escapar a sus circunvoluciones y serpenteos.

  • Si me dejo llevar por la corriente temo más parecer pelotudo que pelota.

LOA TSE. – Pelotudo serás si te empeñes en “dar coces contra el aguijón” haciendo caso omiso de la fuerza de la corriente en la que estás inmerso, sus olas, remolinos y torbellinos. Ya te lo dije, el fluir del agua te enseña humildad. Y también perseverancia, oportunidad y flexibilidad.

  • Explícate mejor.

LOA TSE. – Ante los obstáculos -y siempre los tendrás- el agua sabe encontrar la grieta y ejercer allí pacientemente su fuerza hasta poder fluir libremente. Aprende -como el agua- a hallar la grieta por donde se abre un nuevo camino, una nueva oportunidad; entonces su flexibilidad vence a la dureza. Además, como el agua, que cuando la temperatura es extrema, puede convertirse en hielo o en vapor, no dudes en cambiar para seguir avanzando. Espero que te hayas dado cuenta de que lo más importante en todo esto es la práctica, no la teoría.

  • Lo tengo tan claro como claro le quedó a un colega universitario lo que significa saber fluir con los acontecimientos.

LAO TSE. Acicateas mi curiosidad.

  • Un día no hubo clases y mi colega regresó a casa mucho antes de la hora acostumbrada. Pero al llegar al hogar su mujer no estaba en la cocina. Ni en la sala. Ni en el patio. El profesor escuchó ruidos misteriosos en la recámara de arriba, subió las escaleras sigilosamente y abrió la puerta del cuarto. Su mujer y un tipo estaban en la cama. “¿Qué significa esto?” -preguntó mi colega-. “Mmmm, a decir verdad, no tengo ni idea -respondió el tipo-. Lo mío es la práctica, no la teoría”.

Rodolfo Ramón de Roux

Octubre, 2023

8 Comentarios
0 Linkedin
Download PDF

Loyola y sus devotas

Diecinueve años militando en la Legión de Loyola -que “sin tregua bátese y alza sus lábaros en la batalla campal”- me dieron la oportunidad de hablar varias veces con su gran jefe. En él admiré sus intensas experiencias místicas, sus dotes para “discernir los espíritus”, su fuerza de voluntad para hacer lo que creía que debía hacer, su capacidad para unir acción y contemplación, su empeño en dar lo mejor de sí mismo -ese “magis” ignaciano que se encuentra en el lema de su Compañía: Ad maiorem Dei gloriam-.

Pero… 

“ –Todo ‘pero’ es de naturaleza maliciosa”, me interrumpió Ignacio. “¿Hacia dónde diriges tu tiro?”, prosiguió el santo, a quien ni en Ultratumba se le ha quitado la cojera que a los 29 años le dejó otro tiro -esta vez de bombarda- que le destrozó la pierna derecha en la batalla de Pamplona contra los franceses. 

– Pero… me pusieron problema tus directivas sobre la “obediencia ciega” pidiendo que me pusiera en manos de mis superiores “perinde ac cadaver” (como un cadáver) o “como bastón de hombre viejo” pues, como escribes en tu “Carta sobre la obediencia” (1553): “En otras religiones [congregaciones religiosas] podemos sufrir que nos hagan ventaja en ayunos y vigilias y otras asperezas (…) pero en la puridad y perfección de la obediencia, con la resignación verdadera de nuestras voluntades y abnegación de nuestros juicios, mucho deseo que se señalen los que en esta Compañía sirven a Dios Nuestro Señor (…) presuponiendo y creyendo -en un modo semejante al que se suele tener en cosas de fe- que todo lo que el Superior ordena es ordenanza de Dios Nuestro Señor, y su santísima voluntad, a ciegas, sin inquisición ninguna, proceder, con el ímpetu y prontitud de la voluntad deseosa de obedecer, a la ejecución de lo que es mandado.” 

– Tal vez me dejé llevar por mi experiencia de la obediencia militar, requisito para mantener la unidad de mando y ser eficaces. No olvides que estamos en una guerra contra Satanás y sus legiones, como dejé claro en la “Meditación de dos banderas”, momento central de mis Ejercicios espirituales, en los que el ejercitante está llamado a decidir si va a militar bajo la bandera de Cristo o bajo la bandera del Demonio pues “es milicia la vida del hombre sobre la tierra”, como dice el santo libro de Job. 

– Bien presente tengo tu insistencia en el amor eficaz para no quedarnos en mera palabrería. Pero no logro quitarme de la cabeza que en ese punto de la obediencia ciega se te fue la mano. No te bastó la “Carta sobre la obediencia”, sino que también redactaste dieciocho “Reglas para sentir con la Iglesia” que, como dice la primera: “depuesto todo juicio, debemos tener ánimo preparado y pronto para obedecer en todo a la verdadera esposa de Cristo nuestro Señor, que es nuestra santa madre Iglesia jerárquica.” Además del “deponer todo juicio” no comparto eso de identificar a la Iglesia con la Iglesia jerárquica. 

– Bueno, soy hijo de un mundo medieval y católico muy jerarquizado, y al que anda entre la miel algo se le pega. ¿Acaso los hijos no se parecen más a su tiempo que a sus padres? Por otra parte, sentí la necesidad de defender a la Iglesia jerárquica de los embates del cisma protestante. 

– Te comprendo, pero a quienes ya estamos en la Modernidad -o en la Postmodernidad- nos queda bastante cuesta arriba aceptar que “debemos siempre tener este principio para acertar en todo: lo que veo blanco, creer que es negro si la Iglesia jerárquica así lo determina”, como también lo determina tu decimotercera regla “para sentir con la Iglesia”. Pero… no es de esto sobre lo que quiero hablar hoy contigo. 

– ¿De qué, entonces? 

– De tu relación con las mujeres, sobre la cual había un silencio pudibundo en la Orden, al menos esa fue mi experiencia. 

– Seguro que todo se limitaba a la evocación críptica de que antes de mi conversión había sido “un soldado desgarrado y vano”, tal como escribí en mi autobiografía. 

– Has adivinado. También nos ponían muy en guardia contra los “pecados de la carne” y nos explicaban que, para evitar problemas, no habías querido que hubiera una orden jesuita femenina. 

– La cosa es más complicada. 

– Antes de explicármela te cuento que, tanto a mí como a mis cofrades, nos hacía sonreír la duodécima de tus “Reglas para el discernimiento de espíritu”. Dicho sea de paso, te encantaba escribir reglas. 

– ¿Cuál es esa duodécima regla? Refréscame la memoria, pues después de tanto tiempo ya me están haciendo efecto las aguas del Leteo. 

– Te la repito, adaptándola a un castellano comprensible para mis contemporáneos: “El enemigo [es decir, el demonio] se comporta como una mujer que riñe con un hombre. Así pues, si el varón comienza a huir perdiendo ánimo, la ira, venganza y ferocidad de la mujer es muy crecida y sin mesura. Pero si el hombre se mantiene firme y se encara con ella, la mujer rápidamente se echa atrás y se enflaquece su ánimo. De la misma manera, es propio del maligno debilitarse y perder ánimo, dando huida sus tentaciones, cuando la persona que se ejercita en las cosas espirituales pone mucho rostro contra las tentaciones del enemigo, haciendo el oppositum per diametrum [actuando de manera diametralmente opuesta]. Por el contrario, si la persona que se ejercita comienza a tener temor y perder ánimo en sufrir las tentaciones, no hay bestia tan fiera sobre la haz de la tierra como el enemigo de natura humana, en prosecución de su dañada intención con tan crecida malicia.” 

– Oye, ¿por qué miras tan inquieto a derecha e izquierda? 

– Miro si por casualidad hay por aquí unas feministas. 

– ¿Cuál sería el problema? 

– Que te estropeen la pierna buena por comparar el comportamiento de la mujer con el del “enemigo de natura humana”. Ahora te dirían que se trata de un pensamiento machista, producto de una sociedad patriarcal. 

– Bueno, yo simplemente estaba recurriendo a mi experiencia. 

– ¿Fue acaso tan amplia como la de San Agustín, que le pidió a Dios que lo hiciera santo, pero no demasiado pronto? 

– Por ahí va la cosa. La vida en la corte y los cuarteles me presentó oportunidades que hubiera envidiado el joven Agustín. Estuve metido en todas las vanidades del mundo: era buen vividor, amigo de galas, me gustaba jugar a los naipes, cuidar mi ondulada cabellera rubia, esgrimir la lanza y galantear. 

– Me imagino a dónde te llevó el galanteo. 

– Puedes imaginarlo porque no te lo contaré. Desde que opté por el “divino servicio” no me gusta entrar en detalles sobre mi turbulenta juventud. Ese pasado más vale no meneallo. 

– Pasado que, por otra parte, tus hagiógrafos jesuitas convenientemente edulcoraron. 

– Me encantaría seguir conversando pero debo irme. 

– ¿Me estás sacando el cuerpo? 

– En manera alguna. Sucede que tus amigazos Mario Calderón y Jürgen Horlbeck me han invitado a una tertulia con mis devotas “iñiguistas”. 

– ¿Podríamos vernos de nuevo para seguir charlando sobre tu relación con las mujeres? 

– Por supuesto. Ven mañana al parque “Segundo sexo en Ultratumba” y nos encontramos allí junto al busto de Simone de Beauvoir. ¡Seré patriarcal, pero no misógino! 

Moviendo con parsimonia su bastón de hombre viejo, Ignacio se enrumbó, cojeando, por los Campos Elíseos. A lo lejos, Mario y Jürgen le hicieron señas agitando sus brazos. Al verlos, mi Corazón palpitante se agitó y la emoción subió a los ojos.

Rodolfo Ramon de Roux

Marzo, 2023

5 Comentarios
1 Linkedin