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Diálogos de ultratumba – Progreso ¿indefinido?

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“Como vamos, vamos bien”, dijo un pollo a la puerta del horno.

LINGUACUTA.- Desde nuestro diálogo sobre el transhumanismo te noto muy interesada por el tema del “progreso”.

SOFROSINA.- Por eso he invitado a unos amigos que han reflexionado abundantemente sobre el asunto. Te presento a Robert Nisbet, sociólogo estadounidense, quien escribió en 1980 una interesante History of the Idea of Progress; Georg von Wright, filósofo finlandés, colaborador de Wittgenstein y autor de The Myth of Progress [1993], y Jacques Bouveresse, filósofo francés, que publicó Le mythe moderne du progrès en 2017. Estoy segura de que nos darán unas buenas pistas de reflexión.

LINGUACUTA.- Harto las necesitamos pues en el discurso de políticos, científicos, tecnócratas, economistas, empresarios y financieros abundan los llamados a servir imperativamente la causa del progreso, entendido éste como avanzar, y rápido, sin que se precise mucho para qué y hacia dónde.

SOFROSINA.- Me parece que se ha dado una evolución en la manera de concebir lo que llamamos “progreso”.

NISBET.- Acerca de la idea de progreso está muy difundido un concepto erróneo que debo subrayar de inmediato. Se cree comúnmente que esta idea es absolutamente moderna, prácticamente ignorada por los antiguos griegos y romanos. Pero, tanto ellos como otras civilizaciones más antiguas han conocido los ideales de perfeccionamiento moral, espiritual y material, así como la búsqueda, en mayor o menor grado, de la virtud, la espiritualidad y la salvación. Sin embargo, aparentemente sólo en la civilización occidental existe la idea de que toda la historia puede concebirse como el avance de la humanidad en su lucha por perfeccionarse, paso a paso, a través de fuerzas inmanentes, hasta alcanzar en un futuro remoto una condición cercana a la perfección para todos los hombres.

LINGUACUTA.- Sospecho que la esperanza en ese “progreso indefinido” es, en el fondo, una secularización de la esperanza cristiana.

SOFROSINA.- No es descabellado pensarlo. El Occidente cristiano está impregnado de la esperanza en un porvenir radiante: el advenimiento de un “nuevo cielo” y de una “nueva tierra” al “final de los tiempos”. Como dijo san Gregorio Magno: “En el cielo hay luz sin eclipse, alegría sin gemido, deseo sin sufrimiento”. Y el teólogo medieval Hugo de San Víctor añadió: “En esta patria celestial hay vida sin muerte, juventud sin vejez, deleite sin disgusto, belleza sin vergüenza, agilidad sin obesidad, fuerza sin debilidad, placer sin ansiedad”.

LINGUACUTA.- Pero, para los “modernos”, la fe en el poder de la ciencia ha engendrado la esperanza en “futuros luminosos” intramundanos, y no en el “más allá” como es el caso de la esperanza cristiana.

NISBET.- Es la esperanza terrenal en un futuro de libertad, igualdad y fraternidad para toda la humanidad, aunque la idea moderna de progreso también ha servido para afirmar la conveniencia y la necesidad del absolutismo político, de la superioridad racial y del colonialismo “benefactor”.

BOUVERESSE.- Es curioso que sin definir bien hacia dónde se quiere ir como humanidad, todo el mundo parece obligado a creer que estamos progresando, que podemos progresar ilimitadamente y que la obligación de seguir progresando es una especie de imperativo categórico.

LINGUACUTA.- Cada vez me asaltan más dudas sobre ese imperativo categórico. No pienso que todo tiempo pasado fue mejor, pues admito que hay una multitud de progresos puntuales posibles, necesarios y urgentes. Pero tampoco creo en la ineluctabilidad de “mañanas luminosos” donde todos los males de la humanidad serán resueltos.

SOFROSINA.- Comparto tus dudas, puesto que en la ciencia y en la tecnología el progreso se acumula, pero en la política y en la ética, el progreso es cíclico: ya se ha visto cuán rápidamente se pasa de la civilización a la barbarie. Los progresos en el conocimiento científico pueden almacenarse en un disco duro, pero no los hábitos del comportamiento, que una vez deteriorados son difíciles de reparar.

BOUVERESSE.- Por otra parte, es suficiente haber sido testigo de la “revolución industrial” para comprender que si bien la religión del progreso ha mejorado las condiciones materiales de vida -al menos para la “mejor” parte de los humanos- también ha engendrado relaciones de dominación política, social y económica.

VON WRIGHT.- La tontería fundamental es considerar el progreso no como un medio, sino como un fin. De este modo, los humanos lo persiguen sin alcanzarlo, porque detrás de un avance siempre hay otro, y la insatisfacción se vuelve permanente ya que el disfrute se pospone indefinidamente.

BOUVERESSE.- Paradójicamente el crecimiento económico continuo termina convirtiéndose en una condición para resolver los problemas que la misma producción industrial intensificada y racionalizada crea, sobre todo en términos de daños medioambientales.

VON WRIGHT.- La especie humana está sujeta a la misma ley de precariedad y obsolescencia que otras especies. En otras palabras, no hay garantía de que no vaya a extinguirse. Tampoco hay garantía de que los seres humanos sigan siendo capaces de adaptarse a un entorno que han contribuido a transformar y siguen transformando de forma tan espectacular y rápida.

NISBET.- Ya se está viendo cómo los excesos del consumismo, que implican y justifican los del productivismo, pueden muy bien, en ciertos casos, convertirse en una amenaza concreta, no sólo para la supervivencia de ciertas especies naturales, sino también para la de la propia especie humana.

BOUVERESSE.- Este es el tipo de resultado al que puede conducir, y a veces ya conduce, la idea de que todo lo que tenemos que hacer es producir y consumir más y más, adoptando la actitud de conquistador-propietario frente a la naturaleza.

VON WRIGHT.- Lo nuevo de esta idea de progreso no es la creencia de que la humanidad puede efectivamente progresar de diversas maneras, sino la convicción de que la necesidad de un progreso sin límites está inscrita en la naturaleza del ser humano como especie. Esto es lo que lleva a un sabio como Fontenelle a declarar que “el ser humano nunca degenerará, el crecimiento y el desarrollo de su sabiduría no tendrán fin”, lo cual está por verse.

BOUVERESSE.- También está por verse si la idea de progreso ilimitado no entrará en algún momento en contradicción con la idea misma de especie natural, que incluye necesariamente la referencia a un entorno y a unas condiciones de vida que también deben seguir siendo, al menos hasta cierto punto, naturales y no pueden transformarse de cualquier modo y sin límites.

LINGUACUTA.- Si la ciencia y la técnica van a progresar indefinidamente, espero -aunque lo dudo- que también lo hagan la inteligencia, la prudencia y la benevolencia, de lo contrario se va a agitar -indefinidamente- el avispero humano.

Rodolfo R. de Roux

Febrero de 2024

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